sábado, 3 de enero de 2015

“vigilad y orad”.

San Alfonso recomienda, ya que Dios acoge todas las oraciones, pedir todos los días la gracia de rezar siempre. Esa es la razón, entre otras, de que la devoción a María haya salvado a tantos pecadores. La menor oración, Dios la escucha. “Si quis tristetur oret”, dice Santiago, “si alguien está triste, ¡que rece!” “Hoc genus demoniorum non icitur, ieiunio et orationes”, dice Jesús hablando del joven lunático, “a este género de demonios –el de la impureza en particular, no los ahuyenta sino el ayuno y la oración” y muchas veces estas palabras de Jesús: “Vigilate et orate”, “vigilad y orad”.
Sugerencias sobre el modo práctico de hacer el Jueves Sacerdotal:

1. Exposición del Santísimo Sacramento
2. Rosario meditado
3. Preces por los Sacerdotes, religiosos y religiosas
4. Preces para pedir vocaciones
5. Preces por las misiones
6. Reserva y bendición con el Santísimo Sacramento.
7. Misa votiva de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote.


Oración del Venerable Pío XII por los sacerdotes

Oh Jesús, Pontífice Eterno, Buen Pastor, Fuente de vida, que por singular generosidad de vuestro dulcísimo Corazón nos habéis dado a nuestros sacerdotes para que podamos cumplir plenamente los designios de santificación que vuestra gracia inspira en nuestras almas; os suplicamos: venid y ayudadlos con vuestra asistencia misericordiosa.

Sed para ellos, oh Jesús, fe viva en sus obras, esperanza inquebrantable en las pruebas, caridad ardiente en sus propósitos. Que vuestra Palabra, rayo de la eterna Sabiduría, sea, por la constante meditación, el alimento diario de su vida interior. Que el ejemplo de vuestra vida y Pasión se renueve en su conducta y en sus sufrimientos para enseñanza nuestra, y alivio y sostén en nuestras penas.

Concededles, oh Señor, desprendimiento de todo interés terreno y que sólo busquen vuestra mayor gloria. Concededles ser fieles a sus obligaciones con pura conciencia hasta el postrer aliento. Y cuando con la muerte del cuerpo entreguen en vuestras manos la tarea bien cumplida, dadles, Jesús, Vos que fuisteis su Maestro en la tierra, la recompensa eterna: la corona de justicia en el esplendor de los santos. Amén.


Preces litánicas por los sacerdotes


Padre nuestro, que estás en los cielos:

V. Para que sea santificado tu nombre:
R. Danos sacerdotes santos.
V. Para que venga a nosotros tu reino:
R. Danos sacerdotes santos.
V. Para que tu voluntad sea hecha en la tierra como en el cielo:
R. Danos sacerdotes santos.
V. Para que no nos falte el pan espiritual de tu Palabra ni el Divino Pan Eucarístico cada día:
R. Danos sacerdotes santos.
V. Para que en tu nombre perdonen nuestros pecados:
R. Danos sacerdotes santos.
V. Para que nos enseñen a perdonar las ofensas:
R. Danos sacerdotes santos.
V. Para que nos auxilien en la lucha contra las tentaciones,
R. Danos sacerdotes santos.
V. Para que nos ayuden a librarnos del mal, sobre todo en la hora de la muerte:
R. Danos sacerdotes santos.




Oración del Venerable Pío XII
por las vocaciones sacerdotales y religiosas

Señor Jesús, Supremo Sacerdote y Pastor universal, que nos habéis enseñado a rezar diciendo: “Rogad al dueño de la mies que envíe operarios a su mies” (Mat. IX, 38), escuchad con benevolencia nuestras súplicas, y suscitad un gran número de almas generosas que, animadas por vuestro ejemplo y sostenidos por vuestra gracia, aspiren a ser los ministros y los continuadores de vuestro verdadero y único sacerdocio.

Haced que las trampas y calumnias del enemigo malo, secundado por el espíritu indiferente y materialista del mundo, no obscurezcan entre los fieles el sublime esplendor y la profunda estima debida a la misión de aquellos que, sin ser del mundo, viven en el mundo, para ser los dispensadores de los divinos misterios. Haced que, para preparar buenas vocaciones, continúen promoviéndose en la juventud la instrucción religiosa, la piedad sincera, la pureza de la vida y el cultivo de las ideas más elevadas. Haced que, para secundarles, la familia cristiana, consciente del honor que significa destinar al Señor a algunos de sus retoños, no deje nunca de ser un vivero de almas puras y fervorosas. Haced que no falten nunca en tu Iglesia extendida por todo el mundo los medios necesarios para acoger, favorecer, formar y llevar a término las buenas vocaciones que se le ofrecen. Y, a fin de que todo ello se convierta en realidad, oh Jesús, que deseáis tanto el bien y la salvación de todos, haced que el poder irresistible de vuestra gracia no cese de bajar del cielo de modo que numerosas almas reciban vuestra llamada silenciosa, os den una respuesta generosa y perseveren, en fin, en vuestro santo servicio.

¿Acaso no os aflige, oh Señor, la visión de tantas muchedumbres semejantes a ovejas sin pastor, sin nadie que parta para ellas el pan de vuestra Palabra y las sacie con el agua de vuestra gracia, quedando así a merced de los lobos rapaces, que las acechan sin cesar? ¿No sufrís al contemplar tantos campos en los que aún no ha penetrado la reja del arado y donde crecen espinas y abrojos sin que nadie les dispute el terreno? ¿No os apena considerar tantos de vuestros jardines ayer floridos y frondosos y hoy en peligro de marchitarse y volverse áridos? ¿Permitiréis que la mies ya madura se disperse y se pierda a falta de brazos para cosecharla?

Oh María, Madre purísima, de cuyas piadosísimas manos hemos recibido al más santo de todos los sacerdotes; oh glorioso Patriarca San José, ejemplo perfecto de correspondencia a la llamada divina; oh santos sacerdotes, que en el cielo formáis alrededor del Cordero de Dios un coro de predilección; obtenednos numerosas y santas vocaciones, a fin de que el rebaño del Señor, protegido y guiado por pastores vigilantes y solícitos, pueda alcanzar el dulcísimo pasturaje de la bienaventuranza eterna. Amén.


Oración por los misioneros

Corazón de Jesús, tended una mirada hacia las tierras de infieles y hacia los trabajos de los misioneros, quienes, por vuestro amor y por el de las almas, tan preciosas para Vos, han abandonado su casa, su patria y sus afectos más íntimos. Bendecid sus trabajos y concededles la gracia de repartir el pan de la divina Palabra entre los mendigos de la Verdad. Hacedles sentir que Vos estáis con ellos en sus trabajos y preocupaciones, y dadles la gracia de perseverar hasta el fin en la vida de abnegación para la que los habéis escogido. Sagrado Corazón de Jesús, por amor de vuestra misma gloria, proteged y haced fructificar los esfuerzos de vuestros misioneros. Amén.
Fervorín para la elevación de la Sagrada Hostia


¡Señor mío y Dios mío!

¡Mi Dios y mi todo!

Salve, Cuerpo sacratísimo de mi Señor Jesucristo, formado de la purísima substancia de la Virgen María, inmolado sobre el ara de la Cruz y ahora sobre este altar: os adoro y os pido que seáis prenda de nuestra eterna salvación.


Fervorín para la elevación del Cáliz bendito


¡Señor mío y Dios mío!

¡Mi Dios y mi todo!


Salve, Sangre preciosísima de mi Señor Jesucristo, formada de la purísima substancia de la Virgen María, derramada sobre el ara de la Cruz y ahora sobre este altar: os adoro y os pido que bañéis nuestras almas en la efusión de vuestra santa gracia.
Estos fervorines están inspirados en el Apóstol Santo Tomás, en San Francisco de Asís y en el P. Alcañiz.

Los 10 Beneficios sobrenaturales de la Invocación del Nombre de Jesús

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Veces

Cómo acceder al mayor poder sobrenatural.

El nombre de Jesús tiene poder sobrenatural, porque representa a su Persona y es una forma de vivir su presencia en nosotros.

velas encendidas

Al invocar el nombre de Jesús con confianza obtenemos 10 beneficios, que son los que exponemos aquí.

BRINDA AYUDA A NECESIDADES CORPORALES

Según la promesa de Cristo:
“En mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien”(Marcos 16, 17-18).
 En el Nombre de Jesús los Apóstoles dieron fuerza a los lisiados (Hechos 3, 6; 9, 34) y vida a los muertos (Hechos 9, 40).

DA CONSUELO EN LAS AFLICCIONES ESPIRITUALES

Somos rescatados de la angustia, la tribulación, la tristeza y el dolor (Sal. 118:5, 50:15, 116:3-4).
El Nombre de Jesús le recuerda al padre del Hijo Pródigo (Lucas 15: 11-32) y al Buen Samaritano (Lucas 10: 25-37) y le recuerda al justo el sufrimiento y la muerte del inocente Cordero de Dios.

NOS PROTEGE DE SATANÁS Y SUS ENGAÑOS

Porque el demonio teme el Nombre de Jesús, quien lo ha vencido en la Cruz.
Ante un peligro, invocar el nombre de Jesús ayuda a superar el trance y a obtener seguridad emocional.
salvacion

OBTENEMOS TODA BENDICIÓN Y GRACIA EN EL TIEMPO Y LA ETERNIDAD

Cristo dijo: “lo que pidáis al Padre os lo dará en mi nombre.”(Juan 16:23).
Es refugio seguro durante la vida y en la hora de la muerte.
Por eso la Iglesia concluye todas sus plegarias con las palabras: “Por Jesucristo Nuestro Señor…”.

DISFRUTAMOS LAS RIQUEZAS DE CRISTO

Romanos 10:12 dice que el Señor de todos es “rico para con todos los que le invocan”. Prestemos atención a la palabra “rico”.
Invocar no solamente nos salva de muchas cosas negativas, sino también es la manera de que disfrutemos en nuestra experiencia de cuán rico es Cristo.

SOMOS SALVADOS

Como creyentes, al invocar el nombre del Señor reforzamos nuestra conversión para que no caigamos y podamos ser salvos en el final para vivir la vida que hay después de la muerte física en la Tierra.
Romanos 10:9 dice:
“si confiesas con tu boca a Jesús como Señor, y crees en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”.
¡Invocar el nombre del Señor nos trae salvación para la vida eterna!
El Nuevo Testamento nos muestra varios ocasiones de los creyentes que invocaron el nombre del Señor Jesús en diferentes situaciones (Hechos 2:21).
adoracion

PARTICIPAMOS DE SU MISERICORDIA

Quienes repitan el nombre de Jesús tendrán el exceso de su misericordia, su amor, la gracia de la perseverancia final, y no morir sin su gracia.
Y son llenos del Espíritu (Salmo 86:5; Hechos. 2:17, 21).
Con la repetición las almas tibias se vuelven fervorosas y las almas fervorosas se elevan a niveles de gran perfección

SOMOS ILUMINADOS

Cuando invocamos a Jesús, Dios no da la luz para ver nuestra verdadera condición.
Y cada vez que le invocamos él inyecta luz en nuestra vida y en la resolución de nuestros problemas.
“El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región de sombra de muerte, luz les resplandeció”(Mateo 4:16).
“Os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en vosotros, porque las tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya alumbra” (1 Juan 2:8).

OBTENEMOS UN ESPÍRITU DE ARREPENTIMIENTO

Todos cargamos con pecados y culpas, de algunos tenemos conciencia y de otros aún no.
Al ser expuesta nuestra verdadera condición por la fuerte iluminación del Señor, a través de invocar su nombre, experimentamos un cambio de manera de pensar.
Descubrimos lo que hacemos mal y podemos obtener la gracia y la fuerza para rectificar nuestro comportamiento.
senor de los milagros

GANAMOS INDULGENCIAS

Tantas veces como invoquemos el Nombre de Jesús y de María  podremos ganar una indulgencia de 300 días, por decreto de Pío X, el 10 de octubre de 1904.
Es también necesario, para ganar la indulgencia papal al momento de la muerte, pronunciar aunque sea mentalmente el Nombre de Jesús.

CONFESAMOS LOS PECADOS Y SOMOS PERDONADOS

Al ser iluminados por el Señor nos arrepentimos y somos llevados a confesar nuestros pecados. De esta manera, disfrutamos del beneficio del perdón de Dios.
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).
El Señor Jesús, además de perdonarnos, elimina y anula el registro de la deuda que teníamos con Dios en la cruz. Es decir que tenemos un “registro limpio” delante de Él.
silencio y oracion

UNA FORMA SIMPLE PARA INVOCAR EL NOMBRE DE JESÚS

Los padres del desierto, los monjes, han desarrollado  lo que se denomina “oración a Jesús”, conocida también como “oración del corazón”.
Es una breve fórmula que se repite constantemente y a nivel mental,
“Señor Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí”
Algunas veces se dice así
“Señor Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador”
Esta fórmula es la que recomendamos para invocar el nombre de Jesús




1. Los cofrades del santo Escapulario de la Virgen del Carmen rezan cada día siete Padrenuestros y Avemarías en honor de las siete excelencias que tuvo la santísima Virgen. Por estas siete excelencias se ha de pedir a la Santísima Virgen santidad en el alma y pureza en el cuerpo, observancia de la Ley santa de Dios, buena muerte y verse libre del Purgatorio para gozar de la vida eterna; pues, como Ella tiene prometido en la Bula del Papa, Juan XXII, amparara y favorecerá a sus devotos y Cofrades en la vida, los asistirá en su muerte y librará de las penas del Purgatorio. 


Después de cada excelencia se reza un padrenuestro y una avemaría

Primera excelencia, el haber tenido el cuerpo más perfecto y hermoso de todas las criaturas con el singular privilegio de haber sido concebida en gracia.
Segunda excelencia, el alma más santa, que Dios crió, después de la de Jesucristo, adornada de todas las virtudes y gracias del Espíritu Santo.
Tercera excelencia, la vida mas excelente que hubo en el mundo, juntando con suma perfección las tres vidas: activa, contemplativa y unitiva.
Cuarta excelencia, la dignidad más aventajada que tuvo jamás criatura alguna, por ser Madre de su Criador.
Quinta excelencia, la muerte más dichosa que puede haber, por haber muerto de amor a su Dios.
Sexta excelencia, la Asunción más gloriosa que jamás se vio, acompañada de ángeles y llevada en los brazos de Cristo, su amado.
Séptima excelencia, la coronación y gloria más soberana que se puede pensar, pues fue coronada de las jerarquías angélicas.
ORACIÓN
Virgen soberana, gloriosa Madre, Templo y sagrario de la Trinidad Santísima, Gloria de los justos, Amparo y consuelo de los afligidos pecadores, Madre y blasón de los Carmelitas: por la purísima limpieza de pecado original; por la' gracia y dones que adornan vuestra alma; por la vida que hicisteis para espejo de los justos; por la dignidad grandiosa de Madre de Dios, engrandecida y ensalzada entre todas las generaciones; por la muerte dichosa de amores soberanos; por la Asunción gloriosa para Reina de los cielos, y por la corona de gloria que os dieron para aventajar a los Santos y Coros celestiales: os suplico, pues lo tenéis ofrecido a los que llevan vuestro santo Escapulario y procuran ser hijos vuestros, me ayudéis en vida, para que con santidad en el alma y pureza en el cuerpo sirva a vuestro Hijo JESÚS, guardando sus santos preceptos, y me asistáis en mi muerte, para que en los peligros de ella, triunfando de mis enemigos, salga de esta vida en gracia y amor de Dios. Y, finalmente, en las rigurosas penas del Purgatorio, vuestra intercesión soberana me valga, para que el primer sábado salga a gozar de la vida eterna. Así sea.



Novena al Amor Misericordioso
DIA PRIMERO
En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración preparatoria (para todos los días)
Jesús mío, grande es mi dolor, viendo que he tenido la desgracia de ofenderte tantas veces, pero Tú con corazón de Padre, no sólo me has perdonado, sino que me invitas a que te pida lo que necesito, con tus palabras: «pedid y recibiréis». Lleno de confianza, me acojo a tu Amor Misericordioso, para que me concedas lo que solicito en esta novena y sobre todo la gracia de reformar mi conducta y en adelante acreditar mi fe con mis obras, viviendo según tus preceptos y arder en el fuego de tu caridad.
Meditación sobre las primeras palabras del Padre nuestro. Padre. Es el título que corresponde a Dios, porque le debemos el ser natural recibido en la creación; el sobrenatural de la gracia, con el que nos hace hijos adoptivos; y quiere que le llamemos Padre, para que como hijos le amemos, obedezcamos y reverenciemos; y para despertar en nosotros los afectos de amor y confianza de que alcanzaremos lo que le pedimos. Nuestro.Porque no teniendo Dios más que un Hijo natural, por su infinita caridad, quiso tener muchos adoptivos a quienes comunicar sus riquezas; y para que teniendo todos el mismo Padre y siendo hermanos, nos amásemos los unos a los otros.
Petición (para todos los días)
Jesús mío, a Ti acudo en esta tribulación. Si Tú quieres usar de tu clemencia con esta miserable criatura tuya, triunfe tu bondad y por tu amor y misericordia perdona mis culpas y aunque indigno de conseguir lo que te pido colma mis deseos, si ha de ser para gloria tuya y bien de mi alma; en tus manos me pongo, haz de mí según te agrade.
(Pidamos la gracia que deseemos obtener en esta Novena).
Plegaria
Jesús mío, sé Tú mi Padre, el guarda y guía en mi peregrinación, para que no sea perturbado, ni yerre el camino que a Ti conduce. Y Tú, Madre mía, que con tus delicadas manos criaste y cuidaste al Buen Jesús, edúcame y ayúdame en el cumplimiento de mis deberes, conduciéndome por las sendas de los mandamientos y di por mí a Jesús: "Recibe a este hijo, yo te lo recomiendo con toda la insistencia de mi maternal corazón".
Tres Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.

DIA SEGUNDO
Oración preparatoria (como el día primero)

Meditación sobre las palabras del Padre nuestro: «Que estás en los cielos». Decimos que estás en los cielos, porque aunque Dios está en todo lugar, como Señor del cielo y de la tierra, la consideración del cielo, nos mueva a amarle con mayor reverencia y viviendo en esta vida como peregrinos, aspiremos a las cosas celestiales.
Petición (como el día primero)
Plegaria
Jesús mío, sé que Tú levantas a los caídos, sacas de la cárcel a los presos, no desprecias a ningún afligido y miras con amor y misericordia a todos los necesitados. Por esto, te ruego me oigas, pues estoy necesitado de tratar contigo de la salud de mi alma y de recibir tus saludables consejos. Me espantan mis pecados, Jesús mío, me avergüenzo de mis ingratitudes y desconfianzas; y tengo gran temor del tiempo que me diste para obrar el bien y que yo lo he malgastado, y lo que es peor, ofendiéndote.
A Ti, Señor, acudo, que tienes palabras de vida eterna.
Tres Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.
DIA TERCERO
Oración preparatoria (como el día primero)

Meditación sobre las palabras del Padre nuestro: «Santificado sea tu nombre». Es lo primero que hemos de desear, lo primero que hemos de pedir en la oración, la intención que debe presidir todas nuestras obras y acciones; que Dios sea conocido, amado, servido y adorado, y a su poder se sujete toda criatura.
Petición (como el día primero)
Plegaria
Jesús mío, ábreme las puertas de tu piedad; imprime en mí el sello de tu sabiduría, véame libre de todo afecto no lícito, y haz que yo te sirva con amor, alegría y sinceridad y que confortado con el suave aroma de tu divina palabra y de tus mandamientos, vaya siempre adelantando en virtudes.
Tres Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.
DIA CUARTO
Oración preparatoria (como el día primero)
Meditación sobre las palabras del Padre nuestro: «Venga a nosotros tu reino».
En esta petición pedimos: que venga a nosotros o nos dé el reino de su gracia y de los favores del cielo, como el de los justos; y el reino de la gloria donde El reina pacíficamente con los bienaventurados, y por tanto pedimos también el término del reino del pecado, del demonio y de las tinieblas.
Petición (como el día primero)
Plegaria
Señor, ten misericordia de mí y hazme a la medida de tu corazón. Ten misericordia de mí, Dios mío, y líbrame de todo lo que me impide llegar a Ti, y haz que en la hora de mi muerte, no oiga mi alma una sentencia terrible, sino las saludables palabras de tu voz: «Ven, bendito de mi Padre» y alégrese mi alma con la vista de tu rostro.
Tres Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.
DIA QUINTO
Oración preparatoria (como el día primero)

Meditación sobre las palabras del Padre nuestro: «Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo». Aquí pedimos, que la voluntad de Dios se haga en todas las criaturas con perseverancia y fortaleza, con pureza y perfección, y cumplirla por cualquier modo y vía que se conozca.
Petición (como el día primero)
Plegaria
Dame, Jesús mío, una fe viva y haz que cumpla fielmente tus divinos mandamientos, y que lleno mi corazón de tu amor y caridad, corra por el camino de tus preceptos. Hazme gustar la suavidad de tu Espíritu y tener hambre de cumplir tu divina voluntad, para que siempre te sea acepto y agradable mi pobre servicio.
Bendígame, Jesús mío, la Omnipotencia del Padre. Bendígame tu Sabiduría. Deme su bendición la benignísima caridad del Espíritu Santo y me guarde para la vida eterna.
Tres Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.

DIA SEXTO
Oración preparatoria (como el día primero)

Meditación sobre las palabras del Padre nuestro: «El pan nuestro de cada día dánosle hoy». Aquí pedimos, el Pan excelentísimo que es el Santísimo Sacramento; el sustento ordinario de nuestra alma, que es la gracia; los Sacramentos y las inspiraciones del cielo. El sustento necesario para conservar la vida del cuerpo, la cual debe procurarse con moderación.
Llamamos nuestro el Pan Eucarístico, porque se ordena a nuestra necesidad y porque nuestro Redentor se nos da a Sí mismo en la Comunión. De cada día le llamamos, para demostrar la dependencia ordinaria que de Dios tenemos en todo, en cuerpo y alma, en cada hora y en cada momento. Diciendo dánosle hoy, ejercitamos un acto de caridad, pidiendo para todos los hombres y sin ambiciones del mañana.
Petición (como el día primero)
Plegaria
Jesús mío, Tú que eres fuente de vida, dame a beber del agua viva que mana de Ti mismo, para que gustando de Ti, no tenga sed más que de Ti; anégame todo en el abismo de tu amor y misericordia y renuévame con tu Preciosísima Sangre, con la cual me has rescatado; lávame con el agua de tu santísimo costado todas las manchas, con que afeé la hermosa vestidura de la inocencia que me diste en el bautismo.
Lléname, Jesús mío, de tu Santo Espíritu y poséeme limpio de cuerpo y alma.
Tres Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.

DIA SEPTIMO
Oración Preparatoria (como el día primero)
Meditación sobre las palabras del Padre nuestro: «Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores». Pedimos a Dios nos perdone nuestras deudas, éstas son: los pecados y las penas debidas por ellos, pena enorme que nunca podremos pagar, sino con la sangre del Buen Jesús, con los talentos de gracia y naturaleza que hemos recibido de Dios y todo lo que somos y tenemos.Y nos comprometemos en esta petición a perdonar a nuestros prójimos las deudas que tienen con nosotros, no vengándonos sino olvidándolas, como son las injurias y ofensas que nos han hecho; y respecto a esto, Dios pone en nuestras manos el juicio que se ha de hacer de nosotros; pues si perdonamos, nos perdonará y si no perdonamos a los demás, no nos perdonará El.
Petición (como el día primero)
Plegaria
Jesús mío, sé que Tú llamas a todos sin excepción, habitas en los humildes, amas a los que te aman, juzgas la causa del pobre, te compadeces de todos y nada odias de cuanto tu poder creó; disimulas las faltas de todos los hombres y los aguardas a penitencia, y recibes al pecador con amor y misericordia. Ábreme también a mí, Señor, el manantial de la vida; concédeme el perdón y aniquila en mí todo cuanto se opone a tu divina ley.
Tres Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.
DIA OCTAVO
Oración preparatoria (como el día primero)
Meditación sobre las palabras del Padre nuestro: «No nos dejes caer en la tentación». Al pedir al Señor que no nos deje caer en la tentación, reconocemos que El permite la tentación para nuestro provecho; nuestra flaqueza para vencerla; la fortaleza divina para nuestra victoria y que el Señor no niega su gracia a nadie, que hace lo que está de su parte, para vencer a nuestros poderosos enemigos.
Con pedir: "No nos dejes caer en la tentación", pedimos no contraer nuevas deudas, sobre las contraídas.
Petición (como el día primero)
Plegaria
Jesús mío, sé Tú el amparo y consuelo de mi alma, sírveme de defensa en toda tentación y cúbreme con el escudo de tu verdad. Sé mi compañero y mi esperanza, defensa y protección contra todos los peligros de alma y cuerpo. Guíame en el extenso mar de este mundo y dígnate consolarme en esta tribulación.
Sírvame de segurísimo puerto el abismo de tu amor y misericordia, y así podré verme libre de las tramas del demonio.
Tres Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.

DIA NOVENO
Oración preparatoria (como el día primero)

Meditación sobre las palabras del Padre nuestro: «Mas líbranos del mal. Amén». Pedimos que Dios nos libre de todo mal, es decir: de males de alma y cuerpo, eternos y temporales, pasados, presentes y futuros; pecados, vicios y pasiones desordenadas; malas inclinaciones, espíritu de ira y soberbia.
Y lo pedimos por el Amén, con vehemencia, afecto y confianza, puesto que Dios quiere y manda que lo pidamos así.
Petición (como el día primero)
Plegaria
Jesús mío, lávame con la Sangre de tu divino costado y vuélveme limpio a la vida de tu gracia. Entra, Señor, en mi vil aposento y descansa conmigo; acompáñame en el peligroso camino que recorro para que no me pierda. Alienta, Señor, la flaqueza de mi espíritu y consuela las angustias de mi corazón, diciéndome que, por tu misericordia, no dejarás de amarme un momento y que siempre estarás conmigo.
Tres Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri