martes, 10 de marzo de 2015


ROSARIO A LA PRECIOSA SANGRE





Los Católicos tenemos un único título que es de gran valor cuando somos llamados hijos de la Santa Iglesia Católica Romana, la cual, según nos afirma San Pablo, Jesucristo adquirió con su Sangre (Hechos 20,28).

Para el dulce Cordero de Dios toda la honra y la gloria, porque fué inmolado en la Cruz y nos redimió con su Preciosísima Sangre. Nos amó y lavó nuestros pecados en su misma Sangre (Ap 5,9 y 12).

BIENAVENTURADOS los que lavan sus vestidos en la Sangre del Cordero (Ap.1,5), y finalmente, la Santa Iglesia nos repite todos los días en la Consagración del Cáliz que aquella Preciosísima Sangre fué derramada con el fin de perdonar nuestros pecados (Mt.26,28).




OREMOS:

En la Cruz: + En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oración al Espíritu Santo:

Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu Amor. Envía Tu Espíritu y todo será creado, y renovarás la faz de la Tierra.

Oh Dios, que instruiste los corazones de tus fieles con la Luz del Espíritu Santo, concédenos que animados y guiados por este mismo Espíritu, aprendamos a obrar rectamente siempre, y gocemos de la dulzura del Bien y de Sus divinos consuelos. Por Cristo Nuestro Señor. Así sea.

CREDO DE LOS APOSTOLES:
Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra.
Creo en Jesucristo su único Hijo Nuestro Señor, que fue concebido por obra y Gracia del Espíritu Santo.
Nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los Infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los Cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, Todopoderoso. Desde allí va a venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la Comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la Vida Eterna. Amén
(Inclinando la cabeza)
¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, y Luz del Cielo y de la Tierra, nos cubra ahora y siempre! Amén.

Guía: ¡OH Preciosísima Sangre de Jesucristo!
Todos: ¡Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús!

(En la cuenta blanca):
Padre nuestro que estás en el Cielo, Santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu Voluntad en la Tierra como en el Cielo. 
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, 
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación, y líbranos del Mal. Amen.
(En las 3 cuentas rojas):
Dios te salve María, llena eres de Gracia, El Señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, 
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

(En la cuenta blanca, inclinando la cabeza):
¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, y Luz del Cielo y de la Tierra, nos cubra ahora y siempre! Amén.

PRIMER MISTERIO: La Mano derecha de Nuestro Señor Jesús es clavada.

(Pausa breve para meditación)
Oración: ¡Por la Preciosa Llaga de Tu Mano derecha, y por el dolor causado por el clavo que la atravesó, la Preciosa Sangre que brota de ella, salve a los pecadores del mundo entero y convierta muchas almas! Amén.

G: ¡OH Preciosísima Sangre de Jesucristo!
T: ¡Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús!

Padre Nuestro…
Ave María.

(En las 12 cuentas rojas):
G: ¡Sangre Preciosa de Jesucristo!
T: ¡Sálvanos a nosotros y al mundo entero!
Gloria al Padre…

(En la cuenta blanca, inclinando la cabeza):
¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, y Luz del Cielo y de la Tierra, nos cubra ahora y siempre! Amén.

SEGUNDO MISTERIO: La Mano izquierda de Nuestro Señor Jesús es clavada.

(Pausa breve para meditación)
Oración: ¡Por la Preciosa Llaga de Tu Mano izquierda, y por el dolor causado por el clavo que la atravesó, la Preciosa Sangre que brota de ella, salve almas del Purgatorio y proteja a los moribundos de los ataques de los espíritus infernales! Amén.

G: ¡OH Preciosísima Sangre de Jesucristo!
T: ¡Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús!

Padre Nuestro…
Ave María.

(En las 12 cuentas rojas):
G: ¡Sangre Preciosa de Jesucristo!
T: ¡Sálvanos a nosotros y al mundo entero!
Gloria al Padre…

(En la cuenta blanca, inclinando la cabeza):
¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, y Luz del Cielo y de la Tierra, nos cubra ahora y siempre! Amén.



TERCER MISTERIO: El Pie derecho de Nuestro Señor Jesús es clavado.

(Pausa breve para meditación)
Oración: ¡Por la Preciosa Llaga de Tu Pie derecho, y por el dolor causado por el clavo que lo atravesó, la Preciosa Sangre que brota de ella, cubra los cimientos de la Iglesia Católica contra los planes del reino oculto y los hombres malignos! Amén.

G: ¡OH Preciosísima Sangre de Jesucristo!
T: ¡Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús!

Padre Nuestro…
Ave María.

(En las 12 cuentas rojas):
G: ¡Sangre Preciosa de Jesucristo!
T: ¡Sálvanos a nosotros y al mundo entero!

Gloria al Padre…

(En la cuenta blanca, inclinando la cabeza):
¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, y Luz del Cielo y de la Tierra, nos cubra ahora y siempre! Amén.

CUARTO MISTERIO: El Pie izquierdo de Nuestro Señor Jesús es clavado.

(Pausa breve para meditación)
Oración: ¡Por la Preciosa Llaga de tu Pie izquierdo, y por el dolor causado por el clavo que lo atravesó, la Preciosa Sangre que brota de ella, nos proteja en todos nuestros caminos de los planes y ataques de los espíritus malignos y sus agentes! Amén.

G: ¡OH Preciosísima Sangre de Jesucristo!
T: ¡Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús!

Padre Nuestro…
Ave María.

(En las 12 cuentas rojas):
G: ¡Sangre Preciosa de Jesucristo!
T: ¡Sálvanos a nosotros y al mundo entero!
Gloria al Padre…

(En la cuenta blanca, inclinando la cabeza):
¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, y Luz del Cielo y de la Tierra, nos cubra ahora y siempre! Amén.

QUINTO MISTERIO: El sagrado Costado de Nuestro Señor Jesús es traspasado.(*Ver nota al final)

(Pausa breve para meditación)
Oración: ¡Por la Preciosa Llaga de tu Sagrado Costado, y por el dolor causado por la lanza que lo traspasó, la Preciosa Sangre y Agua que brotan de ella, sane a los enfermos, resucite a los muertos, solucione nuestros problemas presentes, y nos enseñe el camino hacia Nuestro Dios para la Gloria Eterna! Amén.

G: ¡OH Preciosísima Sangre de Jesucristo!
T: ¡Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús!

Padre Nuestro…
Ave María.

(En las 12 cuentas rojas):
G: ¡Sangre Preciosa de Jesucristo!
T: ¡Sálvanos a nosotros y al mundo entero!

Gloria al Padre…

(En la cuenta blanca, inclinando la cabeza):
¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, y Luz del Cielo y de la Tierra, nos cubra ahora y siempre! Amén.

G: ¡OH Preciosísima Sangre de Jesucristo!
T: ¡Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús! (3 veces)

(La Salve):
Dios te salve, Reina y Madre, Madre de Misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Dios te salve, a ti clamamos los desterrados hijos de Eva, a ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea pues Señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre, oh clemente, oh piadosa, oh dulce Siempre Virgen María, ruega por nosotros Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las divinas Gracias y Promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.




OREMOS:

OH Preciosísima Sangre de Jesucristo, te honramos, te alabamos y te adoramos por tu Obra de Eterna Alianza que trae paz a la humanidad. Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús. Consuela al Padre Todopoderoso en Su Trono, y lava los pecados del mundo entero. Que TODOS te reverencien, OH Preciosa Sangre, ten misericordia. Amén.

Sacratísimo Corazón de Jesús Ten misericordia de nosotros
Inmaculado Corazón de María Ruega por nosotros
San José, esposo de María Ruega por nosotros
Santos Pedro y Pablo Rueguen por nosotros
San Juan al pie de la Cruz Ruega por nosotros
Santa María Magdalena Ruega por nosotros
Todos los guerreros de Oración e Intercesores del Cielo Rueguen por nos…
Todos los grandes Santos de Nuestro Señor Rueguen por nos…
Todas las huestes Celestiales, Legión Angélica de María Rueguen por nos…
LETANIAS DE LA PRECIOSA SANGRE DE JESUCRISTO

Señor, ten piedad de nosotros Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros Cristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, escúchanos Cristo, escúchanos benignamente
Dios Padre Celestial Ten piedad de nosotros
Dios Hijo Redentor del mundo Ten piedad de nosotros
Dios Espíritu Santo Ten piedad de nosotros
Santísima Trinidad, un solo Dios Ten piedad de nosotros

G: ¡HO PRECIOSISIMA SANGRE DE JESUCRISTO, SANGRE DE SALVACION!
T: ¡SALVANOS A NOSOTROS Y AL MUNDO ENTERO!

Océano de la Sangre de Jesucristo ¡libéranos!
Sangre de Jesucristo, llena de Santidad y Compasión ¡libéranos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, nuestra fortaleza y poder ¡libéranos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, alianza eterna ¡libéranos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, fundamento de la fe cristiana ¡libéranos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, armadura de Dios ¡libéranos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, Divina Caridad ¡libéranos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, flagelo de los demonios ¡libéranos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, auxilio de los que están atados ¡libéranos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, Sagrado Vino ¡libéranos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, Poder de los cristianos ¡libéranos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, defensora de la fortaleza católica ¡libéranos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, verdadera fe cristiana ¡libéranos!

Sangre Preciosa de Jesucristo, Sangre Sanadora ¡sálvanos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, Sangre ungidora ¡sálvanos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, fortaleza de los hijos de Dios ¡sálvanos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, comandante de los guerreros cristianos ¡sálvanos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, Sangre de Resurrección ¡sálvanos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, bebida de los ángeles del Cielo ¡sálvanos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, consuelo de Dios Padre ¡sálvanos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, Poder del Espíritu Santo ¡sálvanos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, circuncisión de los gentiles ¡sálvanos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, paz del mundo ¡sálvanos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, luz del Cielo y de la tierra ¡sálvanos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, arco iris en el Cielo ¡sálvanos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, esperanza de los niños inocentes ¡sálvanos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, Palabra de Dios en nuestros corazones ¡sálvanos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, arma celestial ¡sálvanos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, Divina Sabiduría ¡sálvanos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, cimiento del mundo ¡sálvanos!
Sangre Preciosa de Jesucristo, Misericordia del Padre ¡sálvanos!

G: ¡OH Preciosísima Sangre de Jesucristo!
T: ¡Lava los pecados del mundo!
G: ¡OH Preciosísima Sangre de Jesucristo!
T: ¡Purifica el mundo!
G: ¡OH Preciosísima Sangre de Jesucristo!
T: ¡Enséñanos cómo consolar a Jesús!

ORACION:

OH Sangre Preciosa, salvación nuestra, creemos, esperamos y confiamos en Ti. Libera a todos los que están en las manos de los espíritus infernales, te suplicamos. Protege a los moribundos de las obras de los espíritus malignos y acógelos en la Gloria Eterna. Ten misericordia del mundo entero, y fortalécenos para adorar y consolar al Sagrado Corazón de Jesús. Te adoramos, oh Preciosa Sangre de misericordia. Amén.

¡OH Preciosísima Sangre de Jesucristo, sana las Heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús! (3 veces)



CONSAGRACION A LA SANGRE PRECIOSA DE JESUCRISTO

(Rezar diariamente meditando)

Consciente de mi nada y de tu Sublimidad, Misericordioso Salvador, me postro a tus pies y te agradezco por la Gracia que has mostrado hacia mí, ingrata creatura. Te agradezco especialmente por liberarme, mediante Tu Sangre Preciosa, del poder destructor de Satanás.
En presencia de mi querida Madre María, mi Ángel custodio, mi Santo patrono, y de toda la Corte Celestial, me consagro voluntariamente, con corazón sincero, oh queridísimo Jesús, a tu Preciosa Sangre, por la cual has redimido al mundo del pecado, de la muerte y del infierno. Te prometo, con la ayuda de tu Gracia y con mi mayor empeño, promover y propagar la devoción a Tu Sangre Preciosa, precio de nuestra redención, a fin de que tu Sangre adorable sea honrada y glorificada por todos.
De esta manera deseo reparar mi deslealtad hacia tu Preciosa Sangre de Amor, y compensarte por las muchas profanaciones que los hombres cometen en contra del Precioso Precio de su salvación.
¡OH, si mis propios pecados, mi frialdad, y todos los actos irrespetuosos que he cometido contra ti, oh Santa y Preciosa Sangre, pudieran ser borrados!
He aquí querido Jesús, que te ofrezco el amor, el honor y la adoración que tu Santísima Madre, tus fieles discípulos y todos los Santos han ofrecido a Tu Preciosa Sangre; te pido que olvides mi falta de fe y frialdad del pasado, y que perdones a todos los que te ofenden.
¡Oh Divino Salvador! rocíame a mi y a todos los hombres con tu Preciosa Sangre, a fin de que te amemos, ¡oh Amor Crucificado!, de ahora en adelante con todo nuestro corazón, y que dignamente honremos el Precio de nuestra salvación. Amén.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies nuestras súplicas en las necesidades, antes bien, líbranos de todos los peligros, ¡Oh Virgen siempre gloriosa y bendita!
Oh Corazón Inmaculado de mi Madre María, a vos mi amada Madre, os consagro mi cuerpo, mi alma y mi espíritu; os consagro mi familia, mis bienes materiales y espirituales y todo cuanto Dios ha puesto a nuestro cuidado. Madre mía, toma posesión de nosotros y nuestras familias, que tu Inmaculado Corazón, nos cubra y proteja de todo mal; que tu Inmaculado Corazón, proteja nuestros hogares de todo desastre y calamidad; y en estos tiempos de purificación guíanos por el camino del bien, para que junto contigo podamos alcanzar la gracia y la misericordia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendición de María: Protégenos Bendición de María: Cúbrenos Bendición de María: Ampáranos Bendición de María: Guíanos a las puertas de la Jerusalén Eterna. Amén. (Enoch 21 agosto 2011)

Corona de la Devoción a la Preciosa Sangre de Cristo

Esta devoción consta de 7 misterios en que meditamos sobre los 7 derramamientos principales de la Sangre Preciosa de Jesús. El Padre Nuestro se dice 5 veces en cada misterio, exceptuando el último, cuando es dicho 3 veces. Los 33 Padre Nuestro honran los 33 años de vida de nuestro señor en la Tierra.

Oh Jesús mío, por tu Preciosísima Sangre, precio de nuestra salvación derramada en la Tierra para abrirnos camino al cielo, entra en mi corazón, protege mi vida, descansa mi cuerpo, limpia mi alma, cura mis heridas, inunda mi espíritu, llena mis vacíos, fusiona señor mío tu Sangre Preciosa con mi propia sangre para llenarme de toda gloria y ser inmune a los espíritus malignos, y así seguir tu camino hacia el cielo. Amén.

Oh, Jesucristo, amor nuestro y promesa de salvación, por tu Sangre Preciosa te ofrezco la buena razón de mis pensamientos, de la palabra y de la acción de cada día. Clama a vuestro Padre Divino, llena esta casa señor con su divina misericordia, su perdón, su gracia y paz, por nosotros, por nuestras familias y por todas las personas.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Como en un principio, hoy y por todos los siglos, amén.

Cúbrenos Señor con tu Sangre Preciosa.
Sálvanos a nosotros y al mundo entero.

Acto de Consagración

Jesucristo, Señor nuestro, tú eres mi vida y yo te adoro, te ofrezco en homenaje mi alabanza y amor. En el calvario tú vertiste tu Sangre, precio de mi redención y fuente de todas las gracias que se haya conocido. Por eso te damos gracias, pues tú eres el grandísimo regalo de Dios a la humanidad, la prueba y promesa de amor eterno; pongo mi casa bajo tu poderosa protección; que tu bendición siempre descanse sobre mi familia y sobre todos quienes son queridos por mí.

Cuando las tormentas de la vida se aglomeren cerca de mí, cuando prueba y tentaciones me opriman fuertemente, cúbreme con tu Sangre Preciosa, sé tú mi refugio y mi fuerza, dame tu bendición, suaviza cada tristeza de mi alma y llena mi espíritu de gozo. Abre las puertas Celestiales con tu Divina Gracia y llévame delante del trono de la justicia de Dios donde por siempre alabaré y gozaré de la Gloria. Amén

Confesión de la Fe

Señor mío, Jesucristo, Hijo de Dios, yo declaro por mi fe que te he aceptado en mi corazón a ti, y sólo a ti, como mi señor y único salvador y sanador de mis dolencias. A ti, que has derramado tu Sangre Preciosa por nuestra salvación. A ti, que diste tu vida en la cruz por nosotros. A ti, que has resucitado por la gracia de Dios Padre de entre los muertos para llevarnos ante su divina presencia. Sólo a ti Señor.

Dios único y verdadero, confieso que jamás he de arrodillarme ante otras deidades, pues sólo tú eres mi Dios y nunca me apartaré de ti. Ilumina mi camino para no perderme, restaura mi vida para servirte, sana mis heridas y mis dolencias, perdona mis pecados, purifica mi alma para alabarte por siempre, en el nombre de Jesucristo, nuestro señor y Salvador, Amén.

Comunión Espiritual

Señor mío, yo te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi vida. Yo creo en tu poder y tu dulzura. Te ruego Señor penetra en mi alma y purifícala, alumbra mi inteligencia, toma posesión de mi mente, que tu Sangre Preciosa circule siempre en mis venas, que todos mis sentidos sean marcados con tu Sangre, que mi corazón palpite sólo por tu gloria y que mis labios te exhorten por siempre. Amén

Por tu sangre preciosa, oh Jesús, siete veces derramada por el bienestar de los hombres, por cada gota del precio tan sagrado de nuestra redención, por las lágrimas de tu Madre Inmaculada, te ruego, te suplico, escucha mi voz y las voces de todo tu pueblo. Te pedimos Señor... (Mencione aquí su petición)

Señor mío, tú que consolaste muchas aflicciones, sanaste muchas enfermedades, levantaste muchas veces el valor hundido, escucha la voz de esta alma que con angustia te ruega y trae la gracia que tan ardientemente desea.

CORONA DE LA PRECIOSA SANGRE

PRIMER MISTERIO: Jesús derrama su Sangre en la Circuncisión al octavo día de nacimiento para satisfacer a la divina Justicia por nuestros pecados. Por tu sangre Preciosa Señor, te pedimos pureza de alma y cuerpo, perdona nuestros pecados de la infancia y los del mundo entero.

Padre Nuestro 5 veces.
V. Gloria al padre, al hijo y al Espíritu Santo.
R. Como en un principio, hoy y siempre por los siglos de los siglos, Amén.
V. Señor, te rogamos, ayuda a tus siervos.
R. A quienes has redimido con tu Sangre Preciosa.
V. Pongo mi vida en tus manos Señor.
R. Ven en mi auxilio y sálvame.
V. Cúbrenos Señor con tu Sangre Preciosa.
R. Y sálvanos a nosotros y al mundo entero.

SEGUNDO MISTERIO: Jesús derrama su Sangre en forma de sudor en la agonía mientras oraba en el Monte de los Olivos. Por tu sangre Preciosa Señor, te pedimos por un espíritu de oración y gracia, perdona nuestras durezas de corazón y las del mundo entero.

Padre Nuestro 5 veces.
V. Gloria al padre, al hijo y al Espíritu Santo.
R. Como en un principio, hoy y siempre por los siglos de los siglos, Amén.
V. Señor, te rogamos, ayuda a tus siervos.
R. A quienes has redimido con tu Sangre Preciosa.
V. Pongo mi vida en tus manos Señor.
R. Ven en mi auxilio y sálvame.
V. Cúbrenos Señor con tu Sangre Preciosa.
R. Y sálvanos a nosotros y al mundo entero.

TERCER MISTERIO: Jesús derrama su Sangre por los azotes en el pilar ofreciéndola al eterno Padre en satisfacción de nuestras impaciencias y delicadezas. Por tu sangre Preciosa Señor, te pedimos paciencia y dominio de nosotros mismos, perdona de nuestros pecados de carne y los del mundo entero.

Padre Nuestro 5 veces.
V. Gloria al padre, al hijo y al Espíritu Santo.
R. Como en un principio, hoy y siempre por los siglos de los siglos, Amén.
V. Señor, te rogamos, ayuda a tus siervos.
R. A quienes has redimido con tu Sangre Preciosa.
V. Pongo mi vida en tus manos Señor.
R. Ven en mi auxilio y sálvame.
V. Cúbrenos Señor con tu Sangre Preciosa.
R. Y sálvanos a nosotros y al mundo entero.

CUARTO MISTERIO: Jesús derrama su Sangre en la Coronación de Espinas en pena de nuestra soberbia y de nuestros malos pensamientos. Por tu sangre Preciosa Señor, te pedimos humildad para reparar nuestro orgullo, perdona  nuestros pecados de espíritu y los del mundo entero.

Padre Nuestro 5 veces.
V. Gloria al padre, al hijo y al Espíritu Santo.
R. Como en un principio, hoy y siempre por los siglos de los siglos, Amén.
V. Señor, te rogamos, ayuda a tus siervos.
R. A quienes has redimido con tu Sangre Preciosa.
V. Pongo mi vida en tus manos Señor.
R. Ven en mi auxilio y sálvame.
V. Cúbrenos Señor con tu Sangre Preciosa.
R. Y sálvanos a nosotros y al mundo entero.

QUINTO MISTERIO: Jesús derrama su Sangre mientras llevaba su pesada cruz al Calvario, en satisfacción del mal ejemplo con que los hombres han de arrastrar a otros por el camino de la perdición. Por tu sangre Preciosa Señor, te pedimos resignación y fortaleza por la carga diaria de nuestra cruz, perdona nuestras desobediencias a los mandamientos y las del mundo entero.

Padre Nuestro 5 veces.
V. Gloria al padre, al hijo y al Espíritu Santo.
R. Como en un principio, hoy y siempre por los siglos de los siglos, Amén.
V. Señor, te rogamos, ayuda a tus siervos.
R. A quienes has redimido con tu Sangre Preciosa.
V. Pongo mi vida en tus manos Señor.
R. Ven en mi auxilio y sálvame.
V. Cúbrenos Señor con tu Sangre Preciosa.
R. Y sálvanos a nosotros y al mundo entero.

SEXTO MISTERIO: Jesús derrama su Sangre en la terrible Crucifixión para pagar las faltas, maldades e iniquidades de toda la humanidad. Por tu sangre Preciosa Señor, te pedimos arrepentimiento perfecto para seguir una vida cristiana, perdona nuestros pecados mortales y los del mundo entero.

Padre Nuestro 5 veces.
V. Gloria al padre, al hijo y al Espíritu Santo.
R. Como en un principio, hoy y siempre por los siglos de los siglos, Amén.
V. Señor, te rogamos, ayuda a tus siervos.
R. A quienes has redimido con tu Sangre Preciosa.
V. Pongo mi vida en tus manos Señor.
R. Ven en mi auxilio y sálvame.
V. Cúbrenos Señor con tu Sangre Preciosa.
R. Y sálvanos a nosotros y al mundo entero.

SÉPTIMO MISTERIO: Jesús derrama su Sangre y Agua por su herida de un costado, abierta por una lanza, demostrando que su Sangre Preciosa había sido derramada hasta la última gota por nuestra salvación. Por tu sangre Preciosa Señor, te pedimos perseverancia para lograr tus propósitos, concede nuestra salvación y la del mundo entero.

Padre Nuestro 3 veces.
V. Gloria al padre, al hijo y al Espíritu Santo.
R. Como en un principio, hoy y siempre por los siglos de los siglos, Amén.
V. Señor, te rogamos, ayuda a tus siervos.
R. A quienes has redimido con tu Sangre Preciosa.
V. Pongo mi vida en tus manos Señor.
R. Ven en mi auxilio y sálvame.
V. Cúbrenos Señor con tu Sangre Preciosa.
R. Y sálvanos a nosotros y al mundo entero.

Lávanos con tu Preciosa Sangre Señor, entra en nuestras vidas, líbranos de todo pecado, extingue las llamas del Purgatorio para nosotros y para las Santas Almas.

Señor, ten misericordia de nosotros.
Cristo, ten misericordia de nosotros.
Señor, ten misericordia de nosotros.
Cristo, Óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios Padre Celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo Redentor del Mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.
Sangre de Cristo, Hijo único del Padre Eterno, sálvanos.
Sangre de Cristo, Palabra encarnada de Dios, sálvanos.
Sangre de Cristo, del Nuevo y Eterno Testamento, sálvanos.
Sangre de Cristo, derramada sobre la Tierra en la agonía, sálvanos
Sangre de Cristo, vertida profusamente en la flagelación, sálvanos.
Sangre de Cristo, derramada en la coronación de espinas, sálvanos.
Sangre de Cristo, derramada en la cruz, sálvanos.
Sangre de Cristo, precio de nuestra salvación, sálvanos.
Sangre de Cristo, precisa para el perdón, sálvanos.
Sangre de Cristo, bebida eucarística y refrigerio de las almas, sálvanos.
Sangre de Cristo, manantial de misericordia, sálvanos.
Sangre de Cristo, vencedora de los espíritus malignos, sálvanos.
Sangre de Cristo, que das valor a los mártires, sálvanos.
Sangre de Cristo, fortaleza de los confesores, sálvanos.
Sangre de Cristo, inspiración de las vírgenes, sálvanos.
Sangre de Cristo, auxilio de quien está en peligro, sálvanos.
Sangre de Cristo, alivio de los afligidos, sálvanos.
Sangre de Cristo, solaz en las penas, sálvanos.
Sangre de Cristo, esperanza del penitente, sálvanos.
Sangre de Cristo, consuelo del moribundo, sálvanos.
Sangre de Cristo, paz y ternura para los corazones, sálvanos.
Sangre de Cristo, promesa de vida eterna, sálvanos.
Sangre de Cristo, que libras a las almas del purgatorio, sálvanos.
Sangre de Cristo, digna de todo honor y toda gloria, sálvanos.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, perdónanos Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, escúchanos Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad y misericordia de nosotros.

Oh Señor mío, tú nos haz redimido en tu Sangre Preciosa.
Haz hecho para nuestro Dios un verdadero reino.

Dios Eterno y Omnipotente, tú has designado a tu hijo único como redentor del mundo y brindado paz con su Sangre Preciosa. Concédenos, te rogamos, que podamos ser merecedores de adorar el precio de nuestra salvación y por medio de su poder ser guardados de los males de esta vida presente, para poder gozar de tu gloria eternamente en el cielo. En el nombre de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Amén.

En cada necesidad permíteme que venga a ti con humilde confianza diciendo:
Sangre de Jesús, Ayúdame (repetir después de cada frase)

En todas mis dudas, incertidumbres y tentaciones:
Sangre de Jesús, Ayúdame.

En horas de soledad, cansancio y pruebas:
Sangre de Jesús, Ayúdame.

En el fracaso de mis planes y esperanza; en desilusiones, problemas y dolores:
Sangre de Jesús, Ayúdame.

Cuando mi corazón se encuentre caído por fracasos, de ver que nada bueno resulta de mis esfuerzos:
Sangre de Jesús, Ayúdame.

Cuando otros me falten y sólo tu gracia pueda asistirme:
Sangre de Jesús, Ayúdame.

Cuando me rinda a tu tierno amor de Padre y Salvador:
Sangre de Jesús, Ayúdame.

Cuando me sienta impaciente y mi cruz me irrite:
Sangre de Jesús, Ayúdame.

Cuando esté enfermo, cuando mi cabeza y mis manos no puedan trabajar, cuando esté solo:
Sangre de Jesús, Ayúdame.

Siempre, a pesar de mis debilidades, caídas y contratiempos:
Sangre de Jesús, Ayúdame, nunca me desampares.
Amén.

Oh Jesús misericordioso, abrasado en ardiente amor de las almas, por la agonía de tu Sagrado Corazón y por los dolores de tu Madre Inmaculada, te suplicamos con tu Preciosa Sangre limpia a todos los pecadores de la tierra, moja con arrepentimiento a aquellos que te han ofendido o se niegan a seguir tu camino, y purifica las almas de aquellos que están en la agonía y tienen hoy que morir.

Oh Jesús, en unión con tu Preciosa Sangre vertida en la cruz y ofrecida en cada misa, yo te ofrezco hoy mis oraciones, mis logros, mis dichas, mis tristezas, mis sufrimientos, por el precio de un Santo Nombre y todos los deseos de tu Sagrado Corazón, en reparación por el pecado, por conversión de los pecadores, en unión de todos los cristianos y nuestra unión final contigo en el cielo. Amén.


Dios Eterno y Todopoderoso que constituiste a tu hijo único Redentor del mundo, y que quisiste ser apaciguado por su sangre, haz que venerando el precio de nuestra salvación y estando protegidos por él sobre la tierra contra los males de esta vida, seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor y Redentor, Jesucristo, y por él merezcamos llegar a tu compañía en el Cielo. Por Jesucristo Nuestro Señor, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Por Jesucristo Nuestro Señor, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén


MODO DE REZAR EL ROSARIO DE LA PRECIOSA SANGRE DE JESUCRISTO:

En la Cruz - En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración al Espíritu Santo.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de Tus fieles, y enciende en ellos el fuego de Tu amor. Envía Tu Espíritu y todo será creado. Y renovarás la faz de la tierra.
Oremos: Oh Dios, que instruiste los corazones de Tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que animados y guiados por este mismo Espíritu, aprendamos a obrar rectamente siempre, y gocemos de la dulzura del Bien y de Sus divinos consuelos.
Por Cristo Nuestro Señor. Así sea.

CREDO: Creo en Dios Padre...

(inclinando la cabeza)
¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, y Luz del Cielo y de la tierra, nos cubra ahora y siempre!
Amén.

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!
R: ¡Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús!
En la cuenta blanca: Padre Nuestro...
En las tres cuentas rojas: Ave María... (3 veces), Gloria al Padre...


En la cuenta grande: (inclinando la cabeza)
¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, y Luz del Cielo y de la tierra, nos cubra ahora y siempre! Amén.


PRIMER MISTERIO: La Mano derecha de Nuestro Señor Jesús, es clavada.
(pausa para breve meditación)

Oración: ¡Por la Preciosa Llaga de Tu Mano derecha, y por el dolor causado por el clavo que la atravesó, la Preciosa Sangre que brota de ella, salve a los pecadores del mundo entero y convierta muchas almas! Amén.

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!
R: ¡Sana las Heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús!

Padre Nuestro... Ave María.

En las 12 cuentas:

L: ¡Sangre Preciosa de Jesucristo!
R: ¡Sálvanos a nosotros y al mundo entero!

Gloria al Padre...

En la cuenta grande: (inclinando la cabeza)
¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, y Luz del Cielo y de la tierra, nos cubra ahora y siempre. Amén.


SEGUNDO MISTERIO: La Mano izquierda de Nuestro Señor Jesús es clavada.
(pausa para breve meditación)

Oración: ¡Por la Preciosa Llaga de Tu Mano izquierda, y por el dolor causado por el clavo que la atravesó, la Preciosa Sangre que brota de ella, salve almas del purgatorio y proteja a los moribundos de los ataques de los espíritus infernales! Amén

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!
R: ¡Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús!

Padre Nuestro -Ave María

En las 12 cuentas:
L: ¡Sangre Preciosa de Jesucristo!
R: ¡Sálvanos a nosotros y al mundo entero!

Gloria al Padre...

En la cuenta grande: (inclinando la cabeza)
¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, y Luz del Cielo y de la tierra, nos cubra ahora y siempre! Amén.


TERCER MISTERIO: El pie derecho de Nuestro Señor Jesús es clavado.
(pausa para breve meditación)

Oración: ¡Por la Preciosa Llaga de Tu Pie derecho y por el dolor causado por el clavo que lo atravesó, la Preciosa Sangre que brota de ella, cubra los cimientos de la Iglesia Católica contra los planes del reino oculto y los hombres malignos!. Amén.

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!
R: ¡Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús!

Padre Nuestro -Ave María

En las 12 cuentas:
L: ¡Sangre Preciosa de Jesucristo!
R: ¡Sálvanos a nosotros y al mundo entero! Gloria al Padre...

En la cuenta grande: (inclinando la cabeza)
¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, y Luz del Cielo y de la tierra, nos cubra ahora y siempre! Amén.


CUARTO MISTERIO: El Pie izquierdo de Nuestro Señor Jesús es clavado.
(pausa para breve meditación)

Oración: ¡Por la Preciosa Llaga de Tu Pie izquierdo, y por el dolor causado por el clavo que lo atravesó, la Preciosa Sangre que brota de ella nos proteja en todos nuestros caminos de los planes y ataques de los espíritus malignos y sus agentes! Amén.

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!
R: ¡Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús!

Padre Nuestro -Ave María

En las 12 cuentas:
L: ¡Sangre Preciosa de Jesucristo!
R: ¡Sálvanos a nosotros y al mundo entero!

Gloria al Padre...

En la cuenta grande: (inclinando la cabeza)
¡Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, Luz del Cielo y de la tierra, nos cubra ahora y siempre! Amén.


QUINTO MISTERIO: El Sagrado Costado de Nuestro Señor Jesús es traspasado.
(pausa para breve meditación)

Oración: ¡Por la Preciosa Llaga de Tu Sagrado Costado, y por el dolor causado por la lanza que lo traspasó, la Preciosa Sangre y Agua que brotan de ella, sane a los enfermos, resucite a los muertos, solucione nuestros problemas presentes, y nos enseñe el camino hacia Nuestro Dios para la Gloria eterna! Amén

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!
R: ¡Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús!

Padre Nuestro -Ave María

En las 12 cuentas:
L: ¡Sangre Preciosa de Jesucristo!
R: ¡Sálvanos a nosotros y al mundo entero!

Gloria al Padre…

En la cuenta grande: (inclinando la cabeza)
¡Que la Preciosa Sangre que brota de la 'Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo, Templo de la Divina Sabiduría, Tabernáculo del Divino Conocimiento, Luz del Cielo y de la tierra, nos cubra ahora y siempre! Amén.

L: ¡Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo!
R: ¡Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús! (3 veces)
La Salve: Dios te salve Reina y Madre...


Oremos
Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo, te honramos, te alabamos y te adoramos por Tu obra de eterna alianza que trae paz a la humanidad. Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús. Consuela al Padre Todopoderoso en Su trono, y lava los pecados del mundo entero. Que todos te reverencien, oh Preciosa Sangre, ten misericordia. Amén. 

ORACIÓN A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE
Oh Sangre Preciosísima de Jesús, precio infinito de rescate del universo, bebida y baño de nuestras almas, que defiendes la causa de la humanidad delante del trono de la suprema Misericordia, nosotros te adoramos profundamente.
Quisiéramos, en cuanto es posible, compensarte por la ingratitud y los ultrajes que recibes continuamente de tantos pecadores, sobre todo de los temerarios que se atreven a blasfemar de ti.
Seas siempre bendita, oh Sangre de infinito valor y sea mil veces bendito Jesús que te ha derramado por nuestra salvación. ¡Su inmenso amor por nosotros ha sido el que te ha hecho fluir de sus venas hasta la última gota!
Oh Sangre de Redención y Vida, de unidad y de paz, fuente de Gracia y prenda de Vida Eterna, haz que todos los corazones y todas las lenguas puedan alabarte, bendecirte y darte gracias ahora y siempre. Amén.
¡Señor Jesucristo, que nos has redimido con tu Sangre Preciosa, nosotros te adoramos!
Precio infinito del rescate del universo, místico baño de nuestras almas, tu Sangre divina es prenda de nuestra salvación junto al Padre Misericordioso.
Seas siempre bendito y te sean dadas gracias, Jesús, por el don de tu Sangre, que con Espíritu de Amor eterno has ofrecido hasta la última gota para hacernos partícipes de la Vida Divina.
La Sangre que ha derramado por nuestra Redención nos purifique del pecado y nos salve de las insidias del maligno. La Sangre de la nueva y eterna alianza, nuestra bebida en el Sacrificio Eucarístico, nos una a Dios y entre nosotros en el amor, en la paz y en el respeto de toda persona, especialmente de los pobres.
Oh Sangre de Vida, de unidad y de paz, misterio de Amor y fuente de Gracia, embriaga nuestros corazones del Santo Espíritu.
Señor Jesús, quisiéramos compensarte por las ingratitudes y los ultrajes que recibes continuamente de los pecados de tus criaturas. Acepta nuestra vida en unión con el ofrecimiento de tu Sangre, para que podamos completar en nosotros lo que falta a tu Pasión por el bien de la Iglesia y por la Redención del mundo.
Señor Jesucristo, haz que todos los pueblos y todas las lenguas te puedan bendecir y dar gracias en la tierra y en la Gloria de los Cielos con el canto de alabanza: "Nos has redimido, oh Señor, con tu Sangre y has hecho de nosotros un reino para nuestro Dios". Amén
CONSAGRACIÓN A LA SANGRE PRECIOSÍSIMA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.
Consciente de mi nada y de tu Grandeza, misericordiosísimo Salvador, postrado ante tus pies, te agradezco tantas gracias, hechas a mí, criatura ingrata, particularmente porque por medio de tu Preciosísima Sangre, me has liberado de la potestad de las tinieblas satánicas y me has trasladado a tu Reino.
En presencia de la Madre de Dios, del Ángel de mi guarda y de mis patronos y de toda la corte celestial, yo me consagro, oh mi Jesús, con corazón sincero y libremente, a la Preciosísima Sangre, con la que tú redimiste al mundo del pecado, de la muerte y del infierno.
Yo te prometo, con el auxilio de tu gracia y según mis fuerzas, hacer revivir la devoción a tu Preciosísima Sangre, en loor de nuestra redención, y propagarla, a fin de que tu adorable y Preciosísima Sangre sea honrada y glorificada por todos. De esta manera quiero reparar mi infidelidad hacia tu Preciosísima Sangre y expiar las profanaciones cometidas contra ella.
Mírame aquí mi Jesús, yo te ofrezco el amor y las adoraciones ofrecidas por tu Santísima Madre, tus discípulos fieles y de todos los santos a tu Preciosísima Sangre. No recuerdes más mi infidelidad y frialdad y perdóname todas las ofensas hechas a ti.
Rocíame, oh Divino salvador, con tu Sangre Preciosísima, para que te ame, amor Crucificado desde ahora para siempre, para ser digno del precio de Nuestra Redención.

El Via Crucis
o Camino de la Cruz 
Oración para el comienzo 
Señor mío Jesucristo, que me invitas a tomar la Cruz y seguirte, caminando Tú delante para darme ejemplo, ilumina mi alma con la luz de tu gracia para que pueda meditar fructuosamente tus pasos dolorosos y aprenda a seguirte con decisión y coraje.
Madre de los Dolores, inspíranos los sentimientos de amor con que acompañaste en este camino de amargura a tu divino Hijo. Amén. 
Primera estación:
“Jesús condenado a muerte”
 
Está el injusto juez sentado en el tribunal, y a sus pies el Hijo de Dios, juez de vivos y muertos, las manos atadas como un delincuente, oyendo serenamente su sentencia de condenación. ¡Jesús mío querido! ¡Tú, autor de la vida, condenado a muerte! ¡Tú, inocencia y santidad, condenado a una muerte humillante, como el último malhechor! Qué amor tan grande el tuyo y qué ingratitud tan grande la mía, pues te condeno de nuevo cada día. Y ¿por qué? ¡Por seguir una mala inclinación, un interés mezquino o el temor a lo que digan los otros!
Perdóname, Jesús mío, y por ese tribunal injusto que soportaste, no permitas que caiga un día sobre mí la sentencia de muerte eterna, que merecían mis pecados. 

Segunda estación:
“Sale Jesús con la cruz a cuestas”
 
¡Y quieres, inocente Jesús mío, llevar Tú mismo, como otro Isaac, el instrumento del suplicio! ¡Estás exhausto de fuerzas! ¡Tus espaldas y hombros están doloridos y rasgados por los azotes! ¡La cruz es larga y pesada! Y cuánto no acrecientan todavía su peso mis iniquidades y las de todo el mundo... Sin embargo, la aceptas, y besándola la abrazas y llevas decididamente por mi amor.
Y yo, pecador, ¿aborreceré la ligera cruz que Dios me envía? ¿Pretenderé yo ir al cielo por los deleites y comodidades, yendo allá el inocentísimo Jesús por el dramático camino de la cruz?
Reconozco mi engaño, Salvador mío; envíame penas y tribulaciones, que resuelto estoy a sufrirlas con resignación y alegría, por amor de un Dios que tanto padeció por mí. 

Tercera estación:
“Jesús cae la primera vez”
 
No es extraño, Jesús mío, que sucumbas rendido al enorme peso de la cruz. Lo que me estremece es ver la inhumanidad con que te tratan. Hasta los mismos animales inspiran más compasión. Pero cae el Rey de los cielos y la tierra, quien sostiene el universo, y tus verdugos no se conmueven. Hay una malicia e insensibilidad que no parece humana, parece diabólica...
¿Y qué hacías, en qué pensabas entonces, Señor?. En ti pensaba, pecador, por ti sufría con paciencia lo que tú habías merecido. Para librarte de tus pecados he querido pasar estos momentos de dolor e ignominia. ¿No estás todavía satisfecho? ¿Quieres aún que continúe este camino que ya se me ha hecho tan largo? Aquí me tienes.
¡No, Jesús mío, no!; antes morir que volver a ofenderte. 

Cuarta estación:
“Jesús encuentra a su Madre”
 
¿Qué sentiste, Madre de dolores, al ver aquél espectáculo? Se ha dado sentencia de muerte sobre tu Hijo, los amigos lo han dejado solo y lo siguen a distancia, una multitud que se pliega a las burlas, injurias y blasfemias. Tu Hijo entre dos malhechores y la guardia romana. Cuando adolescente, perdido, lo buscaste con angustia, pero lo encontraste sano y salvo en el Templo. Ahora te lo llevan al sacrificio como a un cordero. ¡Qué distinto será! ¿Lo conoces, Madre? ¿Es ése tu Hijo, tu fiel reflejo, el más hermoso de los hijos de los hombres? ¿Es éste el esplendor de la gloria del Padre, la admiración de los ángeles? ¡Cómo ha cambiado todo! Ya no están los reyes ni los pastores ni los ángeles que celebraron su venida con himnos de alabanza. Ahora hay sudor y sangre en su rostro que no puedo secar y esa corona de espinas que no puedo quitarle...
¡María, mujer afligida entre todas las mujeres! ¡María, la del corazón y del amor inmaculado, tu dolor es tan grande como tu amor! ¡Qué serena fortaleza te da la unión a Dios! ¡Oh Jesús! ¡Oh María! Perdonad al verdadero causante de tanta aflicción y nunca me dejéis en el camino de mi cruz. 

Quinta estación:
“Jesús ayudado por el Cireneo”
 
Temiendo los judíos no se le muriese Jesús antes de llegar al Calvario, no por aliviarle, sino por el deseo que tenían de crucificarle, buscan quien le ayude a llevar la cruz, y no le encuentran. Había entonces en Jerusalén tantos millares de hombres, y sólo Simón Cireneo acepta este favor, y aun por fuerza.
¿Y así te desamparan, Jesús mío? ¿No fueron cinco mil los hombres que alimentaste con cinco panes en el desierto? ¿No son innumerables los ciegos, paralíticos y enfermos que sanaste? ¡Y nadie quiere llevar tu cruz! ¡Ni siquiera tus apóstoles, ni Pedro! ¡Y ella, no obstante, nos predica la amplitud de tu misericordia, la longitud de tu poder y la profundidad de tu sabiduría infinita! ¡Qué misterio incomprensible! Muchos admiran tus prodigios y tu doctrina, mas pocos gustan de padecer contigo.
Teman, pues, los que eluden la cruz, oyendo a Cristo que dice: “El que no carga la cruz y viene en pos de Mí, no puede ser mi discípulo.” 

Sexta estación:
“Verónica enjuga el rostro de Jesús”
 ¡Qué temple el de esta mujer! Aquel rostro, reflejo de un alma santísima y de la misma plenitud de la divinidad, está marcado por el cansancio, cubierto de polvo, sudor y sangre. Pero ella, en un arranque de nobleza, desafiando los peligros, se quita el pañuelo y le enjuga el rostro.
¡Cómo confunde esta mujer fuerte la cobardía de tantos cristianos que por respeto humano no se atreven a obrar bien! ¡Dichosa Verónica! Dios te premia ese gesto de grandeza de alma dejando su rostro estampado en el lienzo.
¿Quiero yo que Dios restaure mi alma con la imagen de su Hijo? Me venceré a mí mismo, despreciaré el respeto humano e imitaré el ejemplo de la Verónica. Quiero ser otro Cristo donde el Padre se complazca. 

Séptima estación:
“Jesús cae la segunda vez”
 
Cae el Señor segunda vez bajo la cruz; nuevas injurias y golpes, nueva crueldad de parte de los judíos; nuevos dolores y tormentos, nuevos rasgos de amor de parte de Jesús. Parece que el infierno desahoga contra Él todo su furor. Mas ¿qué hará el Señor? ¿Dejará la empresa comenzada? ¿Hará como nosotros, que a una ligera contradicción abandonamos el camino de la virtud? No. Bien podrán decirle: Si eres Hijo de Dios baja de la cruz, deja la cruz; por lo mismo que lo es, allí permanecerá, a ella se aferrará hasta morir.
¿Cuándo, Señor, imitaré tu heroica constancia? No siendo coronado sino el que combatiendo legítimamente persevere hasta el fin, ¿de qué me servirá abrazar la virtud y llevar la cruz solamente algunos días? Cueste, pues, lo que costare, quiero, con tu divina gracia, amarte y servirte hasta morir. 

Octava estación:
“Jesús consuela a las santas mujeres”
 
¡Qué amor tan ardiente! Los que sufren, piensan y hablan de sus penas. Pero Tú, olvidando tus agudos dolores, te acuerdas de nosotros. Hijas de Jerusalén, dice a las mujeres que compadecidas lo seguían llorando, no lloréis por Mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos.
Pero ¿puede haber motivo más digno de llanto que la pasión y muerte de nuestro Redentor? Sí, hay cosa más digna de lágrimas, y de lágrimas eternas, y es el pecado. Pues el pecado es la única causa de la pasión y muerte tan ignominiosa; él es el origen y el colmo de todos los males; mal terrible, el único mal. ¡Y no obstante yo peco con tanta facilidad! ¡Y recaigo tan a menudo en el pecado! ¡Y paso tranquilo días, meses, años y hasta la vida entera, si no en el pecado, al menos en la tibieza y en la mediocridad! 

Novena estación:
“Jesús cae la tercera vez”
 
¿Qué es esto, Jesús mío? ¡En Ti fueron hechas todas las cosas, eres el recapitulador del universo, vencedor del poder del infierno y de la muerte, y te vemos nuevamente caído en tierra!
¿Y qué, hijo mío? ¿No has pecado más de dos o tres veces? ¿No recaes a diario, no eres inconstante en mi seguimiento? Hoy haces generosos propósitos y mañana ya están olvidados; ahora me entregas el corazón y un instante después te dejas ganar por los placeres de la carne, las frivolidades del mundo o los reclamos de tu amor propio. La historia de Pedro se repite en cada uno de los hombres. Por eso he caído por segunda y tercera vez, para expiar tus continuas recaídas. Caigo para que te levantes pronto del pecado, para que salgas de la tibieza, para que no te expongas de nuevo al peligro, para que no vayas a caer en el fuego inextinguible del infierno.
Gracias, Dios mío, por tu inefable bondad; y por esta tan dolorosa caída, dame fuerza, te lo suplico, para que me levante por fin de mi vida de pecado, y camine firme y constante en tu santo servicio. 

Décima estación:
“Jesús despojado de sus vestiduras”
 
Cuando te tratan una herida, por cuidado que tenga la más delicada madre, ¡qué dolor no sientes al curarte y vendarte! ¿Cuál sería el tormento de Jesús al quitarle las vestiduras y manipular ese cuerpo agobiado por el cansancio, herido por la flagelación y la fatiga del camino? Más aún, ¡te quitan los vestidos, Señor, y te exponen desnudo en medio de una multitud! ¿En qué pensabas, Jesús mío, frente a tantos agravios juntos?
En ti pensaba; en tus pecados de impureza y los de todo el mundo. En tantas faltas que desde la adolescencia comienzan a degradar a los hombres y los hacen ciegos e incapaces de los bienes del cielo. Sé cuánto te cuesta deshacerte de aquel mal hábito, privarte de aquel placer, separarte de aquella mala amistad. Todo esto te quería decir con aquellos profundos dolores que me afectaron el cuerpo y el alma.
¡Señor, qué inmensa caridad la tuya y qué grande insensibilidad la mía! Nunca más, Señor, renovar estos dolores con mis pecados. 

Undécima estación:
“Jesús clavado en la cruz”
 
¿Quién de nosotros tendría valor para sufrir que le atravesasen pies y manos con gruesos clavos? ¿Quién tendría ánimo para ver así atormentado incluso a su mayor enemigo? Pues este tormento padece Jesús por nuestro amor. Ya le tienden sobre la cruz, ya le clavan aquellas manos omnipotentes que tantas veces se habían levantado para sanar y bendecir, ya brota su preciosa sangre. Así, al golpeteo del martillo se va consumando el sacrificio del manso cordero que quita los pecados del mundo.
Ahí está también su Madre. Lo que Tú, Redentor mío, sufres visible e interiormente, Ella lo padece en su interior, pues siempre guardó tus cosas en su corazón.
Que no deje, Señor, de contemplarte, y de contemplar a tu Madre, y siempre recuerde que yo también he estado presente y he tenido mucho que ver en este doble sacrificio. 

Duodécima estación:
“Jesús muere en la cruz”
Contempla ahora a nuestro Cristo puesto en la cruz y seguirás oyendo y viendo cosas admirables. La cruz se convierte ahora en una cátedra, un púlpito de las más profundas enseñanzas y ejemplos.
Cuando todos esperaban insultos o quejidos, escuchan de sus labios: Perdónalos porque no saben lo que hacen. Lo ha dicho por los verdugos romanos, por los paganos, por los judíos entregadores  y todos los de su raza, por ti y por mí. Desde entonces tiene eficacia el perdón del sacerdote. Ahora el Señor se dirige a aquel hombre que estaba crucificado junto a Él, despreciado de la sociedad, a quien nadie valoraba ni acompañaba, para responder no tanto al pedido de sus palabras como a la sed de su corazón: Hoy estarás conmigo en el Paraíso. ¿Quién podrá desesperar si el ladrón confía? Pero ahí está su Madre y el único Apóstol fiel.Ahí tienes a tu hijo, ahí tienes a tu Madre.  En la prueba y el dolor descubrirás la necesidad de María; Ella estará siempre al pie de tu cruz.
¡Cuántas gracias han brotado de este monte! A través de ellas hemos llegado a la fuente misma: el sacrificio de Cristo. En este nuevo Templo de la humanidad puedes ver a la Víctima inmaculada  en el instante mismo del sacrificio de su alma y de su cuerpo: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?; Tengo sed. Ahora escucha al Sacerdote: Todo está consumado; Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
Jesús mío, que nunca olvide este momento y te busque siempre en las fuentes del perdón y de la Eucaristía. 

Decimotercera estación:
“El descendimiento del Señor”
 
Tu Hijo ha muerto, Madre mía, mis pecados son los verdugos que le hicieron sufrir y le dieron muerte tan cruel. Sí, yo lo dejé solo en el huerto, yo lo condené en tres tribunales, yo lo he flagelado, yo he sido el peso de esa cruz y la agudeza de los clavos. Ese cuerpo tan hermoso, obra del Espíritu Santo que llevaste en tu seno, ahora lo recibes tan cambiado. Soy yo también quien atravesó tu corazón con una espada de dolor. ¿Dónde iré? ¿Dónde me ocultaré?
He pecado, Madre mía, como Pedro y como Judas. Pero he aprendido que siempre hay perdón si nos acercamos a tu Hijo. Una palabra suya bastará para sanarme. Sé además que Tú eres mi Madre y yo soy tu hijo. Jesús acaba de traspasar en mí los derechos que tenía a tu amor. Recíbeme, entonces, con el amor con que recibiste a tu Hijo hasta los últimos momentos de su vida. Me amparo, pues, en tus brazos con la más viva confianza. No me desprecies, refugio maternal de pecadores arrepentidos, y ampárame ahora y en la hora de mi muerte. 
Decimocuarta estación:
“Jesús puesto en el sepulcro”
 
José de Arimatea y Nicodemo, ungiendo el cuerpo con aromas, le ponen en un sepulcro nuevo, sellándolo con una losa de piedra.
¡Cuántos sentimientos se mezclan también ahora en el corazón de esa Madre admirable! Por un lado, los últimos recuerdos de la injusticia de los tribunales y los padecimientos de la cruz; por otro, el dolor de ya no verlo ni tocarlo. Pero es aún más fuerte en su alma el consuelo del valor infinito de este sacrificio. En la cruz ya se han visto los primeros brotes de una primavera inagotable que se extenderá por todos los siglos. Sabe Ella también que pronto el Señor ha de resucitar como primicia para todos los mortales. Aunque los demás duden, para Ella es una certeza del corazón, sostenida por la palabra misma de su Hijo. Feliz de Ti que has creído. Esa tumba es para Ti un nuevo seno materno, semejante al tuyo, de donde esperas que nazca como en los días de Belén, pero ahora con cuerpo glorioso.
¡Sepulcro afortunado, que encierras el cuerpo del Hijo de Dios y el corazón de su Madre, guarda también con esos tesoros mi pobre corazón! Sea éste para ti el sepulcro donde descanses; sean los puros afectos de mi alma los lienzos que te envuelvan y los aromas que te consuelen. Muera yo a las fascinaciones y vanidades del mundo para que, viviendo según el espíritu de tu Hijo, espere confiado la resurrección gloriosa y la vida eterna.