domingo, 14 de diciembre de 2014

Mi Señor

Mi Señor Todopoderoso y humilde, Hijo de la Virgen Concebida sin mancha. El más bello, el más rico, el más poderoso. El más perfecto y cumplido de todos los amantes. Mi salvador y mi dueño. Te suplico santifiques al Santo Padre, a todos los sacerdotes y seminaristas del mundo. Apártalos de las tentaciones, y líbralos del maligno, del mundo, de la carne, y cuando los lobos de los sentidos los asalten, ¡Sálvalos por medio de María! Mi Señor de misericordia infinita danos muchas familias santas cuyos frutos sean muchos sacerdotes santos. Virgen María, Reina de los sacerdotes, junto con tu Divino Esposo, el Espíritu Santo ¡Transfórmalos a todos en tu Hijo Jesús!

Amén

(Oración de Sacerdote Eterno)

ORACION PARA HABLAR CON DIOS

ORACIÓN PARA HABLAR CON DIOS

SEÑOR:
Aquí estoy delante de Ti,
para ponerme en tus manos:
Para decirte que te amo
 y que sin Ti mi vida es muy difícil.

Concédeme el perdón por todas mis faltas
y todo aquello con lo cual te he ofendido.

Ayúdame a ser mejor todos los días,
yo sé que puedo mejorar muchas cosas.

Perdóname sobre todo,
si he hecho daño a alguien
y Bendice a quien haya hecho sufrir con mis actitudes.

Dame un corazón nuevo SEÑOR,
 para poderte amar como tú quieres.

Amado SEÑOR,
quiero agradecerte por este día
y por todas las cosas lindas
que me has regalado.

Especialmente te doy gracias,
por creer en mí
y por darme hoy
otra nueva oportunidad para vivir
 y para ser mejor.

PADRE BUENO!

Dame el pan de cada día;
sobre todo dame la alegría
necesaria para poder vivir;
dame la esperanza
para no llenarme de temor
 en los momentos de dificultad;
dame la fe
para saber que nunca me abandonarás
 y dale a mi corazón toda la paz
 y serenidad que necesita
para afrontar los momentos difíciles de la vida.

YO te Amo SEÑOR
y quisiera demostrártelo con mi propia vida.

Si Tú me ayudas todo es más fácil.

Me pongo en tus manos SEÑOR,
 por intermedio de la
SANTISIMA VIRGEN MARIA AUXILIADORA,
Nuestra Madre Admirable
y en tus manos pongo también a los míos,
 para que los protejas y los ayudes siempre.

Bendíceme y guíame SEÑOR!
 en este nuevo día,
no permitas que me aleje de Ti.

Amén!

Las oraciones que le dirige San Efrén a la Virgen



Las oraciones que le dirige San Efrén a la Virgen son encendidas y llenas de vehemencia:



“Virgen, Señora, Madre de Dios, que llevaste en tu seno a Cristo, Salvador y Señor Nuestro: En ti pongo toda esperanza, en ti confío, que eres más sublime que todas las celestiales jerarquías. Defiéndeme con tu purísima gracia; gobierna mi vida, y declárame la santa voluntad de tu Hijo, y los senderos de nuestro Señor. Alcánzame el perdón de mis culpas. Sé mi refugio, mi protección, mi defensa, y llévame de tu mano hasta conducirme a la vida eterna. No me dejes, Señora, en el terrible instante de mi muerte; antes bien, corre en mi ayuda y líbrame de la cruel tiranía del demonio; pues tienes poder bastante para ello, porque todo lo puedes, por ser Madre de Dios.



Dígnate aceptar, Santísima y benignísima Señora, los preciosos dones, solo a ti debidos, que te ofrecemos tus indignos siervos, pues fuiste elegida como la más sublime de todas las generaciones de la tierra. Por ti, en efecto, conocimos al Hijo de Dios; por ti habitó entre nosotros el Señor de las virtudes, y fuimos, por ti, dignos de tu santo cuerpo y sangre. Bienaventurada eres por todos los siglos de los siglos, gratísima a Dios, más resplandeciente que los querubines, y más gloriosa que los serafines.



Y pues todos te alaban y bendicen, Santísima Madre de Dios, no ceses de interceder por nosotros, tus indignos siervos, para que escapemos de todas las acechanzas del demonio y de todos los males, y nos conservemos incólumes de cualquier asalto del que arroja contra nosotros sus dardos emponzoñados: guárdanos, principalmente, libres hasta el fin de la eterna condenación, para que, siendo salvos por tu auxilio y patrocinio, demos siempre gloria y alabanza y acción de gracias y adoración a Dios, uno y trino, Creador de todas las cosas.



Nobilísima y benigna Señora, Madre del Dios bueno, acoge las súplicas de tu siervo indigno, y con tus ojos de misericordia, tus entrañas de compasión, ejercítala conmigo, y aparta tus ojos de mis muchos pecados; renuévame todo por entero, y haz que sea templo del santo, vivificante y principal Espíritu, Virtud del Altísimo, que habitó en ti, y fecundó tu seno inmaculado.



Tú eres la auxiliadora de los afligidos, patrona de los atribulados y moribundos, salvación de los náufragos, puerto de refugio en las tempestades, valimiento y protección de todos los que gimen en la necesidad. Concede a este siervo el don de compunción, la rectitud de pensamiento, la serenidad de juicio, sobriedad de inteligencia, templanza de ánimo, humildad de espíritu, afición a la santidad, contento en la parquedad; sean sus costumbres respetuosas y santas; que transparenten la modestia y el candor interior del alma, y la paz que dio nuestro Señor a sus propios discípulos.



Llegue mi oración a tu santo templo y al tabernáculo de tu gloria. Broten de mis ojos fuentes de lágrimas, y límpiame con mi llanto, purificando mi espíritu. Borra la lista de mis culpas, disipa las nubes de mi tristeza, la niebla de mis pensamientos, la perturbación y la tormenta de mis apetitos.



Aparta de mí su torbellino y consérvame sereno y alegre; ensancha mi corazón con amplitud espiritual, regocíjame y lléname de gozo; concédeme la alegría inefable, el gozo continuo, para que recorra con exactitud los caminos de los mandamientos divinos y obre con conciencia irreprensible, sin ofender a nadie. Concede el don de la oración al que a ti te lo suplica, para que con pureza de intención medite asiduamente, noche y día, devota y atentamente, las palabras de las divinas Escrituras, y con alegría de espíritu ore por la gloria y honor y magnificencia de tu Hijo Unigénito y Señor nuestro Jesucristo, a quien se debe toda la gloria y honor y adoración, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén”.

SANTA MARIA