“Y ella dio a luz a su primogénito, le envolvió en pañales y le puso en un pesebre…” (Lc 2, 7)
“He nacido por vosotros en una gruta, con frío, en el abandono, en medio de una noche de invierno, en una pobreza desconocida para los más pobres, en una soledad, en un abandono únicos en el mundo… ¿Qué es lo que enseño, hijos míos, por medio de este nacimiento? A creer en mi amor. Yo, que os he amado hasta el más allá, a confiar en Mí. Yo, que os amo tanto… Os enseño el desprecio del mundo, del cual Yo hago tan poco caso; la pobreza, la abyección, la soledad, la humildad, la penitencia… Os enseño a amarme, Yo, tan amante, que no me contento con darme al mundo en mi Encarnación, santificarle invisiblemente en la Visitación, sino que, no bastando mi ternura, desde mi nacimiento, yo me muestro a vosotros, me doy completamente, me pongo entre vuestras manos. Desde ahora podréis verme, tocarme, escucharme, poseerme, servirme, consolarme; amadme, amadme. Yo que estoy tan cerca de vosotros, que me entrego de tal manera a vosotros, que soy tan amante; Yo , que por inaudita bondad, no me doy a vosotros en mi nacimiento, por algunos días o años, sino que estoy entre vuestras manos para estarlo desde ahora hasta el fin de los tiempos… Considerad este gozo infinito que os doy por medio de mi nacimiento de poder servir, servirme sirviendo a la Iglesia, sirviendo al prójimo, servirme a Mí, viviendo ahí, cerca de vosotros, en el Tabernáculo… No solamente podéis servirme, sino que podéis consolarme. Yo he visto todos los instantes de vuestra vida, en todos los instantes de la mía, y mi Corazón humano, que os ama tan tiernamente, ha gozado o sufrido en todos esos momentos; gozado si ellos estaban consagrados al bien; sufrido si estaban empleados a hacer el mal. ¡Qué dicha para vosotros poder consolarme en todos los instantes de vuestra vida!… Haciéndome como un niñito, Yo os digo suavemente: ¡Confianza, familiaridad! ¡No tengáis miedo de Mí, venid a Mí, tomadme en vuestros brazos, adoradme! Pero adorándome, dadme lo que los niños piden: besos; no temáis, no seáis tan tímidos de un niñito tan dulce que os sonríe y tiende los brazos. Es vuestro Dios, pero lleno de dulzuras sonrisas; no temáis. Sed suma ternura, todo amor y confianza… “
Carlos de Foucauld, beato
Escritos espirituales