lunes, 23 de marzo de 2015

Oración a San José durante nueve dias, para hacer un pedido.

Oración a San José
Oh San José, cuya protección es tan grande, tan poderosa y eficaz ante el trono de Dios, en vuestras manos entrego todos mis intereses y mis deseos.
Oh San José, asistidme con vuestra poderosa intercesión. Obtened para mí, de vuestro Divino Hijo, Nuestro Señor, todas las bendiciones espirituales que necesito. A fin de que, habiendo conseguido, aquí en la tierra, la ayuda de vuestro poder celestial, pueda ofrecer mi gratitud y homenaje, al Padre más Amoroso.
Oh San José, nunca me cansaré de contemplaros con el Niño Jesús dormido en vuestros brazos. No me atrevo a acercarme mientras que el Niño reposa sobre vuestro corazón. Abrazadle fuertemente en mi nombre; y de parte mía, besad su fina y delicada Cabecita. Luego, suplicadle que me devuelva ese beso a la hora de mi último suspiro. San José, patrón de los moribundos, rogad por nosotros. Amén.
Rezarla por nueve mañanas consecutivas por lo que usted desea(no olvidar rezar también por los que no rezan). Jamás o raramente ha fallado.
Esta oración fue descubierta el año quincuagésimo de Nuestro Señor Jesucristo.
Los que leyesen esta oración serán premiados. Igualmente se premiará a los que la escuchasen al ser leída o si la llevasen en su persona. A todas estas almas se les promete que no morirán repentinamente; ni se ahogarán; ni serán afectados por el veneno. No caerán en manos de sus enemigos; ni serán consumidos en ningún incendio; ni aun derrotados en la batalla.
Haced esfuerzos para que se conozca esta oración, y propagadla en todas partes.
Imprimatur
Rvdsmo. Jorge W Ahr
Obispo de Trenton

Recemos la Coronilla de San José
(Usar un Rosario normal)

Credo
(Rezamos el Credo)

Primer Misterio


María Santísima suplica al Altísimo que santifique a San José aumentando sus dones de Gracia, para que Él sintonice con sus castísimos pensamientos y deseos.

Ave María
(Recitamos el AveMaría)


Ave San José
(Repetir 10 veces)

Dios te Salve San José,   
Elegido de la Gracia,
El Señor está Contigo,
Bendito Sois Vos entre los hombres,
y Bendito es Vuestro Amantísimo Corazón,
amparo y corredentor con Jesús y María.
San José, Padre del Hijo de DIOS
 y Nuestro Padre,
auxílianos a nosotros pecadores
ahora y en nuestra última hora. Amén.

Al terminar las 10 Aves San José:

¡Amantísimo corazón de San José,
 rogad por nosotros!
¡Jesús, María y José, yo os amo! Salvad Almas!
¡San José apoyo de las familias,
rogad por nosotros!
¡Sagrada Familia, rogad por nosotros!
Gloria.
"Toda la Gloria por siempre Al Poder, A la Sabiduría, 
y al Amor infinito de Dios por medio del inmaculado corazón de María Madre Nuestra", Corazón inmaculado de María Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte Amén.

Segundo Misterio

San José alcanzo un grado admirable de caridad por Dios y por María Santísima que excedió a todas las criaturas que existieron y existirán; convirtiéndose así, en el hombre que más amó al Señor y a Su Madre, y también el más amado por Ellos.
1 Ave María, 10 Ave San José,  Gloria.

Tercer Misterio

Por su amor ardiente por Jesús y María, San José mereció poseerlos como ningún otro ser lo consiguió, volviéndose digno de que todas las generaciones y pueblos lo conozcan y bendigan; pues con ningún otro hizo tales cosas el Señor, ni manifestó tanto su amor.
1 Ave María, 10 Ave San José, y Gloria.

Cuarto Misterio

San José fue favorecido toda su vida, con visiones y revelaciones divinas sobre los Misterios de Cristo Nuestro Señor y de Su Madre Santísima, viviendo en Santa compañía de ambos como verdadero esposo de la Reina y padre del mismo Señor.
1 Ave María, 10 Ave San José,  Gloria.

Quinto Misterio

El Altísimo dispone que María Santísima, deba tomar estado de matrimonio, lo que causó perplejidad en la Virgen Sacrosanta, que deseaba servir al Dios en castidad perpetua; pero siendo la Maestra de las virtudes, hace acto de obediencia al Señor, creyendo y esperando en Él, con amor.
1 Ave María, 10 Ave San José,  Gloria.

En las tres últimas cuentas 
del Rosario se reza:

V: ¡Amantísimo Corazón de San José
R: ¡Ruega por nosotros! (TRES VECES).


Letanía de los ángeles guardianes

Señor, ten misericordia de nosotros.
Cristo, ten misericordia de nosotros.
Señor, ten misericordia de nosotros.
Cristo óyenos.
Cristo escúchanos.
Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.
Santa María, ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros.
Reina de los Ángeles, ruega por nosotros.
San Miguel, ruega por nosotros.
San Gabriel, ruega por nosotros.
San Rafael, ruega por nosotros.
Todos los Santos Ángeles y Arcángeles, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles que contemplan sin cesar el rostro del Padre celestial, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, que nunca se apartan de nosotros, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, que están dedicados a nosotros por una celestial amistad.
Santos Ángeles Guardianes, nuestros fieles admonitores, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, nuestros sabios consejeros, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles, nuestros poderosos defensores frente a los ataques del maligno enemigo, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, nuestro sostén en las tentaciones.
Santos Ángeles Guardianes, que nos ayudan en nuestros tropiezos y caídas, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, que nos confortan en nuestras penas y sufrimientos, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, que toman nuestras oraciones y las conducen delante del Trono de Dios, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles, que nos inspiran y alientan a progresar en el bien, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, que a despecho de nuestras faltas, nunca nos abandonan, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, que se regocijan de nuestro progreso y adelanto en la perfección, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, que nos miran  y oran  por  nosotros sin cesar mientras descansamos, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, que no nos abandonan en nuestra agonía y muerte, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, que consuelan las Almas en el Purgatorio, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, que conducen a los justos hacia el cielo, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, con quienes esperamos un día alabar y contemplar eternamente a Dios, rueguen por nosotros.
Nobles Príncipes del Cielo, rueguen por nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: ten misericordia de nosotros, Señor.
Cristo: óyenos.
Cristo: escúchanos.
Señor ten misericordia de nosotros.
Señor ten misericordia de nosotros.

(Padrenuestro)

Bendecid al Señor todos su Ángeles; vosotros los poderosos, que  sois los ejecutores de sus órdenes.

Dios mandó a sus Ángeles que cuiden de ti; los cuales te guardarán en todos tus pasos.





Letanía de los ángeles guardianes

Señor, ten misericordia de nosotros.
Cristo, ten misericordia de nosotros.
Señor, ten misericordia de nosotros.
Cristo óyenos.
Cristo escúchanos.
Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.
Santa María, ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros.
Reina de los Ángeles, ruega por nosotros.
San Miguel, ruega por nosotros.
San Gabriel, ruega por nosotros.
San Rafael, ruega por nosotros.
Todos los Santos Ángeles y Arcángeles, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles que contemplan sin cesar el rostro del Padre celestial, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, que nunca se apartan de nosotros, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, que están dedicados a nosotros por una celestial amistad.
Santos Ángeles Guardianes, nuestros fieles admonitores, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, nuestros sabios consejeros, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles, nuestros poderosos defensores frente a los ataques del maligno enemigo, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, nuestro sostén en las tentaciones.
Santos Ángeles Guardianes, que nos ayudan en nuestros tropiezos y caídas, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, que nos confortan en nuestras penas y sufrimientos, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, que toman nuestras oraciones y las conducen delante del Trono de Dios, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles, que nos inspiran y alientan a progresar en el bien, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, que a despecho de nuestras faltas, nunca nos abandonan, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, que se regocijan de nuestro progreso y adelanto en la perfección, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, que nos miran  y oran  por  nosotros sin cesar mientras descansamos, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, que no nos abandonan en nuestra agonía y muerte, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, que consuelan las Almas en el Purgatorio, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, que conducen a los justos hacia el cielo, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Guardianes, con quienes esperamos un día alabar y contemplar eternamente a Dios, rueguen por nosotros.
Nobles Príncipes del Cielo, rueguen por nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: ten misericordia de nosotros, Señor.
Cristo: óyenos.
Cristo: escúchanos.
Señor ten misericordia de nosotros.
Señor ten misericordia de nosotros.
(Padrenuestro)
Bendecid al Señor todos su Ángeles; vosotros los poderosos, que  sois los ejecutores de sus órdenes.
Dios mandó a sus Ángeles que cuiden de ti; los cuales te guardarán en todos tus pasos.



La Corona de los Santos Ángeles.



1 Padre Nuestro
1 Ave María
1 Gloria

“Oh Santísimos Coros de los Ángeles del Señor, postrado a vuestros pies, vengo a recurrir a Vosotros por medio de esta Corona Angélica, suplicando que vengáis sin demora en socorro de mi alma tan necesitada, para enseñarme la verdadera devoción a los Sacratísimos Corazones de Jesús, María y José. Para que mi alma se una a Ellos para siempre por el amor perfecto. Llevadme Oh Santos Ángeles, amigos míos y amores míos, al Amantísimo Corazón de San José, para que Él me conduzca y me encierre en los Corazones de Jesús y María y en el Seno del Eterno Padre Que son todo mi amor por toda la eternidad. Amén.”


Primer Saludo



Yo os saludo Oh Coro Celeste de los Serafines y a vos San Labariel (*) os solicito que me abracéis de un amor perfecto por el Señor, por la Madre de Dios y por San José, para que los Ame con todas mis fuerzas, de todo mi corazón y tenga por Ellos el amor verdadero, desinteresado, fiel, leal, constante, perseverante, humilde, tierno, puro y santo. Amén.

Cuenta grande (1 vez):Oh Santos Serafines por vuestro ardentísimo amor a Dios, llevadme hasta los Sagrados Corazones de Jesús, María y José y enseñadme la verdadera devoción a Ellos. Amén.

Cuentas pequeñas (10 veces):Santos Serafines, llevadme al Amantísimo Corazón de San José, y por medio de él y en él a los Corazones de Jesús y María Santísima.





Segundo Saludo

Yo os saludo Oh Coro Celeste de los Querubines y a vos San Mariel os  solicito que me concedáis una absoluta y total obediencia a los Mensajes de los Sagrados Corazones de Jesús, María y José en las Apariciones de Jacareí, aunque todo y todos estén contra mío; para que divulgue Sus Mensajes, Los consuele, luche y trabaje por Ellos con coraje, perseverancia y dedicación todos los días de mi vida. Amén.

Cuenta grande (1 vez):Oh Santos Querubines por vuestro ardentísimo amor a Dios, llevadme hasta los Sagrados Corazones de Jesús, María y José y enseñadme la verdadera devoción a Ellos. Amén.

Cuentas pequeñas (10 veces):Santos Querubines, llevadme al Amantísimo Corazón de San José, y por medio de él y en él a los Corazones de Jesús y María Santísima.



Tercer Saludo

Yo os saludo Oh Coro Celeste de los Tronos y a vos San Seniel os solicito que me concedáis una gran fortaleza en las tentaciones del demonio, una profunda confianza en los Sagrados Corazones Unidos y un amor total a la oración, sobre todo del Santo Rosario y de las oraciones que los Sagrados Corazones nos dieron en las Apariciones de Jacareí. Amén.

Cuenta grande (1 vez):Oh Santos Tronos por vuestro ardentísimo amor a Dios, llevadme hasta los Sagrados Corazones de Jesús, María y José y enseñadme la verdadera devoción a Ellos. Amén.

Cuentas pequeñas (10 veces):Santos Tronos, llevadme al Amantísimo Corazón de San José, y por medio de él y en él a los Corazones de Jesús y María Santísima.



Cuarto Saludo

Yo os saludo Oh Coro Celeste de las Dominaciones y a vos San Paniel os solicito la gracia de dominar mis pasiones, apegos terrenos y mis sentidos para que muera para mi mismo a todo momento y sea dócil, obediente, listo y leal en el cumplimiento de la voluntad de los Sagrados Corazones y no desee otro amor en mi vida que no sea el de Ellos. Amén.

Cuenta grande (1 vez):
Oh Santas Dominaciones por vuestro ardentísimo amor a Dios, llevadme hasta los Sagrados Corazones de Jesús, María y José y enseñadme la verdadera devoción a Ellos. Amén.

Cuentas pequeñas (10 veces):Santas Dominaciones, llevadme al Amantísimo Corazón de San José, y por medio de él y en él a los Corazones de Jesús y María Santísima.



Quinto Saludo

Yo os saludo Oh Coro Celeste de las Potestades 
y a vos San Iriel os  solicito la gracia del amor sincero por los Sagrados Corazones y el santo deseo de la santidad, que consiste en saber amar a los Sagrados Corazones con perfección para que crezca cada día vez más en sabiduría, amor y gracia delante de Ellos, y así mi vida, se vuelva un himno de amor perfecto a Ellos. Amén.

Cuenta grande (1 vez):Oh Santas Potestades por vuestro ardentísimo amor a Dios, llevadme hasta los Sagrados Corazones de Jesús, María y José y enseñadme la verdadera devoción a Ellos. Amén.

Cuentas pequeñas (10 veces):Santas Potestades, llevadme al Amantísimo Corazón de San José, y por medio de él y en él a los Corazones de Jesús y María Santísima.



Sexto Saludo

Yo os saludo Oh Coro Celeste de las Virtudes 
y a vos San Janiel os solicito la gracia de desprenderme de las criaturas, de los bienes y de todo que perturba mi alma, para que yo mortifique mi voluntad y cumpla perfectamente más y más la voluntad de los Sagrados Corazones que me es revelada en sus Apariciones y Mensajes y así me vuelva digno de Ellos y de Su Santa amistad. Amén.

Cuenta grande (1 vez):
Oh Santas Virtudes por vuestro ardentísimo amor a Dios, llevadme hasta los Sagrados Corazones de Jesús, María y José y enseñadme la verdadera devoción a Ellos. Amén.

Cuentas pequeñas (10 veces):Santas Virtudes, llevadme al Amantísimo Corazón de San José, y por medio de él y en él a los Corazones de Jesús y María Santísima.

 

Séptimo Saludo

Yo os saludo Oh Coro Celeste de los Principados  
y a vos San Baranel os solicito la gracia de preservarme a mi y a todas las almas, especialmente las almas que más peligro tienen de condenarse y las almas moribundas, del pecado contra el Espíritu Santo que no tiene perdón ni en esta ni en la otra vida y que consiste en negar, perseguir, atacar, quedarse alejado de las Apariciones y no obedecer los Mensajes de los Sagrados Corazones y así, yo obedezco los Mensajes de Ellos en las Apariciones de Jacareí con Santo amor y tremor. Amén.
Cuenta grande (1 vez):
Oh Santos Principados por vuestro ardentísimo amor a Dios, llevadme hasta los Sagrados Corazones de Jesús, María y José y enseñadme la verdadera devoción a Ellos. Amén.

Cuentas pequeñas (10 veces):Santos Principados, llevadme al Amantísimo Corazón de San José, y por medio de él y en él a los Corazones de Jesús y María Santísima.



Octavo Saludo

Yo os saludo Oh Coro Celeste de los Arcángeles  
y a vos San Uniel os solicito la gracia de romper con todo lo que me aparta de las Apariciones y Mensajes de los Sagrados Corazones en Jacareí, que desprecie todo y a todos que se oponen a Ellos y Sus Mensajes, para que así los sirva y obedezca los Mensajes de Ellos con total libertad, dedicación y fervor, para que triunfe Sus Corazones y sea derrumbado el imperio infernal en el mundo entero. Amén.

Cuenta grande (1 vez):
Oh Santos Arcángeles por vuestro ardentísimo amor a Dios, llevadme hasta los Sagrados Corazones de Jesús, María y José y enseñadme la verdadera devoción a Ellos. Amén.

Cuentas pequeñas (10 veces):Santos Arcángeles, llevadme al Amantísimo Corazón de San José, y por medio de él y en él a los Corazones de Jesús y María Santísima.



Noveno Saludo

Yo os saludo Oh Coro Celeste de los Ángeles 
y a vos San Ariel os solicito la gracia de perseverar en la obediencia a los Mensajes de los Sagrados Corazones en las Apariciones de Jacareí, la perseverancia en la oración y en buenas obras, la victoria sobre las tentaciones y el demonio y la salvación eterna de mi alma, para que pueda agradeceros y alabaros en el Cielo para siempre. Amén.

Cuenta grande (1 vez):
Oh Santos Ángeles por vuestro ardentísimo amor a Dios, llevadme hasta los Sagrados Corazones de Jesús, María y José y enseñadme la verdadera devoción a Ellos. Amén.

Cuentas pequeñas (10 veces):Santos Ángeles, llevadme al Amantísimo Corazón de San José, y por medio de él y en él a los Corazones de Jesús y María Santísima.



Oración final de la Corona

“Augusta Reina de los Cielos y Señora de los Ángeles, que recibiste de Dios el poder y la misión de aplastar la cabeza de Satanás, nosotros te pedimos humildemente, que enviéis las Legiones Celestes, para que a Vuestras ordenes persigan a los demonios, los combatan por todas partes, repriman su audacia y los precipiten en el abismo. Quien como Dios Santos Ángeles y Arcángeles, protegednos y defendednos, Oh buena y Eterna Madre, Vos seréis siempre nuestro amor y nuestra esperanza, o Divina Madre enviad a los Santos Ángeles para que nos defienda y repela lejos de nosotros el cruel enemigo, así sea, Amén.”

 

LETANÍAS  COMBATIVAS A LAS SANTAS LEGIONES  ANGÉLICAS AL SERVICIO DE MARÍA, LA REINA  VICTORIOSA DEL  MUNDO.


señor, ten piedad de nosotros.señor, ten piedad de nosotros.cristo, ten piedad de nosotros.cristo, ten piedad de nosotros.señor, ten piedad de nosotros.señor, ten piedad de nosotros.cristo, óyenos.cristo, escúchanos.

dios el padre de los cielos, ten piedad de nosotros.dios hijo, redentor del mundo, ten piedad de nosotros.dios el espíritu santo, ten piedad de nosotros.santa trinidad, un solo dios, ten piedad de nosotros.santa maría reina victoriosa del mundo, vencedora de satanás



R/ Vengan en nuestro Auxilio, para acelerar el triunfo del Inmaculado Corazón de María


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian la Santísima Trinidad. R/ se contesta igualmente


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian la Creación.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian la Santa Iglesia Católica.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian los Sagrarios en toda la Iglesia.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian el misterio de la Sagrada Pasión de Cristo.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian el misterio de los dolores de la Virgen Dolorosa.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian la Maternidad de María.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian el Nacimiento de la Inmaculada Concepción.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian los Dogmas de la Inmaculada Concepción.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian la Omnipotencia de Dios  Padre.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian la Omnipotencia de Dios Hijo.


Santas Legiones angélicas que  sirven y custodian la Omnipotencia de Dios Espíritu Santo.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian a San Josè, el Patrono de la Iglesia Universal.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian el misterio del Divino Rostro de Cristo.


Santas Legiones angélicas que  sirven y custodian el Vicario de Cristo, el sucesor de San Pedro.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian a las diócesis , prelaturas personales , vicariatos y prioratos.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian las almas victimas que se ofrecen por  la conversión de las almas


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian todos los países del mundo.Santas Legiones angélicas que sirven y custodian todos los departamentos, ciudades, pueblos provincias, comarcas, veredas, etc.Santas Legiones angélicas que sirven y custodian a los campos, a los campesinos y a la agricultura.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian a la Niñez.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian a  la Juventud.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian a los adultos, y ancianos.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian a las familias y el sacramento del matrimonio.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian a los estudiantes.


Santas Legiones angélicas que  sirven y custodian a los enfermos en las clínicas, hospitales y casas.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian el orden sacerdotal en los tres grados: el diaconado, el sacerdocio y el orden de los obispos


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian la Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian el misterio del Corazón Inmaculado de María, donde reside en forma misteriosa la acción del Espíritu Santo.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian los conventos, los seminarios y las casas de formación.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian los profesionales en las Ciencias humanas.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian el trabajo.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian a los pobres, desamparados y drogadictos.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian a los que sufren adiciones de drogas, del sexo y del dinero y del internet, etc


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian los nueve coros angélicos: serafines, querubines, tronos, dominaciones, virtudes o autoridades  celestiales, poderes o potestades, principados, arcángeles y ángeles.


Santos  legiones angélicas que sirven y custodian el mundo material.


Santos Legiones angélicas que sirven y custodian el mundo espiritual.


Santos Legiones angélicas que sirven para reprimir el Reino de las Tinieblas.


Santas Legiones angélicas que sirven para reprimir la Apostasía  en la Iglesia Católica.


Santas Legiones angélicas que sirven para reprimir el reino del anticristo y sus seguidores.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian los sacerdotes exorcistas que combaten contra  el reino de las tinieblas.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian y ayudan a las almas santas del purgatorio.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian a los directores espirituales y sus dirigidos


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian  el mundo cósmico.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian el aire, el agua, el fuego y la tierra.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian el mundo animal, vegetal y mineral.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian el trono del Cordero de Dios.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian a San Miguel, San Rafael y San Gabriel y los demás arcángeles que sirven al Trono de Dios.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian a América, Europa, África, Asia, Oceanía y demás Islas en el mundo.


Santas Legiones angélicas que custodian los consejos evangélicos: de  Pobreza, Obediencia y castidad.


Santas Legiones angélicas que  sirven y custodian las Conferencias episcopales de toda la Iglesia Católica.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian al Papa Benedicto XVI y el Papa Francisco.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian la Iglesia Ortodoxa.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian los cardenales que le son fieles al Papa.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian a Israel, el pueblo de las profecías..


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian a Rusia,  el pueblo del triunfo del Inmaculado Corazón de María.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian a los que ofenden los diez mandamientos y los cinco mandamientos de la Santa Iglesia Católica.


Santas Legiones angélicas que sirven y reparan las profanaciones al Santísimo Sacramento y los sagrados corazones de Jesús y María.


Santas Legiones angélicas que reprimen la acción de satanás en el mundo y en  la Iglesia Católica.


Santas Legiones que sirven y custodian a todos los hombres que deseen que se establezca, el   triunfo del Corazón Inmaculado de María.


Santas Legiones angélicas que están al servicio de los medios de comunicación y reprimen las acciones diabólicas  a través de estos medios como el cine, la radio, la televisión, el  internet, etc.


Santas Legiones angélicas que reprimen la acción diabólica en los hombres que dictan leyes anticristianas que van contra el matrimonio, la vida y la santa sexualidad.


Santas Legiones angélicas que sirven y custodian a la humanidad para que no se fomente la violencia, el terrorismo, el comunismo, las armas de destrucción masiva  y la tercera guerra mundial


Santas Legiones angélicas defiéndenos de la Santa Ira y justicia de Dios en los días de la gran cosecha del buen trigo y de la separación de la cizaña mala de este mundo.


Santas Legiones angélicas que sirven y desean aceleradamente el triunfo de Dios en el mundo a través del misterio del Corazón Inmaculado de María.



Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo:Perdónanos, Señor.


Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo:Escúchanos, Señor.


Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo:Ten piedad de nosotros.


V. Ruega por nosotros, Madre santísima de Dios,R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.


En este tiempo se levantara San Miguel, el Gran Príncipe y Guardián de tú Pueblo la Iglesia, Una, Santa Católica y Apostólica, Esposa del Cordero de Dios e hija predilecta de Nuestra Madre, la Reina Victoriosa del mundo para establecer el Reino Eucarístico del Corazón de Cristo. (Decir tres veces)  

ORACIÓN

Padre Omnipotente , en el umbral de estos tiempos de calamidad , dirigid hacia nosotros tus hijos , las Santas legiones de ángeles de Dios Uno y Trino , que están al servicio de la Inmaculada , de Nuestra Madre, la  Reina Victoriosa del mundo ,para que  reprimen la soberbia de tu enemigo ,satanás que se levanta actualmente contra la Iglesia  Católica, cuerpo místico de Cristo y enviad a San Miguel Arcángel y  a su Santo ejercito de Dios que combate junto a nosotros, desde el cielo, la tierra y el purgatorio, para que derrote por segunda vez, el enemigo de Dios  que será derrotado por el pie de la Inmaculada Concepción, nuestra Madre, la Reina Victoriosa del mundo y así todos los hombres vivan y alaben a Dios en el Reino Eucarístico de Corazón de Jesús en el mundo.  Amen

domingo, 22 de marzo de 2015

LA HORA DEL GETSEMANÍ

Portada

(Dictada a María Valtorta)
6 de julio de 1944
Dice Jesús:
“¿Ves, alma mía, como tenía mucha razón al decir: “El conocimiento de mi tormento del Getsemaní no sería entendido y se convertiría en escándalo?”
La gente no admite al Demonio. Quienes lo admiten no admiten que el Demonio haya podido vejar el alma de Cristo hasta el punto de hacerle sudar sangre. Pero tú, que has tenido una migaja de esta tentación, lo puedes comprender.

Hablemos, pues, juntos.
Me has preguntado: “¿Cuántas agonías del Getsemaní me das?”
¡Oh! ¡muchas! No por el gusto de atormentarte. Tan sólo por bondad de Maestro y de Esposo. No podría verter de una vez sobre ti, pequeña esposa, todo el cúmulo de desolaciones que me abatió aquella noche y que nadie intuyó, que nadie comprendió salvo mi Madre y mi Ángel. Morirías enloquecida. Por eso te doy una migaja ahora y otra mañana, en modo tal de hacerte saborear todo mi alimento y obtener, de tu sufrimiento, el máximo amor de compasión por tu doliente Esposo y de redención por tus hermanos.

Por eso te doy tantas horas de Getsemaní. Únelas y, como el artesano uniendo las teselas poco a poco ve formarse el cuadro completo, tú, reuniendo en tu pensamiento el recuerdo de estas horas, verás la verdadera Agonía de tu Señor.

Mira como te amo. La primera vez sólo te he dado la visión de mi desasosiego físico, y tú, sólo por verme con el rostro descompuesto, ir y venir, alzar los brazos, retorcerme las manos, llorar y abatirme, has tenido tanta pena que por poco no te me mueres.

Te he presentado esa tortura visible en varias ocasiones hasta que la has conocido y la has podido soportar. Después, poco a poco, te he desvelado mis tristezas. Mis tristezas. De hombre. Todas las pasiones del hombre se han levantado como serpientes encolerizadas silbando sus derechos de existir, y Yo las he tenido que sofocar una a una para subir libremente a mi Calvario.
No todas las pasiones son malas. Ya te lo he explicado. Yo doy a este nombre sentido filosófico, no el que vosotros le dais confundiendo el sentido con el sentimiento. Y las pasiones buenas tu Jesús–Hombre las tenía como todos los hombres justos. Pero también las pasiones buenas pueden convertirse en enemigas en determinados momentos, cuando con su voz forman una cadena, cadena de durísimo, fortísimo, anudadísimo acero, para impedirnos cumplir la voluntad de Dios.
Amar la vida, don de Dios, es un deber, tanto es así que quien se mata es tan culpable y aún más que quien mata, porque quien mata falta a la caridad con el prójimo pero puede tener la atenuante de una provocación que lo ha enloquecido, mientras que quien se mata falta contra sí mismo y contra Dios que le ha dado la vida para que la viva hasta su llamada. Matarse es arrancarse de encima el don de Dios y arrojarlo, con alaridos de maldición, contra el Rostro de Dios. Quien se mata desespera de tener un Padre, un Amigo, un Bueno. Quien se mata niega todo dogma de fe y toda aserción de fe. Quien se mata niega a Dios. Por tanto la vida tiene que importarnos.
Pero cómo: ¿amarla? ¿esclavizándonos a ella? No. La vida es una buena amiga. Amiga de la otra, de la Vida verdadera. Ésta es la gran Vida. Aquella, la pequeña vida. Pero como una esclava sirve y provee el alimento para su señora, así la pequeña vida sirve y nutre a la gran Vida, que alcanza la edad perfecta mediante los cuidados que la pequeña vida le proporciona.
Y es precisamente esta pequeña vida la que os proporciona el vestido adornado para poneros cuando seáis las señoras del Reino de Vida. Es precisamente esta pequeña vida la que os fortalece con el pan amargo, empapado en vinagre, de las cosas de cada día, y os hace adultos y perfectos para poseer la Vida que no acaba. Por esto hay que llamar “amada” a esta triste existencia de exilio y de dolor. Es el banco en el que maduran los frutos de las riquezas eternas.
¿Es medianamente buena? Alabad al Señor. ¿Está rociada de penas? Decid “gracias” al Señor. ¿Es excesivamente triste? No digáis nunca: “Es demasiado”. No digáis nunca: “Dios es malo”.
Lo he dicho mil veces: “El mal –¿y las tristezas qué son sino el fruto del mal?– el mal no viene de Dios. Es el hombre, el malvado el que hace sufrir”.
Lo he dicho mil veces: “Dios sabe hasta donde podéis sufrir y si ve que es demasiado lo que el prójimo os proporciona, interviene no sólo aumentando vuestra capacidad de soportar, sino con consuelos celestiales, y cuando es el momento destruyendo a los malvados, porque no es lícito torturar desmedidamente al prójimo mejor”.
La vida es amada por las honestas satisfacciones que proporciona. Dios no las desaprueba. Él ha puesto el trabajo como castigo, pero también como distracción para el hombre culpable. ¡Ay de vosotros si hubierais tenido que vivir en el ocio! Desde hace siglos la Tierra sería un enorme manicomio de gente furiosa y se despedazarían unos a otros. Ya lo hacéis, porque todavía estáis demasiado ociosos. El honesto cansancio tranquiliza y da alegría y sereno reposo.
La vida es aún más querida por los afectos santos con los que se adorna. Dios no los condena. ¿Cómo podría Dios, que es Amor, condenar un amor honesto? ¡Oh la alegría de ser hijos y la alegría de ser padres! ¡Oh la alegría de encontrar una compañera que engendra hijos con el propio nombre e hijos para Dios! ¡Oh la alegría de tener una dulce hermana, un buen hermano y amigos sinceros! No, estas dulzuras honestas Dios no las condena.
Ha sido Él quien ha puesto el amor, y no sobre la Tierra, como el trabajo, para castigo y distracción del culpable, sino en el Paraíso terrestre como base de la gran alegría de ser hijos de Dios. “No es bueno que el hombre esté solo” ha dicho. Rey de lo creado, el hombre habría estado en un desierto sin una compañera. Buenos todos los animales con su rey, pero inferiores, siempre demasiado inferiores al hijo de Dios. Bueno, infinitamente bueno Dios con su hijo, pero siempre demasiado superior a él. El hombre habría padecido la soledad de estar igualmente lejos del divino y del animal. Y Dios le dio la compañera.
Y no sólo eso, sino que del casto amor con ella le habría concedido hijos bien amados para que el hombre y la mujer pudieran decir la palabra más dulce después del Nombre de Dios: “¡Hijo mío!”, y los hijos pudieran decir la palabra más santa después del Nombre de Dios: “¡Madre!”.
¡Madre! Quien dice “madre” ya está orando.
Decir “madre” quiere decir dar gracias a Dios por su Providencia, que da una madre a los hijos del hombre y hasta a los pequeños hijos de las fieras y de los animales domésticos y de los pájaros voladores y de los mudos peces, para que el hombre no conociera el terror de crecer solo y no cayera por falta de apoyo cuando aún era demasiado débil para conocer el Bien y el Mal. Decir “madre” quiere decir bendecir a Dios que nos hace conocer lo que es el amor a través del beso de una madre y de las palabras de sus labios. Decir “madre” quiere decir conocer a Dios que nos da un reflejo de su principal atributo, la Bondad, mediante la indulgencia de una madre. Y conocer a Dios quiere decir esperar, creer y amar. Quiere decir salvarse.
Tener un hermano ¿no es como tener, para una planta, la planta gemela que sostiene en las horas de borrasca, trenzando las ramas, y que en las horas de alegría aumenta su floración con el polen de su amor?
Por esto he querido que los cristianos se llamasen “hermanos” unos a otros, porque es justo, dado que venís todos de un Dios y de una sangre de hombre, y porque es santo, porque es un consuelo para los que no tienen hermanos de carne el poder decir al vecino: “Hermano, yo te amo. Ámame”.
Tener un amigo sincero ¿no es como tener un compañero en el camino? Caminar solos es demasiado triste. Cuando Dios elige para la soledad de víctima a un alma, Él se hace su compañero, porque solos no se puede estar sin capitular.
La vida es un camino abrupto, pedregoso, interrumpido frecuentemente por quebradas y corrientes vertiginosas. Víboras y espinas desgarran y muerden en los escollos del terreno. Estar solos significaría perecer. Por esto Dios ha creado la amistad. Entre dos crece la fuerza y el valor. También un héroe tiene instantes de debilidad. Si está solo ¿dónde se apoya? ¿en las zarzas? ¿Dónde se agarra? ¿a las víboras? ¿Dónde se recuesta? ¿en el torrente vertiginoso o en el barranco oscuro? Por todas partes encontraría una nueva herida y un nuevo peligro. Pero he aquí al amigo. Su pecho es apoyo, su brazo soporte, su afecto descanso. Y el héroe recobra fuerza. El caminante vuelve a caminar seguro.
Para valorar la amistad Yo he querido llamar “amigos” a mis apóstoles, y he apreciado tanto este afecto que en la hora del dolor he pedido a los tres más queridos que estuviesen conmigo en el Getsemaní. Les he rogado que velaran y oraran conmigo, por Mí... y al verles incapaces de hacerlo he sufrido tanto que me he debilitado aún más siendo, por ello, más susceptible a las seducciones satánicas. Una palabra, si hubiera podido intercambiar al menos una palabra con amigos solícitos y comprensivos de mi estado, no habría llegado a desangrarme, antes de la tortura, en la lucha por repeler a Satanás.
Pero vida y afectos no deben volverse enemigos. Nunca. Si tales llegan a ser hay que romperlos.
Los he roto, uno a uno.
Ya había roto la agitación humana de desprecio hacia el Traidor. Y un nervio de mi Corazón se había lacerado en el esfuerzo.
Ahora surgía el miedo de perder la vida. ¡La vida! Tenía treinta y tres años. Era hombre en aquel momento. Era el Hombre. Tenía por ello el amor virgen a la vida como lo había tenido Adán en el Paraíso terrestre. La alegría de estar vivo, de estar sano, de ser fuerte, bello, inteligente, amado, respetado. La alegría de ver y de oír, de poder expresarme. La alegría de respirar el aire puro y perfumado, de oír el arpa del viento entre los olivos y del río entre las piedras, y la flauta de un ruiseñor enamorado; de ver resplandecer las estrellas en el cielo como ojos de fuego que me miraban con amor; de ver platearse la tierra por la luna tan blanca y resplandeciente que cada noche vuelve virgen el mundo, y parece imposible que bajo su ola de cándida paz pueda actuar el Delito.
Y todo eso tenía que perderlo. No volver a ver, no volver a oír, no moverme más, no volver a estar sano, no volver a ser respetado. Hacerme el aborto purulento que se esquiva con el pie volviendo la cabeza con repugnancia, el aborto expulsado de la sociedad que me condenaba para quedar libre de darse a sus vergonzosos amores.
¡Los amigos!... Uno me había traicionado. Y mientras que Yo esperaba la muerte él se apresuraba a traérmela. Creía que iba a alegrarse con mi muerte... Los otros dormían. Y aún así les amaba. Habría podido despertarles, huir con ellos, a otro sitio, lejos y salvar vida y amistad. Y en cambio tenía que callar y quedarme. Quedarme quería decir perder los amigos y la vida. Ser un repudiado, eso es lo que quería decir.
¡La Madre! ¡Oh amor de Madre! ¡Invocado amor inclinado sobre mi dolor! ¡Amor que he rehusado para no hacerte morir con mi dolor! ¡Amor de mi Madre!
Sí, lo sé. Te llegaba cada sollozo, ¡oh Santa! Cada vez que te llamaba cada una de mis invocaciones atravesaba el espacio y penetraba como espíritu en el aposento en que tú, como siempre, pasabas tu noche orando, y en aquella noche, orando no con éxtasis sino con tormento en el alma. Lo sé, y me prohibía a mí mismo llamarte, para no hacerte llegar el lamento de tu Hijo, ¡oh Madre mártir que iniciabas tu Pasión, solitaria como Yo solitario, en la noche del Jueves pascual!
El hijo que muere entre los brazos de su madre no muere: se adormece acunado por una nana de besos que continúan los ángeles hasta el momento en que la visión de Dios quita de la memoria del hijo el deseo de su madre. Pero Yo tenía que morir entre los brazos de los verdugos y en un patíbulo, y cerrar los ojos y los oídos al griterío de maldiciones y gestos de amenazas.
¡Cómo te amé, Madre, en aquella hora del Getsemaní!
Todo el amor que te había dado y que me habías dado durante treinta y tres años de vida estaban ante Mí y sostenían su causa y me imploraban que tuviera piedad de ellos, recordándome cada uno de tus besos, cada uno de tus cuidados, las gotitas de leche que me habías dado, mis piececitos fríos de niño pobre en el hueco tibio de tus manos, las canciones de tu boca, la ligereza de tus dedos entre mis abundantes rizos, y tus sonrisas, y tu mirada y tus palabras, y tus silencios, y tu paso de paloma que posa sus rosados pies  en el suelo pero tiene ya las alas entreabiertas, preparadas para el vuelo, y ni siquiera hace que se plieguen los tallos, de tan ligero que es su caminar, porque Tú estabas en la Tierra para mi alegría, ¡oh Madre! pero siempre tenías las alas trémulas de Cielo, ¡oh santa, santa, santa y enamorada!
Todas las lágrimas que ya te había costado y todas las que ahora fluían de tus ojos, y las que manarían en los tres días sucesivos, las oía caer como lluvia de lamento. ¡Oh las lágrimas de mi Madre!
Pero ¿quién puede ver llorar, oír llorar a su madre y no tener presente, mientras le dure la vida, el tormento de aquel llanto? He tenido que anular, sofocar el amor humano por ti, Madre, y pisotear tu amor y mi amor para caminar por la vía de la Voluntad de Dios.
Y estaba solo. ¡Solo! ¡Solo! La Tierra y el Cielo no tenían ya habitantes para Mí. Era el Hombre cargado de los pecados del mundo. Por ello odiado por Dios. Tenía que pagar para redimirme y volver a ser amado. Era el Hombre cargado de la Bondad del Cielo y por eso odiado por los hombres a los que la Bondad repugna. Tenía que ser matado como castigo por ser bueno.
Y también vosotras, las honestas alegrías del trabajo cumplido para dar el pan de cada día, incluso a Mí mismo antes, para después dar el pan espiritual a los hombres, os habéis puesto delante de Mí para decirme: “¿Por qué nos dejas?”.
¡Nostalgia de la tranquila casa santificada por tantas oraciones de los justos, hecha Templo por haber acogido los esponsales de Dios, hecha Cielo por haber hospedado entre sus paredes a la trinidad encerrada en el alma del Cristo Dios!
¡Nostalgia de las multitudes humildes y francas a las que daba luz y gracia y de las que recibía amor! ¡Voces de niños que me llamaban con una sonrisa, voces de madre que me llamaban con un sollozo, voces de enfermos que me llamaban con un gemido, voces de pecadores que me llamaban con temblor! Todas las oía y me decían:
“¿Por qué nos abandonas? ¿Ya no quieres acariciarnos? ¿Quién podrá acariciar como Tú nuestros rizos rubios o morenos?”.
“¿Ya no quieres devolvernos las criaturas difuntas, curarnos las moribundas? ¿Quién como Tú podrá tener piedad de las madres, Hijo santo?”.
“¿Ya no quieres sanarnos? Si Tú desapareces ¿quién nos curará?”.
“¿Ya no quieres redimirnos? Sólo Tú eres la Redención. Cada palabra tuya es fuerza que rompe una cuerda de pecado en nuestro oscuro corazón. Estamos más enfermos que los leprosos, porque para ellos la enfermedad cesa con la muerte, para nosotros se acrecienta. ¿Y Tú te vas? ¿Quién nos comprenderá? ¿Quién será justo y piadoso? ¿Quién nos realzará? ¡Quédate, Señor!”.
“¡Quédate! ¡quédate! ¡quédate!” gritaba la multitud buena.
“¡Hijo!” gritaba mi Madre.
“¡Sálvate!” gritaba la vida.
He tenido que quebrar estas gargantas que gritaban, sofocarlas para impedirles gritar, para tener la fuerza de destrozarme el corazón arrancando uno a uno sus nervios para cumplir la voluntad de Dios.
Y estaba solo. O sea: estaba con Satanás.
La primera parte de la oración había sido dolorosa, pero todavía podía sentir la mirada de Dios y esperar en el amor de los amigos.
La segunda fue más dolorosa aún porque Dios se retiraba y los amigos dormían. El silbo de Satanás y la voz de la vida ratificaban: “Te sacrificas para nada. Los hombres no te amarán por tu sacrificio. Los hombres no entienden”.
La tercera... La tercera fue la locura, fue la desesperación, fue la agonía, fue la muerte. La muerte de mi alma. No resucitó solamente mi cuerpo. También mi alma ha tenido que resucitar. Porque conoció la Muerte.
Que no os parezca herejía. ¿Qué es la muerte del espíritu? La separación eterna de Dios. Pues bien: yo estaba separado de Dios. Mi espíritu había muerto. Es la verdadera hora de eternidad que concedo a mis predilectos. La que tú, pequeña esposa, te has preguntado cómo fuese desde que te han dicho que llevas una trayectoria similar a la de Verónica Giuliani, quien al final de su existencia conoció este desgarro, el mayor de todos los desgarros sobrehumanos.
Nosotros conocemos la muerte del espíritu, sin haberla merecido, para comprender el horror de la condenación, que es el tormento de los pecadores impenitentes. La conocemos para poder salvarles, lo sé. El corazón se rompe. Lo sé. La razón vacila. Lo sé todo, alma amada. Lo he pasado antes que tú. Es el horror infernal, estamos a la merced del Demonio porque estamos separados de Dios.
¿Tú crees que Marta, que venció al dragón, tembló más que nosotros? No. Nuestro sufrimiento es mayor. La fiera vencida por Marta era una fiera espantosa pero era una fiera de la Tierra. Nosotros vencemos a la Fiera–Lucifer. ¡Oh, no hay parangón! Y la Fiera–Lucifer viene cada vez más cerca cuando todo, en el Cielo y en la Tierra, se aleja de nosotros.
Ya había sido tentado en el desierto. Una leve tentación porque entonces tenía tan solo la debilidad del alimento material. Ahora estaba hambriento de alimento espiritual y hambriento de alimento moral, y no había pan para mi espíritu ni pan para mi corazón. Ya no había Dios para mi espíritu. No había afectos para mi corazón.
Y he aquí entonces, sutil como un cuchillo de viento, penetrante como aguijón de avispa, irritante como veneno de culebra, la voz de Lucifer. Una flauta que suena en sordina, tan tenue, tan tenue que no suscita nuestra vigilante atención. Penetra con la seducción de su mágica armonía, nos hace dormitar, parece un consuelo, tiene el aspecto de consuelo sobrenatural.
¡Oh Engañador eterno, qué sutil eres! El yo sólo pide ayuda. Y parece que aquel sonido le ayude. Palabras de compasión y de comprensión, dulces como caricias sobre una frente febril, calmantes como ungüento sobre una quemadura, que aturden como el vino generoso dado a quien está en ayunas. El alma cansada se adormece.
Si no estuviera tan vigilante con su subconsciente, que vela tan sólo en aquellos que se nutren de la constante unión al Amor, acabaría cayendo en un letargo que la dejaría totalmente en las manos de Satanás, en un sueño hipnótico durante el cual Lucifer le haría cometer cualquier acción. Pero el alma que se ha nutrido constantemente del Amor no pierde la integridad de su subconsciente ni siquiera en la hora en que los hombres y Dios parece que se unan para enloquecerla. Y el subconsciente despierta al alma. Le grita: “Actúa. Álzate. Satanás está detrás de ti”.
La tremenda lucha da comienzo. El veneno ya está en nosotros. Por eso es necesario luchar contra sus efectos y contra las oleadas aceleradas, cada vez más vehementes y aceleradas, del nuevo veneno de la palabra satánica que se derrama sobre nosotros.
El estruendo crece. Ya no hay sonido de flauta en sordina, ya no quedan caricias ni ungüentos. Es clangor de instrumentos a todo volumen, es un golpe, una puñalada, una llama que ahoga y arde. Y en la llama he aquí que la vida pasa ante tu mirada espiritual. Ya había pasado antes con su aspecto resignado de algo sacrificado. Ahora vuelve con vestido de reina prepotente y dice: “¡Adórame! ¡Soy yo quien reina! Éstos son mis dones. Los dones que te he dado y aún te daré otros más hermosos si me eres fiel”.
Y en el sonido de los instrumentos vuelven las voces de las cosas y de las personas. Ya no imploran. Mandan, imprecan, insultan, maldicen, porque los abandonamos. Todo vuelve para atormentarnos. Todo. Y el alma turbada lucha cada vez más débilmente.
Cuando vacila como un guerrero desangrado y busca en el Cielo o en la Tierra un apoyo para no sucumbir, entonces Lucifer le deja su hombro. Tan sólo está él... Se pide auxilio... Tan sólo responde él... Se busca una mirada de piedad... Tan sólo se encuentra la suya...
¡Ay de aquel que crea en su sinceridad! Con la poca energía que sobrevive hay que apartarse de aquel apoyo, volver a entrar en la soledad, cerrar los ojos y contemplar el horror de nuestro destino antes que su falso aspecto, alzar las manos que tiemblan y apretarlas contra los oídos para obstaculizar la voz que engaña.
Toda arma cae al hacer así. Ya no se es más que una pobre cosa moribunda y sola. No se logra ya ni tan siquiera orar con la palabra porque el acre del aliento de Satanás nos obstruye la faringe. Tan sólo el subconsciente ora. Ora. Ora. Agita sus alas en la agonía como el convulso batir de una mariposa traspasada, y con cada batido de alas dice: “Creo, espero, amo. A pesar de todo creo, a pesar de todo espero, te amo a pesar de todo”.
No dice: “Dios”. Ya no osa pronunciar su Nombre. Se siente demasiado inmundo por la cercanía de Satanás. Pero ese nombre lo trazan las lágrimas de sangre del corazón sobre las alas angélicas del espíritu, que vosotros llamáis subconsciente mientras que en realidad es el superconsciente y en cada batido de alas ese Nombre resplandece como un rubí tocado por el sol, y Dios lo ve, y las lágrimas de piedad de Dios circundan con perlas el rubí de vuestra sangre que gotea en un llanto heroico.
¡Oh almas que subís hasta Dios con ese Nombre así escrito con rubíes y perlas!... ¡Flores de mi Paraíso!
Satanás me decía, porque la voz entraba aunque Yo me reparara de ella:
“Mira. Aún no has muerto y ya te han abandonado. Mira. Has ayudado y eres odiado. Lo ves. Ni siquiera el mismo Dios te socorre. Si Dios no te ama, y eres su Hijo, ¿cómo puedes esperar que los hombres te agradezcan tu sacrificio?
¿Sabes lo que se merecen? La Venganza, no el Amor como Tú crees. Véngate, ¡oh Cristo!, de todos estos necios, de todos estos crueles. Véngate. Atácales con un milagro que les fulmine. Muéstrate como eres: Dios. El Dios terrible del Sinaí. El Dios terrible que me ha fulminado y que arrojó a Adán fuera del Paraíso.
Hasta ahora has dicho tan sólo palabras de bondad. Tus escasos reproches siempre eran demasiado dulces para estas bestias que tienen la piel más espesa que el cuero del hipopótamo. Tu mirada curaba tus palabras. Sólo sabes amar. Odia. Y reinarás. El odio tiene curvadas las espaldas bajo su azote y pasa triunfante sobre estas filas serviles. Las aplasta. Y están felices de serlo. No son más que sádicos, y la tortura es la única caricia que aprecian y que recuerdan.
¿Ya es tarde? No, no es demasiado tarde. ¿Qué ya vienen los hombres armados? No importa. Sé que te preparas para ser manso. Te equivocas. Una vez te enseñé a triunfar en la vida. No has querido escucharme y ahora ves que estás vencido. Ahora escúchame. Ahora que te enseño a triunfar sobre la muerte.
Sé Rey y Dios. ¿No tienes armas? ¿Ni milicias? ¿Ni riquezas? Ya te dije una vez que un resto de amor, el poco que me puede haber quedado del tesoro de amor que era mi vida angélica, hay en mí por Ti que eres bueno. Te amo, mi Señor, y te quiero servir.
Eres el Redentor de los hombres. ¿Por qué no quieres serlo de tu ángel caído? Era tu predilecto porque era el más luminoso y Tú eres la Luz. Ahora soy la Tiniebla. Pero las lágrimas de mi tormento son tan numerosas que han colmado el Infierno de fuego líquido. Deja que yo me redima. Solamente un poco. Que de demonio me convierta en hombre. El hombre sigue siendo tan inferior a los ángeles. Pero ¡cuán superior es a mí, demonio!
Haz que me convierta en hombre. Dame una vida de hombre, tribulada, torturada, todo lo angustiada que quieras. Siempre será un paraíso respecto de mi tormento demoníaco y podré vivirla en modo tal de merecer el expiar por milenios y al fin poder llegar de nuevo a la Luz: a Ti.
Deja que yo te sirva a cambio de esto que te pido. No hay arma que venza las mías, ni ejército más numeroso que el mío. Las riquezas de las que dispongo no tienen medida, porque te haré rey del mundo si aceptas mi ayuda, y todos los ricos serán tus esclavos. Mira: tus ángeles, los ángeles de tu Padre están ausentes. Pero los míos están preparados para vestirse con aspecto angélico para hacerte corona y dejar pasmada a la plebe ignorante y malvada.
¿No sabes decir palabras de mando? Yo te las sugeriré, estoy aquí para esto. Brama y amenaza. Escúchame. Di palabras de mentira. Pero triunfa. Di palabras de maldición. Di que te las sugiere el Padre.
¿Quieres que simule la voz del Eterno? Lo haré. Lo puedo hacer todo. Soy el rey del mundo y del Infierno. Tú eres sólo el Rey del Cielo. Por eso yo soy más grande que Tu. Pero todo lo pongo a tus pies si Tú lo quieres.
¿La Voluntad de tu Padre? ¿Pero cómo puedes pensar que Él quiera la muerte de su Hijo? ¿Piensas que pueda forjarse ilusiones sobre su utilidad? Tú ofendes a la Inteligencia de Dios.
Ya has redimido a los que pueden redimirse con tu santa Palabra. No hace falta más. Cree que quien no cambia por la Palabra no cambia por tu Sacrificio. Cree que el Padre te ha querido probar. Pero le basta tu obediencia. No quiere más.
¡Le servirás mucho más viviendo! Puedes recorrer el mundo. Evangelizar. Curar. Elevar. ¡Oh feliz destino! ¡La Tierra habitada por Dios! Esta es la verdadera redención. Rehacer de la Tierra el Paraíso terrestre en el que el hombre vuelve a vivir en santa amistad con Dios y oiga su voz y vea su semblante. Un destino aún más feliz que el de los Primeros. Porque te verían a Ti: verdadero Dios, verdadero Hombre.
¡La Muerte! ¡Tu Muerte! ¡El tormento de tu Madre! ¡La mofa del mundo! ¿Por qué? ¿Quieres ser fiel a Dios? ¿Por qué? ¿Él te es fiel? No. ¿Dónde están sus ángeles? ¿Dónde su sonrisa? ¿Qué es lo que tienes ahora por alma? Un andrajo desgarrado, debilitado, abandonado.
Decídete. Dime: ‘Sí’.
¿Oyes? Los sicarios salen del Templo. Decídete. Líbrate. Sé digno de tu Naturaleza.
Eres un sacrílego porque permites que manos asquerosas de sangre y libídine te toquen: Santo de los santos. Eres el primer sacrílego del mundo. Dejas la Palabra de Dios en las manos de los puercos, en la boca de los puercos.
Decídete. Sabes que te espera la muerte. Yo te ofrezco la vida, la alegría. Te devuelvo a tu Madre.
¡Pobre Madre! ¡Tan sólo te tiene a Ti! Mírala como agoniza... y Tú te preparas para hacerla agonizar aún más. ¿Pero qué hijo eres? ¿Qué respeto tienes a la Ley? Tú no respetas a Dios. No respetas a la que te ha generado. Tu Madre... Tu Madre... Tu Madre...”.
He respondido... María, he respondido reuniendo las fuerzas, bebiendo llanto y sangre que chorreaban de los ojos y de los poros, he respondido:
“Ya no tengo Madre. Ya no tengo vida. Ya no tengo divinidad. Ya no tengo misión. Ya no tengo nada. Sólo hacer la Voluntad del Señor, mi Dios. ¡Aléjate, Satanás! Lo he dicho la primera y la segunda vez. Lo repito la tercera: ‘Padre, si es posible que pase de Mí este cáliz. Pero no se haga mi voluntad sino la tuya’. Vete, Satanás. Yo soy de Dios!”.
María, he respondido así... Y el Corazón se ha quebrado con el esfuerzo. El sudor se ha convertido de gotitas en regueros de sangre. No importa. He vencido.
Yo he vencido a la Muerte. Yo. No Satanás. La Muerte se vence aceptando la muerte.
Te había prometido un gran regalo. Como he concedido a pocos. Te lo he dado.
Has conocido la extrema tentación de tu Jesús. Ya te la había desvelado. Pero todavía no tenías madurez para conocerla plenamente. Ahora lo puedes hacer.
¿Ves que tengo razón al decir que no habría sido comprendida y admitida por aquellos pequeños cristianos que son larvas de cristianos y no cristianos formados?
Vete en paz, que Yo estoy contigo”.