martes, 16 de diciembre de 2014

ORACIONES PRELIMINARES DEL ROSARIO


Oraciones preliminares:
  • Señal de la cruz: Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del padre y del hijo y del Espíritu Santo. Amén

  • Rezo del Credo
  • Invocación al Espíritu Santo: “Ven Espíritu Santo, ven por medio de la poderosa intercesión del corazón inmaculado de María, Tu amadísima esposa.”


  • Oración para pedir perdón por nuestros pecados. Puede ser la siguiente fórmula u otra: “ Ten piedad de mi Señor, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas. Crea en mi Dios mío, un corazón puro y renueva la firmeza de mi espíritu. No me arrojes lejos de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu” (Sal 51, 3-12) 
  • Nos unimos a las intenciones de María: “Que el Señor tenga misericordia con el mundo entero y que el mundo entero responda a su llamado de conversión, que el hombre se entregue totalmente a Dios y que no deje pasar este momento tan especial”

  • Pedimos por nuestras intenciones: Acá se expresan con fe las intenciones particulares.
  • Damos gracias al Señor por todo lo que nos da.

LINDO ROSARIO

La Vírgen María ha hecho muchas promesas para aquellos que recen el Santo Rosario.
Se trata de una meditación de la vida de nuestro Señor y de la Vírgen María. Está dividido en tres partes y cada una en cinco misterios. En cada misterio, se recitan un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria. Una costumbre piadosa es la recitación diaria de una parte del Santo Rosario en familia o privadamente.
Acto de contrición:

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero,
me pesa de todo corazón haber pecado,
porque he merecido el Infierno y perdido el Cielo,
y sobre todo porque te ofendí a ti,
que eres bondad infinita a quien yo amo sobre todas las cosas.
Propongo firmemente con tu gracia no volver a pecar,
evitar las ocasiones próximas de pecado,
confesarme y cumplir la penitencia.
Confío me perdonarás por tu infinita misericordia.
Amén
Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible e invisible.
Creo en un Solo Señor Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho.
El cual por nosotros los hombres, bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María la Virgen, y se hizo hombre;
y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato, padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo
que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria,y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro. Amén
Padre Nuestro, que estás en el cielo, Santificado sea tu Nombre. Venga a nosotros  tu reino, hágase tu Voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en tentación, y líbranos del mal. Amén.


Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
1. La Encarnación del Hijo de Dios
2. La Visitación de la Vírgen a su prima Santa Isabel
3. El Nacimiento del Hijo de Dios en Belén
4. La Presentación del niño Jesús en el Templo
5. El Niño perdido y hallado en el Templo
1. La Oración del Huerto
2. La Flagelación del Señor
3. La Coronación de espinas
4. La Cruz a cuestas camino del Calvario
5. Jesús muere en la Cruz
1. La Resurrección del Señor
2. La Ascensión del Señor a los Cielos
3. La venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles
4. La Asunción de María al Cielo
5. La Coronación de María Santísima como Reina y Madre de todo lo creado
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundoPerdónanos, Señor

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
Escúchanos, Señor

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
Ten misericordia de nosotros
Oración.-Te suplicamos, Señor, que habiendo meditado los misterios del Santísimo Rosario de la Beatísima Vírgen María, imitemos lo que contienen y obtengamos lo que nos prometen. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor.
Amén.


*******************
**********************




SE REZA DESPUES DEL CREDO Y DEL PADRE NUESTRO
Por la Virtud de la Fe.......Ave María
Por la Virtud de la Esperanza.......Ave María
Por la Virtud de la Caridad.......Ave María
Dios te salve, María; llena eres de gracia: el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres; y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén





Ahora, se comienza con los Misterios del día. Antes cada decena se puede meditar el correspondiente Misterio. Cada decena es una contemplación de la vida de nuestro Señor, de la vida de la Vírgen María, o un aspecto del misterio Pascual.









Al terminar las cinco decenas se reza:

V. Vírgen Purísima y castísima antes del parto. Hacednos mansos humildes y castos.
R. 
En pensamientos, palabras y obras.
 
Ave María
V. Vírgen Purísima y castísima en el parto. Hacednos mansos humildes y castos.
R. 
En pensamientos, palabras y obras.
 
Ave María
V. Vírgen Purísima y castísima después del parto. Hacednos mansos humildes y castos.
R. 
En pensamientos, palabras y obras.


1. El Bautismo de Jesús en el Río Jordán
2. Las Bodas de Caná
3. La Proclamación del Reino de Dios y el llamado a la Conversión
4. La Transfiguración
5. La Institución de Eucaristía
1. El Bautismo de Jesús en el Río Jordán
2. Las Bodas de Caná
4. La Transfiguración
5. La Institución de Eucaristía
1. La Resurrección del Señor
2. La Ascensión del Señor a los Cielos
3. La venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles
4. La Asunción de María al Cielo
1. La Oración del Huerto
2. La Flagelación del Señor
3. La Coronación de espinas
4. La Cruz a cuestas camino del Calvario
5. Jesús muere en la Cruz
1. La Encarnación del Hijo de Dios
2. La Visitación de la Vírgen a su prima Santa Isabel
3. El Nacimiento del Hijo de Dios en Belén
4. La Presentación del niño Jesús en el Templo

5. El Niño perdido y hallado en el Templo

MODO DE REZAR EL ROSARIO

Título: Cómo Rezar el Rosario
Fuente: ‘Fátima, Roma, Moscú’ del P. Gérard Mura, pp. 212-217; Rosario.org; Radio Cristiandad (archivos mp3)
Contenido:
i. Modo de Rezarlo
Rosario
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén
1. Se empieza a rezar tomando la cruz del Rosario
Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el Cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Vos. Antes querría haber muerto que haberos ofendido, y propongo firmemente nunca más pecar y apartarme de todas las ocasiones próximas de pecado. Amén.
Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor; que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilatos, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los Cielos, está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso; desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica, la Comunión de los Santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida perdurable. Amén.
2. En la primera cuenta:
Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy; y perdona nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en la tentación; más líbranos del mal. Amén.
3. En las tres primeras cuentas chicas:
Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tu eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
4. En cada una de las otras (grandes) cuentas separadas:
i. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
ii. Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia. (Oración de Fátima)
iii. Se anuncia el misterio que corresponde.
iv. Padre Nuestro.
5. En los grupos de 10 cuentas chicas:
Se rezan 10 Ave Marías meditando sobre el misterio anunciado.
Al final del Rosario: Gloria; Oh Jesús mío; y la siguiente oración:
San Miguel Arcangel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén
ii. Los Misterios del Santo Rosario:
Misterios Gozosos (lunes y jueves)
1. La Anunciación (Lucas I, 26-38). Fruto: La virtud de la humildad.
2. La visitación de María Santísima a su prima Santa Isabel (Lucas I, 26-38). Fruto: El amor al prójimo.
3. EL Nacimiento del Niño Jesús en el portal de Belén (Lucas II, 1-20). Fruto: Espíritu de pobreza.
4. La Presentación del Niño Jesús en el Templo y la Purificación de Nuestra Señora (Lucas II, 21-40). Fruto: La obediencia y la pureza.
5. El Niño perdido y hallado en el Templo (Lucas II, 41-52). Fruto: Buscar siempre la voluntad de Dios.
Misterios Dolorosos (martes y viernes)
1.La Agonía de Nuestro Señor en el huerto (Lucas XXII, 39-46). Fruto: La contrición por nuestro pecados.
2. La Flagelación de Jesús atado a la columna (Juan XVIII, 36-19; 1). Fruto: La mortificación del cuerpo.
3. La Coronación de espinas (Mateo XXVII, 27-31). Fruto: La mortificación del orgullo.
4. Jesús lleva la Cruz a cuestas (Lucas XXIII, 26-32). Fruto: La paciencia en las tribulaciones.
5. La Crucifixión y muerte de Nuestro Señor (Lucas XXIII, 33-49). Fruto: El don de sí mismo para la obra de la Redención.
Misterios Gloriosos (miércoles, sábado y domingo)
1. La Resurrección en gloria de Nuestro Señor Jesucristo (Lucas XXIV, 1-12). Fruto: La Fe.
2. La Asención de Nuestro Señor Jesucristo (Hechos I, 4-11). Fruto: La Esperanza y el deseo del Cielo.
3. La Venida del Espíritu Santo (Hechos II, 1-13). Fruto: La Caridad y los dondes del Espíritu Santo.
4. La Asunción de María Santísima en cuerpo y alma al Cielo. Fruto: La gracia de una buena muerte.
5. La coronación de Nuestra Señora como Reina del Cielo y de la Tierra (Apocalipsis XII, 1). Fruto: La verdadera devoción a la Santísima Virgen.
El Santo Rosario no es una oración meramente oral, sino también mental. Para rezarlo debidamente se medita, durante las diez Ave María, sobre el misterio anunciado. A fin de brindar material para estas contemplaciones, hemos insertado las referencias que permitirán profundizar el conocimiento acerca del pasaje del Evangelio que se medita.
iii. Los quince minutos de meditación sobre los misterios del Rosario
La meditación es una forma de oración poco usual entre los laicos. Nuestra Señora de Fátima la ha pedido, probablemente, para que se aprenda a rezar el Rosario meditándolo.
¿Qué es una meditación? Para los que han hecho un retiro de San Ignacio, esto ya no constituye una novedad. La meditación es una oración mental, silenciosa, sin palabras prescritas, por la cual el alma se pone en comunicación directa con Dios, hablando con Él de corazón a Corazón. Es un contemplar, reflexionar y saborear los misterios de la Fe, y los acontecimientos vinculados a nuestra Redención, y esto, poniéndose mentalmente en presencia de Dios recordando que Él nos ve, nos oye e incluso lee todos nuestros pensamientos.
He aquí lo que Sor Lucía misma dice acerca de la meditación pedida por la Santísima Virgen.
“Los quince minutos de meditación es lo que, paréceme, podría causarle alguna dificultad. Sin embargo, es muy fácil. ¿A quién le es imposible pensar en los misterios del Rosario, en la Anunaciación del Ángel, en María y en la humildad de nuestra querida Madre, quien viéndose exaltada de tal manera se llama así misma la esclava del Señor; en la Pasión de Jesús, que tanto ha sufridopor amor a nosotros, y en Nuestra Santísima Madre junto a Jesús en el Calvario? ¿Quién no puede pasar quince minutos con estos santos pensamientos junto a la más tierna de las madres?” (FJIEM, p. 162. De la carta de Sor Lucía a su madre, María Rosa, con fecha del 24 de julio de 1927.)
“He aquí mi manera de hacer la meditación sobre los misterios del Rosario los primeros sábados. Primer misterio: la Anunciación del Ángel a Nuestra Señora. Primer paso: representarme, ver y oír al Ángel saludar a Nuestra Señora con las palabras: ‘Dios te salve María, llena eres de gracia’. Segundo paso: pido a Nuestra Señora que infunda en mi alma un profundo sentimiento de humildad. Primer punto: meditaré la manera en que el Cielo proclama que la Santísima Virgen es llena de gracia, bendita entre todas las mujeres y destinada a ser la Madre de Dios. Segundo Punto: la humildad de Nuestra Señora reconociéndose y lamándose sierva del Señor. Tercer punto: cómo debo imitar a Nuestra Señora en su humildad, cuáles son las faltas de orgullo y soberbia por las cuales suelo disgustar más a menudo a Nuestro Señor y cuáles son los medios que debo emplear para evitarlos, etc.
El segundo mes, hago la meditación sobre el segundo misterio gozoso. El tercero, sobre el tercero [misterio], y así sucesivamente, siguiendo el mismo método para meditar. Cuando he concluido estos cinco primeros sábados, comienzo otros cinco y medito los misterios dolorosos, luego los gloriosos y, cuando los he terminado, vuelvo a comenzar los gozosos” (FJIEM, p. 163. Carta de Sor Lucía, citada por el P. Martins.)
Aunque la Madre de Dios, en su gran aparición de Pontevedra, pidió que se meditara sobre los quince misterios, no debe entenderse por esto que se deba meditar cada sábado sobre los quince misterios completos del Salterio, sino que basta con elegir un ciclo de cinco, por ejemplo los cinco misterios dolorosos, o aun, como lo hace Sor Lucía, con meditar sobre un sólo misterio cada sábado.
Nos permitimos dar aquí u




i. MODO DE REZARLO
ii. MISTERIOS DEL SANTO ROSARIO



i. Modo de Rezarlo

Rosario


En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén

1. Se empieza a rezar tomando la cruz del Rosario

Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el Cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Vos. Antes querría haber muerto que haberos ofendido, y propongo firmemente nunca más pecar y apartarme de todas las ocasiones próximas de pecado. Amén.

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor; que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilatos, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los Cielos, está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso; desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.

Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica, la Comunión de los Santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida perdurable. Amén.

2. En la primera cuenta:

Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy; y perdona nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en la tentación; más líbranos del mal. Amén.

3. En las tres primeras cuentas chicas:

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tu eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

4. En cada una de las otras (grandes) cuentas separadas:

i. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

ii. Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia. (Oración de Fátima)

iii. Se anuncia el misterio que corresponde.

iv. Padre Nuestro.

5. En los grupos de 10 cuentas chicas:

Se rezan 10 Ave Marías meditando sobre el misterio anunciado.

Al final del Rosario: Gloria; Oh Jesús mío; y la siguiente oración:

San Miguel Arcangel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén

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ii. Los Misterios del Santo Rosario:

Misterios Gozosos (lunes y jueves)

1. La Anunciación (Lucas I, 26-38). Fruto: La virtud de la humildad.
2. La visitación de María Santísima a su prima Santa Isabel (Lucas I, 26-38). Fruto: El amor al prójimo.
3. EL Nacimiento del Niño Jesús en el portal de Belén (Lucas II, 1-20). Fruto: Espíritu de pobreza.
4. La Presentación del Niño Jesús en el Templo y la Purificación de Nuestra Señora (Lucas II, 21-40). Fruto: La obediencia y la pureza.
5. El Niño perdido y hallado en el Templo (Lucas II, 41-52). Fruto: Buscar siempre la voluntad de Dios.

Misterios Dolorosos (martes y viernes)

1.La Agonía de Nuestro Señor en el huerto (Lucas XXII, 39-46). Fruto: La contrición por nuestro pecados.
2. La Flagelación de Jesús atado a la columna (Juan XVIII, 36-19; 1). Fruto: La mortificación del cuerpo.
3. La Coronación de espinas (Mateo XXVII, 27-31). Fruto: La mortificación del orgullo.
4. Jesús lleva la Cruz a cuestas (Lucas XXIII, 26-32). Fruto: La paciencia en las tribulaciones.
5. La Crucifixión y muerte de Nuestro Señor (Lucas XXIII, 33-49). Fruto: El don de sí mismo para la obra de la Redención.

Misterios Gloriosos (miércoles, sábado y domingo)

1. La Resurrección en gloria de Nuestro Señor Jesucristo (Lucas XXIV, 1-12). Fruto: La Fe.
2. La Asención de Nuestro Señor Jesucristo (Hechos I, 4-11). Fruto: La Esperanza y el deseo del Cielo.
3. La Venida del Espíritu Santo (Hechos II, 1-13). Fruto: La Caridad y los dondes del Espíritu Santo.
4. La Asunción de María Santísima en cuerpo y alma al Cielo. Fruto: La gracia de una buena muerte.
5. La coronación de Nuestra Señora como Reina del Cielo y de la Tierra (Apocalipsis XII, 1). Fruto: La verdadera devoción a la Santísima Virgen.

El Santo Rosario no es una oración meramente oral, sino también mental. Para rezarlo debidamente se medita, durante las diez Ave María, sobre el misterio anunciado. A fin de brindar material para estas contemplaciones, hemos insertado las referencias que permitirán profundizar el conocimiento acerca del pasaje del Evangelio que se medita.

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iii. Los quince minutos de meditación sobre los misterios del Rosario

La meditación es una forma de oración poco usual entre los laicos. Nuestra Señora de Fátima la ha pedido, probablemente, para que se aprenda a rezar el Rosario meditándolo.

¿Qué es una meditación? Para los que han hecho un retiro de San Ignacio, esto ya no constituye una novedad. La meditación es una oración mental, silenciosa, sin palabras prescritas, por la cual el alma se pone en comunicación directa con Dios, hablando con Él de corazón a Corazón. Es un contemplar, reflexionar y saborear los misterios de la Fe, y los acontecimientos vinculados a nuestra Redención, y esto, poniéndose mentalmente en presencia de Dios recordando que Él nos ve, nos oye e incluso lee todos nuestros pensamientos.

He aquí lo que Sor Lucía misma dice acerca de la meditación pedida por la Santísima Virgen.

“Los quince minutos de meditación es lo que, paréceme, podría causarle alguna dificultad. Sin embargo, es muy fácil. ¿A quién le es imposible pensar en los misterios del Rosario, en la Anunaciación del Ángel, en María y en la humildad de nuestra querida Madre, quien viéndose exaltada de tal manera se llama así misma la esclava del Señor; en la Pasión de Jesús, que tanto ha sufridopor amor a nosotros, y en Nuestra Santísima Madre junto a Jesús en el Calvario? ¿Quién no puede pasar quince minutos con estos santos pensamientos junto a la más tierna de las madres?” (FJIEM, p. 162. De la carta de Sor Lucía a su madre, María Rosa, con fecha del 24 de julio de 1927.)

“He aquí mi manera de hacer la meditación sobre los misterios del Rosario los primeros sábados. Primer misterio: la Anunciación del Ángel a Nuestra Señora. Primer paso: representarme, ver y oír al Ángel saludar a Nuestra Señora con las palabras: ‘Dios te salve María, llena eres de gracia’. Segundo paso: pido a Nuestra Señora que infunda en mi alma un profundo sentimiento de humildad. Primer punto: meditaré la manera en que el Cielo proclama que la Santísima Virgen es llena de gracia, bendita entre todas las mujeres y destinada a ser la Madre de Dios. Segundo Punto: la humildad de Nuestra Señora reconociéndose y lamándose sierva del Señor. Tercer punto: cómo debo imitar a Nuestra Señora en su humildad, cuáles son las faltas de orgullo y soberbia por las cuales suelo disgustar más a menudo a Nuestro Señor y cuáles son los medios que debo emplear para evitarlos, etc.

El segundo mes, hago la meditación sobre el segundo misterio gozoso. El tercero, sobre el tercero [misterio], y así sucesivamente, siguiendo el mismo método para meditar. Cuando he concluido estos cinco primeros sábados, comienzo otros cinco y medito los misterios dolorosos, luego los gloriosos y, cuando los he terminado, vuelvo a comenzar los gozosos” (FJIEM, p. 163. Carta de Sor Lucía, citada por el P. Martins.)

Aunque la Madre de Dios, en su gran aparición de Pontevedra, pidió que se meditara sobre los quince misterios, no debe entenderse por esto que se deba meditar cada sábado sobre los quince misterios completos del Salterio, sino que basta con elegir un ciclo de cinco, por ejemplo los cinco misterios dolorosos, o aun, como lo hace Sor Lucía, con meditar sobre un sólo misterio cada sábado.

Nos permitimos dar aquí un ejemplo de cómo se puede efectuar esta meditación pedida por Nuestra Señora.

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a. Oración preparatoria

Oh María, quiero ahora corresponder a vuestro fervoroso deseo y acompañaros durante quince minutos meditando sobre los misterios del Santo Rosario. Con ello quiero consolaros procurando quitar las punzantes espinas que rodean vuestro Inmaculado Corazón y aliviar las heridas que os han infligido. Acordándome de la presencia de Dios y frente a vos, quiero meditar hoy los misterios de dolor.

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b. Meditación

Primer misterio doloroso: la Agonía de Nuestro Señor en el Huerto de Getsemaní. Era de noche cuando Nuestro Señor, acompañado de sus Apóstoles, subió al Monte de los Olivos pasando entre los viejos troncos de los árboles. Y tomando a Pedro y a los dos hijos del Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse. Entonces les dijo:

-Triste está mi alma hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo. Y adelantándose un poco, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: -Padre mío, si es posible, pase de mí este cáliz; sin embargo, no se haga como yo quiero, sino como quieres Tú. Y, viniendo hasta los discípulos, los encontró dormidos. Y dijo a Pedro: -¿De modo que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad para que no accedáis a la tentacón; el espíritu está pronto pero la carne es débil.

Los Apóstoles, sin embargo, en vez de velar con su Divino Maestro, lo abandonaron dejándose vencer por el sueño. Así, para consolar a su Hijo Unigénito, el Padre celestial tuvo que enviarle un ángel que lo confortó presentándole un cáliz.

En esos momentos Nuestro Señor se llenó de tanta angustia pensando en la amarga Pasión que le esperaba, que sudó gruesas gotas de sangre.

Oh buen Jesús, al menos yo quiero acompañarte y consolarte agradeciéndote todo lo que Tú has sufrido por Mí. Quiero ofrecer al Padre Celestial estas gotas de sangre que sudaste en tu Agonía para ayudar así a mi Madre Celestial a salvar almas de los pobres pecadores y a fin de que no las hayas vertido en vano.

Oh Buen Jesús, muchas almas están ya tan endurecidas que no se dejan más enternecer por tu Preciosísima Sangre. Por ello quiero ofrecer las lágrimas de tu queridísima Madre para que, al menos de este modo, la rígida corteza de estos corazones se ablande y así se abran nuevamente a tu Divina Gracia.

Segundo misterio doloroso: … (Como materia para la meditación puede recurrirse a la lectura de los pasajes del Evangelio indicados más arriba, en la mención de los misterios del Santo Rosario)

Si nuestra meditación, ya que no estamos acostumbrados a esta manera de orar, resultara árida, acordémonos que María, como bondadosa Madre, mira en primer lugar nuestra buena voluntad y no el resultado de nuestra meditación.

Esta práctica puede llevarse a cabo no solamente en privado, sino también de modo público en la iglesia, con la meditación dirigida por un sacerdote. ¡Cuántas gracias se podrían atraer del Cielo para la salvación de las almas si los sacerdotes divulgaran esta devoción y ayudaran a sus fieles a hacer la meditación!

“Jesús quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado corazón. A quien la abrace prometo la salvación, y serán queridas de Dios estas almas como flores puestas por mí para adornar su trono”.

Fuente: ‘Fátima, Roma, Moscú’ del P. Gérard Mura, pp. 212-217n ejemplo de cómo se puede efectuar esta meditación pedida por Nuestra Señora.
a. Oración preparatoria
Oh María, quiero ahora corresponder a vuestro fervoroso deseo y acompañaros durante quince minutos meditando sobre los misterios del Santo Rosario. Con ello quiero consolaros procurando quitar las punzantes espinas que rodean vuestro Inmaculado Corazón y aliviar las heridas que os han infligido. Acordándome de la presencia de Dios y frente a vos, quiero meditar hoy los misterios de dolor.
b. Meditación
Primer misterio doloroso: la Agonía de Nuestro Señor en el Huerto de Getsemaní. Era de noche cuando Nuestro Señor, acompañado de sus Apóstoles, subió al Monte de los Olivos pasando entre los viejos troncos de los árboles. Y tomando a Pedro y a los dos hijos del Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse. Entonces les dijo:
-Triste está mi alma hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo. Y adelantándose un poco, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: -Padre mío, si es posible, pase de mí este cáliz; sin embargo, no se haga como yo quiero, sino como quieres Tú. Y, viniendo hasta los discípulos, los encontró dormidos. Y dijo a Pedro: -¿De modo que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad para que no accedáis a la tentacón; el espíritu está pronto pero la carne es débil.
Los Apóstoles, sin embargo, en vez de velar con su Divino Maestro, lo abandonaron dejándose vencer por el sueño. Así, para consolar a su Hijo Unigénito, el Padre celestial tuvo que enviarle un ángel que lo confortó presentándole un cáliz.
En esos momentos Nuestro Señor se llenó de tanta angustia pensando en la amarga Pasión que le esperaba, que sudó gruesas gotas de sangre.
Oh buen Jesús, al menos yo quiero acompañarte y consolarte agradeciéndote todo lo que Tú has sufrido por Mí. Quiero ofrecer al Padre Celestial estas gotas de sangre que sudaste en tu Agonía para ayudar así a mi Madre Celestial a salvar almas de los pobres pecadores y a fin de que no las hayas vertido en vano.
Oh Buen Jesús, muchas almas están ya tan endurecidas que no se dejan más enternecer por tu Preciosísima Sangre. Por ello quiero ofrecer las lágrimas de tu queridísima Madre para que, al menos de este modo, la rígida corteza de estos corazones se ablande y así se abran nuevamente a tu Divina Gracia.
Segundo misterio doloroso: … (Como materia para la meditación puede recurrirse a la lectura de los pasajes del Evangelio indicados más arriba, en la mención de los misterios del Santo Rosario)
Si nuestra meditación, ya que no estamos acostumbrados a esta manera de orar, resultara árida, acordémonos que María, como bondadosa Madre, mira en primer lugar nuestra buena voluntad y no el resultado de nuestra meditación.
Esta práctica puede llevarse a cabo no solamente en privado, sino también de modo público en la iglesia, con la meditación dirigida por un sacerdote. ¡Cuántas gracias se podrían atraer del Cielo para la salvación de las almas si los sacerdotes divulgaran esta devoción y ayudaran a sus fieles a hacer la meditación!
“Jesús quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado corazón. A quien la abrace prometo la salvación, y serán queridas de Dios estas almas como flores puestas por mí para adornar su trono”.
Fuente: ‘Fátima, Roma, Moscú’ del P. Gérard Mura, pp. 212-217