viernes, 20 de febrero de 2015

(Agustín del Divino Corazón – Manizales,
Jesús dice:
Septiembre 17/2008 (2:00 pm)
I ESTACIÓN
Jesús es juzgado y condenado a muerte.
V. Te adoramos, ¡oh, Cristo!, y Te bendecimos.
R. Que por Tu Santa Cruz redimiste al mundo.
“Contempladme silencioso, delante del gober
nador romano, esperando pacientemente Mi con
dena de muerte en la Cruz. Mis enemigos están
sedientos de Mi Sangre porque Me consideran
culpable; culpable por considerarme Hijo de Dios,
culpable por llamarme Rey de los Judíos, culpable
por anunciar un Reino, reino de paz y de justicia;
culpable porque sané enfermos, liberé endemo
niados, resucité muertos; culpable por devolver el
estado de Gracia a multitud de pecadores.
Mi Divino Corazón acogió con humildad y
serenidad la sentencia; sentencia para redimiros
del pecado, sentencia para daros nueva vida. Mi
Madre guardó en Su Doloroso Corazón las palabras
del veredicto; Corazón Sufriente, porque lo más
amado sería maltratado, Su Hijo, el Hijo de Dios
pagaría alto precio por toda la humanidad.
1 Agustín del Divino Corazón, Libro 6, ‘Emmanuel,
CON-NOSOTROS’ (Ago-Oct / 2008).
Colombia) 1
gobernador
conde
é endemoniados,
DIOSVosotros,
conservad la paz cuando os juzguen,
os calumnien injustamente. Desde el silencio de
vuestros labios y quietud de vuestro corazón
a Mí, que seré vuestra Defensa; vuestro Justo Juez
os declarará libres, inocentes.
Nuestros Corazones Unidos y Traspasados os
motivan a caminar por las sendas de la justicia y
la verdad en hacer el bien, aun a vuestros propios
enemigos, a perdonar de corazón a vuestros
agresores y a orar por todos los que os hacen mal.”
Alabada sea la Pasión y Muerte de Nuestro
Señor Jesucristo, y los Dolores de Su Santísima
Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.
II ESTACIÓN
Jesús es cargado con la Cruz.
V. Te adoramos, ¡oh, Cristo!, y Te bendecimos.
R. Que por Tu Santa Cruz redimiste al mundo.
“Mirad, hijo Mío, los hombros, que un día
cargaron sobre sí a la oveja perdida; oveja que
conduje al aprisco de Mi rebaño para sanarla, para
alimentarla; oveja débil que la llevé a verdes
pastizales para robustecerla, oveja sedienta de
agua fresca; agua que le di a beber en abundancia
en las Fuentes de Mi Divino Corazó
ahora son Llagados por la crueldad de Mis
verdugos; verdugos que colocaron sobre Mis
delicados hombros el pesado, tosco, leño de la
Cruz; Cruz que rompió Mi piel, produciéndome la
Herida más dolorosa de Mi Sagrada Pasión; Cruz
que hacía tambalear Mi Cuerpo por su enorme
peso; Cruz que exaltó la furia de Mis opositores;
1
Vosotros, ente. llegad
efensa; de
i uentes Corazón; hombros que
alear
Cruz que laceró el Corazón Inmaculado de Mi
Madre, Madre que caminó Conmigo el doloroso
trance de Mi Pasión; Madre que a medida que iba
dejando los rastros de Mi Sangre Precios
adoraba y la recogía en el copón de oro de Su
Doloroso Corazón.
Hijos Míos, sobrellevad las cruces con amor.
Ofrecedme vuestros sufrimientos; sufrimiento que
es dulcificado, porque más allá de vuestro camino
llegaréis a la meta; más allá de vuestro
recibiréis el premio prometido. Nuestros Cor
Unidos y Traspasados llevamos la Cruz con amor;
cargadla vosotros sin reproche, sin dilación porque
a la vera de vuestro camino recibiréis recompensa.
La Cruz os pule, os perfecciona, os hace
Alabada sea la Pasión y Muerte de Nuestro
Señor Jesucristo, y los Dolores de Su Santísima
Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.
III ESTACIÓN
Jesús cae por primera vez.
V. Te adoramos, ¡oh, Cristo!, y Te bendecimos.
R. Que por Tu Santa Cruz redimiste al mundo.
“Mi Cuerpo debilitado por el peso de la Cruz,
cayó en tierra; caída que abrieron más heridas en
Mis rodillas, en Mis codos, caída que abrió un
orificio más profundo a las Llagas de Mi Sagrado
Hombro. Fue terrible la intensidad de Mi dolor,
pero aun así saqué fuerzas y emprendí de nuevo Mi
camino; camino que os abriría esperanzas, camino
que os mostraría un nuevo cielo, camino que se
llevaría vuestras miserias y vuestros pecados
Preciosa la
camino
Corazones
vamos santos.”
rible porque muy pronto daría Mi Vida
muy pronto os absolvería de vuestra culpa ante Mi
Padre Eterno.
Caí por primera vez, pero Me supe levantar
porque Mi Amor por vosotros Me hacía abrazar la
Cruz con ardor y con locura. Caí por primera vez,
pero Me supe levantar con nuevo í
nuevas fuerzas; caída que os llama a vosotros a
caminar siempre hacia delante, a no mirar hacia
atrás; caída que os llama a levantar vuestra frente
con dignidad, porque una vez caísteis pero os
levantasteis, reconocisteis vuestro error, os
esforzasteis por superarlo. Vuestra primera caída
os muestra que sois débiles, que la fuerza sólo la
halláis en Mí.
La Presencia de Mi Madre avivó en Mi Corazón
el deseo de sufrir, de padecer. La mirada lúgubre
de Sus Ojos, Me hizo comprender de nuevo que
para esto había venido a la Tierra: a ofrendarme
como Alma Víctima Divina por todos vosotros.
Nuestros Corazones Unidos y Traspasados de
man Gracias en vosotros para fortaleceros y
preveniros de caídas; os dan temple para que
rehuyáis al pecado, evitéis todo tipo de tentación y
os conservéis en estado de Gracia.”
Alabada sea la Pasión y Muerte de Nuestro
Señor Jesucristo, y los Dolores de Su
Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.
IV ESTACIÓN
Jesús encuentra a Su Madre.
V. Te adoramos, ¡oh, Cristo!, y Te bendecimos.
R. Que por Tu Santa Cruz redimiste al mundo.
2
para daros vida;
ímpetu, con
zasteis razones derra-
Santísima
“Camino al Calvario, Me encontré con Mi
Madre. Nuestros Sagrados Corazones se
lazaron de amor y de sufrimiento. La miré
tiernamente a Sus Ojos, con Mi Mirada l
Su Corazón, apliqué bálsamo sanador a Sus heridas,
dándole vigor; la fortalecí, de tal manera, que
anduvo a Mi lado sin responder a los insultos,
burlas, golpes, salivazos y oprobios que cruelmente
recibía de Mis adversarios.
Ella, que un día Me veía en el taller de San José
armando crucecitas de madera, hoy Me veía frente
a Sus Ojos, abrumado y extenuado por el tremendo
peso de la Cruz. Ella, que siempre permanecía a Mi
lado para cuidarme, evitando al máximo el más
leve dolor a Mi Cuerpo Santísimo, hoy Me veía
herido y bañado en Sangre.
Sé que no alcanzáis a comprender la magnitud
de Su Dolor; dolor incomparable con la
profundidad de un océano o con la longitud del
mundo entero, pero estaba ahí para consolar Mi
agonizante Corazón. Estaba ahí para fortalecerme
en Mi debilidad. Estaba ahí para enseñarme que en
todo hay que hacer la Divina Voluntad. Estaba ahí
para unir Mi Corazón a Su Corazón, en el amor.
Estaba ahí con Su Corazón traspasado de dolor,
pero lo soportaba todo, lo aguantaba todo porque
sabía que no serían vanos Mis S
conocía que la Cruz es Victoria y Triunfo sobre la
muerte.
Nuestros Corazones Unidos y Traspasados os
aleccionan a morir a la voluntad humana y a nacer
a la Voluntad Divina, a confiar en Dios sin reserva, a
conservar el sosiego en vuestro espíritu, aun en
vuestros más terribles sufrimientos; porque
después de la tormenta siempre vendrá la p
después de las cumbres borrascosas llegarán
suaves oleajes que darán descanso vuestro fatigado
corazón.”
Alabada sea la Pasión y Muerte de Nuestro
Señor Jesucristo, y los Dolores de Su Santísima
Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.
V ESTACIÓN
El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la Cruz.
dre. entrezaron
ente le hablé a
esponder so undidad zón Sufrimientos;
paz,
V. Te adoramos, ¡oh, Cristo!, y Te bendecimos.
R. Que por Tu Santa Cruz redimiste al mundo.
“Los soldados romanos, temiendo que no
aguantase hasta el monte Gólgota, eligen a un
hombre, a un tal Simón de Cirene, a que Me
ayudase a llevar la Cruz. Mis Ojos estaban cubiertos
de coágulos de Sangre, Mi túnica estaba adherida a
las Llagas de Mi Cuerpo, Mi Sangre se derramaba a
borbotones y era desperdiciada, pisoteada y pro
fanada. Los soldados no actuaron movidos por
compasión, actuaron inducidos por satanás, porque
su furia estaba encarnizada contra Mí, Cordero
indefenso, que era llevado al matadero p
degollado en el patíbulo de la Cruz.
Simón de Cirene cargó con Mi Cruz, no por
voluntad propia, sino impuesta. Desconocía que era
la Cruz del Dios Vivo, la Cruz del Redentor que se
ofrecía como Víctima Divina por él y por el mundo
entero. No comprendía el gran Misterio de la Cruz,
su entendimiento estaba opacado frente a lo que
sus ojos veían.
Mi Cuerpo Sagrado recobró fuerzas; fuerzas,
porque este hombre llevó a cuestas el Signo de la
Redención. El gesto de Simón os llama a vosotros a
no protestar por la Cruz; Cruz que el Cielo os envía
para que os hagáis santos. Cruz que el Cielo os
envía para que os hagáis semejantes a Mí. Mi
Madre oró al Padre por el gesto de este hombre;
hombre que desconocía su papel cooperador en el
Plan Redentor. Nuestros Co
Traspasados os dan ejemplo a que no reneguéis del
sufrimiento, a que lo aceptéis con resignación, a
que llevéis sobre vuestros hombros su peso; peso
que será alivianado el día en que os encontréis en
la Casa de Mi Padre.”
3
pro-
para ser
endía Corazones Unidos y
Alabada sea la Pasión y Muerte de Nuestro
Señor Jesucristo, y los Dolores de Su Santísima
Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.
VI ESTACIÓN
La Santa Verónica enjuga el Rostro de Jesús.
V. Te adoramos, ¡oh, Cristo!, y Te bendecimos.
R. Que por Tu Santa Cruz redimiste al mundo.
“La Divinidad dibujada en Mi Sagrado Rostro,
la perfección esculpida por las Manos de Mi Padre,
la hermosura y finura de Mis Facciones han perdido
Su Belleza; la lozanía de Mi piel se ha marchitado,
el brillo de Mis Ojos se han opacado porque el
hinchazón de Mi Cara, el polvo, el sudor y sangre
en grumos lo han desfigurado. Mi Rostro, que era
antes el encanto de las almas vírgenes, hoy son el
repudio de las almas sensuales; almas que se gozan
de Mi sufrimiento, almas que les alegra Mi dolor;
almas que llegarán al culmen de la condenación
con Mi muerte porque Mi Cuerpo Lo profanaron,
Lo mancillaron.
Cuando iba camino al Gólgota, ayudado y
asistido por los Santos Ángeles, una humilde y
valerosa mujer llamada Verónica, se adentró en el
espesor de la muchedumbre y llegó a Mí con un
lienzo blanco en sus manos, limpió Mi Rostro
irreconocible por el polvo, el sudor y la sangre.
Oh, mujer heroica, que habéis sabido vencer la
furia diabólica de los soldados romanos y de cada
uno de Mis enemigos; como pago a vuestro gesto
de amor, imprimo en vuestro manto Mi Divino
Rostro y esculpo en vuestro corazón Mi Rostro
agonizante para haceros partícipe de Mi Sagrada
sión jos ue Pasión; Pasión que os moverá a la santidad, Pasión
que excitará vuestro espíritu en ansias de Cielo. Mi
Madre cubre a la Verónica bajo los pliegues de Su
Sagrado Manto, prende fuego de amor en su
corazón; amor a Cristo Crucificado, amor por el
Mártir del Gólgota. Nuestros Corazones Unidos y
Traspasados se entrelazan en un mismo
miento porque Mi dolor es su mismo dolor; Mi
padecimiento es su mismo padecimiento. Imitad,
pues, el heroísmo de la Verónica y venid a enjugar
Mi Rostro porque muchas almas, aún lo golpean, lo
maltratan con su vida de pecado.”
Alabada sea la Pasión y Muerte de Nuestro
Señor Jesucristo, y los Dolores de Su Santísima
Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.
VII ESTACIÓN
Jesús cae por segunda vez.
V. Te adoramos, ¡oh, Cristo!, y Te bendecimos.
R. Que por Tu Santa Cruz
“Los empujones, los latigazos, las burlas e
insultos hacen que caiga por segunda vez. Mis
fuerzas físicas se agotan, pero jamás Mis fuerzas
espirituales porque sé que, muriendo en una Cruz,
habré dado gloria a Mi Padre. Sé que, muriend
una Cruz, habré dado victoria sobre todo mal. Sé
que, muriendo en una Cruz, os habré rescatado, os
habré liberado. Sé que, muriendo en una Cruz, os
abro las puertas del Cielo. Estos sentimientos de Mi
sufriente Corazón son la fortaleza para levantarme
de nuevo y proseguir Mi camino; camino tumul
tuoso, escarpado y apesadumbrado, pero camino
que Me conlleva a la meta final, al Reinado de Mi
4
píritu sufrimiento
redimiste al mundo.
muriendo en
tumultuoso,
Corazón en toda creatura; camino que es
vuestra libertad.
En Mi segunda caída, Me levanté airoso
porque el bien prevalecerá sobre el mal. En Mi
segunda caída, Me levanté airoso porque en los
caminos de Dios no existe la derrota. En Mi
segunda caída, Me levanté airoso porque Mi gran
Amor por vosotros Me sedujo a abrazar la Cruz, a
ponerla sobre Mis hombros malheridos y marchar
camino al suplicio; suplicio que sería la b
para satanás, porque no Me dejé amilanar por el
sufrimiento. Mi Madre, con Sus Lágrimas,
caba la Sangre que depuraban Mis Heridas; Su
silencio se convertía en palabras, en voz de aliento
en Mi Corazón para caminar con entereza a Mi
destino final. Nuestros Corazones Unidos y
Traspasados os alientan a levantaros de vuestras
caídas, os alientan a aprender del
reconocer vuestras culpas y a confesar vuestros
pecados.”
Alabada sea la Pasión y Muerte de Nuestro
Señor Jesucristo, y los Dolores de Su Santísima
Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.
VIII ESTACIÓN
Jesús encuentra a las hijas de Jerusalén.
V. Te adoramos, ¡oh, Cristo!, y Te bendecimos.
R. Que por Tu Santa Cruz redimiste al mundo.
“El Nardo Purísimo de celestial perfume está
mal herido, deshojado. El Hijo de Dios es reducido a
la nada. El Amo y Señor de todo cuanto existe,
aparentemente ha sido desbancado, ha perdido Su
el atajo a
mor bancarrota
que estáne
error, a
Trono. Pero lo que ellos no saben es que Mi
Reinado perdurará por años sin fin; que Mi Muerte,
supuesta derrota, es Vida Eterna y garantía de
salvación para todos vosotros.
enfurecido, todos al unísono Me insultan, Me
maltratan, quieren acabar de una vez con Mi Vida,
pero unas compasivas mujeres se unen
Sufrimiento y Me consuelan; comparten Conmigo
Mis Penas, llorando Mi Dolor.
Escuchad lo que a ellas les dije: ‘Hijas de
Jerusalén: no lloréis por Mí; llorad más bien por
vosotras y por vuestros hijos. Días vendrán en que
se dirá: bienaventuradas las vírgenes. Días terribles
en que dirán los pecadores: ‘Oh, montes, caed
sobre nosotros; oh, collados, sepultadnos’. Pues, si
al árbol verde así le tratan, el que no da fruto
¿cómo será tratado?’ Las palabras de estas
caritativas mujeres alivianaron el dolo
Sagrado Corazón porque, al menos, no todos
estaban en Mi contra; unos querían destruirme
pero otros deseaban salvarme. Mi Madre, com
pungida por Mi espantoso sufrimiento, encontró
valor en estas mujeres, elevó plegarias al Cielo y se
embriagó de coraje para compartir místicamente
Mi mismo Calvario, Mi misma Muerte. Nuestros
Corazones Unidos y Traspasados os convocan a la
piedad, a compartir el sufrimiento de vuestros
hermanos y a asociaros en su dolor.”
Alabada sea la Pasión y Muerte de Nuestro
Señor Jesucristo, y los Dolores de Su Santísima
Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.
IX ESTACIÓN
Jesús cae por tercera vez.
5
or El pueblo está
a Mi
dolor de Mi
compungida
raje ñor
V. Te adoramos, ¡oh, Cristo!, y Te bendecimos.
R. Que por Tu Santa Cruz redimiste al mundo.
“Mi Cuerpo desollado, Mis carnes desgarradas
y Mis huesos descoyuntados fueron cómplices para
Mi tercera caída; caída que causó Heridas sobre las
mismas Heridas. Sólo el gran Amor que os tengo y
la sed insaciable de almas fortalecieron Mi Espíritu,
hasta querer consumar Mis padecimientos en el
patíbulo de la Cruz.
Con Mi tercera caída recobré ánimo para
batallar pacíficamente contra Mis contendores. Con
Mi tercera caída recobré ánimos en seguir
sufriendo, porque por amor todo se aguanta, se
soporta. Con Mi tercera caída recobré ánimos para
aniquilar y destruir el mal, ya que la Cruz es Triunfo
para el Cielo y derrota para el Infierno. Con Mi
tercera caída recobré ánimos, porque muy cerca
estaba Mi Victoria, muy cerca rondaba Mi Muerte;
Muerte que sería de gran beneplácito para Mi
Padre porque aun en el sufrimiento, obré de
acuerdo a Su Divino Querer. Con Mi tercera caída
recobré ánimos, porque Mi Espíritu estaba deseoso
de llegar al Cielo, ávido en prepararos una morada
en Mi Reino.
Mi Madre Me levantó con Sus ruegos al Padre;
Ella fue Mi báculo, Mi soporte desde el día de Mi
Nacimiento hasta Mi Muerte. Ella alentó Mi cami
nar porque, a medida que proseguía Su Aroma
Celestial, calaba en la profundidad de Mi Corazón y
Me reconfortaba. Nuestros Sagrados Corazones
Unidos y Traspasados se mantuvieron adheridos en
la alegría y en el dolor, en el consuelo y en la
desesperanza.
Hijitos Míos, tomad nota de esta Lección de
Amor y continuad vuestra marcha. No os deses
peréis en vuestras caídas, trabajad con entereza
vuestras debilidades para que seáis perfectos y
santos como lo es Nuestro Padre.”
Alabada sea la Pasión y Muerte de Nuestro
Señor Jesucristo, y los Dolores de Su Santísima
Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.
X ESTACIÓN
Jesús es despojado de Sus vestiduras.
r ída friendo, cera nfierno. uegos caminar
nidos desesperéis
s V. Te adoramos, ¡oh, Cristo!, y Te bendecimos.
R. Que por Tu Santa Cruz redimiste al mundo.
“Habiendo llegado a la cima del Calvario, hom
bres sin corazón Me despojaron de Mis vestiduras,
arrancando pedazos de carne y de piel, abriendo
paso de nuevo a Mis Heridas; Heridas que son
Fuente de Salvación; Heridas que son Océano
inagotable de Misericordia; Heridas que son Ven
tanas al Paraíso; Heridas que son Tesoro del Cielo
poco apreciado por los hombres.
Mirad cómo a la Pureza Infinita y al Santo de
los Santos, Lo desnudan para ser el punto, blanco
de burlas. Mirad cómo a la Pur
Santo de los Santos, Lo desnudan para ser foco de
morbosidad de los corazones mezquinos. Mirad
cómo a la Pureza Infinita y al Santo
Lo desnudan para acrecentar aún más Mis S
mientos. Mirad cómo a la Pur
de los Santos, Lo desnudan para ser espectáculo
por Mis atroces Heridas.
Hijitos Míos, ¿cómo es posible que al Rey del
más alto linaje, al Rey vestido con trajes de lino fino
y resplandeciente lo vituperen, lo menosprecien
quitándole Su única pertenencia: una humilde
túnica ensangrentada y medio rota por sus caídas;
túnica que es repartida entre sí echándola a
suerte?
Mi Madre, al ver Mi desnudez cu
Cuerpo con Su virginal mirada; espiritualmente Me
arropó con la mantilla que daba calor a Mi Cuerpo
en Mi adolescencia. Ella oró al Padre y reparó por
estos vejámenes, suplicó perdón y misericordia por
estas pobres almas, incitadas por la furia atroz de
satanás. Nuestros Corazones Unidos y Traspasados
6
homsin
sericordia; Venque
a antos, Pureza Infinita y al
o osidad de los Santos,
an Sufrimientos.
Pureza Infinita y al Santo
antos, ica cubrió Mi
irada;
os cubren de amor la desnudez de vuestro corazón,
arropan vuestro espíritu con el manto de Nuestra
Ternura y os mueven al recato, al pudor y a la
santidad en vuestro cuerpo; cuerpo que ha de ser
morada digna para el Espíritu Santo.”
Alabada sea la Pasión y Muerte de Nuestro
Señor Jesucristo, y los Dolores de Su Santísima
Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.
XI ESTACIÓN
Jesús es clavado en la Cruz.
V. Te adoramos, ¡oh, Cristo!, y Te bendecimos.
R. Que por Tu Santa Cruz redimiste al mundo.
“Estoy en el momento de ofrendar Mi Vida
para redimiros; redimiros de vuestras miserias, de
vuestros pecados. Estoy en el momento de poneros
sello de salvación; salvación que os doy con Mi
Sacrificio, con Mi Propiciación.
Ved, cómo Me acuestan en el burdo madero
de la Cruz, estiran tan fuertemente Mis Brazos y
Mis Piernas que descoyuntan Mis huesos.
Manos son bruscamente machacadas y perforadas
por los clavos; Manos que un día bendijeron a
niños que se acercaron a Mí; Manos que curaron
dolencias físicas y espirituales; Manos que se
extendieron al Cielo pidiendo perdón y misericordia
por los pecadores; Manos que multiplicaron cinco
panes y dos peces para calmar el hambre de Mis
seguidores; Manos que acabaron con la mercadería
del templo; Manos que escribieron en el suelo,
mientras una mujer pecadora era juzgada severa
mente y hoy son perforadas en la Cruz.
Mis
los
dón dores; ; severamente
Mis Pies sufren heridas indecibles por la furia
de cada martillazo; Pies que anduvie
queda de la oveja perdida; Pies que nunca se
cansaron en anunciar un nuevo Reino; Pies que
recorrerían comarcas, veredas y pueblos circun
vecinos buscando a quien predicar, buscando a
quien evangelizar; Pies que corrían al encuentro de
Mi Madre; Madre que Me daba hospitalidad,
calidez. Pies que iban detrás del pecador para
perdonarlo, para liberarlo de sus esclavitudes. Pies
que fueron besados y ungidos con un costoso
perfume; perfume que dio santidad a aquella mujer
pecadora; perfume que se llev
su corazón para darle olor de santidad
adentraron en el Huerto de Los Olivos a orar, como
preparación a Mi cruento Sufrimiento. Pies que hoy
son triturados, demolidos porque ya casi consumiré
Mi Sufrimiento en un éxtasis de
Mi Madre también fue taladrada por el dolor,
dolor de sentirse impotente y no poder hacer nada
para menguar Mi Sufrimiento. Nuestros Corazones
Unidos y Traspasados os piden que crucifiquéis
vuestra vida de perdición y os unáis a Nuestro
Sufrimiento para que expiéis vuestros pecados
aferrados a la Cruz; Cruz que os absolverá resti
tuyéndoos vuestro estado de Gracia.”
Alabada sea la Pasión y Muerte de Nuestro
Señor Jesucristo, y los Dolores de Su Santísima
Madre, triste y afligida al pie de la Santa
XII ESTACIÓN
Jesús expira en el árbol de la Cruz.
V. Te adoramos, ¡oh, Cristo!, y Te bendecimos.
R. Que por Tu Santa Cruz redimiste al mundo.
7
anduvieron en búsqueda
circunvecinos
dez. llevó la podredumbre de
santidad. Pies que se
uerto Amor.
restituyéndoos
Cruz.
“Mi Divino Corazón naufraga en el dolor;
dolor, porque Mi Sangre Preciosa cae sobre
piedras; dolor, porque tengo una sed devoradora y
Me niegan una gota de agua, Yo, que Soy el
Manantial de agua viva y ríos de agua pura; dolor al
ver cómo estas almas se gozan en Mis terribles
sufrimientos; dolor, porque Me reconocerán como
al Hijo de Dios cuando de Mi Corazón salga el
último suspiro; suspiro que hará temblar la Tierra y
oscurecerse el cielo; dolor, porque estas almas han
desperdiciado la Fuente de Misericordia y de
Salvación.
Heme aquí, con Mis Ojos eclipsados; Ojos que
ya casi no pueden ver porque los cubren densos
coágulos de Sangre. Cercanos a Mí, estaban Mi
Madre y Mi fiel discípulo Juan. Escuchad bien Mis
últimas palabras que dije a Mi Madre: ‘Mujer, ahí
tienes a Tu hijo’; y mirando a Mi discípulo amado:
‘ahí tienes a tu Madre’.
Desde aquel momento Mi Madre os tomó a
todos como a Vuestros hijos. Ahora acogedla a Ella
como a vuestra Madre; Madre que suplica, ruega e
intercede ante el Cielo en vuestras necesidades.
Madre que os cobija a todos en los pliegues de Su
Sagrado Manto. Madre que no os dejará solos,
estará con vosotros hasta el último día de vuestra
vida. Madre que llora, cuando os alejáis de Mi
camino. Madre que os arrulla en Sus Brazos, como
a niños recién nacidos. Madre que os enseña que
sólo estando al pie de la Cruz, se llega al Cielo.
Madre que al pie de Mi Cruz Me escuchó decir:
‘Padre Mío, en Tus Manos encomiendo Mi Espíritu’.
Nuestros Corazones Unidos y Traspasados os
llaman a no rehuir al gran Misterio de la Cruz, a
sobrellevarla con amor; a no renegar de vuestro
sufrimiento, a aceptarlo porque antes de entrar al
Cielo, debéis ser acrisolados y purificados como oro
y plata.”
Alabada sea la Pasión y Muerte de Nuestro
Señor Jesucristo, y los Dolores de Su Santísima
Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.
XIII ESTACIÓN
Jesús es puesto en los Brazos de María.
las
en esde e rimiento, V. Te adoramos, ¡oh, Cristo!, y Te bendecimos.
R. Que por Tu Santa Cruz redimiste al mundo.
“Qué escena más dolorosa y desgarradora: Mi
Madre sosteniendo en Sus Brazos Mi Cuerpo
inerte; Cuerpo masacrado por las Heridas; Cuerpo
desfigurado, porque todo es una Llaga viva; Cuerpo
que después se quedaría hasta la consumación de
los siglos en la Hostia Consagrada.
Mi Madre, con Sus Lágrimas, lava y corre la
Sangre adherida en todo Mi Cuerpo, contempla Mis
Ojos cerrados; Ojos que antes penetraban el
corazón de los hombres, Ojos que se admiraban y
extasiaban de la obra magna de la creación; Ojos
que La miraban con indecible Amor porque era Mi
Madre. Contempla Mis labios lívidos; labios qu
día La llamó Mamá; labios que desprendían saetas
de Amor con Sus Palabras; labios que eran espada
de doble filo que hería a los corazones soberbios;
labios que no abolieron la Ley: la perfeccionó;
labios que hablaron de una vida mucho mejor que
ésta. Me abraza y Me estrecha entre Sus Brazos,
como cuando era Niño; Me acaricia con dulzura,
porque sabe que el Misterio de la Redención cobra
vigencia; sana Mis Heridas con Sus besos, remienda
Mi Corazón roto con Sus abrazos.
Mi Madre también os acompañará h
momento que exhaléis vuestro último suspiro; Mi
Madre secará vuestras últimas lágrimas en el
trance de vuestra muerte. Amadla con el mismo
amor con que La amé Yo.
Nuestros Corazones Unidos y Traspasados os
mueven a un continuo prepararos para la mu
muerte que no ha de ser vuestro fin, muerte que es
un inicio a una verdadera vida.”
8
o gurado, uerpo, que un
hasta el
muerte;
Alabada sea la Pasión y Muerte de Nuestro
Señor Jesucristo, y los Dolores de Su Santísima
Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.
XIV ESTACIÓN
Jesús es colocado en el sepulcro.
V. Te adoramos, ¡oh, Cristo!, y Te bendecimos.
R. Que por Tu Santa Cruz redimiste al mundo.
“Mi Cuerpo es depositado en el sepulcro. Aquí
descansará Mi Cuerpo Santísimo, perfumado con
aromas y envuelto en una sábana blanca; S
que posteriormente será la señal fidedigna de Mi
Resurrección. Sábana que será la prueba para
futuras generaciones, de que en verdad sí existí,
que estuve allí por tres días para luego resucitar.
Sábana que será Lienzo de Vida para lo
Sábana
eñal los corazones
sencillos. Sábana que se convertiría en tema de
estudio para los científicos, sabios y eruditos.
Sepultad aquí vuestro pecado, vuestras usuras
y avaricias. Sepultad aquí vuestro sensualismo,
vuestras ligerezas y liviandades. Sepultad aquí
vuestro pasado; pasado que ha sido borrado del
libro de vuestra vida, pasado que ha sido
perdonado, pasado que ya ha cancelado su deuda;
deuda que pagué en vuestro nombre con Mi
Sufrimiento, con Mi Inmolación en la Cruz.
Mi Madre se fue con Mis discípulos a cas
dejándome allí, pero llevándome en Su Corazón;
Corazón que vibraba de Amor cada vez que
pensaba en Mí; Corazón que siempre estuvo unido
al Mío, aun después de Mi Muerte.
Nuestros Corazones Unidos y Traspasados son
la prueba de Nuestro gran Amor,
de alianza en el Plan de la Redención;
eterna Presencia en la Eucaristía.
Sacramental, podréis verme, sentirme y escuchar
me. No estoy muerto. He Resucitado, aún Vivo.”
Alabada sea la Pasión y Muerte de Nuestro
Señor Jesucristo, y los Dolores de Su Santísima
Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.
— Por las intenciones del Santo Papa, para
ganar las indulgencias de este Santo Vía
Crucis: Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
9
ro casa
de Nuestro pacto
de Nuestra
Aquí, en el Velo
escucharme.

jueves, 19 de febrero de 2015

EL VIA CRUCIS
Dictado por Jesús. (Septiembre 17/08 2:00 p. m.).

I Estación: Jesús es juzgado y condenado a
muerte.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

Contempladme silencioso delante del gobernador
romano, esperando pacientemente mi condena de
muerte en la cruz.
Mis enemigos están sedientos de mi Sangre, porque
me consideran culpable, culpable por considerarme
Hijo de Dios; culpable por llamarme Rey de los
Judíos; culpable por anunciar un reino, reino de paz
y de justicia; culpable porque sané enfermos, liberé
endemoniados, resucité muertos; culpable por
devolver el estado de gracia a multitud de
pecadores.
Mi Divino Corazón acogió con humildad y
serenidad la sentencia, sentencia para redimiros del
pecado, sentencia para daros nueva vida.
Mi Madre guardó en su doloroso Corazón las
palabras del veredicto, corazón sufriente porque lo
más amado sería maltratado, su Hijo, el Hijo de
Dios, pagaría alto precio por toda la humanidad.
Vosotros conservad la paz cuando os juzguen, os
calumnien injustamente. Desde el silencio de vuestros labios y quietud de vuestro corazón llegad
a Mí que seré vuestra defensa; vuestro justo juez os
declarará libres, inocentes.
Nuestros Corazones Unidos y Traspasados os
motivan a caminar por las sendas de la justicia y de
la verdad, en hacer el bien, aún, a vuestros propios
enemigos, a perdonar de corazón a vuestros
agresores y a orar por todos los que os hacen mal.
Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.

II Estación: Jesús es cargado con la cruz.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

Mirad hijo mío los hombros, que un día cargaron
sobre sí a la oveja perdida, oveja que conduje al
aprisco de mi rebaño para sanarla, para alimentarla,
oveja débil que la llevé a verdes pastizales para
robustecerla, oveja sedienta de agua fresca, agua
que le di a beber en abundancia en las fuentes de mi
Divino Corazón; hombros que ahora son llagados
por la crueldad de mis verdugos, verdugos que
colocaron sobre mis delicados hombros el pesado,
tosco, leño de la cruz, cruz que rompió mi piel
produciéndome la herida más dolorosa de mi
Sagrada Pasión, cruz que hacía tambalear mi cuerpo
por su enorme peso, cruz que exaltó la furia de mis opositores, cruz que laceró el Corazón Inmaculado
de mi Madre, Madre que caminó conmigo el
doloroso trance de mi Pasión; Madre que a medida
que iba dejando los rastros de mi Sangre Preciosa la
adoraba y la recogía en el copón de oro de su
doloroso Corazón.
Hijos míos, sobrellevad las cruces con amor.
Ofrecedme vuestros sufrimientos, sufrimiento que
es dulcificado porque más allá de vuestro camino
llegaréis a la meta, más allá de vuestro camino
recibiréis el premio prometido.
Nuestros Corazones unidos y traspasados llevamos
la cruz con amor, cargadla vosotros sin reproche, sin
dilación porque a la vera de vuestro camino
recibiréis recompensa.
La cruz os pule, os perfecciona, os hace santos.
Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.

III Estación: Jesús cae por primera vez.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

Mi Cuerpo debilitado, por el peso de la cruz, cayó
en tierra, caída que abrieron más heridas en mis
rodillas, en mis codos, caída que abrió un orificio
más profundo a las llagas de mi Sagrado hombro.
Fue terrible la intensidad de mi dolor; pero, aún, así saqué fuerzas y emprendí de nuevo mi camino,
camino que os abriría esperanzas, camino que os
mostraría un nuevo cielo, camino que se llevaría
vuestras miserias y vuestros pecados porque muy
pronto daría mi vida para daros vida, muy pronto os
absolvería de vuestra culpa ante mi Padre eterno.
Caí por primera vez, pero me supe levantar porque
mi amor por vosotros me hacía abrazar la cruz con
ardor y con locura. Caí por primera vez, pero me
supe levantar con nuevo ímpetu, con nuevas
fuerzas; caída que os llama a vosotros a caminar
siempre hacia delante, a no mirar hacia atrás; caída
que os llama a levantar vuestra frente con dignidad,
porque una vez caísteis pero os levantasteis,
reconocisteis vuestro error, os esforzasteis por
superarlo. Vuestra primera caída os muestra que
sois débiles, que la fuerza sólo la halláis en Mí.
La presencia de mi Madre avivó en mi Corazón el
deseo de sufrir, de padecer. La mirada lúgubre de
sus ojos me hizo comprender de nuevo que para
esto había venido a la tierra, a ofrendarme como
Alma Víctima Divina por todos vosotros.
Nuestros Corazones unidos y traspasados derraman
gracias en vosotros para fortaleceros y preveniros de
caídas, os dan temple para que rehuyáis al pecado,
evitéis todo tipo de tentación y os conservéis en
estado de gracia. Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de laSanta Cruz.

IV Estación: Jesús encuentra a su Madre.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

Camino al calvario, me encontré con mi Madre.
Nuestros Sagrados Corazones se entrelazaron de
amor y de sufrimiento. La miré tiernamente a sus
ojos, con mi mirada le hablé a su Corazón, apliqué
bálsamo sanador a sus heridas dándole vigor, la
fortalecí de tal manera que anduvo a mi lado sin
responder a los insultos, burlas, golpes, salivazos y
oprobios que cruelmente recibía de mis adversarios.
Ella, que un día me veía en el taller de San José
armando crucecitas de madera, hoy me veía, frente a
sus ojos, abrumado y extenuado por el tremendo
peso de la cruz.
Ella, que siempre permanecía a mi lado para
cuidarme, evitando al máximo el más leve dolor a
mi Cuerpo Santísimo, hoy me veía herido y bañado
en sangre.
Sé que no alcanzáis a comprender la magnitud de su
dolor, dolor incomparable con la profundidad de un
océano o con la longitud del mundo entero, pero
estaba ahí para consolar mi agonizante Corazón.
Estaba ahí para fortalecerme en mi debilidad. Estaba ahí para enseñarme que en todo hay que hacer la
Divina Voluntad.
Estaba ahí para unir mi Corazón a su Corazón en el
amor.
Estaba ahí con su Corazón traspasado de dolor, pero
lo soportaba todo, lo aguantaba todo porque sabía
que no sería vano mis sufrimientos; conocía que la
cruz es victoria y triunfo sobre la muerte.
Nuestros Corazones unidos y traspasados os
aleccionan a morir a la voluntad humana y a nacer a
la Voluntad Divina, a confiar en Dios sin reserva, a
conservar el sosiego en vuestro espíritu, aún, en
vuestros más terribles sufrimientos, porque después
de la tormenta siempre vendrá la paz, después de las
cumbres borrascosas llegarán suaves oleajes que
darán descanso vuestro fatigado corazón.
Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.

V Estación: El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la
cruz.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

Los soldados romanos temiendo que no aguantase
hasta el monte Gólgota, eligen a un hombre, a un tal
Simón de Cirene a que me ayudase a llevar la cruz.
Mis ojos estaban cubiertos de coágulos de sangre, mi túnica estaba adherida a las llagas de mi Cuerpo,
mi sangre se derramaba a borbotones y era
desperdiciada, pisoteada y profanada.
Los soldados no actuaron movidos por compasión,
actuaron inducidos por satanás porque su furia
estaba encarnizada contra Mí, cordero indefenso
que era llevado al matadero para ser degollado en el
patíbulo de la cruz.
Simón de Cirene cargó con mi cruz no por voluntad
propia sino impuesta. Desconocía que era la cruz
del Dios vivo, la Cruz del Redentor que se ofrecía
como Víctima Divina por él y por el mundo entero.
No comprendía el gran misterio de la cruz, su
entendimiento estaba opacado frente a lo que sus
ojos veían.
Mi Cuerpo Sagrado recobró fuerzas, fuerzas porque
este hombre llevó a cuestas el Signo de la
Redención.
El gesto de Simón os llama a vosotros a no protestar
por la cruz, cruz que el cielo os envía para que os
hagáis santos. Cruz que el cielo os envía para que os
hagáis semejantes a Mí.
Mi Madre oró al Padre por el gesto de este hombre,
hombre que desconocía su papel cooperador en el
Plan Redentor.
Nuestros Corazones Unidos y Traspasados os dan
ejemplo a que no reneguéis del sufrimiento, a que lo aceptéis con resignación, a que llevéis sobre
vuestros hombros su peso, peso que será alivianado
el día en que os encontréis en la Casa de mi Padre.
Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.

VI Estación: La Santa Verónica enjuga el Rostro
de Jesús.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

La Divinidad dibujada en mi Sagrado Rostro, la
perfección esculpida por las manos de mi Padre, la
hermosura y finura de mis facciones han perdido su
belleza, la lozanía de mi piel se ha marchitado, el
brillo de mis ojos se han opacado porque el
hinchazón de mi cara, el polvo, el sudor y sangre en
grumos lo han desfigurado. Mi rostro que era antes
el encanto de las almas vírgenes, hoy son el repudio
de las almas sensuales, almas que se gozan de mi
sufrimiento, almas que les alegra mi dolor, almas
que llegarán al culmen de la condenación con mi
muerte porque mi Cuerpo lo profanaron, lo
mancillaron.
Cuando iba camino al Gólgota, ayudado y asistido
por los Santos Ángeles, una humilde y valerosa
mujer llamada Verónica, se adentró en el espesor de
la muchedumbre y llegó a Mí, con un lienzo blanco en sus manos, limpió mi rostro irreconocible por el
polvo, el sudor y la sangre.
Oh mujer heroica que habéis sabido vencer la furia
diabólica de los soldados romanos y de cada uno de
mis enemigos; como pago a vuestro gesto de amor,
imprimo en vuestro manto mi Divino Rostro y
esculpo en vuestro corazón mi Rostro agonizante
para haceros partícipes de mi Sagrada Pasión,
pasión que os moverá a la santidad, pasión que
excitará vuestro espíritu en ansias de cielo.
Mi Madre cubre a la Verónica bajo los pliegues de
su Sagrado Manto, prende fuego de amor en su
corazón, amor a Cristo Crucificado, amor por el
Mártir del Gólgota.
Nuestros Corazones Unidos y Traspasados se
entrelazan en un mismo sufrimiento porque mi
dolor es su mismo dolor, mi padecimiento es su
mismo padecimiento. Imitad, pues, el heroísmo de
la Verónica y venid a enjugar mi Rostro porque
muchas almas, aún, lo golpean, lo maltratan con su
vida de pecado.
Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.

VII Estación: Jesús cae por segunda vez.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.
 Los empujones, los latigazos, las burlas e insultos
hacen que caiga por segunda vez. Mis fuerzas
físicas se agotan, pero jamás mis fuerzas
espirituales, porque sé que muriendo en una cruz
habré dado gloria a mi Padre.
Sé que muriendo en una cruz habré dado victoria
sobre todo mal. Sé que muriendo en una cruz os
habré rescatado, os habré liberado. Sé que muriendo
en una cruz os abro las puertas del cielo.
Estos sentimientos de mi sufriente Corazón son la
fortaleza para levantarme de nEL VIA CRUCIS
Dictado por Jesús. (Septiembre 17/08 2:00 p. m.).

I Estación: Jesús es juzgado y condenado a
muerte.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

Contempladme silencioso delante del gobernador
romano, esperando pacientemente mi condena de
muerte en la cruz.
Mis enemigos están sedientos de mi Sangre, porque
me consideran culpable, culpable por considerarme
Hijo de Dios; culpable por llamarme Rey de los
Judíos; culpable por anunciar un reino, reino de paz
y de justicia; culpable porque sané enfermos, liberé
endemoniados, resucité muertos; culpable por
devolver el estado de gracia a multitud de
pecadores.
Mi Divino Corazón acogió con humildad y
serenidad la sentencia, sentencia para redimiros del
pecado, sentencia para daros nueva vida.
Mi Madre guardó en su doloroso Corazón las
palabras del veredicto, corazón sufriente porque lo
más amado sería maltratado, su Hijo, el Hijo de
Dios, pagaría alto precio por toda la humanidad.
Vosotros conservad la paz cuando os juzguen, os
calumnien injustamente. Desde el silencio de vuestros labios y quietud de vuestro corazón llegad
a Mí que seré vuestra defensa; vuestro justo juez os
declarará libres, inocentes.
Nuestros Corazones Unidos y Traspasados os
motivan a caminar por las sendas de la justicia y de
la verdad, en hacer el bien, aún, a vuestros propios
enemigos, a perdonar de corazón a vuestros
agresores y a orar por todos los que os hacen mal.
Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.

II Estación: Jesús es cargado con la cruz.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

Mirad hijo mío los hombros, que un día cargaron
sobre sí a la oveja perdida, oveja que conduje al
aprisco de mi rebaño para sanarla, para alimentarla,
oveja débil que la llevé a verdes pastizales para
robustecerla, oveja sedienta de agua fresca, agua
que le di a beber en abundancia en las fuentes de mi
Divino Corazón; hombros que ahora son llagados
por la crueldad de mis verdugos, verdugos que
colocaron sobre mis delicados hombros el pesado,
tosco, leño de la cruz, cruz que rompió mi piel
produciéndome la herida más dolorosa de mi
Sagrada Pasión, cruz que hacía tambalear mi cuerpo
por su enorme peso, cruz que exaltó la furia de mis opositores, cruz que laceró el Corazón Inmaculado
de mi Madre, Madre que caminó conmigo el
doloroso trance de mi Pasión; Madre que a medida
que iba dejando los rastros de mi Sangre Preciosa la
adoraba y la recogía en el copón de oro de su
doloroso Corazón.
Hijos míos, sobrellevad las cruces con amor.
Ofrecedme vuestros sufrimientos, sufrimiento que
es dulcificado porque más allá de vuestro camino
llegaréis a la meta, más allá de vuestro camino
recibiréis el premio prometido.
Nuestros Corazones unidos y traspasados llevamos
la cruz con amor, cargadla vosotros sin reproche, sin
dilación porque a la vera de vuestro camino
recibiréis recompensa.
La cruz os pule, os perfecciona, os hace santos.
Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.

III Estación: Jesús cae por primera vez.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

Mi Cuerpo debilitado, por el peso de la cruz, cayó
en tierra, caída que abrieron más heridas en mis
rodillas, en mis codos, caída que abrió un orificio
más profundo a las llagas de mi Sagrado hombro.
Fue terrible la intensidad de mi dolor; pero, aún, así saqué fuerzas y emprendí de nuevo mi camino,
camino que os abriría esperanzas, camino que os
mostraría un nuevo cielo, camino que se llevaría
vuestras miserias y vuestros pecados porque muy
pronto daría mi vida para daros vida, muy pronto os
absolvería de vuestra culpa ante mi Padre eterno.
Caí por primera vez, pero me supe levantar porque
mi amor por vosotros me hacía abrazar la cruz con
ardor y con locura. Caí por primera vez, pero me
supe levantar con nuevo ímpetu, con nuevas
fuerzas; caída que os llama a vosotros a caminar
siempre hacia delante, a no mirar hacia atrás; caída
que os llama a levantar vuestra frente con dignidad,
porque una vez caísteis pero os levantasteis,
reconocisteis vuestro error, os esforzasteis por
superarlo. Vuestra primera caída os muestra que
sois débiles, que la fuerza sólo la halláis en Mí.
La presencia de mi Madre avivó en mi Corazón el
deseo de sufrir, de padecer. La mirada lúgubre de
sus ojos me hizo comprender de nuevo que para
esto había venido a la tierra, a ofrendarme como
Alma Víctima Divina por todos vosotros.
Nuestros Corazones unidos y traspasados derraman
gracias en vosotros para fortaleceros y preveniros de
caídas, os dan temple para que rehuyáis al pecado,
evitéis todo tipo de tentación y os conservéis en
estado de gracia. Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de laSanta Cruz.

IV Estación: Jesús encuentra a su Madre.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

Camino al calvario, me encontré con mi Madre.
Nuestros Sagrados Corazones se entrelazaron de
amor y de sufrimiento. La miré tiernamente a sus
ojos, con mi mirada le hablé a su Corazón, apliqué
bálsamo sanador a sus heridas dándole vigor, la
fortalecí de tal manera que anduvo a mi lado sin
responder a los insultos, burlas, golpes, salivazos y
oprobios que cruelmente recibía de mis adversarios.
Ella, que un día me veía en el taller de San José
armando crucecitas de madera, hoy me veía, frente a
sus ojos, abrumado y extenuado por el tremendo
peso de la cruz.
Ella, que siempre permanecía a mi lado para
cuidarme, evitando al máximo el más leve dolor a
mi Cuerpo Santísimo, hoy me veía herido y bañado
en sangre.
Sé que no alcanzáis a comprender la magnitud de su
dolor, dolor incomparable con la profundidad de un
océano o con la longitud del mundo entero, pero
estaba ahí para consolar mi agonizante Corazón.
Estaba ahí para fortalecerme en mi debilidad. Estaba ahí para enseñarme que en todo hay que hacer la
Divina Voluntad.
Estaba ahí para unir mi Corazón a su Corazón en el
amor.
Estaba ahí con su Corazón traspasado de dolor, pero
lo soportaba todo, lo aguantaba todo porque sabía
que no sería vano mis sufrimientos; conocía que la
cruz es victoria y triunfo sobre la muerte.
Nuestros Corazones unidos y traspasados os
aleccionan a morir a la voluntad humana y a nacer a
la Voluntad Divina, a confiar en Dios sin reserva, a
conservar el sosiego en vuestro espíritu, aún, en
vuestros más terribles sufrimientos, porque después
de la tormenta siempre vendrá la paz, después de las
cumbres borrascosas llegarán suaves oleajes que
darán descanso vuestro fatigado corazón.
Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.

V Estación: El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la
cruz.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

Los soldados romanos temiendo que no aguantase
hasta el monte Gólgota, eligen a un hombre, a un tal
Simón de Cirene a que me ayudase a llevar la cruz.
Mis ojos estaban cubiertos de coágulos de sangre, mi túnica estaba adherida a las llagas de mi Cuerpo,
mi sangre se derramaba a borbotones y era
desperdiciada, pisoteada y profanada.
Los soldados no actuaron movidos por compasión,
actuaron inducidos por satanás porque su furia
estaba encarnizada contra Mí, cordero indefenso
que era llevado al matadero para ser degollado en el
patíbulo de la cruz.
Simón de Cirene cargó con mi cruz no por voluntad
propia sino impuesta. Desconocía que era la cruz
del Dios vivo, la Cruz del Redentor que se ofrecía
como Víctima Divina por él y por el mundo entero.
No comprendía el gran misterio de la cruz, su
entendimiento estaba opacado frente a lo que sus
ojos veían.
Mi Cuerpo Sagrado recobró fuerzas, fuerzas porque
este hombre llevó a cuestas el Signo de la
Redención.
El gesto de Simón os llama a vosotros a no protestar
por la cruz, cruz que el cielo os envía para que os
hagáis santos. Cruz que el cielo os envía para que os
hagáis semejantes a Mí.
Mi Madre oró al Padre por el gesto de este hombre,
hombre que desconocía su papel cooperador en el
Plan Redentor.
Nuestros Corazones Unidos y Traspasados os dan
ejemplo a que no reneguéis del sufrimiento, a que lo aceptéis con resignación, a que llevéis sobre
vuestros hombros su peso, peso que será alivianado
el día en que os encontréis en la Casa de mi Padre.
Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.

VI Estación: La Santa Verónica enjuga el Rostro
de Jesús.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

La Divinidad dibujada en mi Sagrado Rostro, la
perfección esculpida por las manos de mi Padre, la
hermosura y finura de mis facciones han perdido su
belleza, la lozanía de mi piel se ha marchitado, el
brillo de mis ojos se han opacado porque el
hinchazón de mi cara, el polvo, el sudor y sangre en
grumos lo han desfigurado. Mi rostro que era antes
el encanto de las almas vírgenes, hoy son el repudio
de las almas sensuales, almas que se gozan de mi
sufrimiento, almas que les alegra mi dolor, almas
que llegarán al culmen de la condenación con mi
muerte porque mi Cuerpo lo profanaron, lo
mancillaron.
Cuando iba camino al Gólgota, ayudado y asistido
por los Santos Ángeles, una humilde y valerosa
mujer llamada Verónica, se adentró en el espesor de
la muchedumbre y llegó a Mí, con un lienzo blanco en sus manos, limpió mi rostro irreconocible por el
polvo, el sudor y la sangre.
Oh mujer heroica que habéis sabido vencer la furia
diabólica de los soldados romanos y de cada uno de
mis enemigos; como pago a vuestro gesto de amor,
imprimo en vuestro manto mi Divino Rostro y
esculpo en vuestro corazón mi Rostro agonizante
para haceros partícipes de mi Sagrada Pasión,
pasión que os moverá a la santidad, pasión que
excitará vuestro espíritu en ansias de cielo.
Mi Madre cubre a la Verónica bajo los pliegues de
su Sagrado Manto, prende fuego de amor en su
corazón, amor a Cristo Crucificado, amor por el
Mártir del Gólgota.
Nuestros Corazones Unidos y Traspasados se
entrelazan en un mismo sufrimiento porque mi
dolor es su mismo dolor, mi padecimiento es su
mismo padecimiento. Imitad, pues, el heroísmo de
la Verónica y venid a enjugar mi Rostro porque
muchas almas, aún, lo golpean, lo maltratan con su
vida de pecado.
Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.

VII Estación: Jesús cae por segunda vez.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.
 Los empujones, los latigazos, las burlas e insultos
hacen que caiga por segunda vez. Mis fuerzas
físicas se agotan, pero jamás mis fuerzas
espirituales, porque sé que muriendo en una cruz
habré dado gloria a mi Padre.
Sé que muriendo en una cruz habré dado victoria
sobre todo mal. Sé que muriendo en una cruz os
habré rescatado, os habré liberado. Sé que muriendo
en una cruz os abro las puertas del cielo.
Estos sentimientos de mi sufriente Corazón son la
fortaleza para levantarme de nEL VIA CRUCIS
Dictado por Jesús. (Septiembre 17/08 2:00 p. m.).

I Estación: Jesús es juzgado y condenado a
muerte.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

Contempladme silencioso delante del gobernador
romano, esperando pacientemente mi condena de
muerte en la cruz.
Mis enemigos están sedientos de mi Sangre, porque
me consideran culpable, culpable por considerarme
Hijo de Dios; culpable por llamarme Rey de los
Judíos; culpable por anunciar un reino, reino de paz
y de justicia; culpable porque sané enfermos, liberé
endemoniados, resucité muertos; culpable por
devolver el estado de gracia a multitud de
pecadores.
Mi Divino Corazón acogió con humildad y
serenidad la sentencia, sentencia para redimiros del
pecado, sentencia para daros nueva vida.
Mi Madre guardó en su doloroso Corazón las
palabras del veredicto, corazón sufriente porque lo
más amado sería maltratado, su Hijo, el Hijo de
Dios, pagaría alto precio por toda la humanidad.
Vosotros conservad la paz cuando os juzguen, os
calumnien injustamente. Desde el silencio de vuestros labios y quietud de vuestro corazón llegad
a Mí que seré vuestra defensa; vuestro justo juez os
declarará libres, inocentes.
Nuestros Corazones Unidos y Traspasados os
motivan a caminar por las sendas de la justicia y de
la verdad, en hacer el bien, aún, a vuestros propios
enemigos, a perdonar de corazón a vuestros
agresores y a orar por todos los que os hacen mal.
Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.

II Estación: Jesús es cargado con la cruz.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

Mirad hijo mío los hombros, que un día cargaron
sobre sí a la oveja perdida, oveja que conduje al
aprisco de mi rebaño para sanarla, para alimentarla,
oveja débil que la llevé a verdes pastizales para
robustecerla, oveja sedienta de agua fresca, agua
que le di a beber en abundancia en las fuentes de mi
Divino Corazón; hombros que ahora son llagados
por la crueldad de mis verdugos, verdugos que
colocaron sobre mis delicados hombros el pesado,
tosco, leño de la cruz, cruz que rompió mi piel
produciéndome la herida más dolorosa de mi
Sagrada Pasión, cruz que hacía tambalear mi cuerpo
por su enorme peso, cruz que exaltó la furia de mis opositores, cruz que laceró el Corazón Inmaculado
de mi Madre, Madre que caminó conmigo el
doloroso trance de mi Pasión; Madre que a medida
que iba dejando los rastros de mi Sangre Preciosa la
adoraba y la recogía en el copón de oro de su
doloroso Corazón.
Hijos míos, sobrellevad las cruces con amor.
Ofrecedme vuestros sufrimientos, sufrimiento que
es dulcificado porque más allá de vuestro camino
llegaréis a la meta, más allá de vuestro camino
recibiréis el premio prometido.
Nuestros Corazones unidos y traspasados llevamos
la cruz con amor, cargadla vosotros sin reproche, sin
dilación porque a la vera de vuestro camino
recibiréis recompensa.
La cruz os pule, os perfecciona, os hace santos.
Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.

III Estación: Jesús cae por primera vez.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

Mi Cuerpo debilitado, por el peso de la cruz, cayó
en tierra, caída que abrieron más heridas en mis
rodillas, en mis codos, caída que abrió un orificio
más profundo a las llagas de mi Sagrado hombro.
Fue terrible la intensidad de mi dolor; pero, aún, así saqué fuerzas y emprendí de nuevo mi camino,
camino que os abriría esperanzas, camino que os
mostraría un nuevo cielo, camino que se llevaría
vuestras miserias y vuestros pecados porque muy
pronto daría mi vida para daros vida, muy pronto os
absolvería de vuestra culpa ante mi Padre eterno.
Caí por primera vez, pero me supe levantar porque
mi amor por vosotros me hacía abrazar la cruz con
ardor y con locura. Caí por primera vez, pero me
supe levantar con nuevo ímpetu, con nuevas
fuerzas; caída que os llama a vosotros a caminar
siempre hacia delante, a no mirar hacia atrás; caída
que os llama a levantar vuestra frente con dignidad,
porque una vez caísteis pero os levantasteis,
reconocisteis vuestro error, os esforzasteis por
superarlo. Vuestra primera caída os muestra que
sois débiles, que la fuerza sólo la halláis en Mí.
La presencia de mi Madre avivó en mi Corazón el
deseo de sufrir, de padecer. La mirada lúgubre de
sus ojos me hizo comprender de nuevo que para
esto había venido a la tierra, a ofrendarme como
Alma Víctima Divina por todos vosotros.
Nuestros Corazones unidos y traspasados derraman
gracias en vosotros para fortaleceros y preveniros de
caídas, os dan temple para que rehuyáis al pecado,
evitéis todo tipo de tentación y os conservéis en
estado de gracia. Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de laSanta Cruz.

IV Estación: Jesús encuentra a su Madre.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

Camino al calvario, me encontré con mi Madre.
Nuestros Sagrados Corazones se entrelazaron de
amor y de sufrimiento. La miré tiernamente a sus
ojos, con mi mirada le hablé a su Corazón, apliqué
bálsamo sanador a sus heridas dándole vigor, la
fortalecí de tal manera que anduvo a mi lado sin
responder a los insultos, burlas, golpes, salivazos y
oprobios que cruelmente recibía de mis adversarios.
Ella, que un día me veía en el taller de San José
armando crucecitas de madera, hoy me veía, frente a
sus ojos, abrumado y extenuado por el tremendo
peso de la cruz.
Ella, que siempre permanecía a mi lado para
cuidarme, evitando al máximo el más leve dolor a
mi Cuerpo Santísimo, hoy me veía herido y bañado
en sangre.
Sé que no alcanzáis a comprender la magnitud de su
dolor, dolor incomparable con la profundidad de un
océano o con la longitud del mundo entero, pero
estaba ahí para consolar mi agonizante Corazón.
Estaba ahí para fortalecerme en mi debilidad. Estaba ahí para enseñarme que en todo hay que hacer la
Divina Voluntad.
Estaba ahí para unir mi Corazón a su Corazón en el
amor.
Estaba ahí con su Corazón traspasado de dolor, pero
lo soportaba todo, lo aguantaba todo porque sabía
que no sería vano mis sufrimientos; conocía que la
cruz es victoria y triunfo sobre la muerte.
Nuestros Corazones unidos y traspasados os
aleccionan a morir a la voluntad humana y a nacer a
la Voluntad Divina, a confiar en Dios sin reserva, a
conservar el sosiego en vuestro espíritu, aún, en
vuestros más terribles sufrimientos, porque después
de la tormenta siempre vendrá la paz, después de las
cumbres borrascosas llegarán suaves oleajes que
darán descanso vuestro fatigado corazón.
Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.

V Estación: El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la
cruz.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

Los soldados romanos temiendo que no aguantase
hasta el monte Gólgota, eligen a un hombre, a un tal
Simón de Cirene a que me ayudase a llevar la cruz.
Mis ojos estaban cubiertos de coágulos de sangre, mi túnica estaba adherida a las llagas de mi Cuerpo,
mi sangre se derramaba a borbotones y era
desperdiciada, pisoteada y profanada.
Los soldados no actuaron movidos por compasión,
actuaron inducidos por satanás porque su furia
estaba encarnizada contra Mí, cordero indefenso
que era llevado al matadero para ser degollado en el
patíbulo de la cruz.
Simón de Cirene cargó con mi cruz no por voluntad
propia sino impuesta. Desconocía que era la cruz
del Dios vivo, la Cruz del Redentor que se ofrecía
como Víctima Divina por él y por el mundo entero.
No comprendía el gran misterio de la cruz, su
entendimiento estaba opacado frente a lo que sus
ojos veían.
Mi Cuerpo Sagrado recobró fuerzas, fuerzas porque
este hombre llevó a cuestas el Signo de la
Redención.
El gesto de Simón os llama a vosotros a no protestar
por la cruz, cruz que el cielo os envía para que os
hagáis santos. Cruz que el cielo os envía para que os
hagáis semejantes a Mí.
Mi Madre oró al Padre por el gesto de este hombre,
hombre que desconocía su papel cooperador en el
Plan Redentor.
Nuestros Corazones Unidos y Traspasados os dan
ejemplo a que no reneguéis del sufrimiento, a que lo aceptéis con resignación, a que llevéis sobre
vuestros hombros su peso, peso que será alivianado
el día en que os encontréis en la Casa de mi Padre.
Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.

VI Estación: La Santa Verónica enjuga el Rostro
de Jesús.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

La Divinidad dibujada en mi Sagrado Rostro, la
perfección esculpida por las manos de mi Padre, la
hermosura y finura de mis facciones han perdido su
belleza, la lozanía de mi piel se ha marchitado, el
brillo de mis ojos se han opacado porque el
hinchazón de mi cara, el polvo, el sudor y sangre en
grumos lo han desfigurado. Mi rostro que era antes
el encanto de las almas vírgenes, hoy son el repudio
de las almas sensuales, almas que se gozan de mi
sufrimiento, almas que les alegra mi dolor, almas
que llegarán al culmen de la condenación con mi
muerte porque mi Cuerpo lo profanaron, lo
mancillaron.
Cuando iba camino al Gólgota, ayudado y asistido
por los Santos Ángeles, una humilde y valerosa
mujer llamada Verónica, se adentró en el espesor de
la muchedumbre y llegó a Mí, con un lienzo blanco en sus manos, limpió mi rostro irreconocible por el
polvo, el sudor y la sangre.
Oh mujer heroica que habéis sabido vencer la furia
diabólica de los soldados romanos y de cada uno de
mis enemigos; como pago a vuestro gesto de amor,
imprimo en vuestro manto mi Divino Rostro y
esculpo en vuestro corazón mi Rostro agonizante
para haceros partícipes de mi Sagrada Pasión,
pasión que os moverá a la santidad, pasión que
excitará vuestro espíritu en ansias de cielo.
Mi Madre cubre a la Verónica bajo los pliegues de
su Sagrado Manto, prende fuego de amor en su
corazón, amor a Cristo Crucificado, amor por el
Mártir del Gólgota.
Nuestros Corazones Unidos y Traspasados se
entrelazan en un mismo sufrimiento porque mi
dolor es su mismo dolor, mi padecimiento es su
mismo padecimiento. Imitad, pues, el heroísmo de
la Verónica y venid a enjugar mi Rostro porque
muchas almas, aún, lo golpean, lo maltratan con su
vida de pecado.
Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.

VII Estación: Jesús cae por segunda vez.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.
 Los empujones, los latigazos, las burlas e insultos
hacen que caiga por segunda vez. Mis fuerzas
físicas se agotan, pero jamás mis fuerzas
espirituales, porque sé que muriendo en una cruz
habré dado gloria a mi Padre.
Sé que muriendo en una cruz habré dado victoria
sobre todo mal. Sé que muriendo en una cruz os
habré rescatado, os habré liberado. Sé que muriendo
en una cruz os abro las puertas del cielo.
Estos sentimientos de mi sufriente Corazón son la
fortaleza para levantarme de nde nuevo y proseguir mi
camino, camino tumultuoso, escarpado y
apesadumbrado, pero camino que me conlleva a la
meta final, al reinado de mi Corazón en toda
creatura, camino que es el atajo a vuestra libertad.
En mi segunda caída me levanté airoso porque el
bien prevalecerá sobre el mal.
En mi segunda caída me levanté airoso porque en
los caminos de Dios no existe la derrota.
En mi segunda caída me levanté airoso porque mi
gran amor por vosotros me sedujo a abrazar la cruz,
a ponerla sobre mis hombros malheridos y marchar
camino al suplicio, suplicio que sería la bancarrota
para satanás porque no me dejé amilanar por el
sufrimiento.
Mi Madre con sus lágrimas estancaba la sangre que
depuraban mis heridas, su silencio se convertía en palabras, en voz de aliento en mi Corazón para
caminar con entereza a mi destino final.
Nuestros Corazones Unidos y Traspasados os
alientan a levantaros de vuestras caídas, os alientan
a aprender del error, a reconocer vuestras culpas y a
confesar vuestros pecados.
Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.

VIII Estación: Jesús encuentra a las hijas de
Jerusalén.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

El Nardo purísimo de celestial perfume está mal
herido, deshojado. El Hijo de Dios es reducido a la
nada. El Amo y Señor de todo cuanto existe
aparentemente ha sido desbancado, ha perdido su
trono.
Pero lo que ellos no saben es que mi Reinado
perdurará por años sin fin, que mi muerte, supuesta
derrota, es vida eterna y garantía de salvación para
todos vosotros.
El pueblo está enfurecido, todos al unísono me
insultan, me maltratan, quieren acabar de una vez
con mi vida, pero unas compasivas mujeres se unen
a mi sufrimiento y me consuelan, comparten
conmigo mis penas llorando mi dolor. Escuchad lo que a ellas les dije:
“Hijas de Jerusalén: no lloréis por Mí; llorad más
bien por vosotras y por vuestros hijos. Días vendrán
en que se dirá: bienaventuradas las vírgenes. Días
terribles en que dirán los pecadores: “Oh montes,
caed sobre nosotros; oh collados, sepultadnos”.
Pues, si al árbol verde así le tratan, el que no da
fruto ¿cómo será tratado?”
Las palabras de estas caritativas mujeres alivianaron
el dolor de mi Sagrado Corazón porque al menos no
todos estaban en mi contra; unos querían destruirme
pero otros deseaban salvarme.
Mi Madre compungida por mi espantoso
sufrimiento, encontró valor en estas mujeres, elevó
plegarias al cielo y se embriagó de coraje para
compartir místicamente mi mismo calvario, mi
misma muerte.
Nuestros Corazones Unidos y Traspasados os
convocan a la piedad, a compartir el sufrimiento de
vuestros hermanos y a asociaros en su dolor.
Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.

IX Estación: Jesús cae por tercera vez.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

Mi Cuerpo desollado, mis carnes desgarradas y mis huesos descoyuntados fueron cómplices para mi
tercera caída, caída que causó heridas sobre las
mismas heridas. Sólo el gran amor que os tengo y la
sed insaciable de almas fortalecieron mi espíritu
hasta querer consumir mis padecimientos en el
patíbulo de la cruz.
Con mi tercera caída recobré ánimo para batallar
pacíficamente contra mis contendores.
Con mi tercera caída recobré ánimos en seguir
sufriendo, porque por amor todo se aguanta, se
soporta.
Con mi tercera caída recobré ánimos para aniquilar
y destruir el mal, ya que la cruz es triunfo para el
cielo y derrota para el infierno.
Con mi tercera caída recobré ánimos porque muy
cerca estaba mi victoria, muy cerca rondaba mi
muerte, muerte que sería de gran beneplácito para
mi Padre, porque, aún, en el sufrimiento obré de
acuerdo a su Divino Querer.
Con mi tercera caída recobré ánimos porque mi
Espíritu estaba deseoso de llegar al cielo, ávido en
prepararos una morada en mi Reino.
Mi Madre me levantó con sus ruegos al Padre, ella
fue mi báculo, mi soporte desde el día de mi
nacimiento hasta mi muerte. Ella alentó mi caminar
porque a medida que proseguía su aroma celestial,
calaba en la profundidad de mi Corazón y me reconfortaba.
Nuestros Sagrados Corazones unidos y traspasados
se mantuvieron adheridos en la alegría y en el dolor,
en el consuelo y en la desesperanza.
Hijitos míos, tomad nota de esta lección de amor y
continuad vuestra marcha. No os desesperéis en
vuestras caídas, trabajad con entereza vuestras
debilidades para que seáis perfectos y santos como
lo es Nuestro Padre.
Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.

X Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

Habiendo llegado a la cima del calvario, hombres
sin corazón me despojaron de mis vestiduras,
arrancando pedazos de carne y de piel, abriendo
paso de nuevo a mis heridas, heridas que son fuente
de salvación, heridas que son océano inagotable de
misericordia, heridas que son ventanas al Paraíso,
heridas que son tesoros del cielo poco apreciado por
los hombres.
Mirad como a la pureza infinita y al Santo de los
santos lo desnudan para ser el punto blanco de
burlas.
Mirad como a la pureza infinita y al Santo de los santos lo desnudan para ser foco de morbosidad de
los corazones mezquinos.
Mirad como a la pureza infinita y al Santo de los
santos lo desnudan para acrecentar, aún, más mis
sufrimientos.
Mirad como a la pureza infinita y al Santo de los
santos lo desnudan para ser espectáculo por mis
atroces heridas.
Hijitos míos, cómo es posible que al Rey del más
alto linaje, al Rey vestido con trajes de lino fino y
resplandeciente lo vituperen, lo menosprecien
quitándole su única pertenencia: una humilde túnica
ensangrentada y medio-rota por sus caídas, túnica
que es repartida entre sí echándola a suerte.
Mi Madre al ver mi desnudez cubrió mi cuerpo con
su virginal mirada, espiritualmente me arropó con la
mantilla que daba calor a mi cuerpo en mi
adolescencia.
Ella oró al Padre y reparó por estos vejámenes,
suplicó perdón y misericordia por estas pobres
almas incitadas por la furia atroz de satanás.
Nuestros Corazones unidos y traspasados os cubren
de amor la desnudez de vuestro corazón, arropa
vuestro espíritu con el manto de nuestra ternura y os
mueve al recato, al pudor y a la santidad en vuestro
cuerpo, cuerpo que ha de ser morada digna para el
Espíritu Santo. Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de laSanta Cruz.

XI Estación: Jesús es clavado en la cruz.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

Estoy en el momento de ofrendar mi vida para
redimiros, redimiros de vuestras miserias, de
vuestros pecados.
Estoy en el momento de poneros sello de salvación,
salvación que os doy con mi sacrificio, con mi
propiciación.
Ved como me acuestan en el burdo madero de la
cruz, estiran tan fuertemente mis brazos y mis
piernas que descoyuntan mis huesos.
Mis manos son bruscamente machacadas y
perforadas por los clavos, manos que un día
bendijeron a los niños que se acercaron a Mí, manos
que curaron dolencias físicas y espirituales, manos
que se extendieron al cielo pidiendo perdón y
misericordia por los pecadores, manos que
multiplicaron cinco panes y dos peces para calmar
el hambre de mis seguidores, manos que acabaron
con la mercadería del templo, manos que
escribieron en el suelo mientras una mujer pecadora
era juzgada severamente; y hoy son perforadas en la
cruz. Mis pies sufren heridas indecibles por la furia de
cada martillazo, pies que anduvieron en búsqueda
de la oveja perdida, pies que nunca se cansaron en
anunciar un Nuevo Reino; pies que recorrerían
comarcas, veredas y pueblos circunvecinos
buscando a quien predicar, buscando a quien
evangelizar; pies que corrían al encuentro de mi
Madre, Madre que me daba hospitalidad, calidez.
Pies que iban detrás del pecador para perdonarlo,
para liberarlo de sus esclavitudes. Pies que fueron
besados y ungidos con un costoso perfume, perfume
que dio santidad a aquella mujer pecadora, perfume
que se llevó la podredumbre de su corazón para
darle olor de santidad. Pies que se adentraron en el
huerto de los olivos a orar como preparación a mi
cruento sufrimiento. Pies que hoy son triturados,
demolidos porque ya casi consumiré mi sufrimiento
en un éxtasis de amor.
Mi Madre también fue taladrada por el dolor, dolor
de sentirse impotente y no poder hacer nada para
menguar mi sufrimiento.
Nuestros Corazones unidos y traspasados os piden
que crucifiquéis vuestra vida de perdición y os unáis
a nuestro sufrimiento para que expiéis vuestros
pecados aferrados a la cruz, cruz que os absolverá
restituyéndoos vuestro estado de Gracia.
Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.
XII Estación: Jesús expira en el árbol de la cruz.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

Mi Divino Corazón naufraga en el dolor, dolor
porque mi Sangre preciosa cae sobre las piedras;
dolor porque tengo una sed devoradora y me niegan
una gota de agua, Yo, que soy el manantial de agua
viva y ríos de agua pura; dolor al ver cómo estas
almas se gozan en mis terribles sufrimientos, dolor
porque me reconocerán como al Hijo de Dios
cuando de mi Corazón salga el último suspiro,
suspiro que hará temblar la tierra y oscurecerse el
cielo, dolor porque estas almas han desperdiciado la
fuente de misericordia y de salvación.
Heme aquí con mis ojos eclipsados, ojos que ya casi
no pueden ver porque los cubren densos coágulos de
sangre.
Cercanos a Mí estaban mi Madre y mi fiel discípulo
Juan. Escuchad bien mis últimas palabras que dije a
Mi Madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo; y mirando a
mi discípulo amado: ahí tienes a tu madre. Desde
aquel momento mi Madre os tomó a todos como a
vuestros hijos. Ahora acogedla a ella como a vuestra
Madre, madre que suplica, ruega e intercede ante el
cielo en vuestras necesidades. Madre que os cobija a
todos en los pliegues de su Sagrado Manto. Madre que no os dejará solos, estará con vosotros hasta el
último día de vuestra vida. Madre que llora cuando
os alejáis de mi camino. Madre que os arrulla en sus
brazos como a niños recién nacidos. Madre que os
enseña que sólo estando al pie de la cruz se llega al
cielo. Madre que al pie de mi cruz me escuchó
decir:
Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu.
Nuestros Corazones unidos y traspasados os llaman
a no rehuir al gran misterio de la cruz, a
sobrellevarla con amor, a no renegar de vuestro
sufrimiento, a aceptarlo porque antes de entrar al
cielo debéis ser acrisolados y purificados como oro
y plata.
Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.

XIII Estación: Jesús es puesto en los brazos de
María.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

Qué escena más dolorosa y desgarradora: mi Madre
sosteniendo en sus brazos mi Cuerpo inerte, Cuerpo
masacrado por las heridas, Cuerpo desfigurado
porque todo es una llaga viva, Cuerpo que después
se quedaría hasta la consumación de los siglos en la
Hostia Consagrada. Mi Madre con sus lágrimas lava y corre la sangre
adherida en todo mi Cuerpo, contempla mis ojos
cerrados, ojos que antes penetraban el corazón de
los hombres, ojos que se admiraban y extasiaban de
la obra magna de la creación, ojos que la miraban
con indecible amor porque era mi Madre.
Contempla mis labios lívidos, labios que un día la
llamó mamá, labios que desprendían saetas de amor
con sus palabras, labios que eran espada de doble
filo que herían a los corazones soberbios, labios que
no abolieron la ley: la perfeccionó, labios que
hablaron de una vida mucho mejor que ésta.
Me abraza y me estrecha entre sus brazos como
cuando era niño, me acaricia con dulzura porque
sabe que el misterio de la redención cobra vigencia,
sana mis heridas con sus besos, remienda mi
Corazón roto con sus abrazos.
Mi Madre también os acompañará hasta el momento
que exhaléis vuestro último suspiro, mi Madre
secará vuestras últimas lágrimas en el trance de
vuestra muerte. Amadla con el mismo amor con que
la amé Yo.
Nuestros Corazones unidos y traspasados os
mueven a un continuo prepararos para la muerte,
muerte que no ha de ser vuestro fin, muerte que es
un inicio a una verdadera vida.
Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.
XIV Estación: Jesús es colocado en el sepulcro.
Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.

Mi cuerpo es depositado en el sepulcro. Aquí
descansará mi Cuerpo Santísimo perfumado con
aromas y envuelto en una sábana blanca, sábana que
posteriormente será la señal fidedigna de mi
resurrección. Sábana que será la prueba para futuras
generaciones de que en verdad sí existí, que estuve
allí por tres días para luego resucitar.
Sábana que será lienzo de vida para los corazones
sencillos. Sábana que se convertiría en tema de
estudio para los científicos, sabios y eruditos.
Sepultad aquí vuestro pecado, vuestras usuras y
avaricias. Sepultad aquí vuestro sensualismo,
vuestras ligerezas y liviandades. Sepultad aquí
vuestro pasado, pasado que ha sido borrado del libro
de vuestra vida, pasado que ha sido perdonado,
pasado que ya ha cancelado su deuda, deuda que
pagué en vuestro nombre con mi sufrimiento, con
mi inmolación en la cruz.
Mi Madre se fue con mis discípulos a casa
dejándome allí, pero llevándome en su Corazón,
corazón que vibraba de amor cada vez que pensaba
en Mí, Corazón que siempre estuvo unido al mío,
aún, después de mi muerte. Nuestros Corazones unidos y traspasados son la
prueba de nuestro gran amor, de nuestro pacto de
alianza en el plan de la redención, de nuestra eterna
presencia en la Eucaristía. Aquí en el velo
Sacramental podréis verme, sentirme y escucharme.
No estoy muerto. He resucitado, aún vivo.
Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de
su Santísima Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.
AVEMARÍA DOLOROSA

Dios te salve, María, llena eres de dolores; Jesús crucificado está contigo; digna eres de llorada y compadecida entre todas las mujeres, y digno es de ser llorado y compadecido Jesús, fruto bendito de tu vientre.
Santa María, Madre del Crucificado, da lágrimas a nosotros crucificadores de tu Hijo, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.


COMUNIÓN ESPIRITUAL
(Qué se hará después de una parte del Rosario,
o sea después de las 50 avemarías).
JESÚS mío, que estás real y verdaderamente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. No pudiéndote recibir bajo las especies sacramentales, Te suplico con un corazón lleno de amor y deseos hacia Ti, que vengas a mi alma por medio del Corazón Inmaculado de María, Tu Madre, y que té quedes con nosotros para siempre:-

Tu conmigo
Yo contigo
En esta vida
Y en la venidera
Por medio de María.
Oración


Dulce Madre, Virgen María, Te ofrezco esta comunión espiritual como la cinta que enlaza las flores espirituales depositadas a tus plantas.

¡Oh Madre mía! Mira compasiva estas ofrendas y con Tu intercesión, consígueme esta gracia… (pídase la gracia que se desea.) Avemaría.

Acción de Gracias

Dulce Madre, Virgen María. Te ofrezco esta comunión espiritual como la cinta que enlaza las flores espirituales depositadas a tus plantas en acción de gracias (menciónese la gracia pedida) que Tú, llena de amor has conseguido para mí. Avemaría.

Oración Final

O Dios, que por medio de la vida, muerte y resurrección de Tu Unigénito Hijo nos distes la vida eterna te suplicamos nos concedas, Señor, que nosotros los que meditamos los Misterios del Santo Rosario de la Benditísima Virgen podamos imitar cuantos dichos Misterios contienen y prometen obtener. Por Jesucristo, Nuestro Señor, Amén.

Que la asistencia divina quede siempre en nosotros.
Que descansen en paz las almas de los que ya murieron, por las misericordias de Dios. Amén.
Oh Santísima Virgen María. Unida a la de tu Divino Hijo, danos la bendición para este día (o noche).
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


Misterios Dolorosos

PRIMER MISTERIO

LA ORACION EN EL HUERTO

Entró en agonía más intensamente; sudaba como gotas de sangre que corrían por el suelo. Se levantó de la oración, fue a sus discípulos y los encontró dormidos por la tristeza. (S.Lucas 22,44-45)

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías y Un Gloria Patris.

EL FRUTO DEL MISTERIO:DOLOR POR EL PECADO

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SEGUNDO MISTERIO

LA FLAGELACION

Entonces Pilato tomó a Jesús y lo azotó. (San Juan 19,1)


Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria Patris.

EL FRUTO DEL MISTERIO: LA PUREZA

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TERCER MISTERIO

LA CORONACION DE ESPINAS

Lo desnudaron, lo vistieron con una túnica de púrpura, trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza, y una caña en su mano derecha; y arrodillándose delante, se burlaban de El, diciendo: "¡Salve, Rey de los Judios!" (S.Mateo27,28-29)

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria Patris.

EL FRUTO DEL MISTERIO: EL VALOR

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CUARTO MISTERIO

JESUS CON LA CRUZ A CUESTAS

...cargando El la Cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, en hebreo Golgothá...(San Juan 19,17)

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria Patris.

EL FRUTO DEL MISTERIO: LA PACIENCIA


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QUINTO MISTERIO

LA CRUCIFIXION

Y Jesús, con fuerte voz dijo: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". Y al decir esto expiró. (S.Lucas 23,46)

Un Padre Nuestro, Diez Ave Marías, Un Gloria Patris.

EL FRUTO DEL MISTERIO: LA PERSEVERANCIA

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Acto de contrición

Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero,
Creador, Padre, Redentor mío,
por ser vos quien sois, bondad infinita
y por que os amo sobre todas las cosas,
me pesa de todo corazón haberos ofendido,
también me pesa porque podéis castigarme con
las penas del infierno.
Animado con tu divina gracia,
propongo firmemente
nunca mas pecar, confesarme
y cumplir la penitencia que me fuera impuesta,
para el perdón de mis pecados. Amen

TopActo de fe

Dios mío, porque eres verdad infalible,
creo firmemente todo aquello que has revelado
y la Santa Iglesia nos propone para creer.

Creo expresamente en ti, único Dios verdadero
en tres Personas iguales y distintas, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Y creo en Jesucristo, Hijo de Dios, que se encarnó
y murió por nosotros, el cual nos dará a cada uno,
según los méritos, el premio o el castigo eterno.

Conforme a esta fe quiero vivir siempre.
Señor, acrecienta mi fe.

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Acto de esperanza

Dios mío, espero de tu bondad,
por tus promesas y por los méritos de Jesucristo,
nuestro Salvador, la vida eterna y la gracia necesaria
para merecerla con las buenas obras que debo y quiero hacer.
Señor, que pueda gozarte para siempre.

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Acto de caridad

Dios mío, te amo con todo el corazón sobre todas las cosas,
porque eres infinitamente bueno y nuestra eterna felicidad:
por amor a ti amo a mi prójimo como a mí mismo,
y perdono las ofensas recibidas.
Señor, haz que yo te ame cada vez más.

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Letanías del Sagrado Corazón de Jesús

- Señor, ten piedad de nosotros.
- Cristo, ten piedad de nosotros.
- Señor, ten piedad de nosotros.
- Cristo, óyenos. (bis)
- Cristo, escúchanos. (bis)
- Dios, Padre Celestial, Ten piedad de nosotros
- Dios Hijo, Redentor del mundo, Ten piedad de nosotros
- Dios, Espíritu Santo, Ten piedad ...
- Santísima Trinidad, que eres un solo Dios, ...
- Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Padre, ...
- Corazón de Jesús, formado en el seno de la Virgen Madre por el Espíritu Santo, ...
- Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios, ...
- Corazón de Jesús, de infinita majestad,...
- Corazón de Jesús, templo santo de Dios, ...
- Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo, ...
- Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo, ...
- Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ...
- Corazón de Jesús, santuario de la justicia y del amor, ...
- Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ...
- Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, ...
- Corazón de Jesús, digno de toda alabanza, ...
- Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, ...
- Corazón de Jesús, en quien se hallan todos los tesoros de la sabiduría, y de la ciencia,...
- Corazón de Jesús, en quien reside toda la plenitud de la divinidad, ...
- Corazón de Jesús, en quien el Padre se complace,...
- Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido,...
- Corazón de Jesús, deseado de los eternos collados, ...
- Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia, ...
- Corazón de Jesús, generoso para todos los que te invocan, ...
- Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad, ...
- Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ...
- Corazón de Jesús, colmado de oprobios, ...
- Corazón de Jesús, triturado por nuestros pecados, ...
- Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, ...
- Corazón de Jesús, traspasado por una lanza,...
- Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo,...
- Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra, ...
- Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ...
- Corazón de Jesús, víctima por los pecadores, ...
- Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan, ...
- Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, ...
- Corazón de Jesús, delicia de todos los santos, ...
- Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Perdónanos Señor.
- Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Óyenos Señor.
- Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Ten piedad de nosotros.
- Jesús, manso y humilde de Corazón, Haz nuestro corazón semejante al tuyo.

Oración
Oh Dios todopoderoso y eterno, mira el Corazón de tu amantísimo Hijo, las alabanzas y satisfacciones que en nombre de los pecadores te ofrece y concede el perdón a éstos que piden misericordia en el nombre de tu mismo Hijo, Jesucristo, el cual vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

Top
Invocaciónes

Amor del Corazón de Jesús, Abrasad mi corazón.
Hermosura del Corazón de Jesús, Cautivad mi corazón.
Bondad del Corazón de Jesús, Atraed mi corazón.
Caridad del Corazón de Jesús, Derramaos en mi corazón.
Clemencia del Corazón de Jesús, Consolad mi corazón.
Dominio del Corazón de Jesús, Sujetad mi corazón.
Dulzura del Corazón de Jesús, Penetrad mi corazón.
Equidad del Corazón de Jesús, Reglad mi corazón.
Eternidad del Corazón de Jesús, Llenad mi corazón.
Fidelidad del Corazón de Jesús, Proteged mi corazón.
Fuerza del Corazón de Jesús, Sostened mi corazón.
Gloria del Corazón de Jesús, Ocupad mi corazón.
Grandeza del Corazón de Jesús, Confundid mi corazón.
Humildad del Corazón de Jesús, Anonadad mi corazón.
Inmutabilidad del Corazón de Jesús, Fijad mi corazón.
Justicia del Corazón de Jesús, No abandonéis mi corazón.
Liberalidad del Corazón de Jesús, Enriqueced mi corazón.
Luz del Corazón de Jesús, Iluminad mi corazón.
Misericordia del Corazón de Jesús, Perdonad mi corazón.
Obediencia del Corazón de Jesús, Someted mi corazón.
Paciencia del Corazón de Jesús, No os canséis de mi corazón.
Presencia del Corazón de Jesús, Aficionad mi corazón.
Providencia del Corazón de Jesús, Velad sobre mi corazón.
Reino del Corazón de Jesús, Estableceos en mi corazón.
Sabiduría del Corazón de Jesús, Conducid mi corazón.
Santidad del Corazón de Jesús, Purificad mi corazón.
Silencio del Corazón de Jesús, Hablad a mi corazón.
Ciencia del Corazón de Jesús, Enseñad a mi corazón.
Poder del Corazón de Jesús, Asegurad mi corazón.
Voluntad del Corazón de Jesús, Disponed de mi corazón.
Celo del Corazón de Jesús, Devorad mi corazón.