viernes, 16 de enero de 2015

PODEROSA ORACIÓN DE PROTECCIÓN
“Oh Coraza de la Sangre del Redentor; protégeme en todos mis caminos y batallas espirituales; cubre mis pensamientos, potencias y sentidos con tu coraza protectora, reviste mi cuerpo con tu poder. Que los dardos incendiarios del maligno, no me toquen ni en el cuerpo, ni en el alma; que ni el veneno, ni el hechizo, ni el ocultismo me hagan daño; que ningún espíritu encarnado o descarnado me perturbe; que Satanás y sus huestes del mal, huyan de mí al ver la Coraza de Tu Sangre Protectora. Libérame de todo mal y peligro Gloriosa Sangre del Redentor, para que pueda cumplir la misión que me ha sido encomendada y dar Gloria a Dios. Me consagro y Te consagro mi familia voluntariamente al Poder de Tu Sangre Protectora.
¡Oh mi buen Jesús, libérame a mi y a mi familia y seres querido de todo mal y peligro. Amén
LA ORACION DE LA CRUZ PROTECTORA DE SAN BENITO
Crux Sancti Patris Benedicti.
Crux Sancta Sit Mihi Lux
Non Draco Sit Mihi Dux
Vade Retro Satana
Numquam Suade Mihi Vana
Sunt Mala Quae Libas
Ipse Venena Bibas
Cruz del Santo Padre Benito
La Santa Cruz sera mi luz
no sera el demonio mi guia.
¡Apartate, Satanas!
no me sugieras cosas vanas,
maldad es lo que me brindas,
bebe tu mismo tu veneno.

ORACION A JESUS, EL JUSTO JUEZ:

En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor Jesucristo, Dios de vivos y muertos, Eterno Sol de Justicia, encarnado en el casto vientre de la Virgen María, por la salud del linaje humano, Justo Juez, Creador del Cielo y de la Tierra, y muerto en la Cruz por mi amor. Tu que fuiste envuelto en un sudario y puesto en un sepulcro del que al tercer día Resucitaste vencedor de la muerte y del Infierno. Justo y Divino Juez, oye mis súplicas, atiende a mis ruegos, escucha mis peticiones y dales favorable despacho.
Tu voz imperiosa serenaba a las tempestades, sanaba a los enfermos y resucitaba a los muertos como a Lázaro y al hijo de la viuda de Nahím. El imperio de tu voz ponía en fuga a todos los demonios, haciéndolos salir de los cuerpos poseídos, y dio vista a los ciegos, habla a los mudos, oído a los sordos y perdón a los pecadores, como a la Magdalena y al paralítico de la piscina. Tu te hiciste invisible a tus enemigos, a tu voz retrocedieron cayendo por tierra en el huerto, los que fueron a aprisionarte, y cuando expirabas en la Cruz, a tu poderoso acento se estremecieron los orbes.
Tú abriste las cárceles a Pedro y lo sacaste de ellas sin ser visto por la guardia de Herodes; tú salvaste a Dimas y perdonaste a la adúltera. Te suplico, Justo Juez, me liberes de todos mis enemigos, visibles e invisibles. La sábana santa en que fuiste envuelto me cubra; tu sagrada sombra me esconda, el velo que cubrió tus ojos ciegue a los que me persiguen, y los que me deseen mal ojos tengan y no me vean, manos tengan y no me tienten, oídos tengan y no me oigan, lengua tengan y no me acusen, y sus labios enmudezcan en los tribunales cuando intenten perjudicarme.
Oh Jesucristo, Justo y Divino Juez, favoréceme en toda clase de angustias y aflicciones, lances y compromisos, y has que al invocarte y aclamar al imperio de tu poderosa y Santa voz llamándote en mi auxilio, las prisiones se abran, las cadenas y los lazos se rompan, los grillos y las rejas se quiebren, los cuchillos se doblen y toda arma que sea en mi contra se inutilice; ni los caballos me alcancen, ni los espías me miren ni me encuentren.
Tu Sangre me bañe, tu manto me cubra, tu mano me bendiga, tu Poder me oculte, tu Cruz me defienda, y sea mi escudo en la vida y en la hora de mi muerte.
Ho Justo Juez, Hijo del Eterno Padre, que con El y con el Espíritu Santo eres un solo Dios verdadero; oh Verbo Divino hecho hombre, yo te suplico me cubras con el manto de la Santísima Trinidad, para que libre de todos los peligros y me glorifique tu Santo Nombre. Amén.
Divino y Justo Juez, acompáñame en mi vida, oh Verbo divino hecho hombre, yo te suplico me cubras con el manto de la Santísima Trinidad para que me libres de todos los peligros y me glorifique tu Santo Nombre. Amén.
Divino y Justo Juez, acompáñame en mi vida, líbrame de todo peligro y accidente; defiéndeme de mis enemigos y socórreme en mis necesidades. Amén.

ORACION DE SELLO DE LA PRECIOSA SANGRE PARA PROTEGER EL HOGAR:

Sello y protejo, con el Poder de la Sangre de Jesucristo el Señor, esta casa con todo lo que es, con todo lo que tiene. Sello y protejo la puerta principal, de tal manera que todos los que entren o salgan, se experimenten profundamente protegidos, por la Preciosísima Sangre de Jesucristo, el Señor.
Sello y protejo: todas las paredes, el techo, todos los rincones, cada una de las columnas y a través de ellas. Sello y protejo, los 4 puntos cardinales de esta casa.
Sello y protejo el suelo, el subsuelo, y debajo del subsuelo. Sello y protejo, con el Poder de la Sangre de Jesucristo, el Señor, todos los cimientos a partir de los cuales se levantó esta casa.
Sello y protejo, con el Poder de la Sangre de Jesucristo, el Señor, todo el material con que se construyó: ladrillos, cemento, varillas, y block. Sello y protejo, con el Poder de la Sangre de Jesucristo, el Señor, todas las instalaciones de luz, tuberías de gas, agua, y toda la cañería.
Incluso, sello y protejo, con la Sangre de Jesucristo, el Señor, la pintura con la que está revestida. Sello y protejo todas las puertas de todos los cuartos, al igual que todas las ventanas. Sello todas las áreas de esta casa, los dormitorios; sello la sala, la cocina, el comedor, los baños.
Sello y protejo, con el Poder de la Sangre de Jesucristo el Señor, cada objeto contenido, cada mueble, cama, adorno. Todo, absolutamente todo lo contenido en esta casa. Pido a Jesús, que toda ella sea bañada con su Preciosísima Sangre, de tal manera que nada ni nadie pueda provocarnos ningún daño.
Sello y protejo todos los límites de esta casa, de tal manera que nada, absolutamente de lo que la rodea, pueda provocarnos algún daño, ni a mí, ni a los míos, ni a cualquiera de mis parientes, amigos o visitantes. Amén. Amén. Amén.

Oraciones a a San SilvestrePara pedirle a San Silvestre que proteja tu hogar, deberás escribir en un papel blanco la siguiente oración:Esta es la Santa Cruz donde murió nuestro Señor. Padre San Silvestre del Monte Mayor, te ruego libres mi cuerpo y mi casa de todo malhechor, brujo o hechicero; de hombres y de mujeres de mal vivir, de todo lo malo que deseen para mí y mi familia, y que mis enemigos visibles e invisibles, no me puedan vencer.
En ese papel, que deberás poner detrás de la puerta de entrada a tu hogar, colocarás una cinta verde de seda fuerte con una espiga de trigo cosida. Como ofrenda o muestra de agradecimiento a la protección que recibes del santo, cuando vayas a abandonar tu hogar leerás o dirás de memoria la oración. También deberás dar una limosna a una persona anciana el último día de cada mes, o ayudar a una persona muy mayor de tu entorno en algo que necesite. El último día del año quemarás la ceniza al viento. El mismo día 31 de diciembre deberás renovar el papel, la cinta y la espiga.


Novena a nuestra Señora de la Sonrisa


En este día, 13 de mayo, además de recordar la aparición de nuestra Madre querida a los pastorcitos Jacinta, Francisco y Lucía, en Fátima, Portugal, se recuerda también otro hecho significativo, sucedido en la vida de Santa Teresita del Niño Jesús. Ella, lo cuenta así:

«También la pobre Teresita, al no encontrar ninguna ayuda en la tierra, se había vuelto hacia su Madre del cielo, suplicándole con toda su alma que tuviese por fin piedad de ella... De repente, la Santísima Virgen me pareció hermosa, tan hermosa, que yo nunca había visto nada tan bello. Su rostro respiraba una bondad y una ternura inefables. Pero lo que me caló hasta el fondo del alma fue la "encantadora sonrisa de la Santísima Virgen". En aquel momento, todas mis penas se disiparon. Dos gruesas lágrimas brotaron de mis párpados y se deslizaron silenciosamente por mis mejillas, pero eran lágrimas de pura alegría... ¡La Santísima Virgen, pensé, me ha sonreído! ¡Qué feliz soy...!»
 (Historia de un alma, cap. III).

Se conoce a esa imagen, como nuestra Señora de la Sonrisa. Buscando datos por la web, encontré una página que ofrece una preciosa novena dedicada a María bajo este Nombre. La introducción dice: "Especialmente destinada para ayudar a rezar a quienes se sienten afligidos y agobiados por tristeza, depresión o alguna enfermedad física, emocional o espiritual o para interceder por quienes las que padecen". Un pequeño tesoro espiritual, pues, que quiero compartir contigo, para Bendición de tu alma y de la mía.

PARA TODOS LOS DÍAS

(Se toma conciencia de la presencia de Dios, ante quien siempre estamos, en quien somos y por quien vivimos, haciendo con calma y fe la Señal de la Cruz)
“En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”

Oración inicial para todos los días

Virgen de la sonrisa, Madre de la alegría.
Vengo a ponerme delante de tus ojos buenos.
Necesito esa luz de tus ojos serenos y esa esperanza de tu rostro amable.
Te doy gracias María, porque estás a mi lado en todos los momentos.
Cuando sufro, tengo tu alivio. Cuando estoy feliz, compartes mi gozo. Vengo a buscar tu ayuda de Madre para mí y para todos mis seres queridos.

(Pedir con humildad y confianza la gracia que se quiere obtener)

Te pido que hagas nacer en nosotros a Jesús.
Así podremos vivir con alegría, y saldremos adelante en medio de las dificultades de la vida.
Danos fortaleza, paciencia, valentía, y mucha esperanza para seguir caminando.
Madre de la alegría, derrama tu consuelo en todos los que están tristes y cansados, deprimidos y desalentados. Que la hermosura de tu rostro, lleno de fuerza y de ternura, nos llene a todos de confianza, porque comprendes lo que nos pasa y somos valiosos para tu corazón materno.
Amén.

PRIMER DÍA

Lectura bíblica:

Jesús dijo: “Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá: porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. ¿Quién de ustedes, cuando su hijo pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pez, le da una serpiente? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre de ustedes que está en el cielo dará cosas buenas a quienes se las pidan!” (Mateo 7, 7-11)

Reflexión:

Muchas veces hemos rezado “Bajo tu amparo…” y, sin embargo, nos cuesta reconocer la presencia protectora de Dios que se nos hace manifiesta en la imagen maternal de María. Él siempre cuida de nosotros y nos regala la vida para que la disfrutemos y compartamos. Pero para experimentar este amparo es necesario confiar en él como un niño pequeño y abandonarse en sus manos. La sonrisa de María nos habla del amor de Dios, que nos invita a vivir en ese amor como ella lo hizo toda su vida.

SEGUNDO DÍA

Lectura bíblica:

Dijo Jesús: “ Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.” (Mateo 11, 28-30)

Reflexión:

A veces estamos afligidos y agobiados por preocupaciones intrascendentes que nos quitan la paz y nos hacen perder el camino que nos lleva al Dios que habita en lo más íntimo de nuestro ser. A veces estamos divididos interiormente y vivimos disipados por mil cosas innecesarias que nos hacen descuidar lo principal… Si ponemos nuestros ojos en María, ella nos muestra a Cristo, que es nuestra luz. Es por eso que acudimos a ella con nuestras oraciones, para recibir esa luz que viene a nuestro encuentro para robustecer nuestra esperanza. Al mirar su rostro amable de Madre sonriente, confirmamos nuestra confianza en la infinita bondad de nuestro Padre Dios.

TERCER DÍA

Lectura bíblica:

Dijo Jesús: “Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que tiene apego por su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.” (Juan 12, 24-25)

Reflexión:

El hombre de hoy, a pesar de vivir rodeado de otros hombres, muchas veces se siente solo, se llena de miedos y se pone a la defensiva. Cerrado en su egoísmo no percibe que si quiere tiene refugio en el seno maternal de María.

Para gozar de la compañía protectora de Dios es necesario tener los mismos sentimientos y disposiciones de María que siempre fue fiel oyente del Señor. Por su perfecta obediencia y la total disponibilidad que le hizo decir sí a Dios, a pesar de no entender ni saber cabalmente la dimensión que iba a tener su pedido, primero engendró interiormente a Cristo y luego lo dio a luz.

Así, siguiendo el ejemplo de la Virgen de la Sonrisa, el creyente descubre que su entrega se convierte en frutos abundantes, que sus obras son las que el Señor espera de él, porque se abre generosamente a la vida y se deja llenar de Dios.

CUARTO DÍA

Lectura bíblica:

“En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: ‘¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que fue anunciado de parte del Señor'. María dijo entonces: ‘Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora...'.” (Lucas 2, 39-47)

Reflexión:

Una de las cosas que debemos aprender de María es a compartir con los demás las alegrías, las tristezas, los gozos, los dolores.
María no es una mujer indiferente, cerrada en sus cosas, al contrario, ella está siempre disponible, acude siempre al encuentro del otro para tomar parte en su vida y para señalarle, con la sonrisa de sus labios, que la presencia de Dios lo acompaña en medio de todas las circunstancias.

QUINTO DÍA

Lectura bíblica:

Jesús dijo: “Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, siente angustia porque le llegó la hora; pero cuando nace el niño, se olvida de su dolor, por la alegría que siente al ver que ha venido un hombre al mundo. También ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar”. (Juan 16, 20-22)

Reflexión:

El cristiano es un peregrino, un caminante esperanzado que avanza paso a paso hacia la Patria definitiva. Pero no por tener los ojos en el cielo deja de tener los pies sobre la tierra; vive en el mundo, pero no es del mundo.
Cuando los que piensan que la vida termina en la tumba se desesperan, él se anima porque cree que las angustias y dolores del parto presente se convertirán en el gozo y la alegría eternos. En este mundo, que a veces percibimos como un “valle de lágrimas”, una certeza nunca nos debe abandonar: María está siempre dispuesta a interceder por las necesidades de sus hijos. Ella peregrinó por este mundo y experimentó necesidades similares a las nuestras, ahora que goza del cielo intercede por nosotros para que sigamos caminando .

SEXTO DÍA

Lectura bíblica:

Jesús dijo: “No temas, pequeño rebaño, porque el Padre de ustedes ha querido darles el Reino”. (Lucas 12, 32)

Reflexión:

Quien tiene a Jesús en su corazón tiene una alegría que nada ni nadie puede hacer desaparecer, porque se sabe parte del pequeño rebaño que él mismo pastorea. Quien tiene a Jesús en su corazón ve todo con los ojos de María y enfrenta las mayores dificultades sin perder la calma. La sonrisa bondadosa y serena de la imagen venerada de nuestra Madre nos anima, así enfrentamos todas las circunstancias que nos tocan vivir con la misma actitud de María, gozando, como ella, de la paz y de la confianza en Dios que todo lo puede: “El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar” (Salmo 23, 1) .

SEPTIMO DÍA

Lectura bíblica:

Jesús dijo: “No se preocupen por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido? Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen acaso ustedes más que ellos?” (Mateo 6, 25-26)

Reflexión:

Cada vez que emprendemos un camino nos invade un cierto temor, sabemos que la realidad muchas veces nos sorprende con sus dificultades, así como también con alegrías inesperadas.
Enfrentamos las contrariedades con confianza, porque creemos firmemente que tenemos un Padre bueno en el cielo que cuida de nosotros. Aunque nos esforzamos como si todo dependiera de nosotros, rezamos como si todo dependiera de él. Juntos, él con su gracia y nosotros con nuestro esfuerzo, vamos tejiendo nuestra propia existencia un día a la vez.

OCTAVO DÍA

Lectura bíblica:

“Se celebraban unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: ‘No tienen vino'. Jesús le respondió: ‘Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía'. Pero su madre dijo a los sirvientes: ‘Hagan todo lo que él les diga'...” (Juan 2, 1-5)

Reflexión:

Ya sabemos cómo terminó la historia, esa fiesta que simboliza la historia de la humanidad y la de cada uno de nosotros no se aguó… La hora de Jesús ha llegado, si invitamos al Hijo y a su madre para que participen de nuestra vida haremos de ella una continua fiesta en donde el vino de la alegría y de la fraternidad nunca faltarán. Acudiendo a la Virgen de la Sonrisa encontramos el consuelo necesario para superar todas las circunstancias penosas que ponen en peligro la fiesta de la vida.

NOVENO DÍA

Lectura bíblica:

“El primer día de la semana, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido ( la condena y muerte de Jesús ). Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. Él les dijo: ‘¿qué comentaban por el camino?'. Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: ‘¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!'. ‘¿Qué cosa?', les preguntó. Ellos respondieron: ‘Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y, al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron'.

Jesús les dijo: ‘¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?'. Y comenzando por Moisés y continuando con todos los Profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.

Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: ‘Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba'. Él entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: ‘¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?'. En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: ‘Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!'. Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan .” (Lucas 24, 13-35)

Reflexión:

En el camino de la vida no estamos solos. Dios se hace caminante con nosotros y nos ofrece una nueva interpretación de las circunstancias que nos agobian o desconciertan. María con ternura inigualable, sonriéndonos nos llena de confianza en las horas más difíciles, porque de ella comprende nuestras debilidades y porque como madre nuestra nos siente carne de su carne y nos cobija en su regazo, cerca de su corazón que late de amor por nosotros y por el mundo entero.

ORACIÓN CONCLUSIVA PARA TODOS LOS DÍAS

De la mano maternal de María nos dirigimos al Padre con la oración que Jesús nos enseñó.

(Se reza un Padre Nuestro)

Depositamos en las manos de María nuestras intenciones.

(Se reza un Ave María y Bajo tu amparo)

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios.
No desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades.
Antes bien líbranos de todo peligro, Oh Virgen gloriosa y bendita.
Amén.

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Luego de haber presentado tus necesidades al corazón de María con estas palabras, te invito a que le ofrezcas como obsequio, el rezo del Santo Rosario, esos cinco Misterios que nos acercan aún más a Su Corazón; oración encarecidamente pedida por Ella en Fátima, por la conversión de los pecadores y del mundo entero.«Muchos hijos Míos, dice la Madre Dolorosa, se condenan al Infierno porque nadie reza por ellos».

Seis veces visitó María Santísima a los niños, y en todas, les instó a no abandonar el rezo del Decenario. No dejemos caer nosotros en el vacío este amoroso y angustioso pedido.
«El Rosario, escribe Juan Pablo II, es a la vez meditación y súplica. La plegaria insistente a la Madre de Dios se apoya en la confianza de que Su Materna Intercesión lo puede todo ante el Corazón del Hijo. Ella es «Omnipotente por Gracia» (Rosarium Virginis Mariae, nº 16).

Benedicto XVI nos recuerda que «el Rosario es un medio donado por la Virgen para contemplar a Jesús y, al meditar en Su vida, amarle y seguirle cada vez más fielmente...Cuando se reza el Rosario de modo auténtico, no mecánico o superficial sino profundo, trae paz y reconciliación. Encierra en sí la fuerza Sanadora del Nombre Santísimo de Jesús, invocado con fe y con amor en el centro de cada Avemaría».

«Oh Rosario Bendito de María, dulce cadena que nos une con Dios, vínculo de amor que nos une a los Ángeles, torre de Salvación contra los asaltos del infierno, puerto seguro en el común naufragio, no te dejaremos jamás. Tú serás nuestro consuelo en la hora de la agonía. Para ti el último beso de la vida que se apaga. Y el último susurro de nuestros labios será Tu suave Nombre, oh Reina del Rosario de Pompeya, oh Madre nuestra querida, oh Refugio de los pecadores, oh Soberana Consoladora de los tristes. Que seas Bendita por doquier, hoy y siempre, en la tierra y en el cielo» (Rosarium Virginis Mariae, nº 43).

Que el Señor te conceda la Gracia de ser fiel a tan Buena Madre, Gracia que te suplico pidas también para mí.

«NO OFENDAN MAS A DIOS QUE YA ESTA MUY OFENDIDO»
(Palabras de María Santísima a los pastorcitos en Su última Aparición el 13 de octubre de 1917)

Afectos de Amor



Jesús Amabilísimo, que por tantos medios has procurado ganar el amor de mi pobre corazón, oye los suspiros de este indigno siervo Tuyo, que te pide Perdón de todos sus pecados y te dice con sinceridad:

Con todo mi corazón...  TE AMO, DULCÍSIMO JESÚS
Con toda mi alma...
Con todo mi espíritu...
Con todas mis fuerzas...
Sobre todos los bienes de la tierra...
Sobre todos los placeres del mundo...
Sobre todas las dignidades...
Sobre todos mis amigos...
Más que a mí mismo...
Más que a todos los Ángeles y Santos...
Más que cuanto existe fuera de mí...
Porque Eres Infinitamente Bueno...
Porque Eres Infinitamente Santo y Hermoso...
Porque Eres Infinitamente Sabio...
Porque Eres Infinitamente Grande...
Porque Eres Infinitamente Misericordioso...
Porque Eres Infinito en Tus Perfecciones y Atributos...
Por el Amor con que nos Creaste y nos Conservas...
Por el Amor con que te Hiciste Niño y Naciste en un establo...
Por el Amor con que te sometiste a todas las miserias humanas, menos al pecado...
Por el Amor con que sufriste ser azotado, coronado de espinas y crucificado...
Por el Amor con que Instituiste el Santísimo Sacramento del Altar...
Por el Amor que te movió a Darnos a María por Mamá nuestra...
Por el Amor con que Instituiste la Santa Iglesia Católica...
Por el Amor con que Instituiste Sus Sacramentos...
Por los infieles que no te conocen...
Por los que han caído en el error...
Por los incrédulos que blasfeman...
Por los malos cristianos que te ofenden...
Por las almas a Ti consagradas que te deshonran...
Por las almas tibias que amargan Tu Corazón...
Por los demonios y almas condenadas en el Infierno que no tienen la dicha de amarte...

En la paz y en la tribulación... TE AMARÉ, DULCÍSIMO JESÚS
En la abundancia y en la pobreza...
En la prosperidad y en la desgracia...
En la honra y en el desprecio...
En la alegría y en la tristeza...
En la vida y en la muerte...
En el tiempo y en la Eternidad...

Que te ame mucho y siempre... TE PIDO, DULCÍSIMO JESÚS
Que muera en Tu amor y por Tu amor...
Que ame a María y nunca le ofenda con la impureza de mi corazón ni de mi cuerpo...
Que por amor cumpla los Mandamientos...
Que me Concedas ganar muchas almas para que todos te amen...
Que Envíes a Tu Iglesia grandes Santos, Apóstoles de Tu amor...

Oración- Dios Todopoderoso y Eterno, infunde en mi corazón el afecto de Tu Amor, para que amándote en todas y sobre todas las cosas, consiga el cumplimiento de Tus Promesas, superiores a todo deseo.
Tú, que Vives y Reinas, por los siglos de los siglos. Amén.

jueves, 15 de enero de 2015

ORACIONES PARA DESPUÉS DEL ROSARIO  

    Ofrecemos las siguientes oraciones por las intenciones del Santo Padre y las necesidades de la Iglesia.   
V: Padrenuestro, que estás en el Cielo, santificado sea Tu Nombre;  venga a nosotros Tu reino; hágase Tu voluntad, en la tierra como en el Cielo. 
R: Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.  Amén.   

V: Dios te Salve, María Santísima, Hija de Dios Padre, Virgen Purísima y castísima antes del parto; en tus manos encomendamos nuestra fe para que la aumentes; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de Tu vientre, Jesús. 
R: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.  Amén. 
V: Dios te Salve, María Santísima, Madre de Dios Hijo, Virgen Purísima y castísima durante el parto; en tus manos encomendamos nuestra esperanza para que la alientes; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de Tu vientre, Jesús. 
R: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.  Amén.   
V: Dios te Salve, María Santísima, Esposa de Dios Espíritu Santo, Virgen Purísima y castísima después del parto; en tus manos encomendamos nuestra caridad para que la inflames, nuestras almas para que las salves y nuestras necesidades para que las remedies; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de Tu vientre, Jesús.
R: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.  Amén. 
TR: Dios te Salve María Santísima, Templo, Trono y Sagrario de la Beatísima Trinidad, Virgen Concebida sin la culpa del pecado original, desde el primer instante de su ser natural. R. Amén.

TR: Dios te Salve, Reina y Madre de Misericordia, Vida, Dulzura y Esperanza nuestra.  Dios te Salve.  A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.  Eah pues, Señora Abogada nuestra, vuelve a nosotros ésos Tus ojos misericordiosos y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto Bendito de Tu vientre, Oh Clemente, Oh Piadosa, Oh Dulce Virgen María.  Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.  R. Amén.