lunes, 12 de enero de 2015

 Fórmula,para decir cada día

            Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre mía, Reina gloriosa del mundo y Reina de mi corazón, me doy y me entrego enteramente a Ti, no sólo como tu esclavo, sino también para ser el apóstol oculto de tu reino.
            Te ofrezco especialmente este día, cada uno de sus instantes, tanto los más insignificantes como los más importantes; te ofrezco mis trabajos, mis oraciones y mis sacrificios, mis dolores, mis humillaciones, todo este día en fin. Te ofrezco de nuevo la jornada entera de mi vida, sobre todo su atardecer con sus tinieblas y terrores, mi última enfermedad, mi agonía y mi muerte, por tu reino y especialmente por tu reino en…
            Por cada mirada y cada palabra, por cada paso y cada suspiro, por cada latido de mi corazón y cada aspiración de mi voluntad, quiero repetir sin cesar:

¡Levántate, oh María, y apresúrate a reinar!
¡Ven, y serás coronada!
Ut adveniat regnum tuum,
adveniat regnum Mariæ!
Amén.
La Virgen Santísima pide que hagamos cenáculos, ya que, a través del acto de consagración que hacemos al final, entramos en su Corazón Inmaculado, para prepararnos allí a recibir el Espíritu de Amor, el Espíritu Santo.
1) Para eso, iniciar el Cenáculo siempre con la invocación que Ella misma nos enseñó en su mensaje del 7/6/81: "VEN ESPÍRITU SANTO, VEN POR MEDIO DE LA PODEROSA INTERCESIÓN DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA, TU AMADÍSIMA ESPOSA" (3 veces).
2) Oración del Santo Rosario, meditando los misterios, delante de una imagen de la Santísima Virgen. Al final, rezar por el Papa y sus intenciones, un Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Los cánticos son libres, pero deben preferirse los marianos.
3) Lectura de uno de los mensajes del libro "A los Sacerdotes hijos predilectos de la Santísima Virgen". Breve comentario. Pero "no es parte del espíritu de los encuentros pasar el tiempo oyendo sabias conferencias ya que habría el peligro de transformar el Cenáculo en academia y la Fraternidad en polémica" (P. Gobbi).
4) Un poco de catecismo. (Solamente en los Cenáculos familiares).
5) Fraternidad. Para que nos conozcamos, nos ayudemos mutuamente para seguir adelante y nos amemos siempre más.
6) Acto de consagración. Si hubiese celebración de la Santa Misa o Bendición con el Santísimo, la Consagración se hace antes de la Comunión o de la Bendición, ya que María, con la consagración nos toma en sus brazos y nos da a Jesús
7) Acción de Gracias. Después de la Comunión, decir a Jesús lo que la Virgen Santísima nos enseñó: "JESÚS, TÚ ERES NUESTRO AMOR, JESÚS TÚ ERES NUESTRO ÚNICO GRAN AMIGO; JESÚS, NOSOTROS TE AMAMOS; JESÚS, NOSOTROS ESTAMOS APASIONADOS POR TI". Mensaje del 21/8/87.
PROMESAS DE LA SANTÍSIMA VIRGEN
"La Santísima Virgen hace las siguientes Promesas a las familias que realizan cenáculos:
1) Ayudará a vivir la santidad del Matrimonio, principalmente a permanecer unidos y a ser fieles, a vivir el carácter sacramental de la unión familiar. Hoy, cuando está aumentando el número de las familias divididas por el divorcio, Nuestra Madre nos quiere ver unidos bajo su manto, siempre en el amor.
2) Nuestra Santísima Madre quiere ayudar a los hijos de estas familias. Actualmente existe para muchos jóvenes el peligro de perder la fe, siguiendo por el camino del mal, del vicio, de la droga. La Madre Santísima ayuda a estos hijos y promete que como madre estará atenta al lado de ellos para hacerlos crecer en el bien y salvarlos.
3) Nuestra Madre dice que estará siempre cerca de todas las necesidades tanto de orden espiritual como material.
4) Durante el período del castigo, Ella protegerá a estas familias abrigándolas bajo su manto. Por eso yo les invito a que multipliquen en todo el mundo estos Cenáculos de oración". (P. Stefano Gobbi)
Milán, 31 de diciembre de 1993
Última noche del año
Grande es mi preocupación
“Hijos predilectos, pasad Conmigo las últimas horas de este año que está para acabar, en la oración y en el recogimiento.
No os dejéis apoderar por la disipación, el ruido y las diversiones, con las que pasan estas horas la mayor parte de mis pobres hijos.
Leed en el silencio los signos de vuestro tiempo y asociaos a mi gran preocupación por lo que os espera.
Grande es mi preocupación, porque esta humanidad, tan enferma, continúa en su obstinado rechazo de Dios y de su Ley de amor.
De tantas maneras y con muchos signos e intervenciones extraordinarias, he intervenido durante este año para invitarla a la conversión y a su retorno al Señor.
Pero no he sido escuchada.
El Nombre del Señor es vilipendiado y su día es cada vez más profanado.
El egoísmo sofoca el corazón de los hombres, que se han vuelto fríos y cerrados por una gran incapacidad de amar.
El valor de la vida es despreciado; aumentan las violencias y homicidios; se recurre a cualquier medio para impedir el nacimiento de nuevas criaturas; se multiplican por doquier los abortos voluntarios, estos terribles delitos que gritan noche y día venganza ante la presencia de vuestro Dios; la impureza se propaga como una marea de fango que todo lo arrolla.
La copa de la divina Justicia está colmada y rebosante.
Yo veo el castigo con el que la misericordia de Dios quiere purificar y salvar esta pobre humanidad pecadora.
¡Qué grandes y numerosos son los sufrimientos que os esperan, mis pobres hijos tan insidiados y engañados por Satanás, el Espíritu de la mentira que os seduce y os arrastra a la muerte!
Grande es mi preocupación, porque mi Iglesia está a merced de las fuerzas del mal que la amenazan e intentan destruirla desde dentro.
La masonería, con su poder diabólico, ha puesto su centro en el corazón mismo de la Iglesia, donde reside el Vicario de mi Hijo Jesús y desde allí difunde su maléfico influjo en todas partes del mundo.
Ahora ella va a ser nuevamente traicionada por los suyos, cruelmente perseguida, y conducida al patíbulo.
Yo veo que la persecución sangrienta está ya a las puertas y cuántos de vosotros seréis dispersados por el impetuoso viento de este huracán espantoso.
Participad en estas horas en esta mi gran preocupación y uníos todos a mi oración de intercesión y de reparación.
Multiplicad por todas partes los Cenáculos de oración, que Yo os he pedido, como lugares seguros, como refugios donde protegeros de la tremenda tormenta que os espera.
En los Cenáculos sentiréis mi extraordinaria presencia.
En los Cenáculos experimentaréis la seguridad y la paz que os da vuestra Madre Celestial.
En los Cenáculos seréis preservados del mal y defendidos de los grandes peligros que os amenazan.
En los Cenáculos seréis formados por Mí en la confianza y en una gran esperanza.
Porque el Cenáculo es el lugar de vuestra salvación que la Madre Celestial ha preparado para vosotros en estos últimos tiempos en los que la gran prueba ya ha llegado para todos.”

Virgen de Fátima, Madre de Misericordia, Reina del Cielo y de la Tierra, refugio de los pecadores, nosotros del Movimiento Sacerdotal Mariano, llamados a formar el escuadrón de tus sacerdotes, hoy nos consagramos de un modo especialísimo a tu Corazón Inmaculado.
Con este acto de consagración queremos vivir contigo y por medio de Ti todos los compromisos asumidos con nuestra consagración bautismal y sacerdotal; nos comprometemos además a realizar en nosotros aquella conversión interior que nos libre de todo apego humano a nosotros mismos, a la honra, a las comodidades, a los compromisos fáciles con el mundo, para estar, como Tú, sólo disponibles para hacer siempre la voluntad del Señor.
Y mientras queremos confiarte, oh Madre dulcísima y misericordiosa, nuestro sacerdocio, para que Tú dispongas de él para tus designios de salvación en esta hora decisiva que pesa sobre el mundo, nos comprometemos a vivirlo según tus deseos; en particular, a un renovado espíritu de oración y de penitencia, a la celebración fervorosa de la Sagrada Eucaristía y de la Liturgia de las Horas, el rezo cotidiano del Santo Rosario, el ofrecimiento de la Santa Misa a Ti el primer Sábado de cada mes y un modo de vida austero y religioso, que sea un buen ejemplo para todos.
Te prometemos además la máxima fidelidad al Evangelio del cual seremos siempre anunciadores íntegros y valientes hasta derramar nuestra sangre, si fuese necesario, y fidelidad a la Iglesia, para cuyo servicio hemos sido consagrados.
Sobre todo queremos estar unidos al Santo Padre y a la Jerarquía con la firme adhesión a todas sus directivas, para oponer así una barrera al proceso de oposición al Magisterio que amenaza los fundamentos mismos de la Iglesia.
Bajo tu maternal protección queremos ser también los apóstoles de esta -hoy tan necesaria- unidad de oración y de amor al Papa sobre el cual invocamos de Ti una especial protección.
Finalmente te prometemos llevar a los fieles que nos han sido encomendados a nuestro ministerio, a una renovada devoción hacia Ti.
Conscientes de que el ateísmo ha hecho naufragar en la fe a un gran número de fieles; de que la desacralización ha entrado en el Templo Santo de Dios sin ni siquiera preservar a muchos sacerdotes hermanos nuestros; de que el mal y el pecado se propagan cada vez más en el mundo, nos atrevemos a levantar, confiados, los ojos a Ti, Madre de Jesús y Madre nuestra misericordiosa y poderosa, y también hoy, invocar y esperar de Ti la salvación para todos tus hijos, ¡Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
ACTO DE CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
Para los religiosos y laicos que se adhieren al Movimiento Mariano
Virgen de Fátima, Madre de Misericordia, Reina del Cielo y de la Tierra, refugio de los pecadores, nosotros, adhiriéndonos al Movimiento Mariano, nos consagramos de un modo especialísimo a Tu Corazón Inmaculado.
Con este acto de consagración queremos vivir Contigo y por medio de Ti, todos los compromisos asumidos con nuestra consagración bautismal; nos comprometemos a realizar en nosotros aquella conversión interior, tan requerida por el Evangelio, que nos libre de todo apego a nosotros mismos y a los fáciles compromisos con el mundo, para estar, como Tú,  sólo disponibles para hacersiempre la Voluntad del Padre.
Y mientras queremos confiarte, Madre dulcísima y misericordiosa, nuestra existencia y vocación cristiana, para que Tú dispongas de ellas para Tus designios de salvación en esta hora decisiva que pesa sobre el mundo, nos comprometemos a vivirla según Tus deseos, en particular por lo que se refiere a un renovado espíritu de oración y de penitencia, a la participación fervorosa en la celebración de la Eucaristía y al apostolado, al rezo diario del Santo Rosario y un austero modo de vida, conforme al Evangelio, que sea un buen ejemplo para todos en la observancia de la Ley de Dios, en el ejercicio de las virtudes cristianas, especialmente de la pureza.
Te prometemos también estar unidos al Santo Padre, a la Jerarquía y a nuestros Sacerdotes, para oponer así una barrera al proceso de contestación al Magisterio, que amenaza los fundamentos mismos de la Iglesia.
Bajo Tu protección queremos también ser los apóstoles de esta hoy tan necesaria unidad de oración y de amor al Papa sobre el cual invocamos de Ti una especial protección.
Finalmente, te prometemos llevar a las almas con las cuales entremos en contacto, en cuanto nos sea posible, a una renovada devoción hacia Ti.
Conscientes de que el ateísmo ha hecho naufragar en la fe a un gran número de fieles, de que la desacralización ha entrado en el Templo Santo de Dios, de que el mal y el pecado se propagan cada vez más en el mundo, nos atrevemos a levantar, confiados, los ojos a Ti, Madre de Jesús y Madre nuestra misericordiosa y poderosa, también hoy, invocar y esperar de Ti la salvación para todos tus hijos. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María! 

domingo, 11 de enero de 2015


En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

In nòmine Patris, et Fìlii, et Spìritus Sàncti. Amen
PADRE NUESTRO
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Sanos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos deje caer en tentación, y líbranos del mal. Amén.
PÁTER NÒSTER
Pàter nòster, qui es in caelis, sanctificètur nomen tùum, advèniat regnum tùum, fiat volùntas tua sìcut in caelo et in terra; panem nostrum cotidiànum dà nobis hòdie, et dimìtte nobis dèbita nostra sìcut et nos dimìttimus debitòribus nostris, et ne nos indùcas in tentatiònem, sed lìbera nos a malo. Amen
AVE MARÍA
Dios te Salve María, llena eres de gracias, el Señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre: Jesús. Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
AVE MARÍA
Ave María, grátia plena, Dóminus tecum; benedícta tu in muliéribus, et benedíctus fructus ventris tui, Jesus. Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis peccatóribus nunc et in hora mortis nostrae. Amen
GLORIA AL PADRE
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
GLORIA PÀTRI
Gloria Pàtri, et Fìlio, et Spìritui Sancto, sicut erat in princìpio, et nunc, et semper, et in saècula saèculorum. Amen
ÁNGEL DE DIOS
Ángel de Dios, bajo cuya tutela y custodia me ha puesto la piedad divina, ilumíname, defiéndeme, rígeme y gobiérname en este día. Amén.
ANGELE DEI
Ángele Dei, qui custos es mei, me, tibi commíssum pietáte supérna, illúmina, custódi, rege et gubérna. Amen.
EXAMEN DE CONCIENCIA
Piensa en todos las faltas cometidas en este día, de pensamientos, palabras, obras y omisión: arrepiéntete de corazón por todas las culpas; pide perdón a Dios y reza con fe el Acto de Contrición.
 
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío y Dios mío: reconozco que soy pecador; he pecado contra ti y contra mi prójimo. Me arrepiento del mal que he hecho, porque me hice indigno de tu amor y merecedor de tu castigo. Confió en tu misericordia, porque tu Hijo Jesús murió por mí en la cruz. Te pido que me perdones y me concedas la gracia para cumplir mi propósito de no ofenderte jamás. Señor, misericordia, perdóname.
ACTUS CONTRITIONIS
Deus meus, ex toto corde pàenitet me ómnium meórum peccatórum, éaque detéstor, quia peccándo non solum paenas a te iuste statútas proméritus sum, sed praesértim quia offéndi te, summum bonum, ac dignum qui super ómnia diligáris. Ideo fírmiter propóno, adiuvánte grátia tua, de cétero me non peccatúrum peccandíque occasiónes próximas fugitúrum. Amen.
MAGNIFICAT
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia como la había prometido a nuestros Padres en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
MAGNIFICAT
Magníficat ánima mea Dóminum, et exsultávit spíritus meus in Deo salvatóre meo, quia respéxit humilitátem ancíllae suae. Ecce enim ex hoc beátam me dicent omnes generatiónes, quia fecit mihi magna, qui potens est, et sanctum nomen eius, et misericórdia eius in progénies et progénies timéntibus eum. Fecit poténtiam in bráchio suo, dispérsit supérbos mente cordis sui; depósuit poténtes de sede et exaltávit húmiles. Esuriéntes implévit bonis et divites dimisit inanes. Suscépit Ísrael púerum suum, recordátus misericórdiae, sicut locútus est ad patres nostros, Àbraham et sémini eius in sàecula. Glória Patri et Fílio...
AL TERMINAR DEL DÍA
Al terminar del día, oh altísimo Creador, vela nuestro descanso con honor de Padre. Da salud al cuerpo y fervor al espíritu, tu luz aclare las sombras de la noche. En el sueño de los elementos se quede fiel el corazón, y al regresar el alba entone tu alabanza. Sea amor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, al Dios Trino y Uno, en los siglos sea gloria. Amén.
ORACIÓN FINAL
Llegue a ti, oh Padre, nuestra oración al terminar este díía: tu gracia nos conceda descansar en paz, al seguro de todos males, y de despertarnos en la alegría para cantar tu alabanza. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.


ORACIÓN A SAN JOSÉ (DEL PAPA LEÓN XXIII)

A ti, bienaventurado José, acudimos en nuestra tribulación, y después de implorar el auxilio de tu Santísima Esposa,
solicitamos también confiadamente tu patrocinio. Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, te tuvo unido y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que, con su sangre, adquirió Jesucristo, y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades.
Protege, oh providentísimo Custodio de la Divina Familia, la escogida descendencia de Jesucristo; aparta de nosotros toda mancha de error y de corrupción; asístenos propicio desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo libraste al Niño Jesús de inminente peligro de la vida, así ahora defiende la Iglesia santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protégenos con perpetuo patrocinio para que a ejemplo tuyo y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir, piadosamente morir, y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza. Amén.


AL AMPARO DEL MANTO SAGRADO

Oh glorioso Patriarca San José, que por Dios fuiste puesto a la cabeza y custodia de la más Santa de las familias, dígnate ser desde el cielo el custodio de mi alma, que pide ser recibida bajo tu manto.
Yo, desde este momento, te designo padre, protector y guía, y pongo bajo tu especial custodia el alma mía, mi cuerpo, lo que tengo y lo que soy, mi vida y mi muerte.
Mírame como tu hijo, defiéndeme de todos mis enemigos visibles e invisibles; asísteme en todas las necesidades: consuélame en todas las amarguras de mi vida, pero especialmente en la agonía de la muerte.
Vuelve una palabra para mí a aquel amable Redentor, que de niño llevaste en tus brazos, a aquella Virgen gloriosa, de quien fuiste amante esposo.
Implora para mí aquellas bendiciones que tú veas sean beneficiosas para mi bien, para mi eterna salvación, y yo procuraré no ser indigno de tu especial patrocinio. Amén.


A SAN JOSÉ

San José, esposo dulcísimo de María, Padre putativo de Jesús y Padre de la Divina Providencia, custodio de la Santa Iglesia, a ti recurrimos para que nos llenes de tus virtudes: de tu fe, de tu humildad, de tu obediencia, de tu paciencia, de tu silencio adorante y de tu espíritu de abandono. Defiéndenos de todos los asaltos del maligno y provee nuestras necesidades espirituales y materiales para que podamos buscar únicamente el Reino de Dios y servir al triunfo del Corazón Inmaculado de María tu Santísima Esposa.
San José, ruega por nosotros.


AVE, JOSÉ

Dios te salve, José, lleno de gracia del Espíritu Santo, el Señor es contigo, bendito eres entre todos los hombres, como tu Esposa bendita entre las mujeres. Porque Jesús, fruto bendito del vientre virginal de Nuestra Señora la Virgen María, fue tenido por tu Hijo.
Ruega por nosotros, Virgen y Padre de Cristo, para que el que en esta vida quiso ser súbdito tuyo, por tus merecimientos nos sea propicio ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Ave José, hijo de David,
escogido por el Padre, custodio del Hijo.
tú eres bendito entre los hombres
y bendito es tu amado Jesús.
justo entre los justos,
esposo de María
ruega por nosotros pecadores
hora en la hora de nuestra muerte
Así sea.

Querido papá, tú sabes
Querido papá, tú puedes
Querido papá, tú ves
Querido papá, tú provees.



S. JOSÉ, ELEGIDO POR DIOS

San José, elegido por Dios para ser el esposo purísimo de María y el Padre putativo de Jesús, intercede por nosotros que nos volvemos a ti.
Tú que fuiste el fiel custodio de la Sagrada Familia, bendice y protege nuestra familia y todas las familias cristianas.
Tú que has experimentado en la vida la prueba, la fatiga, el cansancio, ayuda a todos los trabajadores y a todos los que sufren.
Tú que tuviste la gracia de morir entre los brazos de Jesús y María, asiste y conforta a todos los moribundos.
Tú que eres el Patrono de la Santa Iglesia, intercede por el Papa, los Obispos, y todos los fieles esparcidos por el mundo, especialmente por aquellos que son oprimidos y sufren persecuciones en nombre de Cristo.

Oración a San José Y la Virgen Maria para Sanar Heridas del Alma (ll)



Oración a San José (II)
Bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación; y, después de invocar el auxilio de vuestra Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente vuestro patrocinio.
Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, os tuvo unido, y por el paterno amor con que abrazasteis al Niño Jesús, humildemente os suplicamos volváis benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo, y con vuestro poder y auxilio socorráis nuestras necesidades.
Proteged, oh providentísimo Custodio de la Sagrada Familia, la escogida descendencia de Jesucristo; apartad de nosotros toda mancha de error y corrupción; asistidnos propicio, desde el Cielo, fortísimo libertador nuestro en esta lucha con el poder de las tinieblas; y, como en otro tiempo librásteis al Niño Jesús del inminente peligro de su vida, así, ahora, defended la Iglesia Santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protegednos con perpetuo patrocinio, para que, a ejemplo vuestro y sostenidos por vuestro auxilio, podamos santamente vivir y piadosamente morir y alcanzar en el Cielola eterna felicidad. Amén

Oración a la Santísima Virgen María

Soberana María, Madre de Jesús y Madre nuestra,  que por tus grandes virtudes y especialmente por tu humildad, mereciste que todo un Dios te escogiera por madre suya, te suplicamos  nos prepares y dispongas para  aceptar la Palabra del Señor en nuestro corazón  que nos impulse a ser promotores de verdad, justicia, reconciliación y paz.

Te encomendamos Madre, todos los hogares de nuestra país, para que en ellos los odios, los rencores, la violencia, la indiferencia, la pobreza, la inequidad, la exclusión y la desigualdad no tengan acogida. Así logremos recuperar en las familias colombianas los ambientes de paz y armonía que hacen de nuestros hogares espacios de comunión y unidad.
María, Madre de la Iglesia, haz que unidos a tu Hijo, Jesucristo, celebremos la Navidad con alegría, sencillez y amor.
(Se reza tres veces el Avemaría)

Novena a San Jose EhMD

Por la señal...
Padre Santo:Unidos a María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, de quien somos esclavos, por ser Ella tu Esclava por amor, a San José, varón prudente y justo, a los ángeles y a los santos, te suplicamos con humildad y con amor:
Danos el Espíritu Santo.
Señor, amadísimo Señor: Danos el Espíritu Santo.
Amén, Amén, Amén.
(Acta 372)
Acto Penitencial
Dios de la Misericordia y del perdón: Ten compasión de mi. Tú eres el agua viva que santifica y perfecciona: lléname de Ti
Destruye mi maldad con tu pureza; fortalece mis debilidades con Tu gracia; transfórmame con Tu poder. Yo no puedo ser perfecto sin Tu ayuda; Tú no puedes perfeccionarme, sin mi voluntad, no por falta de poder, sino por exceso de Misericordia. Dios mío: te doy mi voluntad para que Tú me perfecciones. Hazlo ahora, Señor. Destruye mi maldad. Lléname de Ti, ahora y aquí,
Dios y Señor mío. Amén. (Acta 721)
Oración para todos los dias
Dios mío:
Sella mis labios, para que no haya en mi otra palabra que tú mismo.
Sella mi corazón para que no tenga otro deseo que a ti mismo, mi amadísimo Señor.
Sella mis ojos para que no tenga a mi vista otra realidad que tu presencia.
Señor mío y Dios mío lléname de ti en todo instante, y , por amor a la que en ti y por ti es tres veces santa, a María la Inmaculada Concepción y siempre virgen, dame la gracia de proveer a los hogares con tu presencia ; Jesucristo, integrando siempre, siempre bendiciendo las familias.
Dame el gozo amado mío de velar el sueño de los justos y de ser, como es tu voluntad el consejero eficaz y desvelado de todos los creyentes.
Amén. Amén. Amén. (Acta 154)

Primer Día

La Prudencia, el Amor y la Fidelidad son los sellos que caracterizan a José:
Para "Hacer de ustedes verdaderos testigos de la Encarnación, sacrificio, muerte, resurrección, vida, acción y modo de ser y hacer de Jesucristo, el testigo, por excelencia de la existencia y Estilo del Padre Omnipotente que tienen en el cielo y en la tierra.
¿Para lograrlo, qué deben hacer?
Primordialmente, obsérvenlo a él, a José, en su fiel y amorosa relación con Dios Padre, con su hijo Jesucristo, con la santísima virgen y con todos y cada uno de sus prójimos.
Sus primeras enseñanzas fueron: el amor, la prudencia y la fidelidad.
Como consecuencia, háganse estas preguntas:
1. ¿Yo amo, sin esperar ser amado?
2. ¿Yo soy prudente cuando amo?
3. ¿Yo soy fiel y, como consecuencia, sirvo cuando amo, sin esperar recompensas de ninguna clase?
Lean, relean y mediten, Mt. 1, 18-25.
La prudencia, el amor y la fidelidad, son los sellos que caracterizan y distinguen a José.
La prudencia, el amor y la fidelidad deben ser los rasgos característicos de ustedes, los hijos de la madre de Dios, como José y como María Santísima.
Piensen, mediten y reflexionen." (Acta 1607)
Oremos:
San José, varón prudente y justo. Enséñame a ser igual que tú. Ora por mí. Amén.
(Acta 171)

Gozos para todos los dias: 
San josé, varón prudente y justo: sé mi acompañante permanente y fiel. 

De la noble estirpe de Israel,
 
se ha escogido a un varón
que cumpliese la misión,
de custodio del redentor.
San josé, varón prudente y justo: sé mi acompañante permanente y fiel.
Maestro en la prudencia
Fidelidad, servicio y amor
El casto prudente y justo
Esposo de María madre del Señor
San josé, varón prudente y justo: sé mi acompañante permanente y fiel.
Varón que agrada siempre a Dios
Padre putativo de Jesús
Servidor ferviente y oportuno
Garantía nuestra en la presencia de Dios.
San josé, varón prudente y justo: sé mi acompañante permanente y fiel.
Testigo abandonado en la voluntad del padre
Protector y guía de la familia,
Modelo de obediencia en la iglesia y en el mundo,
Misionero y ministro de la buena nueva.
San josé, varón prudente y justo: sé mi acompañante permanente y fiel.
Carpintero infatigable,
de inocencia consiente y portentosa,
Varón de Dios excelso y grande,
El bien amado, de presencia misteriosa.
San josé, varón prudente y justo: sé mi acompañante permanente y fiel.
Honor de la vida doméstica,
Ángel guardián de la virginidad,
Santo patrono de los moribundos,
de ellos su consuelo y bienestar.
San josé, varón prudente y justo: sé mi acompañante permanente y fiel.
Santo del imperturbable amor a Dios
Caridad encarnada
Modestísimo adorante
Intercede por nosotros ahora y siempre
San josé, varón prudente y justo: sé mi acompañante permanente y fiel.

Oración Final para todos los dias
:
A vos bienaventurado san José, acudimos en nuestras tribulaciones, y después de implorar el auxilio de vuestra santísima Esposa, solicitamos también confiadamente vuestro patrocinio. Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, os tuvo unido, y por el amor paternal con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente os suplicamos, que volváis benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo y con vuestro poder y auxilio, socorráis nuestras necesidades.
"San José, varón prudente y justo: Ayúdame a ser casto. Ayúdame a ser santo! Ora por mí, ahora y siempre. En la hora de mi muerte asísteme y junto con María mi Madre, llévame a Jesús mi salvador. Amén, amen, amén"
(Acta 689)

Segundo día
Acto Penitencial y oración para todos los dias.
Confianza y abandono
Para lograr el amor, la prudencia y la fidelidad de José, es confiar y abandonarse en el amor, la fidelidad y la prudencia de Dios, transmitida por la acción del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es la luz y, si, El es la luz encendida en la vida de ustedes, para ser santificados, no busquen nada más. Él y lo de Él, les basta para acertar y seguir sin riesgo por el camino que es el Padre.
¿Lo entienden? ¿Me entienden?
Crean, confíen, esperen.
Piensen, mediten, reflexionen.

Oremos
San José: une tu súplica a la nuestra.
San José: ora por nosotros.
San José: ruega por nosotros.
(Acta 125)
[Gozos y Oración final]

Tercer día
Acto Penitencial y oración para todos los dias.
Observen, admiren e imiten a San José
Si en alguna de las creaturas humanas se reflejan ostensiblemente: el amor, la prudencia y la fidelidad de Dios, es en José, a quien las sagradas escrituras llaman: "Justo", lean, relean y mediten: Mat 1, 19.
La justicia y la prudencia son hermanas. Están en la cúspide del amor; por eso, Pablo narra en 1 Cor 13, 13. "Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas 3: Pero la mayor de todas ella es la caridad". O sea el amor.
Por su fidelidad en el amor, José es con su vida y con su ejemplo, como la estrella de Belén: señal segura que indica el punto de Encuentro, entre el cielo y la tierra. El vientre inmaculado de la Inmaculada Concepción y siempre virgen.
Piensen, mediten, reflexionen. (Acta 1607)

Oremos:
San José, varón prudente y justo: Sé mi acompañante permanente y fiel. Amén, amén, amén. (Acta 1607)

[Gozos y Oración final]

Cuarto día
Acto Penitencial y oración para todos los dias.
San José, Modelo del hombre
Inviten al Santo José. El, como es su modo, permanece siempre, en silencio, al lado de la Virgen.
Oigan sus luces y consejos.
Háganlo patrono de sus causas.
El, por su prudencia, ha merecido los más altos honores dados a criaturas terrenales. Mereció ser padre putativo del que Es, encarnado para el bien en las entrañas de la Virgen. Y, tal es, apenas un grado inferior al de María.
Hónrenlo.
Amar a José es signo de buen avance en nuestra marcha.
Invóquenlo. El es solícito. Y alcanza mucho de nosotros. Incorpórenlo en la oración de integración y reconciliación, especialmente de los hogares y familias.( Lección 27)

Oremos:
San José, varón prudente y justo. Enséñame a ser igual que tú. Ora por mí. Amén..
(Acta181)
[Gozos y Oración final]

Quinto día
Acto Penitencial y oración para todos los dias.
La Misión de San José
En las sagradas escrituras descubrimos con claridad perfecta, dos motivaciones en la razón de la Misión de San José:
La Primera: atender, humanamente, la manutención, custodia y protección del Salvador y de su Madre.
"José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo" (Mt. 1, 20)
Esta primera finalidad, como todas, las cumplió José sin titubeos, con fidelidad insuperable y con esmero, fue para ellos, como el siervo fiel que sirve con prudencia; que es diligente; que es leal y que es oportuno.
La segunda finalidad de la misión de José, fue salvar humanamente al niño y a su Madre, de la perversidad de Herodes, y de los malvados que cumplían sus órdenes.
"San José, ¡Qué hombre! ¡Qué Santo! ¡Qué justo!
¿Creen que fue fácil ser el protector perfecto - desde su aspecto humano - del Hijo del Dios vivo? ¿Creen que fue fácil compartir con la Virgen el secreto y la entrega de la Virginidad corporal por amor a Dios, a pesar de todos los riesgos que eran previsibles: murmuración y condena ante la esterilidad, etc.? ¿Lo comprenden? Y ¿Creen que fue fácil vivir en la práctica todos los horrores de mantener mi protección a pesar de todo, en medio de un mundo tan adverso y con unas circunstancias tan adversas? Piensen en todas las pruebas vividas por José para salvarme, conservarme y mantener en secreto el honor de mi Secreto. José, como María en la Sagrada Familia en un modelo, de fe, de amor y de esperanza." (Acta 958)

Oremos:
San José, varón prudente y justo. Enséñame a ser igual que tú. Ora por mí. Amén.
(Acta 181)

[Gozos y Oración final]

Sexto día
Acto Penitencial y oración para todos los dias.
San José, protector de los hombres
José, a partir de hoy, es una nueva asistencia, para ustedes. Su firma será de cinco rayas, cuando hable. Significando, ese número de rayas, la Estrella de Belén, que brillará y que está rondando sobre el mundo en este tiempo, como tal ocurrió en tiempos de él, sobre el pesebre, significan también, la flor de la pureza, con la que su castidad e inocencia es manifiesta.
El, a excepción del pecado original, no tuvo otro pecado. Porque, sin el pecado original, solamente María fue creada. Pero limpio del pecado original, José es la pureza encarnada.
Es la inocencia consciente y portentosa. Por eso, varón de Dios, lo es. El excelso; el grande, el bien amado.
Alábenlo. Hónrenlo. Imítenlo.
Fue "Mí bastón de ciego", para protegerme de las torpezas de los hombres, protegiendo a la Virgen con su amor. (Lección 27)
Oremos:
San José: une tu súplica a la nuestra.
San José: Ora por nosotros.
San José: ruega por nosotros.
(Acta 125)
[Gozos y Oración final]
Séptimo día
Acto Penitencial y oración para todos los dias.

"El que tiene a Dios perdona, comprende, ama, sirve"
José estaba lleno de Dios y, como tal, no podría ser sino perdón, porque era amor. Tenía el amor de Dios.
Vean cómo se aclaran los misterios para ustedes. Aún los misterios del propio corazón del hombre.
El que ama justifica; porque, Dios, que es amor, los justifica.
El que ama, no condena. Salva.
Este es el papel también corredentor, por gracia, de José, el justo.
El es la inocencia reflejada de Dios y en él configurado.
El es reflejo del Dios Padre, que es prudente.
 Ámenlo.
 Óiganlo. Su voz es tenue; pero clara.
 Síganlo.
 Imítenlo.
 Mírenlo al lado de María. (Lección 27)
Oremos:
San José, varón prudente y justo: Sé mi acompañante permanente y fiel. Amén, amén, amén.
(Acta 1607)
[Gozos y Oración final]

Octavo día
Acto Penitencial y oración para todos los dias.
Imiten a José
Imitar y orar como José es obtener la gracia de ser fieles a Dios, a María y a la Iglesia.
Abrir el corazón como María, la Inmaculada concepción y siempre virgen y como Jesús. Es decidirse a morir a todo. El no tener miedo y el recordar que no es digno aquel que separa su mano del arado, para ello invoquemos a San José. Repitiendo:
• "Ave María.
• San José: asísteme.
• Ave María"
"Nombrar a José y repetir Ave María, protege, ampara y defiende contra los tres enemigos del hombre, que enemigo de Dios lo son: mundo, demonio y carne.
Invoquen las familias, para su protección y permanencia, la protección y asistencia de José" (Acta 154)
Oremos:
San José, varón prudente y justo. Enséñame a ser igual que tú. Ora por mí. Amén.
(Acta 181)

[Gozos y Oración final]

Noveno día
Acto Penitencial y oración para todos los dias.
San José Varón Prudente y Justo
Gracias al silencio, María, la Virgen, y José, el prudente, albergaron la Palabra, el Verbo de Dios y fueron sus Guardianes. Ellos prefiguran la Iglesia, guardiana del tesoro de Dios su Verbo, su Palabra, su Doctrina, a través de los siglos, sobre el mundo. La Iglesia, a semejanza de ellos, es el gran silencio, en el que habla la Palabra de Dios, que es Jesucristo, el Salvador, Dios verdadero y hombre verdadero, luz y sal del mundo, el Señor, el único Señor, en unidad imperecedera con el Padre celestial y con el espíritu Santo, en el misterio incomprensible para ustedes, de la Santísima Trinidad.
Por el silencio, el prudente, que es el sabio con la sabiduría de Dios, cuando sufre calla, y, de ese silencio, brota como el agua viva de la roca muda, una sola palabra: la oración.
El prudente ora y bendice con la silenciosa entrega de su vida, cuando, por la misma causa, que es el dolor, motivado por cualquier circunstancia (sufrimiento físico, sufrimiento moral, calumnias, malos tratos, injurias, injusticias, etc.), el fatuo se deshace en maldiciones e improperios y adopta las conductas periclitadas a cuál más absurdas.
Ustedes los Hijos de la Hija de Dios aprendan a callar. Hagan del silencio un estilo para ustedes como lo fue de María, la Virgen, y de José, el Prudente. (Acta 959)

Oremos
San José, varón prudente y justo: Sé mi acompañante prudente y fiel. Amén, amén, amén.
(Acta 1607)
[Gozos y Oración final]
Consagración a San José
Yo___________ me consagro a Ti, querido San José, a fin de que seas para mí un padre un protector y un guía en el camino de la vida. Deseo que conserves mi Alma limpia de toda mancha de pecado, Para que sea toda hermosa y pura para Jesús. Nos consagramos a María Santísima nuestra, madre, maestra y modelo para nosotros, para que Ella me consagre a Jesús. De este modo, viviendo siempre en vuestros tres corazones, pueda yo vivir cumpliendo la voluntad de Dios y al final me obtengas una santa muerte.
San José, varón prudente y justo: sé mi acompañante permanente y fiel. Amén, amén, amén. (Acta 1.607)