lunes, 12 de enero de 2015

Ofrecimiento de sí mismo
para el reino de Jesús por María

            Corazón amable y adorable de Jesús, Rey de amor y Rey de gloria, que has estado siempre y totalmente entregado a las cosas de tu Padre; que no has buscado tu gloria, sino la del Padre que te envió; que has dedicado tu vida a una obra única, que dominaba y contenía todas las demás, la glorificación del Padre y el reino de Dios; que has pedido este reino y nos has enseñado a buscarlo y a pedirlo; que has deseado ardientemente ser bautizado con un bautismo de sangre para realizar tu ideal divino; quiero entrar en las más ocultas profundidades de tu Corazón y de tu vida, y asociarme a tu misión divina, teniendo la humilde pero firme confianza de que te dignarás aceptarme, siendo como soy nada y pecado, porque eres la misericordia infinita.
            Oh Jesús, mi deseo, mi aspiración, mi esperanza y mi único ideal es que reines en las almas como Soberano incontestado, que tu rei­no se apodere de ellas hasta en sus más intimas profundidades, y que reines pronto, oh divino Maestro. «Adveniat regnum tuum! Amen, veni, Domine, et noli tardare: ¡Ven a reinar, Señor, y no tardes!».
            Me acuerdo, Maestro adorado, que no has querido venir a este mundo más que dependiendo de tu Madre de muchas maneras… Ella te fue indisolublemente asociada por el Padre en el anuncio, la preparación, la realización y las consecuencias de tu venida. Ella es para ti, celestial Adán, una Eva amante y fiel en todos tus trabajos, en todos tus misterios, sobre todo en los más dolorosos. Por eso creo firmemente que sólo por Ella concluirás lo que por Ella comenzaste; que no triunfarás sino con Ella y por Ella, y que con Ella y por Ella Tú reinarás. A tu reino universal y plenario, oh Rey de amor, has puesto una condición indispensable e infalible: ¡el reino de tu santísima Madre! Y has puesto en mi corazón, al igual que en el de tus grandes preferidos, Juan, Margarita María, Montfort y tantos otros, una gran inclinación hacia esta divina Madre. ¡Me has entregado a Ella como su hijo y esclavo de amor!
            ¿Qué esperas, pues, de mí, Maestro, sino que mi alma y toda mi vida pase en este grito suplicante?:
Ut adveniat regnum tuum,
adveniat regnum Mariæ!
¡Para que venga a nosotros tu reino, Jesús,
haz llegar el reino de tu Madre!
            Reina gloriosa y Madre amadísima, Jesús mismo es quien me entrega a Ti: «Ecce venio!: ¡Aquí me tienes!». Aquí tienes a tu esclavo, que desea ardientemente ser tu apóstol silencioso y oculto. Me entrego y me consagro enteramente y para siempre a tu reino ardientemente deseado. Tu reino, Reina mía, será el gran pensamiento de mi vida, la pasión de mi corazón; será mi sueño, mi dicha y mi tormento, la vida de mi vida, el alma de mi alma. Será el ideal único, hacia el que convergirán todas las energías de mi ser.
            Para tu reino bendito, amadísima Soberana, te entrego todos los instantes de mi vida, tanto los más humildes como los más solemnes, los más tristes como los más consolados. Te doy todas las horas de trabajo y todas mis horas de oración, aún más preciosas; te ofrezco todas mis horas de sacrificios y sufrimientos, sobre todo los más temidos y sombríos, y las horas de humillación y de abandono, de disgusto y de tristeza, mis dolencias y mi última enfermedad, mi lucha suprema y mi muerte.
            ¡Ojalá que en todo instante, Soberana mía, como un grano de trigo, caiga yo en tierra y muera para darte una rica mies de gloria y una rica mies de almas!
            ¡Ojalá que sepa disminuirme y desaparecer cada vez más para que Tú crezcas, Reina mía, en las almas, y a fin de que Tú sola glorifiques a Jesús!

            ¡Levántate, pues, oh María, y apresúrate a reinar! ¡Apresúrate, Reina, a reinar en todos los corazones, para someterlos plenamente al imperio de amor de tu grande y único Jesús! Amén.
 Fórmula,para decir cada día

            Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre mía, Reina gloriosa del mundo y Reina de mi corazón, me doy y me entrego enteramente a Ti, no sólo como tu esclavo, sino también para ser el apóstol oculto de tu reino.
            Te ofrezco especialmente este día, cada uno de sus instantes, tanto los más insignificantes como los más importantes; te ofrezco mis trabajos, mis oraciones y mis sacrificios, mis dolores, mis humillaciones, todo este día en fin. Te ofrezco de nuevo la jornada entera de mi vida, sobre todo su atardecer con sus tinieblas y terrores, mi última enfermedad, mi agonía y mi muerte, por tu reino y especialmente por tu reino en…
            Por cada mirada y cada palabra, por cada paso y cada suspiro, por cada latido de mi corazón y cada aspiración de mi voluntad, quiero repetir sin cesar:

¡Levántate, oh María, y apresúrate a reinar!
¡Ven, y serás coronada!
Ut adveniat regnum tuum,
adveniat regnum Mariæ!
Amén.
La Virgen Santísima pide que hagamos cenáculos, ya que, a través del acto de consagración que hacemos al final, entramos en su Corazón Inmaculado, para prepararnos allí a recibir el Espíritu de Amor, el Espíritu Santo.
1) Para eso, iniciar el Cenáculo siempre con la invocación que Ella misma nos enseñó en su mensaje del 7/6/81: "VEN ESPÍRITU SANTO, VEN POR MEDIO DE LA PODEROSA INTERCESIÓN DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA, TU AMADÍSIMA ESPOSA" (3 veces).
2) Oración del Santo Rosario, meditando los misterios, delante de una imagen de la Santísima Virgen. Al final, rezar por el Papa y sus intenciones, un Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Los cánticos son libres, pero deben preferirse los marianos.
3) Lectura de uno de los mensajes del libro "A los Sacerdotes hijos predilectos de la Santísima Virgen". Breve comentario. Pero "no es parte del espíritu de los encuentros pasar el tiempo oyendo sabias conferencias ya que habría el peligro de transformar el Cenáculo en academia y la Fraternidad en polémica" (P. Gobbi).
4) Un poco de catecismo. (Solamente en los Cenáculos familiares).
5) Fraternidad. Para que nos conozcamos, nos ayudemos mutuamente para seguir adelante y nos amemos siempre más.
6) Acto de consagración. Si hubiese celebración de la Santa Misa o Bendición con el Santísimo, la Consagración se hace antes de la Comunión o de la Bendición, ya que María, con la consagración nos toma en sus brazos y nos da a Jesús
7) Acción de Gracias. Después de la Comunión, decir a Jesús lo que la Virgen Santísima nos enseñó: "JESÚS, TÚ ERES NUESTRO AMOR, JESÚS TÚ ERES NUESTRO ÚNICO GRAN AMIGO; JESÚS, NOSOTROS TE AMAMOS; JESÚS, NOSOTROS ESTAMOS APASIONADOS POR TI". Mensaje del 21/8/87.
PROMESAS DE LA SANTÍSIMA VIRGEN
"La Santísima Virgen hace las siguientes Promesas a las familias que realizan cenáculos:
1) Ayudará a vivir la santidad del Matrimonio, principalmente a permanecer unidos y a ser fieles, a vivir el carácter sacramental de la unión familiar. Hoy, cuando está aumentando el número de las familias divididas por el divorcio, Nuestra Madre nos quiere ver unidos bajo su manto, siempre en el amor.
2) Nuestra Santísima Madre quiere ayudar a los hijos de estas familias. Actualmente existe para muchos jóvenes el peligro de perder la fe, siguiendo por el camino del mal, del vicio, de la droga. La Madre Santísima ayuda a estos hijos y promete que como madre estará atenta al lado de ellos para hacerlos crecer en el bien y salvarlos.
3) Nuestra Madre dice que estará siempre cerca de todas las necesidades tanto de orden espiritual como material.
4) Durante el período del castigo, Ella protegerá a estas familias abrigándolas bajo su manto. Por eso yo les invito a que multipliquen en todo el mundo estos Cenáculos de oración". (P. Stefano Gobbi)
Milán, 31 de diciembre de 1993
Última noche del año
Grande es mi preocupación
“Hijos predilectos, pasad Conmigo las últimas horas de este año que está para acabar, en la oración y en el recogimiento.
No os dejéis apoderar por la disipación, el ruido y las diversiones, con las que pasan estas horas la mayor parte de mis pobres hijos.
Leed en el silencio los signos de vuestro tiempo y asociaos a mi gran preocupación por lo que os espera.
Grande es mi preocupación, porque esta humanidad, tan enferma, continúa en su obstinado rechazo de Dios y de su Ley de amor.
De tantas maneras y con muchos signos e intervenciones extraordinarias, he intervenido durante este año para invitarla a la conversión y a su retorno al Señor.
Pero no he sido escuchada.
El Nombre del Señor es vilipendiado y su día es cada vez más profanado.
El egoísmo sofoca el corazón de los hombres, que se han vuelto fríos y cerrados por una gran incapacidad de amar.
El valor de la vida es despreciado; aumentan las violencias y homicidios; se recurre a cualquier medio para impedir el nacimiento de nuevas criaturas; se multiplican por doquier los abortos voluntarios, estos terribles delitos que gritan noche y día venganza ante la presencia de vuestro Dios; la impureza se propaga como una marea de fango que todo lo arrolla.
La copa de la divina Justicia está colmada y rebosante.
Yo veo el castigo con el que la misericordia de Dios quiere purificar y salvar esta pobre humanidad pecadora.
¡Qué grandes y numerosos son los sufrimientos que os esperan, mis pobres hijos tan insidiados y engañados por Satanás, el Espíritu de la mentira que os seduce y os arrastra a la muerte!
Grande es mi preocupación, porque mi Iglesia está a merced de las fuerzas del mal que la amenazan e intentan destruirla desde dentro.
La masonería, con su poder diabólico, ha puesto su centro en el corazón mismo de la Iglesia, donde reside el Vicario de mi Hijo Jesús y desde allí difunde su maléfico influjo en todas partes del mundo.
Ahora ella va a ser nuevamente traicionada por los suyos, cruelmente perseguida, y conducida al patíbulo.
Yo veo que la persecución sangrienta está ya a las puertas y cuántos de vosotros seréis dispersados por el impetuoso viento de este huracán espantoso.
Participad en estas horas en esta mi gran preocupación y uníos todos a mi oración de intercesión y de reparación.
Multiplicad por todas partes los Cenáculos de oración, que Yo os he pedido, como lugares seguros, como refugios donde protegeros de la tremenda tormenta que os espera.
En los Cenáculos sentiréis mi extraordinaria presencia.
En los Cenáculos experimentaréis la seguridad y la paz que os da vuestra Madre Celestial.
En los Cenáculos seréis preservados del mal y defendidos de los grandes peligros que os amenazan.
En los Cenáculos seréis formados por Mí en la confianza y en una gran esperanza.
Porque el Cenáculo es el lugar de vuestra salvación que la Madre Celestial ha preparado para vosotros en estos últimos tiempos en los que la gran prueba ya ha llegado para todos.”

Virgen de Fátima, Madre de Misericordia, Reina del Cielo y de la Tierra, refugio de los pecadores, nosotros del Movimiento Sacerdotal Mariano, llamados a formar el escuadrón de tus sacerdotes, hoy nos consagramos de un modo especialísimo a tu Corazón Inmaculado.
Con este acto de consagración queremos vivir contigo y por medio de Ti todos los compromisos asumidos con nuestra consagración bautismal y sacerdotal; nos comprometemos además a realizar en nosotros aquella conversión interior que nos libre de todo apego humano a nosotros mismos, a la honra, a las comodidades, a los compromisos fáciles con el mundo, para estar, como Tú, sólo disponibles para hacer siempre la voluntad del Señor.
Y mientras queremos confiarte, oh Madre dulcísima y misericordiosa, nuestro sacerdocio, para que Tú dispongas de él para tus designios de salvación en esta hora decisiva que pesa sobre el mundo, nos comprometemos a vivirlo según tus deseos; en particular, a un renovado espíritu de oración y de penitencia, a la celebración fervorosa de la Sagrada Eucaristía y de la Liturgia de las Horas, el rezo cotidiano del Santo Rosario, el ofrecimiento de la Santa Misa a Ti el primer Sábado de cada mes y un modo de vida austero y religioso, que sea un buen ejemplo para todos.
Te prometemos además la máxima fidelidad al Evangelio del cual seremos siempre anunciadores íntegros y valientes hasta derramar nuestra sangre, si fuese necesario, y fidelidad a la Iglesia, para cuyo servicio hemos sido consagrados.
Sobre todo queremos estar unidos al Santo Padre y a la Jerarquía con la firme adhesión a todas sus directivas, para oponer así una barrera al proceso de oposición al Magisterio que amenaza los fundamentos mismos de la Iglesia.
Bajo tu maternal protección queremos ser también los apóstoles de esta -hoy tan necesaria- unidad de oración y de amor al Papa sobre el cual invocamos de Ti una especial protección.
Finalmente te prometemos llevar a los fieles que nos han sido encomendados a nuestro ministerio, a una renovada devoción hacia Ti.
Conscientes de que el ateísmo ha hecho naufragar en la fe a un gran número de fieles; de que la desacralización ha entrado en el Templo Santo de Dios sin ni siquiera preservar a muchos sacerdotes hermanos nuestros; de que el mal y el pecado se propagan cada vez más en el mundo, nos atrevemos a levantar, confiados, los ojos a Ti, Madre de Jesús y Madre nuestra misericordiosa y poderosa, y también hoy, invocar y esperar de Ti la salvación para todos tus hijos, ¡Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
ACTO DE CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
Para los religiosos y laicos que se adhieren al Movimiento Mariano
Virgen de Fátima, Madre de Misericordia, Reina del Cielo y de la Tierra, refugio de los pecadores, nosotros, adhiriéndonos al Movimiento Mariano, nos consagramos de un modo especialísimo a Tu Corazón Inmaculado.
Con este acto de consagración queremos vivir Contigo y por medio de Ti, todos los compromisos asumidos con nuestra consagración bautismal; nos comprometemos a realizar en nosotros aquella conversión interior, tan requerida por el Evangelio, que nos libre de todo apego a nosotros mismos y a los fáciles compromisos con el mundo, para estar, como Tú,  sólo disponibles para hacersiempre la Voluntad del Padre.
Y mientras queremos confiarte, Madre dulcísima y misericordiosa, nuestra existencia y vocación cristiana, para que Tú dispongas de ellas para Tus designios de salvación en esta hora decisiva que pesa sobre el mundo, nos comprometemos a vivirla según Tus deseos, en particular por lo que se refiere a un renovado espíritu de oración y de penitencia, a la participación fervorosa en la celebración de la Eucaristía y al apostolado, al rezo diario del Santo Rosario y un austero modo de vida, conforme al Evangelio, que sea un buen ejemplo para todos en la observancia de la Ley de Dios, en el ejercicio de las virtudes cristianas, especialmente de la pureza.
Te prometemos también estar unidos al Santo Padre, a la Jerarquía y a nuestros Sacerdotes, para oponer así una barrera al proceso de contestación al Magisterio, que amenaza los fundamentos mismos de la Iglesia.
Bajo Tu protección queremos también ser los apóstoles de esta hoy tan necesaria unidad de oración y de amor al Papa sobre el cual invocamos de Ti una especial protección.
Finalmente, te prometemos llevar a las almas con las cuales entremos en contacto, en cuanto nos sea posible, a una renovada devoción hacia Ti.
Conscientes de que el ateísmo ha hecho naufragar en la fe a un gran número de fieles, de que la desacralización ha entrado en el Templo Santo de Dios, de que el mal y el pecado se propagan cada vez más en el mundo, nos atrevemos a levantar, confiados, los ojos a Ti, Madre de Jesús y Madre nuestra misericordiosa y poderosa, también hoy, invocar y esperar de Ti la salvación para todos tus hijos. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María! 

domingo, 11 de enero de 2015


En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

In nòmine Patris, et Fìlii, et Spìritus Sàncti. Amen
PADRE NUESTRO
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Sanos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos deje caer en tentación, y líbranos del mal. Amén.
PÁTER NÒSTER
Pàter nòster, qui es in caelis, sanctificètur nomen tùum, advèniat regnum tùum, fiat volùntas tua sìcut in caelo et in terra; panem nostrum cotidiànum dà nobis hòdie, et dimìtte nobis dèbita nostra sìcut et nos dimìttimus debitòribus nostris, et ne nos indùcas in tentatiònem, sed lìbera nos a malo. Amen
AVE MARÍA
Dios te Salve María, llena eres de gracias, el Señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre: Jesús. Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
AVE MARÍA
Ave María, grátia plena, Dóminus tecum; benedícta tu in muliéribus, et benedíctus fructus ventris tui, Jesus. Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis peccatóribus nunc et in hora mortis nostrae. Amen
GLORIA AL PADRE
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
GLORIA PÀTRI
Gloria Pàtri, et Fìlio, et Spìritui Sancto, sicut erat in princìpio, et nunc, et semper, et in saècula saèculorum. Amen
ÁNGEL DE DIOS
Ángel de Dios, bajo cuya tutela y custodia me ha puesto la piedad divina, ilumíname, defiéndeme, rígeme y gobiérname en este día. Amén.
ANGELE DEI
Ángele Dei, qui custos es mei, me, tibi commíssum pietáte supérna, illúmina, custódi, rege et gubérna. Amen.
EXAMEN DE CONCIENCIA
Piensa en todos las faltas cometidas en este día, de pensamientos, palabras, obras y omisión: arrepiéntete de corazón por todas las culpas; pide perdón a Dios y reza con fe el Acto de Contrición.
 
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío y Dios mío: reconozco que soy pecador; he pecado contra ti y contra mi prójimo. Me arrepiento del mal que he hecho, porque me hice indigno de tu amor y merecedor de tu castigo. Confió en tu misericordia, porque tu Hijo Jesús murió por mí en la cruz. Te pido que me perdones y me concedas la gracia para cumplir mi propósito de no ofenderte jamás. Señor, misericordia, perdóname.
ACTUS CONTRITIONIS
Deus meus, ex toto corde pàenitet me ómnium meórum peccatórum, éaque detéstor, quia peccándo non solum paenas a te iuste statútas proméritus sum, sed praesértim quia offéndi te, summum bonum, ac dignum qui super ómnia diligáris. Ideo fírmiter propóno, adiuvánte grátia tua, de cétero me non peccatúrum peccandíque occasiónes próximas fugitúrum. Amen.
MAGNIFICAT
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia como la había prometido a nuestros Padres en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
MAGNIFICAT
Magníficat ánima mea Dóminum, et exsultávit spíritus meus in Deo salvatóre meo, quia respéxit humilitátem ancíllae suae. Ecce enim ex hoc beátam me dicent omnes generatiónes, quia fecit mihi magna, qui potens est, et sanctum nomen eius, et misericórdia eius in progénies et progénies timéntibus eum. Fecit poténtiam in bráchio suo, dispérsit supérbos mente cordis sui; depósuit poténtes de sede et exaltávit húmiles. Esuriéntes implévit bonis et divites dimisit inanes. Suscépit Ísrael púerum suum, recordátus misericórdiae, sicut locútus est ad patres nostros, Àbraham et sémini eius in sàecula. Glória Patri et Fílio...
AL TERMINAR DEL DÍA
Al terminar del día, oh altísimo Creador, vela nuestro descanso con honor de Padre. Da salud al cuerpo y fervor al espíritu, tu luz aclare las sombras de la noche. En el sueño de los elementos se quede fiel el corazón, y al regresar el alba entone tu alabanza. Sea amor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, al Dios Trino y Uno, en los siglos sea gloria. Amén.
ORACIÓN FINAL
Llegue a ti, oh Padre, nuestra oración al terminar este díía: tu gracia nos conceda descansar en paz, al seguro de todos males, y de despertarnos en la alegría para cantar tu alabanza. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.


ORACIÓN A SAN JOSÉ (DEL PAPA LEÓN XXIII)

A ti, bienaventurado José, acudimos en nuestra tribulación, y después de implorar el auxilio de tu Santísima Esposa,
solicitamos también confiadamente tu patrocinio. Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, te tuvo unido y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que, con su sangre, adquirió Jesucristo, y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades.
Protege, oh providentísimo Custodio de la Divina Familia, la escogida descendencia de Jesucristo; aparta de nosotros toda mancha de error y de corrupción; asístenos propicio desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo libraste al Niño Jesús de inminente peligro de la vida, así ahora defiende la Iglesia santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protégenos con perpetuo patrocinio para que a ejemplo tuyo y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir, piadosamente morir, y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza. Amén.


AL AMPARO DEL MANTO SAGRADO

Oh glorioso Patriarca San José, que por Dios fuiste puesto a la cabeza y custodia de la más Santa de las familias, dígnate ser desde el cielo el custodio de mi alma, que pide ser recibida bajo tu manto.
Yo, desde este momento, te designo padre, protector y guía, y pongo bajo tu especial custodia el alma mía, mi cuerpo, lo que tengo y lo que soy, mi vida y mi muerte.
Mírame como tu hijo, defiéndeme de todos mis enemigos visibles e invisibles; asísteme en todas las necesidades: consuélame en todas las amarguras de mi vida, pero especialmente en la agonía de la muerte.
Vuelve una palabra para mí a aquel amable Redentor, que de niño llevaste en tus brazos, a aquella Virgen gloriosa, de quien fuiste amante esposo.
Implora para mí aquellas bendiciones que tú veas sean beneficiosas para mi bien, para mi eterna salvación, y yo procuraré no ser indigno de tu especial patrocinio. Amén.


A SAN JOSÉ

San José, esposo dulcísimo de María, Padre putativo de Jesús y Padre de la Divina Providencia, custodio de la Santa Iglesia, a ti recurrimos para que nos llenes de tus virtudes: de tu fe, de tu humildad, de tu obediencia, de tu paciencia, de tu silencio adorante y de tu espíritu de abandono. Defiéndenos de todos los asaltos del maligno y provee nuestras necesidades espirituales y materiales para que podamos buscar únicamente el Reino de Dios y servir al triunfo del Corazón Inmaculado de María tu Santísima Esposa.
San José, ruega por nosotros.


AVE, JOSÉ

Dios te salve, José, lleno de gracia del Espíritu Santo, el Señor es contigo, bendito eres entre todos los hombres, como tu Esposa bendita entre las mujeres. Porque Jesús, fruto bendito del vientre virginal de Nuestra Señora la Virgen María, fue tenido por tu Hijo.
Ruega por nosotros, Virgen y Padre de Cristo, para que el que en esta vida quiso ser súbdito tuyo, por tus merecimientos nos sea propicio ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Ave José, hijo de David,
escogido por el Padre, custodio del Hijo.
tú eres bendito entre los hombres
y bendito es tu amado Jesús.
justo entre los justos,
esposo de María
ruega por nosotros pecadores
hora en la hora de nuestra muerte
Así sea.

Querido papá, tú sabes
Querido papá, tú puedes
Querido papá, tú ves
Querido papá, tú provees.



S. JOSÉ, ELEGIDO POR DIOS

San José, elegido por Dios para ser el esposo purísimo de María y el Padre putativo de Jesús, intercede por nosotros que nos volvemos a ti.
Tú que fuiste el fiel custodio de la Sagrada Familia, bendice y protege nuestra familia y todas las familias cristianas.
Tú que has experimentado en la vida la prueba, la fatiga, el cansancio, ayuda a todos los trabajadores y a todos los que sufren.
Tú que tuviste la gracia de morir entre los brazos de Jesús y María, asiste y conforta a todos los moribundos.
Tú que eres el Patrono de la Santa Iglesia, intercede por el Papa, los Obispos, y todos los fieles esparcidos por el mundo, especialmente por aquellos que son oprimidos y sufren persecuciones en nombre de Cristo.

Oración a San José Y la Virgen Maria para Sanar Heridas del Alma (ll)



Oración a San José (II)
Bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación; y, después de invocar el auxilio de vuestra Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente vuestro patrocinio.
Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, os tuvo unido, y por el paterno amor con que abrazasteis al Niño Jesús, humildemente os suplicamos volváis benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo, y con vuestro poder y auxilio socorráis nuestras necesidades.
Proteged, oh providentísimo Custodio de la Sagrada Familia, la escogida descendencia de Jesucristo; apartad de nosotros toda mancha de error y corrupción; asistidnos propicio, desde el Cielo, fortísimo libertador nuestro en esta lucha con el poder de las tinieblas; y, como en otro tiempo librásteis al Niño Jesús del inminente peligro de su vida, así, ahora, defended la Iglesia Santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protegednos con perpetuo patrocinio, para que, a ejemplo vuestro y sostenidos por vuestro auxilio, podamos santamente vivir y piadosamente morir y alcanzar en el Cielola eterna felicidad. Amén

Oración a la Santísima Virgen María

Soberana María, Madre de Jesús y Madre nuestra,  que por tus grandes virtudes y especialmente por tu humildad, mereciste que todo un Dios te escogiera por madre suya, te suplicamos  nos prepares y dispongas para  aceptar la Palabra del Señor en nuestro corazón  que nos impulse a ser promotores de verdad, justicia, reconciliación y paz.

Te encomendamos Madre, todos los hogares de nuestra país, para que en ellos los odios, los rencores, la violencia, la indiferencia, la pobreza, la inequidad, la exclusión y la desigualdad no tengan acogida. Así logremos recuperar en las familias colombianas los ambientes de paz y armonía que hacen de nuestros hogares espacios de comunión y unidad.
María, Madre de la Iglesia, haz que unidos a tu Hijo, Jesucristo, celebremos la Navidad con alegría, sencillez y amor.
(Se reza tres veces el Avemaría)