sábado, 3 de enero de 2015

“vigilad y orad”.

San Alfonso recomienda, ya que Dios acoge todas las oraciones, pedir todos los días la gracia de rezar siempre. Esa es la razón, entre otras, de que la devoción a María haya salvado a tantos pecadores. La menor oración, Dios la escucha. “Si quis tristetur oret”, dice Santiago, “si alguien está triste, ¡que rece!” “Hoc genus demoniorum non icitur, ieiunio et orationes”, dice Jesús hablando del joven lunático, “a este género de demonios –el de la impureza en particular, no los ahuyenta sino el ayuno y la oración” y muchas veces estas palabras de Jesús: “Vigilate et orate”, “vigilad y orad”.

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