martes, 6 de enero de 2015

Las oraciones de Fátima




En el transcurso de las apariciones que tuvieron lugar en Fátima, se les enseñaron a los tres niños videntes cinco oraciones únicas y poderosas, dos de ellas por el Ángel de la Paz y las otras tres por la Madre de Dios. Posteriormente, Nuestro Señor Jesucristo se le apareció a Sor Lucía en Rianjo, España, y le dictó dos oraciones más. En este 13 de mayo, en un nuevo aniversario de la primera aparición de la Santísima Virgen a Lucía y a los beatos Jacinta y Francisco, ofrecemos estas siete oraciones junto con otra que nos ha parecido muy conveniente publicar, esperando que sean de gran provecho espiritual a nuestros lectores.

Profundamente postrados se recita tres veces la siguiente deprecación: 

Dios mío, yo creo, yo adoro, yo espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, ni os aman.


La plegaria que se halla a continuación puede servir tanto para ofrecer la Santa Misa como el Santo Rosario, así como al inicio de la visita al Santísimo Sacramento: 

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido, y por los méritos infinitos de Su Sacratísimo Corazón y los Dolores de Vuestra Inmaculada Madre, os pido la conversión de los pobres pecadores.


La siguiente oración no pertenece a las que el Ángel de Fátima enseñó a los tres pastorcitos, sino que se halla en un devocionario cordimariano publicado por la claretiana Editorial Coculsa en los años cuarenta. Se incluye por parecernos preciosa y muy apta para recitarla después de la anterior como ofrecimiento del Santo Rosario: 
Y Vos, oh Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, que en Fátima os habéis querido llamar con el dulce nombre del Rosario, dignaos aceptar esta dulcísima devoción que vamos a rezar, según los deseos que habéis manifestado, con la intención de honraros, de haceros compañía y de reparar los ultrajes con que los impíos y malos cristianos hieren vuestro amante Corazón. Dignaos, Madre querida, cumplir vuestra promesa de asistirnos todos los días de nuestra vida y sobre todo en la hora de la muerte con las gracias necesarias para la eterna salvación de nuestras almas. Así sea.

Al final de cada misterio del Santo Rosario, después del Gloria Patri, dígase: 
Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia. 
En latín: 
O mi Iesu, peccata nostra dimitte nobis, ab igne inferni defende nos; perduc in coelum ómnium ánimas, eorum imprímis qui máxime misericordia Tua índigent. 


Jaculatoria latréutica: 
¡Oh, Santísima Trinidad!, os adoro. Señor mío y Dios mío, os amo en el Santísimo Sacramento. 


Plegaria de ofrecimiento de mortificaciones y sacrificios: 
¡Oh Jesús, te ofrezco este sacrificio por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados que tanto ofenden al Inmaculado Corazón de María! 

"Corazón de Jesús yo cuidaré de tu honra y de tus cosas y tú cuida de mí y de las mías."

Forma resumida de pacto con el Corazón de Jesús:


"Corazón de Jesús yo cuidaré de tu honra y de tus cosas y tú cuida de mí y de las mías."

http://costumbrario.blogspot.com/

http://costumbrario.blogspot.com/

En honor a la gloriosa Santa Ana, madre de la Santísima Virgen María



Santa Ana, la Madre de la Santísima Virgen, es una de las más veneradas de todos los bienaventurados, habiéndose extendido su culto profusamente en la Edad Media. Aunque los Evangelios canónicos callan sobre ella y San Joaquín, lo cierto es que puede deducirse que pertenecían a la tribu de Judá y a la Casa de David, ya que San Pablo (Rom. I, 3) afirma de Jesucristo qui factus est ex semine David secundum carnem (fue engendrado de la simiente de David según la carne). Ahora bien, como Nuestro Señor se encarnó por obra del Espíritu Santo en el seno purísimo de María, sin concurso de San José, de quien es hijo putativo, es claro que la descendencia davídica biológica sólo le podía venir de su Madre (viniéndole la legal del glorioso patriarca).

Los Evangelios apócrifos dan ellos sí varios datos sobre los abuelos de Jesús. Naturales de Nazaret, en la Galilea, se cree que eran gentes de cierta riqueza proveniente de la ganadería. Algunos creen que eran francamente ricos; pero hay que pensar más bien que se trataba de una familia que podía permitirse vivir con holgura aunque sin lujos. Desde luego, no casa con el estilo de la Virgen la vida regalada y despreocupada en la que habría sido educada de haber sido sus padres muy acaudalados. Si, de acuerdo a la tradición apócrifa, el parentesco de María con Santa Isabel, la madre del Bautista, le venía por Santa Ana, se ha de pensar que ésta era de estirpe sacerdotal, ya que el evangelio de San Lucas dice que Isabel era “de filiabus Aaron” (de las hijas de Aarón, el Sumo Sacerdote, hermano de Moisés).

El episodio principal que se narra en los escritos apócrifos relativo a Santa Ana y su esposo es el de la milagrosa concepción de la Santísima Virgen. Aquéllos se habían mudado de Nazaret para vivir en Jerusalén. Se dice que Ana era ya de edad no apta para concebir y era estéril, lo cual era un baldón para una familia israelita, ya que se consideraba como una maldición de Dios. Un día que Joaquín fue a ofrecer su sacrificio en el templo, el sacerdote Matatías lo rechazó, increpándole el no poder tener descendencia. El patriarca se retiró humillado al monte a meditar en su vergüenza, mientras su esposa, sin comprender la ausencia de Joaquín, se lamentaba ante Dios de su desgracia. El Señor envió a ambos un ángel que les indicó que corrieran el uno al encuentro del otro. Obedeciendo al celeste mensajero, Ana y Joaquín se dieron alcance mutuamente bajo la Puerta Dorada del Templo, cesando la esterilidad aquélla, que concibió a la Virgen pura y sin mancha por especialísimo privilegio de Dios.

Esta bella historia tiene un sugestivo paralelismo con la de otra Ana, éste del Antiguo Testamento: la madre del juez Samuel, que también era mayor y estéril y había rogado sin cesar a Dios que le diera un hijo, al que prometió consagrar a su servicio. Por la unción de Samuel, el justo, David se convertiría en Rey de Israel; por María vendría al mundo el Rey del Universo, hijo de David. El papel desempeñado por las dos mujeres de nombre Ana en capítulos decisivos del plan de salvación es muy semejante. Otra Ana encontraremos en el Nuevo Testamento: la llamada profetisa, que hablaba a todo el mundo del Niño que fueron a presentar sus padres al Templo y que el anciano y venerable Simeón tomó en sus brazos anunciando sobre él cosas maravillosas, que María “guardaría en su corazón”. Todas las Anas son como anticipadoras y anunciadoras de salvación.

Otro episodio relacionado con la madre de la Virgen es su parto. Se dice que, en virtud de la criatura tan perfecta que iba a dar a luz, Ana quedó exenta de los normales dolores del parto. Las noticias sobre los padres de María vuelven con motivo de la presentación de la Niña en el Templo a los tres años para servir en él a Dios. Ana había ya educado a su hija desde muy pequeña en el temor de Dios y la precoz criatura, a quien consumía el celo de su Casa, se soltó de sus padres y corrió hacia el sacerdote, subiendo rápidamente las gradas del Templo para entregarse gozosa a su vida retirada como doncella escogida. Después vinieron los Desposorios de la Virgen con San José, heredero de la dinastía de David, y la concepción y Nacimiento de Jesús, acontecimientos a los que ciertamente asistirían los ancianos Joaquín y Ana. Poco más se narra de ellos, salvo que Santa Ana enviudó primero, después de haber asistido a San Joaquín en su última enfermedad y agonía.

El culto de Santa Ana se difundió en Oriente tan pronto como en el siglo IV. El emperador Justino (que reinó a principios del siglo VI) le dedicó una hermosa iglesia en Constantinopla, lo que da fe de la importancia de su veneración. En Occidente no se introdujo hasta el siglo XIII y fue a través de Francia y los cruzados que venían de los reinos francos del Medio Oriente. El papa Urbano VI instituyó una fiesta en su honor en 1382, aunque sólo para el Reino de Inglaterra. Fue Gregorio XIII quien en 1584 extendió su culto a toda la Iglesia. Esta gran santa es patrona, naturalmente de todas las abuelas, seres entrañables que contribuyen con su toque de dulzura y abnegación a la felicidad doméstica.





LETANÍAS DE SANTA ANA

Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos
Dios, Padre celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios, Hijo, redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios, Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.
Santa Ana, ruega por nosotros,
Descendente de la familia de David,
Hija de los patriarcas,
Fiel esposa de San Joaquín,
Madre de María, la Virgen Madre de Dios,
Amable madre de la Reina del Cielo,
Abuela de nuestro Salvador,
Amada de Jesús, María y José,
Instrumento del Espíritu Santo,
Ricamente dotada de las gracias de Dios,
Ejemplo de piedad y paciencia en el sufrimiento,
Espejo de obediencia,
Ideal del autentico feminismo,
Protectora de las vírgenes,
Modelo de las madres cristianas,
Protectora de las casadas,
Guardián de los niños,
Apoyo de la vida familiar cristiana,
Auxilio de la Iglesia,
Madre de misericordia,
Madre merecedora de toda confianza,
Amiga de los pobres,
Ejemplo de las viudas,
Salud de los enfermos,
Cura de los que sufren del mal,
Madre de los enfermos,
Luz de los ciegos,
Voz de quienes no pueden hablar,
Oído de los sordos,
Consuelo de los afligidos,
Alentadora de los oprimidos,
Alegría de los ángeles y Santos,
Refugio de los pecadores,
Puerto de salvación,
Patrona de la buena muerte,
Auxilio de cuantos recurren a ti,

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,perdónanos Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,escúchanos Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,ten piedad de nosotros.

V. Ruega por nosotros buenísima Santa Ana,
R. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

Oremos. Dios todopoderoso y eterno, que te has complacido en escoger a Santa Ana para que de ella naciera la Madre de tu amado Hijo, haz que cuantos la honramos con especial confianza podamos, por su intercesión, alcanzar la vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.


En honor a la gloriosa Santa Ana, madre de la Santísima Virgen María



Santa Ana, la Madre de la Santísima Virgen, es una de las más veneradas de todos los bienaventurados, habiéndose extendido su culto profusamente en la Edad Media. Aunque los Evangelios canónicos callan sobre ella y San Joaquín, lo cierto es que puede deducirse que pertenecían a la tribu de Judá y a la Casa de David, ya que San Pablo (Rom. I, 3) afirma de Jesucristo qui factus est ex semine David secundum carnem (fue engendrado de la simiente de David según la carne). Ahora bien, como Nuestro Señor se encarnó por obra del Espíritu Santo en el seno purísimo de María, sin concurso de San José, de quien es hijo putativo, es claro que la descendencia davídica biológica sólo le podía venir de su Madre (viniéndole la legal del glorioso patriarca).

Los Evangelios apócrifos dan ellos sí varios datos sobre los abuelos de Jesús. Naturales de Nazaret, en la Galilea, se cree que eran gentes de cierta riqueza proveniente de la ganadería. Algunos creen que eran francamente ricos; pero hay que pensar más bien que se trataba de una familia que podía permitirse vivir con holgura aunque sin lujos. Desde luego, no casa con el estilo de la Virgen la vida regalada y despreocupada en la que habría sido educada de haber sido sus padres muy acaudalados. Si, de acuerdo a la tradición apócrifa, el parentesco de María con Santa Isabel, la madre del Bautista, le venía por Santa Ana, se ha de pensar que ésta era de estirpe sacerdotal, ya que el evangelio de San Lucas dice que Isabel era “de filiabus Aaron” (de las hijas de Aarón, el Sumo Sacerdote, hermano de Moisés).

El episodio principal que se narra en los escritos apócrifos relativo a Santa Ana y su esposo es el de la milagrosa concepción de la Santísima Virgen. Aquéllos se habían mudado de Nazaret para vivir en Jerusalén. Se dice que Ana era ya de edad no apta para concebir y era estéril, lo cual era un baldón para una familia israelita, ya que se consideraba como una maldición de Dios. Un día que Joaquín fue a ofrecer su sacrificio en el templo, el sacerdote Matatías lo rechazó, increpándole el no poder tener descendencia. El patriarca se retiró humillado al monte a meditar en su vergüenza, mientras su esposa, sin comprender la ausencia de Joaquín, se lamentaba ante Dios de su desgracia. El Señor envió a ambos un ángel que les indicó que corrieran el uno al encuentro del otro. Obedeciendo al celeste mensajero, Ana y Joaquín se dieron alcance mutuamente bajo la Puerta Dorada del Templo, cesando la esterilidad aquélla, que concibió a la Virgen pura y sin mancha por especialísimo privilegio de Dios.

Esta bella historia tiene un sugestivo paralelismo con la de otra Ana, éste del Antiguo Testamento: la madre del juez Samuel, que también era mayor y estéril y había rogado sin cesar a Dios que le diera un hijo, al que prometió consagrar a su servicio. Por la unción de Samuel, el justo, David se convertiría en Rey de Israel; por María vendría al mundo el Rey del Universo, hijo de David. El papel desempeñado por las dos mujeres de nombre Ana en capítulos decisivos del plan de salvación es muy semejante. Otra Ana encontraremos en el Nuevo Testamento: la llamada profetisa, que hablaba a todo el mundo del Niño que fueron a presentar sus padres al Templo y que el anciano y venerable Simeón tomó en sus brazos anunciando sobre él cosas maravillosas, que María “guardaría en su corazón”. Todas las Anas son como anticipadoras y anunciadoras de salvación.

Otro episodio relacionado con la madre de la Virgen es su parto. Se dice que, en virtud de la criatura tan perfecta que iba a dar a luz, Ana quedó exenta de los normales dolores del parto. Las noticias sobre los padres de María vuelven con motivo de la presentación de la Niña en el Templo a los tres años para servir en él a Dios. Ana había ya educado a su hija desde muy pequeña en el temor de Dios y la precoz criatura, a quien consumía el celo de su Casa, se soltó de sus padres y corrió hacia el sacerdote, subiendo rápidamente las gradas del Templo para entregarse gozosa a su vida retirada como doncella escogida. Después vinieron los Desposorios de la Virgen con San José, heredero de la dinastía de David, y la concepción y Nacimiento de Jesús, acontecimientos a los que ciertamente asistirían los ancianos Joaquín y Ana. Poco más se narra de ellos, salvo que Santa Ana enviudó primero, después de haber asistido a San Joaquín en su última enfermedad y agonía.

El culto de Santa Ana se difundió en Oriente tan pronto como en el siglo IV. El emperador Justino (que reinó a principios del siglo VI) le dedicó una hermosa iglesia en Constantinopla, lo que da fe de la importancia de su veneración. En Occidente no se introdujo hasta el siglo XIII y fue a través de Francia y los cruzados que venían de los reinos francos del Medio Oriente. El papa Urbano VI instituyó una fiesta en su honor en 1382, aunque sólo para el Reino de Inglaterra. Fue Gregorio XIII quien en 1584 extendió su culto a toda la Iglesia. Esta gran santa es patrona, naturalmente de todas las abuelas, seres entrañables que contribuyen con su toque de dulzura y abnegación a la felicidad doméstica.





LETANÍAS DE SANTA ANA

Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos
Dios, Padre celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios, Hijo, redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios, Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.
Santa Ana, ruega por nosotros,
Descendente de la familia de David,
Hija de los patriarcas,
Fiel esposa de San Joaquín,
Madre de María, la Virgen Madre de Dios,
Amable madre de la Reina del Cielo,
Abuela de nuestro Salvador,
Amada de Jesús, María y José,
Instrumento del Espíritu Santo,
Ricamente dotada de las gracias de Dios,
Ejemplo de piedad y paciencia en el sufrimiento,
Espejo de obediencia,
Ideal del autentico feminismo,
Protectora de las vírgenes,
Modelo de las madres cristianas,
Protectora de las casadas,
Guardián de los niños,
Apoyo de la vida familiar cristiana,
Auxilio de la Iglesia,
Madre de misericordia,
Madre merecedora de toda confianza,
Amiga de los pobres,
Ejemplo de las viudas,
Salud de los enfermos,
Cura de los que sufren del mal,
Madre de los enfermos,
Luz de los ciegos,
Voz de quienes no pueden hablar,
Oído de los sordos,
Consuelo de los afligidos,
Alentadora de los oprimidos,
Alegría de los ángeles y Santos,
Refugio de los pecadores,
Puerto de salvación,
Patrona de la buena muerte,
Auxilio de cuantos recurren a ti,

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,perdónanos Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,escúchanos Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,ten piedad de nosotros.

V. Ruega por nosotros buenísima Santa Ana,
R. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

Oremos. Dios todopoderoso y eterno, que te has complacido en escoger a Santa Ana para que de ella naciera la Madre de tu amado Hijo, haz que cuantos la honramos con especial confianza podamos, por su intercesión, alcanzar la vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.



Novena al Inmaculado Corazón de María según el espíritu de Fátima


Publicamos esta novena de preparación a la festividad del Inmaculado Corazón de María (22 de agosto) y que hemos tomado de un sitio católico muy recomendable:http://www.devocionesypromesas.com.ar/.


Puede rezarse esta novena en cualquier época del año. Leemos en la vida del santo Cura de Ars: “Su gran práctica era recomendar a los fieles y peregrinos de Ars una novena al Corazón de María. Por este medio se obtenían innumerables gracias y favores”.



ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS

¡Oh María, digna Madre de Dios y tierna Madre nuestra, que apareciendo en Fátima, nos habéis mostrado nuevamente en vuestro Corazón un asilo y refugio segurísimo, y en vuestro rosario un arma victoriosa contra el enemigo de nuestras almas, dándonos también rica promesa de paz y vida eterna!

Con el corazón contrito y humillado por mis culpas, pero lleno de confianza en vuestras bondades, vengo a ofreceros esta novena de alabanzas y peticiones.

Recordando, Señora benignísima, las palabras de Jesús en la cruz, "Ahí tienes a tu Madre", os digo con todo afecto: ¡Madre, aquí tenéis a vuestro hijo!

Recibid mi corazón, y ya que es palabra vuestra "Quien me hallare, hallará la vida", dadme que amándoos con amor filial, halle y goce aquí la vida de la gracia y después la vida de la gloria. Amén.


Día 1º
Reinado del Corazón de María

Dijo la Virgen a los pastorcitos de Fátima: "Jesús quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón".
En verdad, ¿puede haber cosa más justa y digna? Oigamos al P. Claret: "¿Habrá quien pregunte por qué veneramos al Corazón de María? ¿Se han meditado bien la excelencia de este Corazón y las perfecciones sobrehumanas y más que angélicas que lo adornan? ¡Oh, con qué alegría contempla el Señor al Corazón de María, al que ninguna mancha desfigura ni afea germen alguno de pasión mala, en el que no existe sobra de defecto que pueda hacerle indigno y cuyas afecciones son todas celestes! O por hablar con más propiedad, ¡con qué satisfacción no se contempla a Sí mismo en aquel espejo fiel en donde se hallan retratados todos los rasgos de su semejanza, borrados en el resto de los hombres!". Y afirma San Bernardino de Siena que "para ensalzar los sentimientos del Corazón Virginal de María no bastan las lenguas de todos los hombres, ni aún las de los ángeles". ¡Tan digno y santo es!
¡Oh alma devota! Dios lo quiere: Dios ha honrado sobremanera al Corazón de María: honra tú también, ama y obsequia cuanto puedas al Corazón amantísimo de tu dulce Madre.

Después de la meditación propia del día pídanse las gracias.
Para alcanzarlas, rezar cinco Avemarías al Corazón de María.


ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Corazón de María, el más amable y compasivo de los corazones después del de Jesús, Trono de las misericordias divinas en favor de los miserables pecadores! Yo, reconociéndome sumamente necesitado, acudo a Vos en quien el Señor ha puesto el tesoro de sus bondades con plenísima seguridad de ser por Vos socorrido. Vos sois mi refugio, mi amparo, mi esperanza; por esto os digo y os diré en todos mis apuros y peligros:

¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!

Cuando la enfermedad me aflija, o me oprima la tristeza, o la espina de la tribulación llague mi alma,
¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!

Cuando el mundo, el demonio y mis propias pasiones, coaligados para mi eterna perdición, me persigan con sus tentaciones y quieran hacerme perder el tesoro de la divina gracia,
¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!

En la hora de mi muerte, en aquel momento espantoso del que depende mi eternidad, cuando se aumenten las angustias de mi alma y los ataques de mis enemigos,
¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!

Y cuando mi alma pecadora se presente ante el tribunal de Jesucristo para rendirle cuenta de toda su vida, venid Vos a defenderla y ampararla, y entonces, ahora y siempre,
¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!

Estas gracias espero alcanzar de Vos, ¡oh Corazón amantísimo de mi Madre!, a fin de que pueda veros y gozar de Dios en vuestra compañía por toda la eternidad en el cielo. Amén.


Día 2º
Desagravio al Corazón de María

La Virgen pidió en Fátima a los tres niños ofrecieran sacrificios en reparación de las ofensas que se infieren a su Inmaculado Corazón. Pidió en particular la comunión reparadora de los primeros sábados.
Lo que sostiene a este mundo pecador es el espíritu de reparación, que llega a su valor más alto en la misa, donde Jesús encabeza las reparaciones y desagravios de la Iglesia toda a su Eterno Padre.
Se ofende a Dios, y se ofende mucho también a su amadísima Madre, cuyo Corazón gime atravesado con la simbólica espada. "Ese vaso de santidad -exclama San Buenaventura- ¿cómo se ha trocado en mar de penalidades?" La Virgen Madre puede responder: "Hijos he criado y exaltado, mas ellos me despreciaron".
¡Penitencia! nos dice María en Fátima como en Lourdes. Sí: Fátima es un pregón de penitencia para esta época en que se niega la gravedad del pecado, se glorifica el sensualismo y se concretan las aspiraciones a gozar de esta vida.
No volver a pecar: esto es lo primero en el verdadero penitente. Y luego, mortificarse y sufrir algo por Dios. Oigamos, pues, el clamor de María: ofrezcamos oraciones, buenas obras y sacrificios en desagravio a su afligido Corazón.


Día 3º
El Corazón de María, iris de paz

El mundo desconoce a Dios; es impío; y está escrito: "No hay paz para los impíos". Habrá en él mucha inteligencia, mucho brazo, mucha máquina; pero falta corazón. Y por eso falta amor, concordia, paz.
En Fátima aparece y brilla como nunca un Corazón, un Corazón de Madre, capaz de unir los corazones todos y llevarlos a Dios.
"En ese Corazón -dice Ricardo de San Lorenzo- la justicia y la paz se besaron", porque como explica San Bernardo, "maría recibió del mismo Corazón del Eterno Padre en su propio Corazón, al Verbo", que es nuestra paz y reconciliación.
¿Acaso no es oficio propio de la madre aplacar al Padre con los hijos y pacificar a éstos entre sí? Sala de esos armisticios es el corazón de toda madre. El de María es arca noética de donde sale siempre la paloma mensajera de paz, cuyos ramitos de olivo caen y germinan en las tierras ensangrentadas por el odio.
"Abre, pues, oh María -le suplica San Bernardo- la puerta del Corazón a los llorosos hijos de Adán". Ante ese "áureo altar de paz" vengan todos a depositar su ofrenda, reconciliados ya con sus hermanos. Roguemos a la Reina de la paz la dé a los pueblos y familias; pero más, mucho más a los pecadores que están alejados de Dios y tiranizados por el demonio.


Día 4º
El Corazón de María y los pecadores

No una, sino varias veces exhortó la Virgen a los niños de Fátima a orar y sufrir por la conversión de los pecadores, y pidió expresamente el culto a su Corazón como medio de conversiones.
Dicen muchos: "Pequé, y ¿qué de malo me ha sucedido?". No hablarían así, a poca fe y reflexión que tuvieran. Verían que el pecado mortal mata al alma, roba la paz y todos los méritos, enemista con Dios y esclaviza bajo el poder de satanás. El que muere en pecado mortal se condena para siempre. ¡Qué espantosa desgracia!
Una avemaría diaria rezan los archicofrades del Corazón de María por los pecadores. Y María les inspira arrepentimiento, confesión, enmienda, y así les torna la vida, antes insoportable, dulce y feliz. "¡Cuánto no debemos al tesoro de consuelos que encierra el Corazón Inmaculado de María!" exclamaba el P. Faber, convertido por ese Corazón de Madre.
"¡Oh María! -le decía San Alfonso María de Ligorio- si vuestro Corazón llega a tener compasión de mí, no podrá dejar de protegerme".
El Papa en nombre de toda la humanidad pecadora, ora de este modo: "Estamos seguros de obtener misericordia y de recibir gracias, no por nuestros méritos, de los que no presumimos, sino únicamente por la inmensa bondad de vuestro materno Corazón".
Acude tú también a este Trono de misericordia; y pídele la conversión de los pecadores empedernidos.


Día 5º
La Gran Promesa del Corazón de María

Esta promesa será sin duda lo que más perpetúe el nombre de Fátima a través de los siglos y traiga más frutos de salvación. "Prometo -dijo la Virgen- asistir en la hora de muerte con las gracias necesarias para la salvación a los que en cinco primeros sábados de mes seguidos comulguen y recen el rosario meditado".
Ante este alarde de misericordia del Corazón de María, el mundo se ha conmovido. El mismo soberano Pontífice pone al principio de la misa del Corazón de María aquella invitación: "Vayamos con confianza a ese Trono de gracia". Y cada uno de los fieles ganoso de asegurar lo que más importa, el porvenir eterno, tiene cuenta con sus cinco primeros sábados, evita el interrumpirlos, se alegra de coronarlos y se complace en repetirlos.
Es interesante el dato evangélico: Jesús otorgaba sus favores y prodigios preferentemente en sábado. E interrogaba a sus detractores: ¿Es lícito curar en sábado? Su Madre divina parece responder: los sábados son los días de mi predilección a favor de mis devotos en la tierra y en el purgatorio.
¡Oh alma! reza el rosario y comulga en dichos días, con gratitud, con fervor, en espíritu de reparación, y no lo dudes: albergada en ese Corazón, que es, según San Buenaventura, "deliciosísimo paraíso de Dios", pasarás al paraíso eterno.


Día 6º
El Corazón de María y el Rosario

Como en Lourdes, María pide en Fátima el rezo del rosario, y pide lo recemos diariamente, por la paz y por los pecadores, es decir: "por la paz de las armas y por la paz de las almas", según frase del Papa.
¿Necesitaremos más invitaciones para darnos a esta dulcísima y salvadora devoción? Dulcísima, pues como dice San Anselmo de Luca, "debería rebosar célica dulzura nuestra boca al saludar a tan benigna Señora y bendecir el fruto de su vientre, Jesús". Salvadora, pues dice Montfort: "No sé el cómo ni el porqué, pero es una verdad, que para conocer si una persona es de Dios, basta examinar si gusta de rezar el avemaría y el rosario".
Dijo la Virgen al P. Claret: "Quiero que seas el Domingo de Guzmán de estos tiempos". Y él propagó el rosario con celo indecible, transformando los hogares.
Al B. P. Hoyos le declaró la misma Señora: "Hasta ahora ninguno se ha condenado, ni se condenará en adelante que haya sido verdadero devoto de mi rosario".
"¡Reina del Smo. Rosario!": así empieza el Papa la Consagración al Corazón de María, para indicarnos su aprecio al rosario. Alma fiel: el rosario sea para ti un tesoro: rézalo en familia o en particular todos los días de tu vida.


Día 7º
El Corazón de María y la meditación

La Virgen de Fátima prometió el cielo a los que n cinco primeros sábados comulguen y recen el rosario meditando sus misterios.
En la historia del cristianismo, que cuenta 20 siglos, es la primera vez que la Virgen invita al mundo a la práctica de la meditación u oración mental. Sabe muy bien que la irreflexión es la característica de nuestra época, llena de desolación, porque no hay quien medite de corazón.
¿Y quién podrá invitarnos mejor a la meditación que María, que en su Corazón -testigo el Evangelio- guardaba, meditaba y analizaba todas las palabras y acciones de Jesús niño, de Jesús adolescente, de Jesús hombre, y así se santificaba de día en día?
Para Ella sí que las palabras de Jesús eran palabras de vida eterna; y pues el hombre vive de toda palabra que procede de la boca de Dios, de ellas se alimentaba la Virgen como de una verdadera Eucaristía.
Si San Juan Eudes llama al Corazón de María "Libro de la Vida", es porque en las páginas delicadas de su Corazón la Virgen imprimía y releía todo lo que decía y hacía Jesús durante aquellos 30 años, para ser después el archivo divino de la Iglesia naciente.
"Ea, pues, -dice San Juan Crisóstomo- lo que María meditaba en su Corazón, meditémoslo en el nuestro". En los misterios del rosario está la vida de Jesús y de María: quien los medite bien, no pecará jamás.


Día 8º
El Corazón de María y el Papa

En sus apariciones de Fátima la Virgen menciona varias veces con amor al Santo Padre y pide se ore mucho por él.
El Papa es, entre todos los mortales, el primer hijo del Corazón de María, por ser el "Jesús visible", o como decía Santa Catalina de Siena, "el dulce Cristo en la tierra".
El Papa es nuestro Padre. ¡Oh si le tuviéramos aquel amor filial que le profesaba San Juan Bosco, quien por ser fiel a su consigna "con el Papa hasta la muerte", tanto sufrió de los enemigos de la Iglesia, y el P. Claret, que en pleno Concilio Vaticano manifestó que ansiaba derramar toda su sangre en defensa de la infalibilidad pontificia!
Es nuestro Padre amantísimo: hemos de profesarle amor, respeto y obediencia; no consentir jamás se le ataque y persiga; rogar para que el Corazón de María lo ilumine y guarde de todo peligro, lo haga feliz en la tierra y lo corone de gloria en el cielo.


Día 9º
Consagración al Corazón de María

El Papa Pío XII, en el 25 aniversario de las apariciones de Fátima, consagró el mundo al Inmaculado Corazón de María, secundando la petición de la aparecida Señora. Y a tono con él, innumerables Prelados le han consagrado sus diócesis, provincias y naciones.
Apareció el foco de la benignidad de la Salvadora del mundo y éste lo ha saludado con transportes de júbilo. De ese foco de amor maternal no habrá ya quien se esconda.
"Os tengo en mi Corazón", puede decirnos María, mejor que San Pablo a los filipenses. En esa arca de salvación nos ha refugiado a todos el Papa, por salvarnos del diluvio de males y vicios. ¿Cuándo? Cuando dijo solemnemente: "A vuestro Corazón Inmaculado nos confiamos y nos consagramos, no sólo en unión con la Santa Iglesia... sino también con todo el mundo".
Ahora nos toca a nosotros, a cada uno de nosotros repetir la consagración y vivir de acuerdo con ella llevando una conducta digna de hijos del Corazón de María, una vida de pureza, de oración, de mansedumbre, de caridad, de paciencia, de mortificación, virtudes que nos harán semejantes a nuestra Madre y fieles discípulos de Jesús, nuestro adorable Redentor, y nos otorgarán derecho a la eterna bienaventuranza.


Novena a Santa Rosa de Lima

NOVENA

Acto de contrición.- Señor mío Jesucristo…

Oración preparatoria

Gloriosa Santa Rosa de Lima, tú que supiste lo que es amar a Jesús con un corazón tan fino y generoso. Que despreciaste las vanidades del mundo para abrazarte a su cruz desde tu más tierna infancia. Que profesaste una gran ternura y dedicación a los más desvalidos sirviéndolos como al mismo Jesús. Que amaste con filial devoción a la Virgen María. Enséñanos tus grandes virtudes para que, siguiendo tu ejemplo, podamos gozar de tu protección y de tu compañía en el cielo. Te rogamos también aceptes el obsequio de esta novena y nos obtengas del Señor las gracias que pedimos por tu intercesión, si son para su mayor gloria y bien de nuestras almas. Así sea.

Pídase las gracias que se deseen.


Oraciones para cada día


Día 1. Amantísimo Señor Dios, Trino y Uno, que como en la antigua ley, os complacíais en que os llamasen Dios de aquellos grandes Santos Patriarcas, hoy no menos os agradáis, en que os llamemos, Dios de la Rosa de Santa María: alegrámonos y gozámonos con el mismo gozo, con que ella se complacía en vuestras divinas perfecciones, en especial, de que seáis un Ser tan infinitamente perfecto, que de nadie depende, y todo depende de vuestro Ser, y os pedimos por vuestra soberana independencia, y por el asimiento, que tuvo siempre a Vos vuestra finísima Santa Rosa, nos concedáis un apartamiento total de cuanto es contra vuestra voluntad, a que vivamos y muramos asidos a Vos; y lo que en esta novena os pedimos a mayor honra y gloria vuestra.

Día 2. ¡Oh incomprensible Sabiduría! ¡Oh Dios Trino y Uno! tan infinitamente sabio, que os comprendéis a Vos, y con inefable claridad todo lo creado lo sabéis, y lo sobrecomprendéis: alegrámonos, y gozámonos con el mismo gozo, con que la ilustradísima Rosa de Santa María, se gozaba de vuestra Sabiduría, y por ella, y por lo que supo de vos nuestra Santa, os pedimos nos comuniquéis la ciencia de los Santos, vuestra Divina Luz, y lo que en esta novena os suplicamos, si es para honra y gloria vuestra.

Día 3. ¡Oh bondad inefable! ¡Oh hermosura indecible! ¡Oh Dios Trino y Uno, que sois el centro de toda belleza y perfección! Alegrámonos y gozámonos en Vos con aquel mismo afecto con que la amorosísima Rosa de Santa María, en Vos únicamente descansaba su corazón, como en su centro, y os pedimos por vuestra infinita bondad, y por lo que os comunicasteis a la hermosísima Santa Rosa, que toda vuestra voluntad nos la robe perfección tan divina, y lo que os suplicamos en esta novena, si es honra y gloria vuestra.

Día 4. ¡Oh Santidad Purísima! ¡Oh fuente y ode toda Santidad! ¡Oh Dios Trino y Uno, que por esencia tenéis el oponeros a la culpa! Alegrámonos y gozámonos con el mismo gozo que la perfectísima Rosa, de vuestra infinita perfección, y os pedimos por tan inmensa Santidad, y por las que le comunicasteis a esta purísima Santa, nos concedáis que os sirvamos de suerte que consigamos la perfección que ella deseaba y pedía para sus prójimos; y lo que en esta novena os suplicamos, si ha de ser para honra y gloria vuestra.

Día 5. ¡Oh caridad incomprensible! ¡Oh Dios Trino y Uno, todo amor, que con infinita propensión os inclináis a favorecer a vuestras criaturas y hacerlas bien! Deseamos alegrarnos y gozarnos con aquel mismo gozo e incendio de amor, con que vuestra muy amada Rosa de Santa María se complacía en vuestra inefable caridad; y os pedimos por esta divina perfección, y por el agradecimiento y amor con que maravillosamente os correspondió esta amorosísima Santa, nos comuniquéis los efectos de vuestra especial asistencia y caridad; y lo que en esta novena os suplicamos, si fuere para mayor honra y gloria vuestra.

Día 6. ¡Oh Omnipotente Majestad! ¡Oh Dios Trino y Uno, que cuanto queráis podéis, y es infinito vuestro poder! Deseamos alegrarnos y gozarnos en tan soberana omnipotencia, con aquel mismo gozo con que se complacía la Santa Rosa de Santa María y os pedimos por esta perfección y por el poder que concedisteis a esta fortísima doncella, elevéis y confortéis nuestra grandísima flaqueza y debilidad, para que podamos corresponder a lo que vuestra omnipotencia obra en nuestras almas; y lo que os suplicamos en esta novena, si fuere para Honra y Gloria vuestra.

Día 7. ¡Oh Liberalidad Divina! ¡Oh inclinación indecible a dar y favorecer! ¡Oh Dios Trino y Uno, que dando infinito más que lo deseáis dar! Deseamos alegrarnos y gozarnos en tan divina franqueza con aquel mismo gozo con que os complacía vuestra reconocidísima Santa Rosa, y os pedimos por esta infinita perfección, y por lo mucho que disteis a esta dichosísima santa, nos libréis del vicio de la ingratitud, y nos concedáis que no cesemos de daros gracias por los infinitos beneficios de vuestra liberalidad, y lo que os suplicamos en esta novena, si es para honra y gloria vuestra.

Día 8. ¡Oh Divina Inmensidad! ¡Oh Dios Trino y Uno, que por vuestro ser estáis en todo, sin necesidad de lugar porque estáis en Vos, que sois sobre todo lugar! Deseamos alegrarnos y gozarnos en tan incomprensible inmensidad, con aquel mismo gozo con que la humildísima Santa Rosa se complacía; y os pedimos por esta inmensa perfección, y por la presencia vuestra, que en todas las criaturas concedisteis a tan íntima Esposa vuestra, nos concedáis tenernos siempre presentes y vivir dentro de vos, y lo que en esta novena os suplicamos, si fuere para mayor honra y gloria vuestra.

Día 9. ¡Oh y quién podrá, gran Dios y Señor, Trino y Uno, hacerse capaz de vuestra bienaventuranza y gloria, de la que tenéis en Vos por esencia, gozándoos y amándoos, y de la gloria accidental que os dan todas vuestras criaturas! Deseamos alegrarnos y gozarnos en vuestra grande gloria, con el mismo gozo con que se complacía la felicísima Santa Rosa, y os pedimos por esta su perfección y por la gloria a que la elevasteis, y la que recibís de tan amada criatura vuestra, nos concedáis, que confesando y conociendo vuestra gloria infinita, no caigamos en la eterna pena, sino que seamos bienaventurados y participemos de la infinita bienaventuranza vuestra; y lo que os suplicamos es esta Novena a mayor honra y gloria vuestra.


Oración final

Os doy gracias, o Señor, de la asistencia especial que me habéis prestado en esta novena. Continuad siempre en vuestras misericordias sobre de mí, a satisfacción de mis pecados, en sufragio de las almas del purgatorio y por la conversión de los pecadores. Perdonadme todas las faltas que he cometido. Y juntando el poco bien que he hecho con los inconmensurables méritos de Jesucristo, concededme por Él todas aquellas gracias que son necesarias a mi eterna salud, especialmente una plenaria remisión de la pena debida a mis culpas, que nuevamente lloro y detesto, resuelto como estoy de conducir en lo futuro una vida toda en conformidad a vuestros Santos Mandamientos. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.

LETANÍAS DE SANTA ROSA
(para uso privado)



El retrato post mortem por Medoro Angelino
Señor, ten piedad.
Cristo ten piedad.
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios Padre Celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.
Santa María, ruega por nosotros.
San Miguel Arcángel y todos los coros de los ángeles, rogad por nosotros.
San José, padre nutricio de Jesús, ruega por nosotros.
Santa Isabel, con cuyo nombre fue bautizada Santa Rosa, ruega por nosotros.
San Bartolomé Apóstol, en cuya vigilia subió Santa Rosa al cielo, ruega por nosotros.
Glorioso Padre Santo Domingo, ruega por nosotros.
Seráfico Padre San Francisco, ruega por nosotros.
Santa Catalina de Siena, madre espiritual de Santa Rosa, ruega por nosotros.
Santo Toribio de Mogrovejo, que confirmaste a Santa Rosa, ruega por nosotros.
San Francisco Solano, cuya predicación escuchó Santa Rosa, ruega por nosotros.
San Martín de Porras y San Juan Masías, hermanos de hábito y de virtud de Santa Rosa, rogad por nosotros.

Santa Rosa de Lima, virgen limeña, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, gloria y orgullo del Perú, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, primera flor americana de santidad, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, lirio de pureza, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, violeta de humildad, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, azucena de castidad, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, rosa encendida de amor, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, ramillete de todas las virtudes, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, oliva de penitencia, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, bálsamo de consuelo, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, mirra de mortificación, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, admiración de los españoles, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, ejemplo de los criollos, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, patrona de los mestizos, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, protectora de los indios, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, auxiliadora de los negros, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, defensora contra los corsarios, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, sostén de tu hogar, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, alivio de los enfermos, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, socorro de los más pobres, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, ejemplo de observancia, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, despreciadora de las galas mundanas, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, insigne penitente, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, coronada de espinas, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, ayunadora y abstinente, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, triunfante de los demonios, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, inspirada cantora, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, respetuosa de toda forma de vida, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, modelo de hija y hermana, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, dócil a tu padre espiritual y confesor, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, mística esposa de Cristo, ruega por nosotros.

Todos los bienaventurados de la Orden de Predicadores, rogad por nosotros.
Todos los bienaventurados de la Orden Seráfica, rogad por nosotros.
Todos los Santos y Santas de Dios, interceded por nosotros.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Señor, ten piedad.
Cristo ten piedad.
Señor, ten piedad.

Padre nuestro… (secreto)
V. Y no nos dejes caer en tentación.
R. Mas líbranos del mal.
V. Señor, escucha mi oración.
R. Y llegue a Ti mi clamor.
(V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.)
Oremos. Oh Dios Omnipotente, dador de todo bien, que hiciste florecer en América por la gloria de la virginidad y paciencia a la bienaventurada Rosa, prevenida con el rocío de tu gracia; haz que nosotros, atraídos por el olor de su suavidad, merezcamos ser buen olor de Cristo. Que contigo y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. R. Amén.