sábado, 17 de enero de 2015

VIRTUDES DE LA VIRGEN MARIA PARA LOS PRIMEROS SABADOS

ACTO DE CONTRICIÓN
-Se rezan estas oraciones todos los sábados del Septenario-

    ¡Oh, Dios y Señor Omnipotente! Creador y conservador de todas las cosas, que me creasteis a vuestra imagen y semejanza, dándome los medios para que llegue a gozar en el cielo de la misma felicidad eterna de que Vos gozáis. Me amáis  con un amor eterno y me habéis protegido en todos los instantes de mi vida.
    Cuando anduve extraviado y lejos del verdadero bien, no me abandonasteis a mi perdición, sino que, como padre amoroso, me enseñasteis el camino de la salvación  llamándome al arrepentimiento de mis culpas.
    Mas yo, ingrata criatura, después de tan grandes beneficios he tenido atrevimiento para ofender de nuevo a mi generoso Bienhechor. Reconozco, Dios mío, el exceso de mi maldad y por eso, postrado a vuestros pies os pido perdón de mi pasada ingratitud. Me pesa de haberos ofendido, ¡oh Bondad infinita! Haced que mi corazón arrepentido os pague en adelante el tributo de amor que os debe; haced que llore siempre la inexplicable locura que cometí amando más a las criaturas que a mi Creador. Compadeceos de mi miseria y concededme una vez más vuestra misericordia, que yo os prometo, desde ahora, enmendar mi vida y amaros hasta el fin como a mi única esperanza. Amén.

ORACIÓN A NUESTRA MADRE
    Vos sois, oh Madre mía, la misma Virgen compasiva que viendo la cautividad de los fieles bajo el imperio de los islámicos, os acordasteis de habernos recibido por hijos al pie de la cruz y descendisteis de los cielos a aliviar nuestros males y a revelarnos el dulce título de la Merced. Ante tan singular favor que hicisteis al mundo cristiano, me siento animado para llegar hasta vuestro trono a implorar vuestra misericordia en favor de las necesidades de mi alma.
    Quisiera amar a Dios sobre todas las cosas, como lo han amado los justos de todos los tiempos; pero el amor desordenado de las criaturas viene a separarme de su santo amor. Quisiera ser humilde, caritativo y mortificado; mas, las pasiones y el amor propio se rebelan contra mi espíritu y nunca salgo de este infeliz estado que puede llevarme a la perdición eterna. Ayudadme vos, oh Madre de la Merced, a corresponder a las inspiraciones de la gracia y a realizar la obra de mi salvación.
    A fin de asegurarme más vuestra maternal protección, os ofrezco ahora el homenaje y los afectos de mi pobre corazón. Aceptad, Señora mía, junto con el amor que me inspira vuestro nombre celestial, el obsequio de este piadoso ejercicio que consagro a vuestra gloria y a vuestro culto. Aceptad las visitas que vendré a hacer a vuestra imagen querida y oíd benigna mis súplicas desde el cielo. Vos que oísteis tantas veces los ruegos de los cautivos, de los navegantes y de los afligidos, oídme también a mí. Vos que tenéis esos brazos abiertos para recibir a vuestros hijos y que disponéis de las gracias del Señor, recibidme bajo vuestra protección y derramad sobre mi alma vuestras bendiciones para que no abandone jamás el amor y el servicio de mi Dios. Amén.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS==

    Todas las criaturas de la tierra os alaben, oh María, y a todas se extiendan vuestras mercedes y misericordia. Socorred nuestra Iglesia Santa en sus actuales necesidades; asistid a los sacerdotes y nuestros superiores, haced que todos los fieles los respeten y obedezcan y que vuelvan a la verdadera fe los herejes y cismáticos.         
    Iluminad a los pobres infieles, redimid a los cautivos de los vicios, consolad a los afligidos y asistid a los agonizantes. Apagad el fuego de las guerras y conservad  la paz entre los cristianos. Puesto que sois Madre nuestra, protegednos y amparadnos a todos, especialmente a las benditas almas del Purgatorio, por quienes ofrecemos todo el mérito de este septenario, implorando vuestras mercedes en favor de todas ellas, y en particular por las que nos pertenecen más de cerca, para que vayan un día a gozar de la eterna felicidad de la gloria. Amén.

Tus mercedes y amnistía sean mi fuerza en adelante,
R/. Te lo ruego, Virgen Pía, por Jesús Hostia Sangrante.


--Se termina rezando una SALVE
a nuestra Santísima Madre por las necesidades de la Iglesia.


PRIMER SÁBADO


-Se rezan siete Ave marías en memoria de los 7 Principales Privilegios de María:

Los 7 Principales Privilegios de María

1°. El Primer privilegio de María es haber sido inmaculada desde el primer instante de su concepción
    Ave María.
2° El segundo privilegio de María es  haber sido saludada por un ángel que le anunció que sería Madre del Mesías prometido.
    Ave María.
3° El tercer privilegio de María es haber sido elevada a la dignidad de Madre de Dios hecho hombre para redimir al mundo.
    Ave María.
4° El cuarto privilegio de María es ser la Virgen de las vírgenes.
    Ave María.
5° El quinto privilegio de María es ser más santa que todos los santos. No pecó ni aun levemente, ni cometió la más ligera imperfección.
    Ave María.
6° El sexto privilegio de María es ser la Corredentora de la humanidad, culpable por el pecado de Adán.
    Ave María.
7° El séptimo privilegio de María es ser compasiva Mediadora entre Dios y los hombres.
    Ave María.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R/. Como era en el principio, ahora, y siempre; y por los siglos de los siglos Amén.
Tus mercedes y amnistía sean mi fuerza en adelante,
R/. Te lo ruego, Virgen Pía, por Jesús Hostia Sangrante.


l acto de contrición y la oración preparatoria como en el primer día. Luego se rezan siete Ave Marías en la memoria de los siete principales Virtudes de María.

Las 7 Principales Virtudes de María
    
1ª La primera virtud es la fe ardiente con que creyó las palabras del ángel de la Anunciación que le prometió sería Madre y Virgen a la vez, enseñándonos así a creer los divinos misterios aunque sean incomprensibles a la razón humana.
Ave María...
2ª La segunda virtud es la esperanza firme con que aguardaba el consuelo del cielo en las tristeza y la protección de Dios en las necesidades, para enseñarnos a no desconfiar de los auxilios divinos aunque nos veamos en grandes tribulaciones.
Ave María...
3ª La tercera virtud es la caridad o amor de Dios que jamás se entibió en María durante toda su vida. Imitémosla nosotros elevando todos los días nuestro corazón a Dios con acto de amor divino.
Ave María...
4ª La cuarta virtud es la prudencia con que siempre supo ordenar sus acciones a la mayor gloria de Dios y bien de su alma, sin exponerse jamás al peligro de pecar.
Ave María...
5ª La quinta virtud es la justicia con que cumplió exactísimamente los deberes para con Dios y para con el prójimo. 
Ave María...
6ª La sexta virtud es la fortaleza para vencer las dificultades que se oponían al cumplimiento de la voluntad de Dios en todas las cosas.
Ave María...
7ª La séptima virtud es la templanza con que moderaba los apetitos de los sentidos.
Ave María...

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R/. Como era en el principio, ahora, y siempre; y por los siglos de los siglos Amén.
Tus mercedes y amnistía sean mi fuerza en adelante,
R/. Te lo ruego, Virgen Pía, por Jesús Hostia Sangrante.



===SEGUNDO SÁBADO===

=El acto de contrición y la oración preparatoria como en el primer día. Luego se rezan siete Ave Marías en la memoria de los siete principales Virtudes de María.

Las 7 Principales Virtudes de María
    
1ª La primera virtud es la fe ardiente con que creyó las palabras del ángel de la Anunciación que le prometió sería Madre y Virgen a la vez, enseñándonos así a creer los divinos misterios aunque sean incomprensibles a la razón humana.
Ave María...
2ª La segunda virtud es la esperanza firme con que aguardaba el consuelo del cielo en las tristeza y la protección de Dios en las necesidades, para enseñarnos a no desconfiar de los auxilios divinos aunque nos veamos en grandes tribulaciones.
Ave María...
3ª La tercera virtud es la caridad o amor de Dios que jamás se entibió en María durante toda su vida. Imitémosla nosotros elevando todos los días nuestro corazón a Dios con acto de amor divino.
Ave María...
4ª La cuarta virtud es la prudencia con que siempre supo ordenar sus acciones a la mayor gloria de Dios y bien de su alma, sin exponerse jamás al peligro de pecar.
Ave María...
5ª La quinta virtud es la justicia con que cumplió exactísimamente los deberes para con Dios y para con el prójimo. 
Ave María...
6ª La sexta virtud es la fortaleza para vencer las dificultades que se oponían al cumplimiento de la voluntad de Dios en todas las cosas.
Ave María...
7ª La séptima virtud es la templanza con que moderaba los apetitos de los sentidos.
Ave María...

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R/. Como era en el principio, ahora, y siempre; y por los siglos de los siglos Amén.
Tus mercedes y amnistía sean mi fuerza en adelante,
R/. Te lo ruego, Virgen Pía, por Jesús Hostia Sangrante.


ORACIÓN PARA EL SEGUNDO SÁBADO

Para implorar la protección de María.

    Cuando contemplo, oh Madre mía, vuestra imagen y veo el blanco escapulario que me mostráis desde lo alto de vuestro trono, me parece que siento una voz interior que me dice: venid a mí, acercaos a recibir esta prenda de mi amor y conservadla como un recuerdo de vuestra Madre. Yo he obedecido a esa voz misteriosa que me llama, y aquí me tenéis, Señora mía, en posesión de vuestra santa insignia que no abandonaré jamás porque ella me recuerda el cielo y me alienta para trabajar en mi propia santificación.
    Pero de poco me servirá si vos no venís en mi ayuda. Me encuentro en medio del mundo, rodeado de peligros, de engaños y ocasiones de ofender a Dios; si vos no me sostenéis con vuestras inspiraciones, puedo caer y abandonarme a los extravíos de mis pasiones. El título de hijo vuestro exige de mí una vida más perfecta, una vida de verdadero cristiano y ¿a quién debo acudir sino a vos para que me ayudéis en la reforma de mi conducta? La divisa de vuestro santo escapulario me trae a la memoria las mercedes que habéis hecho a vuestros servidores; hacedme también a mí la gracia de preservarme del pecado para que lo lleve con pureza de alma y me haga digno de vuestros premios. Yo os prometo llevar siempre conmigo esta santa insignia y estimarla como un don inapreciable porque ella me habla de vos, me recuerda vuestra misericordia y me asegura vuestra valiosa protección durante la vida y  en la hora de mi muerte. Amén.

=Oración Final como en el primer día.
TERCER SÁBADO===

=El acto de contrición y la oración preparatoria como en el primer día. Luego se rezan siete Ave Marías en la memoria de los siete gozos de María en la tierra.

Los 7 Principales Gozos de María.

1° El primer gozo en la tierra fue la Encarnación del Hijo de Dios en su purísimo seno, por obra del Espíritu Santo.
    Ave María...
2° El segundo gozo de María en la tierra fue el Nacimiento de su divino Hijo y la adoración  de los ángeles y pastores.
    Ave María...
3° El tercer gozo de María en la tierra fue cuando los Magos de Oriente adoraron a su Santísimo Hijo como a verdadero  Dios, Rey y Salvador del mundo.
    Ave María...
4° El cuarto gozo de María en la tierra fue cuando, después de haber perdido a su amado Hijo, lo encontró en el templo, en medio de los doctores de la ley.
    Ave María...
5° El quinto gozo de María en la tierra fue cuando vio a Jesús resucitado, resplandeciente y coronado de gloria.
    Ave María...
6° El sexto gozo de María en la tierra fue cuando vio a su divino Hijo subir glorioso a los cielos para sentarse a la diestra de su Eterno Padre.
    Ave María...
7° El séptimo gozo de María en la tierra fue cuando vio al Espíritu Santo descender sobre Ella y los apóstoles, el día de Pentecostés, para comunicarles sus dones.
    Ave María...

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R/. Como era en el principio, ahora, y siempre; y por los siglos de los siglos Amén.
Tus mercedes y amnistía sean mi fuerza en adelante,
R/. Te lo ruego, Virgen Pía, por Jesús Hostia Sangrante.

ORACIÓN PARA EL TERCER SÁBADO

En que se pide la perfección cristiana.

    Oh María de la Merced, que bajasteis del cielo para romper las cadenas del cautiverio, dad una mirada al interior de mi alma y venid a desligarme de los lazos que me tienen atado a la servidumbre de mis pasiones los afectos desordenados, la indiferencia religiosa, el orgullo y el amor propio están echando en mí profundas raíces. La disipación y el espíritu del mundo han invadido todo mi ser; ya no amo a Dios como en otro tiempo, mi fe se va debilitando y ya no siento gusto para ocuparme de las cosas del cielo; sólo me falta caer en el abismo de la culpa para consumar la desgracia de perder a Dios y quedar esclavo del demonio.
    Pero cuando pienso que vos sois mi protectora y mi Madre, revive en í la esperanza y no dudo de salir de este lamentable estado. Penetrad, pues, oh Redentora celestial, en la cárcel de mi alma y romped las cadenas que me tienen ligado a la esclavitud de mis sentidos. Acordaos de que un día os compadecisteis de las lágrimas y dolores de los cautivos, para que me libréis también a mí del cautiverio del pecado. Lavad todas las manchas de mi alma, purificad mi corazón y mis afectos, a fin de que pueda llevar una vida más perfecta; y esos grillos rotos que tenéis en vuestras manos, como símbolo de las muchas almas que habéis salvado y redimido, atestiguarán que también a mí me librasteis del poder de mis enemigos y me protegisteis hasta conducirme al cielo, donde os alabe y bendiga para siempre. Amén. 

=Oración Final como en el primer día.
CUARTO SÁBADO===
=El acto de contrición y la oración preparatoria como en el primer día. Luego se rezan siete Ave Marías en la memoria de las siete virtudes de María en la tierra.

Las 7 Virtudes de María
 La primera virtud es la castidad en la que aventaja María a los mismos ángeles, y nos enseña a huir de las ocasiones y peligros de perderla
   Ave María.
2ª La segunda virtud es la humildad con que servía a San José y a Santa Isabel, su prima, después de haber llegado a la suprema dignidad de Madre de Dios, en lo cual nos enseña a amar los oficios humildes y a servir a nuestros inferiores.
   Ave María.
3ª La tercera virtud es la perseverancia en los esfuerzos que realizó por los deberes que esta vida exige para criar a su divino Hijo en sus necesidades humanas, enseñándonos a no desesperar en la educación y sostén de los hijos en lo natural y lo sobrenatural.
   Ave María.
4ª La cuarta virtud es la pobreza, que la hacía contentarse, siendo reina del cielo y de la tierra, con un pobre vestido y una modesta habitación.
   Ave María.
5ªLa quinta virtud es la paciencia con que sufría en silencio y resignación sus trabajos, enseñándonos así a sufrir por nuestras culpas lo que Ella sufría siendo santa.
   Ave María.
6ª La sexta virtud es la modestia con que guardaba cuidadosamente sus sentidos, adornando sus acciones con el decoro y el pudor.
   Ave María.
7ª La séptima virtud es el recogimiento interior con que mantenía siempre la comunicación con Dios, enseñándonos a no disipar demasiado nuestro espíritu.
   Ave María.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R/. Como era en el principio, ahora, y siempre; y por los siglos de los siglos Amén.
Tus mercedes y amnistía sean mi fuerza en adelante,
R/. Te lo ruego, Virgen Pía, por Jesús Hostia Sangrante.
ORACIÓN PARA EL CUARTO SÁBADO

En que se pide al amor de Dios.

    Reconozco, oh Madre mía de la Merced, que el amor a Dios ha producido a todos los santos que ahora rodean vuestro trono de gloria en el cielo. Yo también deseo ir un día a alabaros en su compañía, después de imitar sus ejemplos aquí en la tierra, amando con fidelidad a Dios y practicando vuestra devoción, como lo han hecho vuestros hijos predilectos, a quienes sacasteis de los peligros del siglo para agregarlos a vuestra santa familia y honrarlos con vuestro blanco escapulario.
    Mas, al ver la tibieza y disipación en que está mi espíritu, vengo a pediros la gracia de un verdadero amor a Dios para salvar mi alma porque hasta hoy, en vez de haberlo amado sobre todas las cosas, he vivido largo tiempo en la indiferencia y olvidado de mi último fin. He buscado mi felicidad en las riquezas, en los placeres y pasatiempos del mundo y me he acordado pocas veces de la belleza infinita que merece todo mi amor. 
    Pero desde hoy, en adelante, quiero reformar mi vida y recuperar el tiempo que he perdido amando desordenadamente los bienes de la tierra; por eso acudo a Vos para que me alcancéis este favor, ya que sois mi abogada y protectora. Ojalá merezca yo, por vuestra intercesión, obtener el amor de aquel Dios que me amó desde la eternidad y antes que yo pudiera amarlo; de aquel Dios que me creó para Sí, que me dió ángeles para que me guardasen y que me tienen prometido el cielo en cambio de mi amor. Inclinad, pues, Señora, vuestros oídos a mi petición y prometedme rogar por mí para alcanzar esta gracia que tanto deseo . Amén.

=Oración Final como en el primer día.
QUINTO SÁBADO===
=El acto de contrición y la oración preparatoria como en el primer día. Luego se rezan siete Ave Marías en la memoria de los siete grados de amor con que María amaba a Dios.

Los 7 grados de Amor con que María amaba a Dios.
Estos son los siete grados del amor de María, según San Bernardino de Sena.
–Sermones, vol. III– Sermón IX, pág. 104 y siguientes.– Venetiis 1591.

1° El primer grado es el amor de separación por el cual María huyó y se alejó de todo aquello que era contrario al amor purísimo de su Amado.
  Ave María.
2° El segundo grado es el amor de transformación, que deificó y unió insuperablemente a Dios el alma de María en la concepción de su divino Hijo
  Ave María.
3° El tercer grado es el amor de comunicación, con el cual María inflamaba y comunicaba al prójimo el fuego del amor de Dios que ardía en su corazón.
  Ave María.
4° El cuarto grado es el amor de júbilo y gozo con que María glorificaba y cantaba a Dios, en su corazón, cánticos de amor y de gratitud por los beneficios recibidos.
  Ave María.
5° El quinto grado es amor de gusto y sabor espiritual con que discernía y gustaba las diversas propiedades del amor divino.
  Ave María.
6° El sexto grado es amor de compasión con que se condolía, como Madre amorosa, de nuestros innumerables pecados y defectos.
  Ave María.
7° El séptimo grado es el amor de consumación o perfección con el cual nos convida a ser perfectos, observando fielmente los preceptos y los consejos del Señor.
  Ave María.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R/. Como era en el principio, ahora, y siempre; y por los siglos de los siglos Amén.
Tus mercedes y amnistía sean mi fuerza en adelante,
R/. Te lo ruego, Virgen Pía, por Jesús Hostia Sangrante.
ORACIÓN PARA EL QUINTO SÁBADO

En que se pide la contrición.

    Aquí tenéis, oh Madre de la Merced, al más ingrato de vuestros hijos que viene a implorar vuestros favores.
    Además de la existencia, Dios me ha concedido todos los dones necesarios para alcanzar mi salvación, pero en vez de agradecerle sus beneficios, yo no he pensado más que en dar gusto a mis sentidos quebrantando su Santa Ley. Soy aquel hijo pródigo que habiendo recibido una rica herencia de gracias celestiales, fui a perderla en los engaños de la vida, apartándome de mi buen Padre. Pero, conociendo ya mis desvaríos, acudo a Vos, Señor mía, que sois el refugio de los pecadores, para que me alcancéis la contrición perfecta de mis pasadas culpas.
    Grande es esta gracia que os pido, pero muy conforme con vuestra piedad y misericordia. Vos que concedisteis a vuestros hijos redentores el valor y la constancia para confesar la fe en presencia e sus enemigos; Vos que les ayudasteis a conquistar la palma del martirio, me habéis de alcanzar a mí el don inestimable de la contrición que me hará grato a los ojos de Dios y de los ángeles.
    El lograrla me inspirará obras de penitencia, hará de mí un templo vivo del Espíritu Santo y me dará el amor a Dios, como prenda infalible de perdón. Por los méritos de vuestro divino Hijo, alcanzadme esta gracia para que se pierda en mí el fruto de la redención, para que sepa agradecer lo mucho que debo a mi Salvador y para que le ame eternamente. Amén.

=Oración Final como en el primer día.

==SEXTO SÁBADO===
=El acto de contrición y la oración preparatoria como en el primer día. Luego se rezan siete Ave Marías venerando el Cuerpo y el Alma de la Santísima Virgen.

    
1° Santísima Madre de Dios, alabo y bendigo las manos purísimas con que ayudasteis y servisteis a vuestro divino Hijo.
Ave María.
2° Santísima Madre de Dios, alabo y bendigo vuestros ojos dichosos que miraron tantas veces al Mesías que desearon ver los reyes y profetas.
Ave María.
3° Santísima Madre de Dios, alabo y bendigo vuestros castos oídos que oyeron las palabras de vida del Maestro divino.
Ave María.
4° Santísima Madre de Dios, alabo y bendigo vuestro corazón que amó tan tiernamente al Creador.
Ave María.
5° Santísima Madre de Dios, alabo y bendigo la memoria en que conservasteis las divinas enseñanzas de Jesús.
Ave María.
6° Santísima Madre de Dios, alabo y bendigo el entendimiento con que comprendisteis la ciencia de la salvación.
Ave María.
7° Santísima Madre de Dios, alabo y bendigo la voluntad con que ejecutasteis los designios del Señor.
Ave María.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R/. Como era en el principio, ahora, y siempre; y por los siglos de los siglos Amén.
Tus mercedes y amnistía sean mi fuerza en adelante,
R/. Te lo ruego, Virgen Pía, por Jesús Hostia Sangrante.
ORACIÓN PARA EL SEXTO SÁBADO

     Siempre que pienso en el problema de mi salvación, oh Madre mía, me siento sobrecogido de un justo temor en vista de la incertidumbre de mi suerte futura. Pero cuando me acuerdo que Vos sois la Salvadora de los pecadores y la fuente de todas las gracias, me siento consolado y alentado para pediros que me ayudéis a conseguir mi eterna salvación. Es verdad que he merecido muchas veces el infierno, que he abusado de la misericordia de Dios, volviendo a ofenderle cada vez que me ha perdonado; pero Vos que vinisteis al mundo a salvar a los que estaban en peligro de perderse, me habéis de preparar un camino seguro para llegar al cielo.
    Vos que librasteis de los lazos del demonio a tantas almas, colocándolas a la sombra de vuestro santuario para que formasen la porción escogida de vuestra familia mercedaria; Vos que velasteis, como Madre solícita, por aquellos hijos vuestros y los protegisteis hasta introducirlos en el cielo, adornados con la aureola de la santidad, me habéis de proteger también a mí a fin de que adopte los medio más eficaces para salvar mi alma. Amén.

=Oración Final como en el primer día.
==SÉPTIMO SÁBADO===
=El acto de contrición y la oración preparatoria como en el primer día. Luego se rezan siete Ave Marías en memoria de los siete Gozos de María en el Cielo.

1° El primer gozo de María es su gloriosa Asunción en cuerpo y alma a los cielos.
    Ave María...
2° El segundo gozo de María en el Cielo es por estar coronada como Reina de la creación.
   Ave María...
3° El tercer gozo de María en el Cielo es estar sentada a la diestra de su divino Hijo.
   Ave María...
4° El cuarto gozo de María en el Cielo es verse enaltecida sobre los ángeles y santos por su incomparable pureza y santidad.
   Ave María...
5° El quinto gozo de María es porque todos los justos del cielo la aman, obedecen y glorifican como su Reina.
   Ave María...
6° El sexto gozo de María en el Cielo es porque toda la Iglesia militante acude a Ella como a su Madre y abogada.
   Ave María...
7° El séptimo gozo de María en el Cielo es porque su divino Hijo le concede todas las gracias que Ella pide para nuestro bien.
   Ave María...

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R/. Como era en el principio, ahora, y siempre; y por los siglos de los siglos Amén.
Tus mercedes y amnistía sean mi fuerza en adelante,
R/. Te lo ruego, Virgen Pía, por Jesús Hostia Sangrante.
ORACIÓN PARA EL SÉPTIMO Y ÚLTIMO SÁBADO

En que se pide la gracia de una Buena Muerte

    Gracias os doy, oh Madre Santísima de la Merced, por los favores que en todos los tiempos habéis dispensado a la Iglesia católica y por los que me habéis concedido a mí en tantas ocasiones. En este último día, que consagro a honrar vuestro nombre y a recordar vuestras glorias, os pido que me concedáis la gracia de perseverar hasta el fin practicando la virtud y amando vuestra santa devoción. Bien sabéis, Señora mía, que la virtud no está segura en este mundo y que llevamos en vasos quebradizos los tesoros de la gracia divina. ¿Quién me librará de los culpables extravíos si Vos no me tendéis  la mano para llegar con facilidad al final de mi carrera?
    A causa de mis culpas, tengo razón para temer en mi última hora; he ofendido tantas veces a mi buen Dios, que tiemblo ante la sentencia final del justo Juez. Por eso quiero asegurarme, para aquel peligroso trance, vuestra maternal protección. Amparadme, pues Madre mía, desde hoy y dadme la perseverancia en el amor y en el servicio de Dios,  mientras me dure la vida, para asegurar mi fin. Dadme también la perseverancia en vuestro amor, para consagrar el resto de mis días a celebrar vuestro culto, a meditar vuestras perfecciones y a imitar vuestras virtudes, a fin de prepararme de este modo a la muerte de los justos. Amén.
Oración Final como en el primer día.

Las 5 glorias de María


María tiene poder para defender a los que la invocan en las tentaciones del demonio (“Las Glorias de María” – San Alfonso María de Ligorio)
inmaculada-041. María vence al mal 
No sólo María santísima es reina del cielo y de los santos, sino que también ella tiene imperio sobre el infierno y los demonios por haberlos derrotado valientemente con su poder. Ya desde el principio de la Humanidad, Dios predijo a la serpiente infernal la victoria y el dominio que había de ejercer sobre él nuestra reina al anunciar que vendría al mundo una mujer que lo vencería: “Pondré enemistades entre ti y la mujer… Ella quebrantará tu cabeza” (Gn 3, 15). ¿Y quién fue esta mujer su enemiga sino María, que con su preciosa humildad y vida santísima siempre venció y abatió su poder? “En aquella mujer fue prometida la Madre de nuestro Señor Jesucristo”, dice san Cipriano. Y por eso argumenta que Dios no dijo “pongo”, sino “pondré”, para que no se pensara que se refería a Eva. Dice pondré enemistad entre ti y la mujer para demostrar que esta triunfadora de Satán no era la Eva allí presente, sino que debía de ser otra mujer hija suya que había de proporcionar a nuestros primeros padres mayor bien, dice san Vicente Ferrer, que aquellos de que nos habían privado al cometer el pecado original. María es, pues, esa mujer grandiosa y fuerte que ha vencido al demonio y le ha aplastado la cabeza abatiendo su soberbia, como lo dijo Dios: “Ella quebrantará tu cabeza”. Cuestionan algunos si estas palabras se refieren a María o a Jesucristo, porque los Setenta traducen: “Él quebrantará tu cabeza…
Pero en cualquier caso, sea el Hijo por medio de la Madre o la Madre por virtud del Hijo, han desbaratado a Lucifer y, con gran despecho suyo, ha quedado aplastado y abatido por esta Virgen bendita, como dice san Bernardo. Por lo cual vencido en la batalla, como esclavo, se ve forzado a obedecer las órdenes de esta reina. “Bajo los pies de María, aplastado y triturado, sufre absoluta servidumbre”. Dice san Bruno que Eva, al dejarse vencer de la serpiente nos acarreó tinieblas y muerte; pero la santísima Virgen, venciendo al demonio nos trajo la luz y la vida. Y lo amarró de modo que el enemigo no puede ni moverse ni hacer el menor mal a sus devotos.
our20lady2. María nos libra del maligno
Hermosa es la explicación que da Ricardo de San Lorenzo de aquellas palabras de los Proverbios: “En ella confía el corazón de su marido que no tendrá necesidad de botín” (Pr 31, 11), y dice: “Confía en ella el corazón de su esposo, es decir, Cristo; y es que ella enriquece a su esposo con los despojos que le quita al diablo”. “Dios ha confiado a María el corazón de Jesús a fin de que ella corra con el cuidado de hacerlo amar de los hombres”. Así lo explica Cornelio a Lápide. Y de ese modo no le faltarán despojos, es decir, almas rescatadas que ella le consigue despojando al infierno, salvándolas de los demonios con su potente ayuda.
Ya se sabe que la palma es señal de la victoria; por eso nuestra reina está colocada en excelso trono a vista de todas las potestades como palma signo de victoria segura, que es lo que se pueden prometer todos los que se colocan bajo su amparo. “Extendí mis ramos como palma de Cadés” (Ecclo 24, 18), es decir, para defender, como añade san Alberto Magno. Hijos, parece decirnos María, “cuando os asalta el enemigo recurrid a mí, miradme y confiad, porque en mí que os defiendo veréis también lograda nuestra victoria”. Y es que recurrir a María es el medio segurísimo para vencer todas las asechanzas del infierno, porque ella, dice san Bernardino de Siena, tiene señorío sobre los demonios y el infierno, a quienes domina y abate. Que por eso María es llamada terrible contra las potestades infernales como ejército bien disciplinado. “Terribles como ejército en orden de batalla” (Ct 6, 3), porque sabe combinar muy bien su poder, su misericordia y sus plegarias para confundir a sus enemigos y en beneficio de sus devotos, que en las tentaciones invocan su potente socorro.
Y, como la vida, di frutos de suave aroma” (Ecclo 24, 23). “Yo, como la vid –le hace decir el Espíritu Santo–, he dado frutos de suave fragancia”. “Dicen –explica san Bernardo referente a este pasaje– que al florecer las viñas se ahuyentan los reptiles venenosos”. Así también tienen que huir los demonios de las almas afortunadas que tienen aromas de la devoción de María. También por esto María es llamada “cedro”. “Como cedro ha sido exaltada en el Líbano” (Ecclo 24, 17). No sólo porque así como el cedro es incorruptible, así María no sufrió la corrupción del pecado, sino también porque, como dice el cardenal Hugo a este respecto, como el cedro con su penetrante olor ahuyenta a las serpientes, así María con su santidad pone en fuga a los demonios.
CATHOLICVSSantaMariaReinaStMaryQueen3. María nos asegura la victoria
En Israel, por medio del arca se ganaban las batallas. Así vencía Moisés a sus enemigos. “Al tiempo de elevar el arca decía Moisés: Levántate, Señor, y que sean dispersados tus enemigos” (Nm 10, 35). Así fue conquistada Jericó, así fueron derrotados los filisteos. “Allí estaba el arca de Dios” (1R 14, 18). Ya es sabido que el arca fue figura de María. “El arca que contenía el maná, o sea, Cristo, es la santísima Virgen que consigue la victoria sobre los malvados y los demonios”. Y como en el arca se encontraba el maná, así en María se encuentra Jesús, del que igualmente fue figura el maná, por medio de este arca se obtiene la victoria sobre los enemigos de la tierra y del infierno. Por eso dicesan Bernardino de Siena que cuando María, arca del Nuevo Testamento, fue elevada a ser reina del cielo, quedó muy débil y abatido el poderío del demonio sobre los hombres.
¡Cómo tiemblan ante María y su nombre poderosísimo los demonios en el infierno!”, exclama san Buenaventura. El santo compara a estos enemigos con aquellos de los que habla Job: “Fuerzan de noche las casas… y si los sorprende la aurora la ven como las sombras de la muerte” (Jb 24, 16). Los ladrones van a robar las casas de noche; pero si en eso les sorprende la aurora, huyen como si se les apareciera la sombra de la muerte. Lo mismo, dice san Buenaventura, sucede cuando los demonios entran en un alma si ésta se encuentra espiritualmente a oscuras. Pero en cuanto al alma le viene la gracia y la misericordia de María, esta hermosa aurora disipa las tinieblas y pone en huida a los enemigos infernales como se huye de la muerte. ¡Bienaventurado el que siempre, en las batallas contra el infierno, invoca el hermosísimo nombre de María!
Dios reveló a santa Brígida que ha concedido tan gran poder a María para vencer a los demonios, que cuantas veces asaltan a un devoto de la Virgen que pide su ayuda, a la menor señal suya huyen despavoridos, prefiriendo que se les multipliquen los tormentos del infierno a verse dominados por el poder de María.
Como lirio entre espinas, así es mi amiga entre las vírgenes” (Ct 2, 2). Comentando estas palabras en que el esposo divino alaba a su amada esposa cuando la compara con la azucena entre espinas, que así es su amada entre todas, reflexiona Cornelio a Lápide y dice: “Así como la azucena es remedio contra las serpientes y sus venenos, así invocar a María es remedio especialísimo para vencer todas las tentaciones, sobre todo las de impureza, como lo comprueban quienes lo practican
Decía san Juan Damasceno: “Oh Madre de Dios, teniendo una confianza invencible en ti, me salvaré. Perseguiré a mis enemigos teniendo por escudo tu protección y tu omnipotente auxilio”. Lo mismo puede decir cada uno de nosotros que gozamos la dicha de ser los siervos de esta gran reina: Oh Madre de Dios, si espero en ti jamás seré vencido, porque defendido por ti perseguiré a mis enemigos, y oponiéndoles como escudo tu protección y tu auxilio omnipotente, los venceré. El monje Jacobo, doctor entre los padres griegos, hablando de María con el Señor, así le dice: “Tú, Señor mío, me has dado esta Madre como un arma potentísima para vencer infaliblemente a todos mis enemigos”.
Se lee en el Antiguo Testamento que el Señor, desde Egipto hasta la tierra de promisión, guiaba a su pueblo durante el día con una nube en forma de columna, y por la noche con una columna de fuego (Ex 13, 21). En esta nube en forma de columna y en esta columna en forma de fuego, dice Ricardo de San Lorenzo, está figurada María y sus dos oficios que ejercita constantemente para nuestro bien; como nube nos protege de los ardores de la divina justicia, y como fuego nos protege de los demonios. Es ella como columna de fuego, afirma el santo, porque como la cera se derrite ante el fuego, así los demonios pierden sus fuerzas ante el alma que con frecuencia se encomienda a María y trata devotamente de imitarla.
las 5 glorias de maría4. María es nombre de victoria contra el mal
¡Cómo tiemblan los demonios –afirma san Bernardocon sólo oír el nombre de María!” “Al nombre de María se dobla toda rodilla. Y los demonios no sólo temen, sino que al oír esta voz se estremecen de terror”. “Así como los hombres –dice Tomás de Kempis– caen por tierra espantados cuando oyen el estampido de un trueno cercano, así caen derribados los demonios cuando oyen que se nombra a María”. ¡Qué maravillosas victorias han obtenido sobre sus enemigos los devotos de María con sólo invocar su nombre! Así lo venció san Antonio de Padua; así el beato Enrique Susón; así tantos otros amantes de María. Refieren las relaciones de las misiones del Japón que a un cristiano se le presentaron muchos demonios en forma de animales feroces para amenazarlo y espantarlo, pero él les dijo: “No tengo armas con qué asustaros; si lo permite el Altísimo, haced de mí lo que os plazca. Pero, eso sí, tengo en mi defensa los dulcísimos nombres de Jesús y de María”. Apenas dijo esto cuando a la voz de estos nombres tremendos se abrió la tierra y se tragó a los espíritus soberbios. San Anselmo asegura con su experiencia haber visto y conocido a muchos que al nombrar a María se habían visto libres de los peligros.
Glorioso y admirable es tu nombre, ¡oh María! –exclama san Buenaventura–.Los que lo pronuncian en la hora de la muerte no temen, pues los demonios, al oírlo, al punto dejan tranquila el alma”. Muy glorioso y admirable es tu nombre, oh María; los que se acuerdan de pronunciarlo en la hora de la muerte no tienen ningún miedo al infierno, porque los demonios, en cuanto oyen que se nombra a María, al instante dejan en paz a esa alma. Y añade el santo que no temen tanto en la tierra los enemigos a un gran ejército bien armado, como las potestades del infierno al nombre de María y a su protección. “Tú, Señora –dicesan Germán–, con la sola invocación de tu nombre potentísimo aseguras a tus siervos contra todos los asaltos del enemigo“.
maría aplasta serpiente5. María ayuda a superar toda tentación
¡Ah! Si las criaturas tuvieran cuidado de invocar el nombre de María con toda confianza, en las tentaciones, ciertamente, nunca caerían. Sí, porque como dice el beato Alano, al oír este sublime nombre huye el demonio y se estremece el infierno. “Satán huye y tiembla al infierno cuando digo: Ave María”. También reveló la misma reina a santa Brígida que hasta de los pecadores más perdidos y más alejados de Dios y más poseídos del demonio huye enseguida el enemigo en cuanto sienten que ellos invocan en su ayuda con verdadera voluntad de enmendarse el poderosísimo nombre de ella. Pero añadió la Virgen que los demonios, si el alma no se enmienda y no arroja de sí el pecado con la contrición, pronto retornan y siguen poseyéndola.
EJEMPLO
María asiste a un devoto suyo
En Reischersberg vivía Arnoldo, canónigo regular muy devoto de la santísima Virgen. Estando para morir recibió los santos sacramentos y rogó a los religiosos que no le abandonasen en aquel trance. Apenas había dicho esto, a la vista de todos comenzó a temblar, se turbó su mirada y se cubrió de frío sudor, comenzando a decir con voz entrecortada: “¿No veis esos demonios que me quieren arrastrar a los infiernos?” Y después gritó: “Hermanos, invocad para mí la ayuda de María; en ella confío que me dará la victoria”. Al oír esto empezaron a rezar las letanías de la Virgen, al decir: Santa María, ruega por él, dijo el moribundo: “Repetid, repetid el nombre de María, que siento como si estuviera ante el tribunal de Dios”. Calló un breve tiempo y luego exclamó: “Es cierto que lo hice, pero luego también hice penitencia”. Y volviéndose a la Virgen le suplicó: “Oh María, yo me salvaré si tú me ayudas”.
Enseguida los demonios le dieron un nuevo asalto, pero él se defendía haciendo la señal de la cruz con un crucifijo e invocando a María. Así pasó toda aquella noche. Por fin, llegada la mañana, ya del todo sereno, Arnoldo exclamó: “María, mi Señora y mi refugio, me ha conseguido el perdón y la salvación”. Y mirando a la Virgen que le invitaba a seguirlo, le dijo: “Ya voy, Señora, ya voy”. Y haciendo un esfuerzo para incorporarse, no pudiendo seguirla con el cuerpo, suspirando dulcemente la siguió con el alma, como esperamos a la gloria bienaventurada.
san alfo
San Alfonso María de Ligorio
María, esperanza mía,
mira a tus pies a un pobre pecador
tantas veces por mi culpa esclavo del mal.
Reconozco que me dejé vencer del enemigo
por no acudir a ti, refugio mío.
Si a ti hubiera siempre recurrido
y siempre te hubiera invocado,
jamás hubiera caído.
Espero, Señora y Madre,
haber salido por tu medio del mal
y que Dios me habrá perdonado.
Pero temo caer de nuevo en sus cadenas.
Sé que mis enemigos desean perderme
y me preparan nuevos asaltos y tentaciones.
Ayúdame tú, mi reina y mi refugio.
Tenme bajo tu protección;
no consientas que de nuevo
me vea esclavo del pecado.
Sé que siempre que te invoque
me ayudarás a salir victorioso.
Virgen santísima,
que siempre de ti me acuerde,
sobre todo al encontrarme en la batalla;
haz que no deje de invocarte
diciendo: “María, ayúdame; ayúdame, María”.
Y cuando llegue la hora de mi muerte,
reina mía, asísteme entonces como nunca;
haz tú misma que me acuerde de invocarte
con la boca y el corazón con más frecuencia
para que, expirando
con tu dulce nombre en los labios
y el de tu Hijo Jesús,
pueda ir a bendeciros y alabaros
para no separarme de vosotros
por toda la eternidad en el paraíso. Amén.
(“Las Glorias de María” – San Alfonso María de Ligorio)